La terapia del amor

01/02/2015

Felipe Morales

Sé de muchas personas que han vivido esa experiencia/sensación/intuición, tan bellamente descrita por Steve Jobs en su famoso discurso en la Universidad de Stanford; todo lo que nos ocurre, especialmente cuando afrontamos alguna crisis profunda, no sucede por casualidad, sino que parece obedecer a un plan que cobra sentido, pasado cierto tiempo, cuando conectamos todos los puntos.

Yo no soy tan listo como Jobs, claro, pero me pasó algo similar en mi experiencia en torno al Máster; ocurre que, de repente, se empieza a dar un conjunto cuasi inverosímil de coincidencias y de sucesos  cuasi extraordinarios en un momento angustioso de nuestras vidas que suponen la comprensión e integración de experiencias dolorosas del pasado, que conducen a elevar nuestro nivel de conciencia y que culmina en una transformación personal profunda, definida por la plenitud existencial.

Tras un largo período de insatisfacción y desorientación personal y profesional, de una angustia existencial que me llevaba a la permanente búsqueda de una identidad renovada y de unas expectativas de futuro más ilusionantes, en medio de una profunda y generalizada crisis económica y social que me tocó de manera directa, en mitad de mi vida biológica (43 años), me pregunté, una vez más, quién era y qué era lo mejor de mí que podía convertir en mi trabajo y que le diera un sentido potente a mi existencia… A qué podía dedicarme que pudiera servirme para hacer algo útil para mí y para los demás, que me apasionara y que me diera una satisfacción vital plena; estar conectado con la gente, a través del amor, y ayudarla a resolver sus conflictos y a crecer interiormente. Sí, eso era, y de hecho lo había estado haciendo, en cierta medida, como Trabajador Social durante unos 20 años, pero ya no era suficiente. 

Hace unos dos años y medio, atendiendo laboralmente a personas con problemas de adicción a estupefacientes, lo que éstas me agradecían siempre, incluso cuando no podía aportarles lo que necesitaban y me pedían, era el que les escuchara de la manera en que lo hacía; activamente, con respeto, aceptación, afecto, confianza, honestidad… Así que fueron ellos los que me dieron la respuesta y me iluminaron en medio de la crisis. Quería dedicar el 100% de mi tiempo a escuchar…, y a algo más, a aquellas personas que necesitasen de ello. No era algo nuevo en absoluto, en realidad siempre anhelaba hacer algo parecido, pero hasta entonces sabía que aún no estaba sanado interiormente, que no tenía la madurez emocional que ello requería, ni había estudiado la carrera de Psicología… Pero esos “toxicómanos”, y una famosa conferencia de Emilio Duró que me pasó una amiga, me dio la puntilla; “no vendáis vuestros sueños”. Ahora sí, era el momento. Mi trabajo personal de muchos años había dado sus frutos, y lo que me faltaba era hacerme con un mapa, con una formación adecuada y una titulación que me legitimara a hacer algo para lo que me sentía vocacionado y, ahora sí, potencialmente apto.

De inmediato me puse a buscar sistemáticamente en internet alguna formación online potente que me aportara los conocimientos que necesitaba para aplicar con profesionalidad y buen criterio las que consideraba mis mejores capacidades personales y que, tiempo después, me enseñarían que eran las que Carl Rogers denominó; Aceptación, Autenticidad y Honestidad. Y no había la más mínima duda, el Máster en Counselling Humanista Integrativo (CHI) del Instituto Galene era la respuesta, la respuesta soñada; me facilitaba hacer una intervención de acompañamiento terapéutico, sin que fuera un requisito obligatorio tener la licenciatura en Psicología, puesto que podía ejercer como Counsellor, al disponer de mi diplomatura en Trabajo Social. Además, el contenido formativo era muy completo y atractivo, estaba avalado por la Universidad de Alcalá, la parte presencial en Madrid podía hacerla en su modalidad intensiva (Soy de la isla canaria de Fuerteventura y en ella vivo)… Mi situación económica en ese momento era muy precaria, y la laboral, inestable e incierta. Pero no tenía duda, mi convicción era absoluta y mi entusiasmo desbordante. Para mí era una auténtica revelación. Tenía lo justo para pagar la matrícula y poco más; “Dios proveerá…”, que dicen los sabios…. -y proveyó-. Pepe (Director del Máster) me hizo feliz cuando me confirmó la aceptación por parte del comité de admisión, a pesar de que llegaba algo rezagado al mismo y… ahí empezó la gran aventura. Una aventura de la que estaba tan absolutamente seguro de acabar bien que hasta pedí un préstamo familiar para construir mi consulta a lo largo del proceso formativo. Iba a empezar a trabajar al día siguiente de obtener mi título de terapeuta; ¡ni se me ocurrió dudarlo!

El Máster en CHI no fue, -no es-, un Máster al uso; es una experiencia vital transformadora, un viaje al autoconocimiento y al descubrimiento interior, una aventura académica y emocional, al mismo tiempo personal y colectiva, que te cambia y/o te confirma en tu esencia. Es un proceso de contacto intenso contigo y con los otros/as, de contacto íntimo con el Amor. Y ese el centro de todo, el aprendizaje fundamental; lo que sana es el Amor. Ahí está el núcleo en el que se integra pasado (trayecto de vida recorrido), presente (la vida vivida Aquí y Ahora) y futuro (integrando pasado y presente, preparándome para ayudar a los demás a hacer el mismo recorrido, con su historia única, a su ritmo personal).

Año y medio después de comenzar el Máster, el mismo día que llegué de Madrid con mi título de Counsellor debajo del brazo, 22 de junio de 2014, un domingo pasadas las 10 de la noche, recibí una desconcertante llamada desde un número desconocido; una persona angustiada me pedía cita, recomendada por una amiga de una de mis ex pacientes de prácticas. ¡Mi primera cliente! ¡La magia se cumplía y mi convicción se cristalizaba; mi primera sesión como terapeuta al día siguiente de obtener mi titulación!

Seis meses después de finalizado el Máster tengo diez personas en mi Consulta, diez personas que han depositado su confianza en mí, que no fallan a su cita cada semana, con las que mantengo una relación terapéutica basada en la autenticidad, la aceptación incondicional y la empatía, y con las que he acordado un camino orientado al logro de su autonomía, para que disfruten de una vida plena de consciencia, espontaneidad e intimidad. Siento que lo logro gracias a mi experiencia de vida, que incluye un proceso de integración/sanación personal, la confianza en mí mismo y mis principios y  valores personales. Pero todo eso, siendo imprescindible, no sería suficiente sin la formación y la experiencia únicas del Máster en CHI, y sin el apoyo, la calidad humana y el amor recibido por parte de todas y todos los profesionales y formadores del Instituto Galene, y de todas y todos los ex compañeros, y ahora colegas, de mi promoción. Para todas ellas y ellos, mi agradecimiento, reconocimiento y admiración más profunda y eterna. Juntos disfrutamos y aprendimos la terapia más universal y efectiva que existe y que ahora practicamos en nuestras vidas y en nuestras consultas; la Terapia del Amor.

Felipe Morales
Calle Aragón, Nº 61, Puerto del Rosario-Fuerteventura (Islas Canarias)
Movil de contacto: 616 679654
Email: felipexmorales@gmail.com
Skype: fel.m11

 

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