Nos duelen las creencias

01/05/2015


RESUMEN

Teresa Arias

Teresa Arias

En palabras de Mahatma Gandhi, “Tus creencias se convierten en tus pensamientos, tus pensamientos se convierten en tus palabras, tus palabras se convierten en tus actos, tus actos se convierten en tus hábitos, tus hábitos se convierten en tus valores, y tus valores se convierten en tu destino”.

De ahí la gran importancia que nuestros pensamientos y creencias parecen tener en nuestra salud. Según diversas investigaciones, parece que nuestras células y tejidos tienen capacidad de recordar, de guardar información y de tener memoria y es por ello, que desde el punto de vista de la Psicoterapia y el Counselling Humanista Integrativo es tan importante trabajar con la persona desde un punto de vista holístico e integrar cuerpo, mente y espíritu.

Son muchas las opciones terapéuticas que abordan desde esta visión global al paciente. En este caso, nos centraremos principalmente en explicar en qué consiste la Liberación Somatoemocional® y de qué manera esta técnica puede ayudarnos a trabajar con el paciente / cliente dentro de un proceso de terapia.

INTRODUCCIÓN

Son muchas las expresiones que utilizamos a diario y que relacionan el cuerpo y cómo las emociones se expresan en él: “sentir mariposas en el estómago” “revolverse las tripas” “ponerse rojo como un tomate” “cagarse de miedo” “tener un nudo en la garganta” “tener el corazón en un puño” “ponerse los pelos de punta” “tener la piel de gallina”

Pero… ¿Por qué expresamos las emociones a través del cuerpo? ¿Por qué enfermamos? ¿Tiene algún sentido? ¿Le pasa a todo el mundo? ¿Qué son las creencias y cómo influyen en nosotros? ¿Pueden nuestros pensamientos condicionar nuestra salud? ¿Qué opciones terapéuticas existen para trabajar el complejo mente-cuerpo?

En este artículo, intentaré dar respuesta a todas estas preguntas y trataré de ofrecer diferentes propuestas para trabajar sobre la enfermedad, las somatizaciones, las emociones, los traumas y el cuerpo. Dedicando especial atención a las hipótesis y fórmulas de tratamiento propuestas desde la Liberación Somato Emocional® (LSE), técnica que desde mi experiencia personal y profesional, considero puede ser muy útil en el trabajo en consulta.

¿Qué Entendemos por Síntoma, Enfermedad o Somatización?

La verdad es que existen muchas teorías e hipótesis que tratan de dar explicación y sentido a estos términos. A continuación, mostraremos las definiciones recogidas en el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) y algunos de los planteamientos ofrecidos por diferentes expertos del campo de la psicología, la osteopatía o la biodescodificación.

Si buscamos en el diccionario de la RAE el término síntoma, encontramos la siguiente definición: Fenómeno revelador de una enfermedad.

Para Freud en cambio, “el síntoma es la manifestación en el consciente de un fenómeno inconsciente”.

Si buscamos enfermedad, encontramos dos definiciones que podrían ajustarse a nuestro tema de estudio:

  • Alteración más o menos grave de la salud.
  • Pasión dañosa o alteración en lo moral o espiritual.

También se puede entender la enfermedad tal y como la define Hamer: como “una expresión del inconsciente biológico para dar solución a un problema de adaptación”. O como “el esfuerzo que hace la Naturaleza para curar al hombre“, tal y como la describe C. Jung.

Si de la misma manera, buscamos en el diccionario de la RAE el término somatizar, encontramos que se trata de “transformar problemas psíquicos en síntomas orgánicos de manera involuntaria”.

Para Jean Pierre Barral (2007), “la somatización es el vertido del exceso de emociones a nuestros órganos […] un fenómeno saludable, que nos permite mantenernos en buena salud mental”. (p.21).

Podríamos decir que se trata de un mecanismo de defensa ante una situación que la persona vive como un peligro potencial. Estaríamos hablando entonces de lo que en Gestalt se conoce como Retroflexión, literalmente “volverse hacia uno mismo”. (Fig. 1).

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Fig. 1. Retroflexión, la interrupción del Ciclo Gestáltico

Parece evidente que las emociones tienen una repercusión sobre los órganos. Pero y entonces, ¿por qué nos empeñamos en ignorarlas?

Según Lipton (2007) puede que el error radique en que a los “estudiantes de medicina y de biología se les sigue enseñando a ver el cuerpo como una máquina física que opera según los principios de Newton […] debido a los prejuicios materialistas newtonianos, los investigadores convencionales han ignorado por completo el papel que juega la energía en la salud y en la enfermedad.” (p.78).

No son pocas las veces que estos mismos médicos se encuentran con casos de curación o remisión espontánea en sus pacientes, y entonces piensan que eso no es posible, que habrá sido un error diagnóstico o lo achacan al azar. Al no poder explicarse ni entender los mecanismos a través de los cuales la persona ha mejorado, tienden a negar u obviar dicha autocuración. Pero ¿por qué? Porque nos han enseñado que esta clase de cambios no pueden ocurrir. Hemos introyectado esa creencia… Es como si la medicina convencional, y en general todos nosotros, no creyésemos plenamente en el poder de autocuración del cuerpo.

¿Por qué no nos Responsabilizamos de Nuestra Salud?

“Desde niños, nos enseñan que tenemos que protegernos de bacterias, virus, etc. Estamos programados para tener miedo, para pensar que necesitamos constantemente ayuda exterior para curarnos. […] A esto le llamamos creencias limitantes, pues anulan nuestro poder”. (Corbera 2013
, p. 95) Es como si estuviéramos a la espera de que algo externo a nosotros nos salve de algo que en realidad se halla en nosotros mismos. Pues nosotros encerramos el problema pero al mismo tiempo, también la solución.

Lo que sucede según Lipton (2007), es que si creemos que dependemos únicamente de nuestros genes, que son éstos quienes controlan nuestra vida y que no podemos hacer nada por modificarlos, tenemos una buena excusa para considerarnos víctimas de nuestra herencia sin más (p. 36). Y además, si utilizamos fármacos, para acallar nuestros síntomas corporales, podemos desentendernos de cualquier responsabilidad que pudiéramos tener respecto a ellos (p.87). Por tanto, tendemos a dejar nuestra salud en manos de otros, en manos de los “expertos” y nos despreocupamos. Pasamos a ser sujetos pasivos a la espera de la cura milagrosa. Es mucho más sencillo esperar a que otro nos cure y si no lo consigue, culparle por ello.

El triangulo dramatico

Fig. 2. El Triángulo Dramático

En términos de Análisis Transaccional, entraríamos en el triángulo dramático desde la posición de Víctima en busca de alguien que ejerza como nuestro Salvador, y si éste no es capaz de curarnos y resolver nuestro problema, entonces nos veríamos con derecho a convertirnos en su Perseguidor. (Fig. 2).

En el fondo, lo único que entorpece nuestra capacidad de autocuración son nuestras propias creencias negativas acerca de ésta, pues pensamos que no es algo posible. Por eso, Corbera (2013) nos invita a recapacitar: “tomar conciencia de que nuestra vida se puede vivir de otra manera y de que somos dueños de nuestra realidad nos enseña a dejar de ser víctimas para aprender a ser maestros”. (p. 69)

Creencias y su Influencia en Nuestra Salud

Ya hemos hablado de cómo nuestras creencias negativas, pueden limitar nuestro propio poder de curación, pero de qué manera influyen en nosotros nuestras creencias y pensamientos. Hamilton (2010) dice:

Naturalmente, nadie quiere conservar una enfermedad; pero no es fácil desconectar la creencia en la misma. […] Todos tenemos la capacidad de dar la vuelta a las creencias sobre la enfermedad y de formar creencias sanas, […] Al final vence la más fuerte (p. 137).

Corbera (2013) por su parte nos hace ver que, pese a que “muchas personas intentan mantener en sus vidas pensamientos positivos, solamente obtienen resultados negativos. Ser positivo es una postura, los pensamientos deben ser el resultado de un proceso interior, de una forma de ver y entender la vida” (p. 105). También nos explica que “hay muchos estudios que nos dicen que nuestro consciente solamente controla un 3% de nuestras vidas y que el resto, el 97%, es totalmente inconsciente” (p. 44). Es por ello que no es suficiente con cambiar nuestros pensamientos o conductas, sino que es necesario hacer cambios más profundos.

Estas ideas propuestas por Corbera concuerdan con el Esquema de los 5 Niveles de Zurita, (Fig. 3) que nos invita a hacer cambios no sólo a nivel conductual, sino a profundizar en el pensamiento y en la emoción para poder así resolver verdaderamente los problemas que afectan a nuestra salud.

5 Niveles

Fig. 3. Esquema 5 Niveles (Zurita)

Por otra parte, no menos importante es el estudio del árbol genealógico tal y como nos advierten Corbera (2013) y la BioNeuroEmoción®, ya que en muchas ocasiones nuestras enfermedades tienen un origen en programas heredados de nuestros ancestros. Al parecer, “lo que más nos marca en nuestra vida son los “no dichos”, los silencios, los secretos, los que consideramos “errores”, los “pecados”, etc.” (p.44). En estos casos, Alejandro Jodorowski propone realizar rituales de psicomagia, Chías y Zurita trabajan con diferentes técnicas de trabajo emocional. Todos, con el fin último de tratar de liberarnos de creencias que realmente no son nuestras, sino de nuestros antepasados y desactivar los programas parásitos que nos predisponen a la enfermedad.

Toda persona debería conocer su árbol genealógico, pues la familia puede ser nuestro cofre del tesoro o nuestra trampa mortal”. Jodorowski (2011, citado por Corbera, 2012).

Llegados a este punto, pasamos a hablar de lo que Corbera (2013, 2012) denomina “Fidelidad Familiar”, término que se refiere al hecho de que “preferimos enfermar antes de ser coherentes con nuestros pensamientos y sentimientos” (p.40). Nos da tanto miedo todo lo que sea nuevo, que nuestra mente se queda bloqueada para mantenerse en aquello que le es conocido y familiar, aunque esto sea perjudicial. “Tenemos miedo a no ser aceptados, a no ser amados, a perder el cariño de las personas, a no ser reconocidos” (p.8). Pero son todas esas decisiones tempranas, esas creencias y esos guiones los que nos han permitido sobrevivir y llegar hasta el día de hoy, y por eso no es nada fácil modificarlos. Tal y como dice Mario Salvador (2008):

Los guiones más persistentes y difíciles de modificar no están formados por recuerdos explícitos sino por un compuesto de conclusiones y experiencias implícitas y reacciones somáticas de supervivencia. […] cuanto más temprano tiene lugar el trauma, […] más probable es registrar el guión en el cuerpo y no ser directamente accesible a la consciencia y la narración.

Es por ello que tendremos que recurrir entonces, no sólo a la terapia verbal con el paciente, sino a otro tipo de intervenciones que nos permitan acceder a toda esta información guardada a nivel somático, como pueden ser: el EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares), la Bioenergética, la Biodanza, la BioNeuroEmoción® o la Liberación Somatoemocional® (LSE), entre otras.

En general, lo que buscamos con este tipo de intervenciones, es que el paciente sea capaz de integrar y establecer una conexión entre los diferentes hemisferios cerebrales y los contenidos referentes al trauma almacenados en cada uno de ellos. A modo recordatorio, diremos que en el hemisferio izquierdo es donde está localizada la memoria explícita. Sus funciones son las de registrar, almacenar y dar una respuesta cognitiva ante el evento traumático. Mientras que el hemisferio derecho por su parte, es el encargado de almacenar los recuerdos del cuerpo respecto al trauma. Es decir, guarda información en forma de recuerdos sensoriales, como olores, sonidos, impulsos, movimientos, etc. y almacena la memoria implícita, aquella que no es accesible a través de la narración verbal.

LA LIBERACIÓN SOMATOEMOCIONAL

Como comenté al inicio, la intención de este trabajo es explicar en qué consiste y cómo funciona esta técnica, que bajo mi punto de vista y el de otros muchos profesionales, es una herramienta verdaderamente potente para el trabajo con el trauma y los conflictos programantes, muchos de los cuales se desarrollan antes de los tres años, antes de que la persona haya adquirido si quiera un lenguaje verbal o incluso antes de nacer.

En el Apéndice A, el lector encontrará una serie de términos y definiciones relacionados con la TCS que quizá le ayuden a comprender mejor los contenidos que expondré a continuación.

Tal y como la define Upledger (2010), “la LSE es la expresión de la emoción que, por razones consideradas apropiadas por alguna parte del no consciente del paciente, ha sido retenida, suprimida y aislada dentro del soma” (p.21).

Las ideas básicas sobre las que se sustentan tanto la TCS como la LSE son la interpretación global del proceso de salud-enfermedad, del complejo cuerpo-mente-espíritu y el hecho de que en algún lugar en nuestro interior está la respuesta a todas las preguntas acerca de nosotros mismos.

Upledger (1997) habla de la figura del “Médico Interno”, a través del cual podemos conectar con nuestro subconsciente. Según su teoría, “cuando el “Médico Interno” aparece, el Ritmo Cranosacral (RCS) se para” (p. 105). Cuando tiene lugar este fenómeno, hablamos de “Detector Significativo” el cual nos advierte de que algo importante está presente […] Podría tratarse de un símbolo o imagen significativa que está emergiendo hacia la superficie. Podría significar que acaba de pronunciarse una palabra clave, o que acaba de introducirse un tema significativo en la conversación o el diálogo. Sea lo que sea, es importante, y el trabajo del terapeuta/facilitador es averiguar qué es lo que ha causado esa parada del RCS. (Guía de Estudio LSE 1, p.8)

Upledger sugiere que la retención independiente de la energía o la memoria de los traumatismos tanto físicos como emocionales son llevadas a cabo por partes, regiones y vísceras corporales específicas. De esta forma, parece coincidir con otros expertos como Barral, Corbera o Flèche, quienes también consideran que cada emoción está asociada a un órgano en concreto. El Apéndice B muestra algunas de estas relaciones órgano – emoción.

Mi primer contacto con la TCS y la LSE fue en el año 2011. Fui por la recomendación de un familiar al que le había ido bien, así que allí me presenté un día con mi único síntoma: el Cansancio. Cansancio que llevaba arrastrando toda mi vida. Desde niña, cuando mis padres me preguntaban ¿Cómo estás? Y mi respuesta siempre era la misma: “MUERTA”. Me llevaban al médico, me hacían análisis de sangre… Pero no encontraban ninguna causa. Me daban vitaminas… Pero nada cambiaba. Yo seguía agotada día tras día…

Cuando aquella terapeuta colocó sus manos en mi tórax y mi abdomen y empezó a hacerme preguntas, yo conecté con toda mi historia personal. Era como si estuviese viendo una película de mi propia vida… Mi cuerpo se movía, temblaba… Empecé a llorar… Y lo cierto es, que no era capaz de entender qué era lo que me estaba sucediendo… Era una sensación completamente nueva para mí. ¿Por qué me venían a la mente todos esos recuerdos, todas esas imágenes? No entendía nada…

Al final de la sesión, la terapeuta me explicó que se trataba de un Quiste Energético (QE) situado en mi bazo. Ese parecía ser el motivo por el cual yo me sentía siempre tan cansada. El QE me estaba consumiendo toda mi energía… A mí me sonaba todo muy raro… ¿Energía? ¿Quiste? ¿El bazo? ¿Qué le pasa a mi bazo? Yo hasta entonces era muy escéptica y no creía en tratamientos “mágicos” o de imposición de manos… pero como no era capaz de encontrar ninguna explicación a lo que me había sucedido en aquella consulta, a lo que había re-vivido en aquella camilla, decidí darme un tiempo a ver cómo evolucionaba la cosa…Dejé pasar unos cuantos días y la verdad es que sorprendentemente tras aquella sesión, muchas cosas empezaron a cambiar… Dejé de estar cansada y empecé a comer mucho menos de lo que tenía por costumbre. Parece que casualmente, mi cuerpo ya no necesitaba tanta comida ni tanta energía.

Desde ese momento, empecé a sentir la necesidad de seguir investigando acerca de esa terapia. Y ese fue el motivo por el cual me decidí formar en TCS y LSE en el Instituto Upledger. Fue a partir de aquel primer contacto con la terapia, cuando empecé a creer en la memoria que guardan nuestros tejidos y cómo éstos son capaces de almacenar no sólo traumas físicos, sino también emocionales.

De hecho, recuerdo con especial asombro una de las prácticas al principio de mi formación en la que una compañera estaba trabajando en el interior de mi boca. Yo conecté al instante con el recuerdo de cuando estuve intubada a los cuatro años de edad tras un ahogamiento. Era como si en ese mismo instante, estuviese allí, en el hospital, con un tubo verde que permitía que el aire entrase a mis pulmones. La verdad es que fue algo que ahora es difícil de explicar con palabras. Fue increíble la conexión.

El Modelo del Nudo de Energía o Quiste Energético

El QE no deja de ser otra cosa que, energía residual que ha sido introducida dentro del cuerpo por medio de un trauma físico, emocional, microbios patogénicos de cualquier tipo, la exposición a un exceso de radiación, sustancias tóxicas, etc. (Guía de Estudio LSE 1, p. 4).

Siguiendo las explicaciones de Upledger (1997, 2010), cuando ocurre un accidente, la energía generada entrará en el cuerpo y penetrará a una profundidad determinada por la cantidad de fuerza procedente de la colisión y por la densidad de los tejidos que tenga que atravesar en cada caso. Si tenemos en cuenta las leyes de la termodinámica que nos dicen que la energía no se crea ni se destruye, sino que simplemente se transforma, podremos entonces entender la teoría que plantea Upledger de que una vez alcanzada esa profundidad máxima, la energía se parará y formará una “bola” de energía externa esa zona del cuerpo.

Si en ese momento nuestro cuerpo está sano y vital, será capaz de disiparla, dando lugar a una curación espontánea. Pero si por el contrario, es incapaz de hacerlo, su objetivo entonces será delimitarla, encapsularla. Tenderá a compactar la bola de energía para minimizar sus efectos y el área de afectación, pero aún así, ésta seguirá interrumpiendo el correcto funcionamiento de los tejidos circundantes. Se convertirá en un “Nudo de Energía” que podrá ser el causante de diversos dolores y de la pérdida de vitalidad de nuestro organismo. (pp.71 y 40 respectivamente)

Si además del trauma físico, en el momento de ese accidente sintiésemos miedo o rabia por ejemplo, los QE que se originarían también almacenarían dichas emociones. Es probable que muchas de las veces que nos encontramos con dolores crónicos, que no reaccionan ante ningún tratamiento, se traten en realidad de QE de este tipo, que combinan información tanto física como emocional. Es por ello que mientras no seamos capaces de desbloquear los dos componentes de esta energía atrapada, el dolor persistirá.

¿Cómo Saber Hacia Dónde Dirigir Nuestra Atención?

Tal y como explicábamos antes, uno de los objetivos fundamentales de la terapia del trauma ha de ser el conseguir una correcta integración de ambos hemisferios cerebrales a través del cuerpo calloso.

Pues bien, nosotros como terapeutas, deberíamos hacer algo parecido. Nos han enseñado a que como terapeutas, debemos ser neutrales, no juzgar al paciente, ofrecerle nuestro apoyo y amor incondicionales. Para ello, debemos tener en cuenta que cada uno de nuestros hemisferios se encarga de unas determinadas acciones, y que si éstos no están integrados, podemos caer en nuestra propia trampa y podemos ser víctimas de nuestras propias creencias limitantes. Incumpliendo (aunque sea de manera inconsciente) estos principios tan básicos de la relación terapéutica. De ahí que sea de vital importancia que nosotros mismos, terapeutas, nos tratemos como pacientes y trabajemos nuestra propia historia personal, para conseguir de esta manera que nuestra contratransferencia sea lo más neutra posible y no nos lleve a entrar en juegos psicológicos a la hora de trabajar.

>Otra de las claves para poder emplear la técnica de LSE es dejarnos guiar por nuestra intuición… Sí, sí, la intuición. Aprender a que sean nuestras manos las que libremente vayan al lugar que consideren más adecuado (previo consentimiento del paciente claro está), a que sean nuestras ideas más simples y primarias las que dirijan la sesión de terapia. Siempre desde la honestidad, el respeto y el amor incondicional, empoderar al Niño Libre.

Sin pensar, sin procesar, simplemente haciendo caso a nuestras sensaciones, a nuestros pálpitos, a aquellas cosas que dependen del hemisferio derecho. Sin tener miedo a estar haciendo algo incorrecto, algo absurdo o algo que no tenga lógica para el hemisferio izquierdo. Actuar desde la intención. (Fig. 4).

 

Hemisferios Cerebrales

Fig. 4. Hemisferios Cerebrales
(Extraída de psicologíayneurociencia.com)

De manera sorprendente, comprobaremos que los lugares a los que van las manos o las imágenes a partir de las cuales iniciamos un diálogo terapéutico con el paciente están conectados de alguna manera con el problema original.

El camino más corto entre dos puntos es la intención” (Upledger)

Una vez más, se pone de manifiesto el papel tan importante que juegan nuestras creencias tanto a la hora de dar como de recibir un tratamiento. Respecto a esta capacidad de percepción extrasensorial y en la cual debemos confiar a la hora de practicar la LSE, Hamilton (2010) dice: “parece que la creencia de que no es posible conectarse obstaculiza, a su vez, la propia conexión, y por tanto, el flujo de información de lo inconsciente a lo consciente. Por eso las personas escépticas no obtienen buenos resultados” (pp.129-130). Probablemente estas personas consideren que lo que debe sanarlas es la técnica en sí, no su responsabilidad o su capacidad de autocuración, pues seguramente también sean escépticas ante este hecho y hayan desarrollado su propia creencia limitante.

RESULTADOS

Desde mi experiencia personal, podría hablar de las somatizaciones con muchos ejemplos: las anginas recurrentes durante toda mi infancia que dejé de padecer en el momento de irme de casa de mis padres e independizarme. El herpes zóster que floreció en mi espalda en un momento de máximo estrés, en el que estaba sobrecargada de trabajo y compromisos varios… O la sensación de agotamiento permanente durante toda mi infancia y adolescencia a la que hice referencia anteriormente.

Pero quizá el más significativo esté relacionado con el mandato “No existas” que recibí incluso antes de nacer… En diferentes momentos de mi vida, he sentido cómo me ahogaba: durante mi gestación, quizá por tener una vuelta de cordón; a los cuatro años, cuando tras un corte de digestión, estuve más de dos minutos bajo el agua en una piscina a punto de morir; y ya siendo mayor, hace unos meses, justo antes de ir a un taller de trabajo emocional… Cuando conecté con un fuerte miedo a morir, que me impedía respirar.

Desde mi experiencia como terapeuta (craneosacral, fisioterapeuta y counsellor) a lo largo de estos años, recuerdo varios casos de somatizaciones que me gustaría compartir aquí.

El primero de ellos fue el de una mujer joven, que nada más casarse recibió la noticia de que su marido padecía un cáncer de estómago. Pocos meses después, éste falleció, y ella cayó en una depresión y una anorexia que la llevaron a pesar tan sólo 47 Kg. Un año después, durante una sesión de LSE comenzó a referir un dolor fuerte en el pecho. Después de un rato de diálogo terapéutico, de escucha empática, de neutralidad y de amor incondicional, se sintió con el permiso suficiente de darse cuenta de que se sentía culpable por estar iniciando una nueva relación con un hombre tras haber enviudado. Me contó que ya había sentido ese mismo dolor un par de veces días atrás y que había conectado con una sensación de miedo a morir. Tiempo después, esta misma paciente me contó que tras esa sesión había empezado a engordar y en tan sólo dos meses, pasó a pesar 58 Kg. Al escuchar a su cuerpo, a sus emociones, al dejar espacio a sus miedos y no tratar de negar sus sentimientos, su energía vital aumentó y con ello también su peso.

El segundo caso fue el de una paciente, con una estructura de personalidad de tipo obsesiva, que vino a terapia para trabajar, entre otras cosas, sus diversas dolencias. Creía que podía tratarse de somatizaciones y por ese motivo decidió consultarme.

Durante el proceso, y gracias a un ejercicio de visualización y focusing se dio cuenta por ejemplo de que su prolapso de vejiga, podría estar relacionado con la excesiva presión a la que se sentía sometida en su día a día. Su órgano, según palabras textuales: “huía de su cuerpo para no explotar”. También me contó que padecía problemas de estreñimiento desde hace años y que tenía que recurrir a lavados y laxantes semanalmente. Entonces, le expliqué que una forma quizá más adecuada, y menos perjudicial, de canalizar toda esa energía contenida sería expresar su rabia, emoción reprimida durante años a causa de una decisión temprana y de un ambiente familiar que no le enseñó a gestionar sus emociones en la infancia.

Nos llevó varias sesiones que se sintiese suficientemente segura y protegida como para poder conectar con esa emoción tan “desconocida” para ella… Pero al fin, lo conseguimos… Buscamos juntas la manera en la cual a ella le resultase más fácil enfrentarse a esa difícil y nueva experiencia y finalmente lo consiguió retorciendo una toalla. Fue una sensación novedosa. Sintió miedo, pues temía hacerse daño o no controlar la situación, pero le expliqué que era algo normal. Que era completamente normal sentir miedo cuando nos enfrentábamos a una cosa por primera vez. El resultado tras aquella sesión, fue que comenzó a ir al baño de manera regular.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

Según hemos ido viendo en este trabajo y teniendo en cuenta el reciente estudio de Afari et al. (2014) “Psychological Trauma and Functional Somatic Syndromes: A Systematic Review and Meta-Analysis” parece consistente la hipótesis que relaciona la existencia de eventos traumáticos a una mayor prevalencia de síndromes somáticos funcionales. Aún así, debemos ser cautos, pues pese a que son muchos los expertos y estudios que así lo revelan, también debemos ser conscientes de las carencias metodológicas que existen en torno a este tipo de trabajos de investigación.

En los casos que he ido exponiendo como resultado de mi experiencia personal y profesional, hemos podido comprobar cómo las somatizaciones podrían ser, el intento que hace el cuerpo por retener unas determinadas emociones o energías que nos parecen peligrosas y a las que nos da miedo enfrentarnos. Energías que quedan bloqueadas dentro de nuestro cuerpo, pero que tienen tendencia a salir de él, ya sea de una manera o de otra.

También hemos hablado de lo importante que es establecer una relación y un vínculo terapéutico potentes, que permitan al paciente sentirse seguro y protegido si llegado el momento quiere enfrentarse a sus miedos y profundizar en su historia personal, sus traumas y su guión de vida.

Y de lo importantes que parecen ser, nuestros pensamientos y creencias, los programas heredados de nuestros ancestros y el hecho de tomar conciencia de que, la mejor manera de mantenernos sanos, es ser responsables y consecuentes con nosotros mismos. Actuar conforme a lo que pensamos y sentimos y confiar en la capacidad innata de autocuración que poseemos. Capacidad que está ahí, a la espera de que decidamos darle el lugar que se merece.

Para finalizar me gustaría instar a los profesionales que trabajan en diferentes ámbitos de la salud a que continúen con los estudios acerca del funcionamiento de nuestro cuerpo en relación a nuestra mente y viceversa. Tratando de escoger muestras más amplias, de encontrar datos que sean más específicos y objetivables. Buscando arrojar luz sobre la relación entre órganos y emociones, sobre fenómenos como el procesamiento y almacenamiento de los recuerdos en nuestro cuerpo o la memoria celular. Echo en falta y creo que sería interesante realizar estudios que tengan en cuenta el poder de autocuración de las personas y las denominadas terapias alternativas; pues cada vez somos más los que recurrimos a ellas y las consideramos eficaces, menos invasivas y con menos efectos adversos que la medicina convencional, a la que nos han acostumbrado y que nos convierte en víctimas pasivas a la espera de nuestro destino.

REFERENCIAS

LIBROS:

Barral, JP. Comprender los mensajes de nuestro cuerpo. Ed. Urano. 2007

Corbera, E. El observador en BioNeuroEmoción®. Ed. Sincronía. 2013

Corbera, E. Marañón, R. Biodescodificación. El código secreto del síntoma. Ed.
Indigo. 2012

Hamilton, D. Lo que cuenta es el pensamiento. Ed. Arkano Books. 2010

Lipton, B. La Biología de la Creencia. Ed. Palmyra. 2007

Upledger, J.Tu Médico Interno y Tú. Ed. Mandala. 1997

Upledger, J. Liberación Somatoemocional. Ed. Paidotribo. 2010

Instituto Galene. Apuntes del Master en Psicoterapia Humanista Integrativa/ Counselling 2012/14.

Instituto Upledger. Guías de Estudio y Apuntes de los Seminarios de TCS 1 y 2, LSE 1 y 2.

ARTÍCULOS:

Afari et al. (2014). Psychological Trauma and Functional Somatic Syndromes: A Systematic Review and Meta-Analysis. Psychosomatic Medicine. Vol. (76), n.º 1, pp. 2-11.

Salvador, M. (2008). El guión de vida en el cuerpo: las decisiones somáticas y abordaje terapéutico para su intervención. Revista de Análisis Transaccional y Psicología Humanista, Vol. (59), 2º Semestre, pp. 238-247.

PÁGINAS WEB:

http://www.rae.es

BIBLIOGRAFÍA ADICIONAL

  • Bourquin, P. Las Constelaciones Familiares. Ed Desclée Brouwer. 2007
  • Corbera, E. Marañón, R. Tratado de Biodescodificación. Ed. Indigo. 2011
  • Jodorowski, A. Manual de Psicomagia. Ed. Siruela. 2009
  • Upledger, J. Terapia Craneosacra I. Ed. Paidotribo. 2011
  • Upledger, J. Terapia Craneosacra II. Ed. Paidotribo. 2008
  • Sánchez Rodríguez, F. (2013). Terapia Sensoriomotriz del Trauma. Revista Digital de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, Vol. 3, n.° 2. Recuperado de: http://www.psicociencias.com/revista/boletines/Terapia%20Sensoriomotriz%20del%20trauma.pdf
  • “http://psicobiodescodificacion.blogspot.com.es/”>http://psicobiodescodificacion.blogspot.com.es/
  • http://www.institutoqigong.com/el-qigong/estructura-del-qigong/relacion-organo-emocion
  • “http://www.lavanguardia.com/lacontra/20110530/54163306905/cada-organo-danado-responde-a-un-sentimiento.html”
  • “http://upledgerinstitute.es/index.php?option=com_content&view=article&id=163&Itemid=100049″>http://upledgerinstitute.es/index.php?option=com_content&view=article&id=163&Itemid=100049
  • http://www.terapiasconalma.es/terapia-craneosacral/
  • http://psicologiayneurociencia.com/2013/09/16/diestros-y-zurdos-cerebrales/

APÉNDICE A – TÉRMINOS Y DEFINICIONES

Información sacada de la página web y de las Guías de Estudio de los Seminarios de Formación del Instituto Upledger España

Terapia Craneosacral: terapia que mediante la aplicación de una leve presión con las manos, pone en funcionamiento los procesos naturales de curación del cuerpo.

Sistema Craneosacral: sistema hidráulico semicerrado contenido dentro de una membrana dura e impermeable (la duramadre), que envuelve el cerebro y la médula espinal. Una función importante de este sistema es la producción, circulación y reabsorción del Líquido Cefalorraquídeo. (Fig. 5).

Sistema Craneosacral

Fig. 5. Sistema Craneosacral
(Extraída de terapiasconalma.es)

Ritmo Craneosacral: es un pulso sutil, que con una palpación suave y no intrusiva se puede sentir en cualquier parte del cuerpo. Coincide con las fases de producción de LCR en los ventrículos laterales del cerebro y de vaciado de éste a través de los plexos coroideos.

APÉNDICE B – RELACIÓN ÓRGANOS Y EMOCIONES

Las relaciones que se establecen a continuación están basadas en mi experiencia personal y profesional, en la Medicina China, así como en referencias bibliográficas de autores, como Upledger, Corbera y Flèche.

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1 respuesta

  1. yenitza telleria dice:

    gracias por este articulo, excelente para mi. me gustaría conseguir mayor información.

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