Mediar es una arte

01/05/2009

Realmente la mediación no es nada nuevo. ¿Quién no ha hecho de mediador en un acto de reconciliación entre dos amigos, una pareja, unos vecinos, entre hermanos, etc., para que resuelvan un conflicto?

Cada día esta palabra va siendo más conocida en nuestro entorno, en las separaciones de pareja, en el ámbito escolar y en aquellas relaciones en las que hay que resolver conflictos que se enquistan y no se les ven salida.

¿Quién no ha oído hablar de los antiguos y no tan antiguos “jueces de paz”, que existían en los pueblos pequeños, como agentes mediadores entre las partes implicadas, para resolver conflictos entre sus habitantes con dificultades para solucionar problemas de herencias, de lindes de las tierras, de problemas entre hermanos, vecinos, familias, etc.?

La función de los mediadores informales era acompañar a las dos partes enfrentadas, para que llegasen a un acuerdo que fuese bueno para los dos. Hasta no hace muchas décadas se venía utilizando a esta figura de manera informal, eran mediadores natos, con unas cualidades especiales que les hacían tener la confianza de las partes.

Mediar es un arte y es tan viejo como la propia humanidad, y por ello podemos decir que de siempre ha existido la persona mediadora, quizá con otros nombres, pero se ha recurrido a esta figura porque siempre han habido problemas y los seguirá habiendo.

La mediación formal, donde se utilizan todo un conjunto de técnicas, surge en Estados Unidos hace unos sesenta ó setenta años y se inicia su aplicación en el campo jurídico y por este motivo quedó asociada la mediación a la forma de abordar y de resolver conflictos.

La mediación toma relevancia y se empieza a utilizar en otros campos, fuera de lo jurídico, debido a los problemas de convivencia que empiezan a surgir dentro de pequeñas comunidades y no tan pequeñas, como son las de ámbito familiar, escolar, laboral, de pareja, etc.

La diferencia entre problema y conflicto es muy importante para entender el sentido de la mediación y su necesidad.

El problema es un hecho que nos puede ocurrir todos los días a nivel personal, con alguien o con algo del mundo que nos rodea; puede ser con el coche que se nos ha llevado la grúa y esto nos impide llegar a tiempo al trabajo, o con las cuotas de la hipoteca, que no podemos hacer frente, y tenemos que buscar la mejor solución con el banco, o con un compañero de trabajo que nos pasa su trabajo sin resolver…

El problema es una dificultad para seguir la marcha diaria en nuestra vida y hace que tengamos que buscar alguna solución para ello. A la vez nos aporta la posibilidad de poner en marcha nuestra creatividad y nuestros recursos personales, para salir de la mejor manera posible del mismo.

Einstein dice: “Un problema irresoluble, sin duda, es un problema mal planteado”

El problema pasa a ser un conflicto cuando, además de no darle una solución satisfactoria personal, nos hace sentirnos mal con nosotros mismos o con otros. Esto significa que entran en juego un sistema de creencias y emociones, que pueden dificultar la resolución del conflicto. Las creencias tienen que ver con la visión que tenemos de nosotros mismos, de los otros y del mundo. Esto reactiva las emociones más primarias que se derivan de esta visión, como pueden ser la rabia, el miedo, la culpa, la desvalorización etc., bien sea hacia nosotros mismos o hacia los otros.

Por lo tanto en un conflicto se ponen en juego toda una serie de creencias, lealtades invisibles, valores, emociones y sentimientos que van a influir en la forma en que nos enfrentemos al conflicto, así como en la búsqueda de la solución.

A resolver problemas y conflictos se aprende en la familia. Tomamos el modelo de nuestro entorno familiar y social más cercano y sobre todo de nuestros padres. Pues el niño desde que nace mira, observa, aprende y repite.

Si los niños ven en su casa que los problemas no se hablan, no hay escucha, no se tienen en cuenta las propuestas de todas las partes, se tapan o no se permite expresar las emociones que produce una situación y se toman decisiones sin contar con las necesidades de sus miembros y; además cada uno se queda sin poder elaborar lo que les ha producido emocionalmente el conflicto, descubren que el más fuerte gana y quien tiene el poder tiene la decisión, esto lo van a aplicar luego a lo largo de su vida en sus futuras relaciones de amistad, familiares, con hijos, de pareja, trabajo, etc.

Si por el contrario los padres hablan de los problemas en el seno de la familia y ven las dificultades reales y aportan posibles soluciones, valorando y estudiando cada una de ellas y se decide por la mejor solución para todos, o la menos perjudicial, los hijos aprenden que hablando, escuchando, dialogando, proponiendo, expresando los sentimientos, etc, las personas pueden llegar a entenderse, aún teniendo ideas, sentimientos o necesidades diferentes y con ello aprenden que de esta forma se pueden resolver problemas pequeños y menos pequeños.

La Mediación, que en sus inicios era informal, aparece como formal y toma auge alrededor de los años 1990 en España, debido a los serios problemas de convivencia y de violencia entre iguales, que estaban surgiendo en el campo escolar, de pareja, familiar, profesional, etc. Pues lentamente se habían ido produciendo cambios culturales, sociales etc., y, con ello nuevos problemas de relación, para los cuales no teníamos modelos, ni respuestas que nos sirvieran. Pues ante nuevos conflictos hay que buscar nuevas soluciones y lo conocido aquí no se podía aplicar, no servía.

La mediación surge en un momento en que “la comunicación” entra a formar parte del vocabulario científico y se la tiene en cuenta cada vez más, no desde el campo de la semántica, sino que se la mira como el arte de llegar al otro. Desde ahí se ve la mediación como un proceso comunicacional, que va más allá de quedarse en resolver un conflicto puntual, sino como la posibilidad de aprender a prevenirlos, que tiene mucho más valor.

Por ello podemos decir que la mediación es un arte en sí misma y su objetivo es que las dos partes enfrentadas lleguen a un acuerdo satisfactorio para ambas, con el acompañamiento de una tercera persona, que es el mediador.

La mediación a diferencia de cualquier proceso judicial es totalmente voluntaria, es decir, las partes deciden acudir a un servicio de mediación para salir de un conflicto mutuo. En algún caso excepcional lo puede imponer el juez, como en litigios de separación de la pareja, en los que hay menores de por medio.

Es importante saber que la mediación además de voluntaria, no es adversarial(nadie va contra nadie), es flexible, con poco coste económico y emocional, de corta duración, disminuye el estrés, los acuerdos se negocian, se estudian las posibles soluciones y se decide por la mejor solución para las dos partes, con lo cual, no hay un perdedor y un ganador, sino que los dos ganan.

La mediación se puede aplicar en muchos campos de la vida, siempre como último recurso, si no ha habido un acuerdo por las partes en el proceso de negociación. Es aplicable en asociaciones de vecinos, en el ámbito escolar, en las separaciones de pareja, en el campo laboral, en problemas médicos, conflictos políticos, etc.

Debido al gran número de parejas que se están separando desde los años 80-90 en España, la mediación familiar está diseñada para ayudar a las personas que se encuentran en situación de conflicto ante la separación y cuenta con un primer objetivo y es tener en cuenta las necesidades relacionadas con los hijos, para que estos sufran lo menos posible por las diferencias que surjan entre los padres.

En las separaciones de pareja, la mediación, es cada vez más requerida por las partes y a veces, impuesta por el juez, para llegar a un acuerdo mutuo entre las partes, antes de que los conflictos no resueltos repercutan, sobre todo, en los hijos.

En el ámbito escolar se entiende la mediación, no sólo como una técnica, sino como un método pedagógico, este método será válido para todos los agentes sociales que intervienen: padres, profesores, alumnos, conserjes, administrativos, etc., pues está basado en la escucha, la aceptación, la comprensión y el respeto entre todos los miembros de un sistema, donde la diversidad tiene cabida y aceptación. De esta manera estaremos formando entre todos a los niños en una forma adecuada de resolución de conflictos, potenciando la comunicación interpersonal en todos sus niveles, posibilitando la reflexión y el pensamiento complejo que incluyen todos los aspectos de la persona, como es lo biológico, lo cultural, lo social, lo familiar, lo religioso, etc. Y de esta forma que lo puedan integrar en sus relaciones, como una forma de dar respuesta a los problemas que les van a surgir a lo largo de su vida, sin tener que recurrir a la violencia, ni a la ruptura de las relaciones con amigos, familia, empresa, pareja, hijos, etc.

El mediador formal es aquel que se ha formado para ello, y además posee unas habilidades personales innatas para ejercer este papel.

En cuanto a su profesionalidad se ha formado en habilidades de comunicación y manejo de resolución de conflictos, conoce las técnicas adecuadas a utilizar en cada momento, tiene conocimientos en derecho de familia y se ha formado como mediador. Teniendo en cuenta la ética que ello conlleva, como es su imparcialidad, dejar que las partes decidan, impedir que se ejerza el poder, reconocer su influencia y su rol como mediador.

Dentro de sus características personales tenemos que destacar una actitud conciliadora, sentido del humor, espontaneidad, que sabe controlarse en situaciones de tensión, es neutral ante las partes y el conflicto, es creativo para promover la búsqueda de soluciones, no impone nada, ni dice qué hay que hacer, no juzga, ni sanciona las actitudes y comportamientos de las partes, consigue que cada parte exprese su punto de vista y que se escuchen entre ellos para buscar una solución que pueda satisfacer las necesidades de todos.

No es el protagonista del acto en sí, ya que los protagonistas son las personas en conflicto. Se limita a ofrecer sugerencias, plantear opciones y busca el equilibrio entre ambos, permitiendo que decidan los implicados en el conflicto. En ningún caso sustituye al abogado, pues éste es el asesor legal y el que va a presentar ante el juzgado el caso, si fuere necesario.

Podemos decir que el mediador es una persona con unas buenas habilidades socioemocionales, y sobre todo emocionalmente inteligente, que conoce sus limitaciones y sus competencias y las pone en práctica en su vida y en su trabajo.

¿No sería bueno que todos fuésemos un poco como este mediador, capaces de desarrollar todas esas habilidades relacionales y comunicativas, para sentirnos mejor con nosotros mismos y con los demás, siendo modelos coherentes de padres, profesores, pareja, jefes, compañeros, amigos… personas?

El mediador puede nacer y también se puede hacer.

Cecilia Martí

Cecilia Martí

Libros consultados:

Bernal Samper, T. La Mediación. Una solución de los conflictos de ruptura de pareja. Ed. Colex

Torrego Seijó, J.C. Mediación de Centros en Instituciones educativas. Manual para la formación de mediadores. Madrid. Ed. Narcea 20000

Vinyamata. E. Aprender mediación. Barcelona, Paidós, 2003

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