Mi experiencia en el máster por Ana Prieto

01/11/2013

ana prieto

No creo en las casualidades. Llevaba ya un tiempo en mi vida en el sentía que necesitaba algo más, algo a lo que no sabía dar nombre. Tampoco comprendía muy bien la insatisfacción que vivía por dentro. Y un día vi, en la sala de profesores del colegio del que soy orientadora, dos trípticos: Máster de Psicoterapia Humanista Integrativa y Counselling en Psicoterapia Humanista Integrativa.

Leer el temario, comprender el significado del logo, comprobar que podía ser terapeuta con la titulación oficial casi me terminó de convencer. La entrevista con Pepe cerró en firme mi decisión.

Empecé con miedos, muchos miedos. Miedo al grupo, miedo a la introspección en este momento de mi vida, miedo a iniciar la terapia… y uno a uno fueron disipándose a base de experiencias de amor, de acompañamiento y de trabajo emocional.

He aprendido muchos contenidos sobre psicoterapia, psicología, técnicas de intervención…Pero en lo profundo, esta experiencia ha sido un viaje apasionante por la tierra de las emociones. Y respecto al mundo emocional… empecé despistada, sin brújula, sin saber el idioma de este lugar, pero dispuesta a caminar por esta hermosa tierra. Los primeros módulos me fueron situando, recorrí desiertos y encontré grandes oasis en mi querido grupo de compañeros, en los profes, en mi psicoterapeuta… No me faltó en ningún momento una mano amiga, un abrazo nutritivo, una palabra en el camino, una mirada de amor. He podido disfrutar profundamente del viaje.

He podido crecer también con personas que empezaban su propio camino de crecimiento y a las que he podido acompañar: mis pacientes en prácticas. Y caminar a su lado me ha permitido constatar mi pasión por ser terapeuta.

Desde mi propia terapia he entendido que es necesario descender a lo profundo de mí misma, para iluminar todas esas partes que no quiero reconocer como mías, y que no sólo lo son sino que llevan mucho tiempo deseando ser integradas para hacerme más YO. He aprendido que tengo derecho a ser feliz y todas las herramientas necesarias para hacer que sea posible. He comprendido mi vulnerabilidad y aceptado mi necesidad de curar heridas, creciendo en el proceso.

He re-descubierto junto a mi querido grupo de compañeros, ya amigos, la importancia de sentir que pertenezco a un grupo, la certeza de que el amor incondicional existe y que no hay medicina, ni técnica sanadora más eficaz que éste.

En fin, me siento terapeuta. Hace mucho tiempo sentí que El Amor podía dar sentido y significado a mi existencia y después de muchas aventuras fallidas… he encontrado la manera más bella del mundo de revivir mi sueño, mi motivo, mi sentido de la vida: ser terapeuta desde el AMOR…con AMOR.

Por eso se me llena el corazón de alegría y agradecimiento. Gracias, Galene.

Ana Prieto

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