El respeto en Psicoterapia

01/09/2015

Cuando estamos trabajando con un paciente es absolutamente necesario establecer una relación de respeto a él y a su mundo. Pero, antes de empezar a hablar de respeto, debemos definir qué entendemos por respeto en este contexto en el que nos vamos a mover

jose zurita

José Zurita

Existen acepciones de la palabra respeto que tienen que ver con el miedo que nos da algo o alguien que tenemos enfrente. Aquí nos referiremos a un valor que permite que la persona pueda reconocer, aceptar y valorar las cualidades del otro y sus derechos, es decir, el respeto sería el reconocimiento del valor propio y de los derechos del individuo y de la sociedad. En términos más coloquiales, respeto aquí sería el tener en cuenta al otro y a su mundo, en el más amplio sentido de la palabra.

Hablamos de respeto desde muchas perspectivas. Respetar a una persona es ponerle frente a ti de igual a igual y no por debajo. Significa decirle siempre la verdad aunque nos cueste. No hacerle esperar, no defraudarlo. No forzar a que tome un camino que él o ella no hayan elegido.

Todo el material que trae el paciente es importante. Nosotros, como psicoterapeutas, debemos respetar cada punto de su historia y tener en cuenta sus carencias para acompañarlo a resolver los problemas que éstas le provocaron.

Tanto las decisiones como las ideas y los valores del paciente van a ser respetados por nosotros. Es importante para un paciente que está en terapia sentir que su terapeuta respeta sus opiniones, sus ideas, sus decisiones. Debemos respetarle y a la vez acompañarle en su camino de cambio. ¿Cómo compaginamos estos dos conceptos?

Nuestra ayuda se basará en un acompañamiento afectivo, de amor incondicional desde la relación terapéutica que proporcione la suficiente seguridad que le permita enfrentarse a cambiar sus decisiones arcaicas. Desde ahí, iremos junto a él de la mano a que se dé cuenta de las diferentes opciones que tiene ante sí. Utilizaremos señalamientos, preguntas, indicaciones y otras técnicas terapéuticas adultas para que vaya descubriendo por sí mismo una vía alternativa que le pueda llevar a unos resultados diferentes.

El respeto, junto con el amor, va a posibilitar que el paciente descubra nuevas formas de vivir su vida sin peligrar su seguridad afectiva. Debemos tener en cuenta que muchos de los caminos erróneos que tomamos en nuestra vida pudieron ser debidos al miedo del Niño a quedarse solo. Mediante ese acompañamiento afectivo le ayudaremos a probar otros caminos antes impensables para él.

Respetar su ritmo y sus tiempos es fundamental. Muchas de las decisiones arcaicas que debemos ayudar a corregir fueron tomadas por ser o sentirse apremiados por sus figuras parentales. Si, en el curso de la terapia, el terapeuta respeta de forma continuada el ritmo del paciente, éste se atreverá a replantearse ciertas decisiones.

Cuando descubrimos alguna carencia que el paciente trae del pasado podemos, a través de una actitud respetuosa, proporcionarle aquello que le faltó. Al provenir de una relación terapéutica segura y amorosa, podrá incorporarlo, sanando en este aspecto.

Como ejemplo podemos contemplar el caso de una paciente que no fue querida por sus padres, lo que opinaba no era tenido en consideración, nunca recibió la celebración de sus éxitos, ni fue preguntada por sus sentimientos. Ella necesitará que el terapeuta construya para ella una relación terapéutica sana y potente, con una base de amor incondicional que le aporte la seguridad afectiva necesaria, y le permita empezar a confiar. En ese contexto, una llamada del terapeuta para saber cómo le ha ido en un examen o ante un reto importante de su vida, podrá integrar que “ella es importante”. Recibir una simple felicitación por su cumpleaños, un detallito tras un viaje o un Whatsapp interesándose por ella irá llenando carencias arcaicas, fundamentales para reconstruir su autoestima e ir sanando sus heridas y descuentos del pasado.

En mi práctica profesional he tenido muchos pacientes con la herida “de no ser tenido en cuenta”. Es primordial para ellos ser tremendamente respetuosos con ellos. Tenerles en cuenta ante cada paso que damos es muy importante, pues serán extremadamente sensibles a esos detalles que “confirmarían” su decisión primaria de “no soy importante” o, dicho de otro modo, “no soy digno de ser tenido en cuenta”. Un padre que no presta atención a su hijo, que no piensa en su vida ni en los acontecimientos importantes, que se olvida de ir a buscarle al colegio o de una promesa hecha con anterioridad… Pueden ser muchos los detalles que inciden en el Niño y que van ayudando a crear la herida. No importa que la causa real de la figura parental que descuenta al hijo sea “de fuerza mayor”, como un problema laboral grave o una enfermedad. El Niño no está juzgando la actuación parental sino tan solo acusando sus consecuencias. Si el padre no cumple con lo prometido o lo necesitado, es suficiente.

Un detalle muy importante es que el Niño no incorpora el descuento o la agresión directamente, sino que necesita confirmarla una y otra vez hasta que la integra como un aprendizaje. Esto es importante, ya que un error parental puntual no genera una herida mientras el Niño no la confirme repetidamente. Eso sí, ante las primeras confirmaciones va sensibilizándose y viviendo la escenas posteriores con una visión sesgada que tiende a confirmar su aprendizaje primario. Que no lo confirma, lo irá diluyendo. Que lo confirma, irá cada vez ahondando más la “protoherida” hasta que la fija definitivamente como tal.

Una forma de respeto es la tolerancia. El ser tolerante va a ser uno de los elementos que van a formar parte de las habilidades profesionales de un buen psicoterapeuta humanista integrativo. También la flexibilidad. El paciente, para sentirse respetado por el terapeuta, debe encontrarse con un acompañante flexible y tolerante con él y con su proceso. Todo signo de rigidez podría abrir viejas heridas.

El paciente debe sentirse seguro en su terapia. Si no se siente respetado, su seguridad se puede ir a pique. Cuántas veces hemos ido a un médico u otro profesional que nos ha hecho esperar. Te han citado a una hora y ves cómo pasa el tiempo y sigues esperando. Cuando pasas a la consulta ya entras con una vivencia de haber sido descontado que te la tienes que tragar para no causar una pelea que, según pensamos, no “va a ninguna parte”. El caso es que la relación terapéutica se resiente al comprobar y confirmar que ante el otro tú no eres importante. Esto en Psicoterapia no debe pasar. Al menos en Psicoterapia Humanista Integrativa, pues el respeto al paciente es prioritario.

Debemos respetar al paciente integralmente. Sus ideas y valores. Su filiación política y religiosa. Su raza y su orientación sexual. Su forma de vida y sus costumbres. Será nuestro trabajo ayudarle a ver lo que no es funcional, lo que no es adecuado, y que surjan de su interior los deseos y decisiones de cambio. Siempre desde la relación respetuosa y segura.

Debemos respetar su cuerpo. Antes de tocar a un paciente le preguntamos si nos da su permiso para tocar. Aún recibiendo una respuesta afirmativa, estaremos muy al tanto de su comunicación no verbal, de sus reacciones, y de la forma que tiene de asumir y aceptar el contacto. Iremos trabajando con nuestro paciente, como parte de su terapia la relación con su propio cuerpo y sólo desde una actitud de máximo respeto podremos acompañar en cambios profundos y sanadores.

Nosotros los psicoterapeutas no cambiamos a nuestro paciente. No podemos cambiarle. Sólo puede cambiar él o ella. Nosotros tan solo les acompañamos desde la relación terapéutica, basada en el amor y el respeto. Gracias a ese respeto la persona que está realizando el proceso terapéutico con nosotros podrá cambiar. Se atreverá a revisar diferentes opciones de las que careció en el pasado.

El cierre de la terapia y de la relación terapéutica también debe ser un ejercicio de respeto. Nosotros planteamos que no se debe dar el alta al paciente. Que solamente él o ella están capacitados para decidir cuándo es el momento para terminar su terapia. En muchos casos, estaremos de acuerdo en que ese momento es el ideal. Otros tantos no será así. Cuando el paciente explicita su deseo de terminar su proceso, debe encontrase con un absoluto respeto a su planteamiento, aunque podamos pensar que no ha terminado su tratamiento, que queda mucho por cambiar o lo que sea, esto sólo es nuestra idea. El respeto al otro estará por encima. Sólo así el paciente, cuando se dé cuenta, quiera y/o lo necesite, podrá decidir volver a terminar su tratamiento. Si se sintió respetado durante todo el recorrido, sentirá que tiene la puerta abierta para solicitar la ayuda que pueda necesitar durante el resto de su vida.

José Zurita

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4 Respuestas

  1. Ana dice:

    ¡Hola! Me ha gustado mucho el post. Me parece un tema muy interesante el respeto en terapia.
    A veces, como cliente, se necesita mostrar al psicólogo que algo de la terapia no te funciona; no te sientes del todo respetada en tus tiempos. ¿Cómo se lo explicas si él te transmite su seguridad de sí haberlo hecho? No le quieres herir y reconoces, por supuesto, su delicadeza, sin embargo ¿Cómo le explicas esos momentos? Aunque para el psicólogo sean mínimos o incluso no perciba que se han producido, ya te sientes insegura con él: no te sientes entendida en tu necesidad y, además, te sientes exigente.
    Gracias.

    Un saludo.

    • Hola Ana,
      Me parece interesante sta reflexión sobre algo que puede y debería pasar en todas las terapias, el que el paciente le pueda decir cualquier cosa a su terapeuta con la seguridad de no ser (ni sentirse) juzgado por ello. Simplemente puedes decírselo desde tu sentir, sin poner en tela de juicio lo que él o ella hayan podido hacer, tu te sientes de tal o cual manera y eso es lo que compartes con tu terapeuta.
      El espacio entre los dos de la relación terapéutica debe estar siempre limpio de interferencias y es de los dos la responsabilidad de que esa limpieza sea lo mejor posible.
      Un cordial saludo
      Pepe

  2. Ana dice:

    Muchas gracias.

    ¡Saludos!

  3. Guille dice:

    Hola José.. hace un tiempo despues de tantos años . Descubrí q mi señora tenía esa enfermedad histrionica .q ni yo conocía .hoy necesito q se cure . Me afecta mucho a mi. Su problema es que cuando vamos algún lado donde se de la situación .por ejemplo cuando vas a comer afuera o una fiesta . Siempre encuentra un hombre para mirarse .ya emos tenido un par de peleas y nunca dejo de hacerlo .veo q esos momento la sacan de la realidad .. yo no quiero seguir con una mujer así ..si me acepta que la voy a lludar seguiré con ella .por lo tanto la amo ya q con ella tengo 2 hijos y me duele que tenga q tomar decisiones así ..tiene todo lo que significa la enfermedad histriónico… Te pregunto a vos pepe .como empiezo para q ella se cure … espero tu respuesta.

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