Diario de una baldosa

04/09/2017

Hoy no ha sido un buen día. Me han pisado demasiados pies izquierdos. Alguno
que otro ha dado un mal paso. Creo que he contabilizado unos diez resbalones y doce
tropiezos. Hoy no me siento bien. ¡Cómo me duelen las esquinas de soportar el peso de miles
de pies durante tantos años!

Pies como barcazas, miembros de enormes dimensiones.
Pies acelerados; pies parásitos; pies déspotas. ¡ Cuánto cansancio acumulan mis entrañas!, tanto que hace un momento pensé que me iba a volver loca, que me estallaría el cemento. Quería huir, pero como siempre estaba rodeada por otras baldosas cercanas, mis compañeras perpetuas, aquellas que un día formaron parte del mismo plan. Sin embargo ahora están mudas. No sé si alguna habrá muerto, y lo que noto a mi lado a diario es solo un cadáver. Recuerdo que al principio estábamos muy ilusionadas. Constantemente nos recordaban lo importante que éramos. Nos convencieron, al menos a mí, de que al donar nuestros cuerpos y alinearlos uno tras otro llegaríamos a algún sitio.

¡Qué océano de granito embaucado!. Mi espíritu entonces era fuerte y creía saber la verdad. Aún así me hipnotizaron (creo que todas lo estábamos). Sin escrúpulo alguno, nos condenaron a la insignificancia y la ausencia de identidad. Y para evitar que huyésemos, nos convirtieron
en presas y carceleras al mismo tiempo, arrebatándonos la libertad las unas a las otras.
Hoy, me parece mentira que hace años pudiera ser feliz.

Recuerdo el placer que me invadía cuando cientos de pequeños pies se deslizaban junto con pelotas y canicas. Reía con las cosquillas que me hacían las peonzas saltarinas o la tiza al recorrerme para tatuar algún juego infantil. Y dormitaba satisfecha bajo los montones de arena que a veces me cubrían por completo. Pero después llegaron los otros: los pies sin alma, fríos y
monorrítmicos. Y con ellos llegó también la consciencia abrumadora del anonimato y la
soledad enclaustrada. Por eso hoy ¡me asfixio!, no me queda espacio para respirar. Necesito
despegarme, crear algún conducto de ventilación.

¿Seré capaz de hacerlo sin más herramientas que el deseo?¿Podré reventar las raíces que me aferran a este monótono mosaico? Desconozco el resultado de hacerlo, pero algo me dice que es posible que la onda expansiva que genere, perturbe a otras , y pasemos de ser baldosas en orden, a guijarros en libre desconcierto.

Escrito por un paciente.

 

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1 respuesta

  1. Roser dice:

    ¡Qué bonito! Menuda metáfora!!

    Enhorabuena por este “diario”

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