Dar un paso ante el miedo

01/10/2014

jose zurita

José Zurita

Vivimos una época histórica rara. El mayor periodo de la historia reciente sin una gran guerra. Un tiempo de paz salpicado de frecuentes y convulsos focos de guerras, altercados, crisis, …

Unos últimos treinta años en los que hemos ido perdiendo libertades individuales y en los últimos estamos diciendo adiós a logros sociales conseguidos después de muchas décadas de lucha y sufrimiento.

Guerra, Crisis, Desestabilización, Terrorismo, Atentado, Extremismo… se oyen continuamente en los medios de comunicación creándonos una atmósfera de miedo generalizado sutil que a veces se muestra, pero que en la mayoría de los casos queda ahí como un caldo de cultivo de un sufrimiento inespecífico e inconsciente que nos destroza la vida.

Incertidumbres, Inestabilidad, Preocupaciones, Dudas… todas estas palabras y muchas más son reflejo de nuestros miedos internos que se manifiestan cuando son estimulados previamente por situaciones del exterior.

Parece claro que, ante determinados estímulos externos, los miedos internos no resueltos se muestran con una desproporción llamativa.

Como animales que somos tenemos tres reacciones naturales ante el miedo: Huida, Paralización y Enfrentamiento. Nuestro cerebro reptiliano nos prepara ante el peligro, y el instinto de supervivencia hará que tomemos una de las tres vías para seguir en este mundo. Pero aquí hay un factor diferenciador que el sistema límbico no diferencia. Es el miedo el que dispara el sistema de supervivencia pero ¿qué pasa cuando el miedo es interno, cuando el peligro no está fuera sino dentro de nuestra cabeza o de nuestro corazón?

Pues la reacción es similar pero, como no hay un peligro externo visible, no sabemos cuál de las tres decisiones es la correcta. Enfrentarnos ¿a quién? Huir ¿de qué? Paralizarnos ¿para evitar ser descubiertos por quién? Por tanto, vamos incorporando diversas acciones en nuestra vida que nos sirven para calmar nuestros miedos, pero sin ser conscientes de esto en la mayoría de ocasiones.

Como las dos primeras son más evidentes nos lanzamos a la Paralización o pasividad  como forma inconsciente de calmar ese miedo que nos invade lenta y silenciosamente. Aaron y Jaqui Schiff describieron cuatro formas de ser pasivos que seguramente podemos identificar rápidamente en nuestro entorno habitual.

  • Agitación, es decir, hacer muchas cosas sin productividad (zapping, juegos de ordenador o en el móvil, revolotear por la casa sin hacer nada en concreto, consulta constante de las redes sociales, etc.)
  • Congelación o bloqueo. No hacer nada (procrastinar, aislarse, quedarse tirado en el sofá sin hacer nada, etc.)
  • Sobreadaptación, hacer lo que crees que el otro espera de ti (en el trabajo ante el jefe y los compañeros, en las relaciones familiares, con los amigos, no actuar según lo que cada uno piensa sino como cree que el otro espera de él y así se asegura el aprecio del otro)
  • Agresión pasiva. Hacerte daño a ti o a los demás “sin darte cuenta”, no hay una premeditación en el daño pero se hace (adicción a substancias, al trabajo, al sexo, etc. boicots y olvidos hacia uno y hacia otros, enfermedades, accidentes, etc.)

Con respecto a la huida, hay muchas situaciones en las que la persona se justifica una decisión y se autoconvence de que lo mejor es cambiar de trabajo, de pareja, de casa e incluso de ciudad , pero no es más que una huida.

Y ahora le llega el turno al enfrentamiento. Cuando el peligro es real y existe un agente externo que nos ataca, a veces es la mejor o la única acción que nos puede salvar la vida. En el caso de que el miedo sea interno, la mejor opción es que nos enfrentemos a la causa primaria de nuestro miedo. Una psicoterapia puede ser el contexto apropiado para resolver el miedo existencial y dejar de vivir hipotecado ante esa amenaza constante.

Enlazando con el principio de este artículo, en estos tiempos difíciles nos encontramos a menudo con sensaciones internas incómodas que no podemos asociar fácilmente a nada en concreto y que nos fastidian la vida considerablemente. Ante esto pienso que lo mejor es actuar, primero analizando qué está pasando en nuestra vida, y después tomando decisiones que nos saquen de la situación que nos incomoda.

Cuando llegan momentos de miedo generalizado la gente se encoge y limita sus decisiones, tiende al aislamiento y se acerca al modo hibernación. Según nos describe Peter Levine, los animales que han estado a punto de ser devorados por un depredador, se sacuden el trauma y continúan con su vida como si no hubiera pasado nada. Esto les permite vivir. Creo que lo que nos vendría muy bien sería copiar el modelo animal y, en momentos de crisis, actuar con cabeza pero con decisión. No paralizarnos sino actuar y prepararnos mejor para el siguiente asalto.

En este mundo tan cambiante en el que vivimos, que nos crea tanta inseguridad profesional, ya no vale ni ser funcionario para vivir tranquilo. Necesitamos cambiar. No encerrarnos en el miedo. Será mejor dar el paso y formarse para constituirse en profesional o crear una microempresa con la cintura ágil y flexible como para reinventarse cada cierto tiempo, según las necesidades cambiantes de la vida que tenemos ahí delante.

Un abrazo a tod@s.

José Zurita

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