Cerebro e Intestino. Aspectos psicológicos en los trastornos funcionales digestivos.

01/07/2016


El siguiente artículo habla de los aspectos psicológicos en los trastornos funcionales digestivos. La manera de enfocar nuestra vida, la conducta, los pensamientos y emociones repercute en nuestra salud, especialmente en lo considerado para muchos nuestro “segundo cerebro”. Hay una estrecha relación entre nuestro aparato digestivo y nuestra mente, que va desde la parte fisiológica con el nervio vago como hilo conductor entre nuestro cerebro y nuestro intestino hasta el asombroso parecido estructural entre un proceso y otro. Es necesaria una colaboración entre los profesionales de la medicina y de la psicología con el objetivo de ayudar a los pacientes en la mejoría y/o curación de estas patologías. Lo que no podemos ignorar por más tiempo es que no solo somos  un conjunto de órganos con una fisiología particular; somos seres racionales y sobre todo somos seres emocionales, todo se relaciona y se influye. Es necesario por tanto atender otros aspectos de la vida del paciente para llevar a cabo los tratamientos más adecuados para que tengan una vida más sana y plena.

Palabras clave: Cerebro, Intestino, nervio vago, digestión, expulsión, hambre emocional, emociones básicas, niveles de intervención, áreas vitales, dietas, intolerancias alimentarias, colaboración profesional.

1. UN PUENTE ENTRE LA MEDICINA Y LA PSICOLOGÍA

Según la R.A.E ¿Qué entendemos por Medicina, Fisiología y Psicología?

Medicina: Conjunto de conocimientos y técnicas aplicados a la predicción, prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades humanas y, en su caso, a la rehabilitación de las secuelas que puedan producir.

Fisiología: Ciencia que tiene por objeto el estudio de las funciones de los seres orgánicos.

Psicología: 1. f. Parte de la filosofía que trata del alma, sus facultades y operaciones.

  1. f. Ciencia o estudio de la mente y de la conducta en personas o animales.
  2. f. Manera de sentir de un individuo o de una colectividad.
  3. f. Capacidad para conocer y comprender la psicología de una persona.
  4. f. Síntesis de los caracteres espirituales y morales de un pueblo o de una nación.

Para introducir los aspectos psicológicos en los trastornos funcionales digestivos voy a construir un puente simbólico, partiendo de la medicina, concretamente de la parte fisiológica (todo aquello que se puede ver y tocar); para unirla a mi parte, la psicología (conducta, pensamientos, sentimientos, emociones) que excepto la conducta que es lo único que vemos y representa la punta del “iceberg humano”, el resto no lo podemos ver ni tocar. Sin embargo existe una relación entre todo esto con nuestro aparato digestivo. Cuando no gestionamos bien nuestras emociones, sentimientos, pensamientos o conducta nuestro aparato digestivo se ve afectado y viceversa.

Vamos a recordar brevemente como funciona nuestra parte fisiológica. En una situación que percibimos de calma o en estado de tranquilidad, se activa nuestro sistema parasimpático a través del neurotransmisor la acetilcolina y se ponen en marcha diversas funciones: se reduce el latido cardíaco, se estimula la actividad digestiva, se relaja el recto, se contrae la vejiga, entre otras funciones. Cuando por el contrario percibimos una situación como amenazante o de alerta, a través del neurotransmisor la adrenalina se ponen en marcha otras funciones como: el aceleramiento del pulso cardíaco, la inhibición de la actividad digestiva o la contracción del recto.

Visualizando el organigrama de nuestro cuerpo tenemos al departamento de mayor poder, el sistema nervioso central, enviando órdenes a otros subdepartamentos como nuestro sistema parasimpático, sistema simpático y nuestro sistema nervioso entérico.

Esta comunicación es posible (entre otros mensajeros) a través del nervio vago, éste sería como la línea de metro más importante, aquella que conecta y pasa por los lugares más emblemáticos: Corazón, Bronquios, Estómago, Esófago, Intestino, Páncreas e Hígado.

Centrándonos en nuestro departamento en cuestión ¿Quienes trabajan en nuestro sistema nervioso entérico? Un conjunto de estructuras nerviosas que se encuentran en el aparato gastro-intestinal y en los órganos anexos como el hígado y el páncreas. Parece ser que en las últimas revisiones de empresa, este departamento anteriormente sin mucho reconocimiento o prestigio, se está convirtiendo en uno de los más importantes, empezando con el renombre de nuestro “segundo cerebro” ¿Por qué este cambio de prestigio?  Anteriormente se pensaba que nuestro principal comunicador, el nervio vago, llevaba información desde el principal departamento aquel situado en el ático, hasta nuestro departamento en cuestión: el sistema nervioso entérico situado en un corriente tercer piso. Ahora bien, contrariamente a lo que se creía, el 90% de las fibras que contiene el nervio vago llevan información desde el intestino hasta el cerebro, es decir, sigue un camino inverso. El nervio vago no baja solamente los escalones a llevar órdenes al “segundo cerebro” (sistema nervioso entérico), sino que los sube para enviar información muy relevante al principal departamento del ático: el sistema nervioso central.

Entre las principales tareas informativas del nervio vago nos encontramos con que: regula el latido del corazón, hace que podamos relajarnos después de un estado de alteración, controla los movimiento de los músculos, regula la respiración de la persona, mantiene el tracto digestivo en funcionamiento enviando información hacia el cerebro sobre el estado de la digestión para la realización óptima de la misma, y aumenta las funciones inmunitarias y antiinflamatorias; en el intestino tenemos el mayor número de células del sistema inmunitario, por eso la activación de este nervio es tan importante para aumentarlas.

Tenemos una comunicación constante entre nuestro aparato digestivo y nuestro cerebro, y no solo es unidireccional sino que se da en ambas direcciones.

Al otro lado del puente, en la parte de la psicología encontramos numerosos estudios que hablan del nervio vago como el nervio de la compasión.

Según Dacher Keltner, psicólogo de la Universidad de Berkely en California, el cerebro humano está programado para que seamos amables, ¿por qué algunos son amables y otros desagradables? La compasión ya la mencionaba Charles Darwin en El descenso del hombre donde relata que está profundamente arraigada en nuestra psique, concretamente en nuestro sistema nervioso. “Las comunidades que tienen los miembros mas compasivos prosperarán y criarán el mayor número de crías“, dice Keltner.

En un estudio de 2010 publicado en la revista Psychological Bulletin, Keltner y sus colegas encontraron que eligiendo al azar imágenes de un sufrimiento prototípico masivo se desencadenaban poderosas reacciones de compasión en los sujetos del experimento, encendiendo la parte gris periaqueductal del cerebro y activando el nervio vago, el mayor conjunto de nervios en el sistema nervioso humano. Esto es muy común en los mamíferos, cuando cuidan y sienten compasión.

No podemos olvidar la aportación de Stephen W. Porges, autor de la Teoría Polyvagal que enfatiza la importancia de las aferencias del nervio vago en la regulación entre cerebro, corazón y estado visceral.

Por último mencionar a Nancy Eisenberg psicóloga de la Universidad de Arizona que ha encontrado que los niños con una línea base de alta actividad en el nervio vago, son más cooperativos y propensos a dar que los otros niños con menor actividad de este nervio.

Parece ser que si nos quedamos mirando solo un lado del puente nos encontramos con actividades distintas a priori y de distintos campos, pero si nos elevamos y aumentamos la visión teniendo en cuenta ambos lados, encontramos que son llevadas a cabo por los mismos protagonistas, en los mismos lugares, y con esta visión desde el cielo más completa resulta más irrespetuoso separarlos.

2. SEGUNDO CEREBRO Y LAS EMOCIONES

Hace un par de años en un popular programa televisivo sobre encuentros familiares o de personas que habían estado separadas durante años por diversas circunstancias, al conocido portero Iker Casillas se le vendaron los ojos y se le sometió a la prueba de comer tres tipos de rosquillas, el reto era averiguar cuales eran de su abuela y cuales no. Esta prueba venía porque Iker afirmaba que las rosquillas de su abuela eran las mejores que había comido. Superó la prueba, es decir, averiguó cuales eran de su abuela y cuales no. ¿Es posible que un alimento compuesto de: harina, huevo, levadura, aceite, azúcar y esencia de limón, la abuela de Iker los mezcle de tal manera, para dejar una huella imborrable en su cerebro o hay más factores que la mera composición de nutrientes?

Nos encontramos en el intestino con alrededor de 100 millones de neuronas, más que las que contiene la médula espinal. Esta multitud de neuronas en el sistema nervioso entérico nos permite sentir el mundo interior de nuestro intestino y su contenido. Gran parte de este arsenal neuronal se pone de manifiesto en la elaborada rutina diaria de la digestión; descomponer los alimentos, absorber nutrientes y expulsar los desechos requiere de procesos químicos, mecánicos y rítmicas contracciones musculares que mueven todo hasta el final. Por lo tanto, equipado con sus propios reflejos y sentidos, el segundo cerebro puede controlar el comportamiento de los intestinos independientemente del cerebro, explica Michael Gershon jefe del departamento de Anatomía y Biología celular en el Centro Médico de la universidad de Columbia en Nueva York, experto en el naciente campo de la neurogastroenterología y autor del libro The Second Brain ( HarperCollins, 1998). Gershon dice “The brain in the head doesn’t need to get its hands dirty with the messy business of digestion, which is delegated to the brain in the gut,” (nuestro cerebro no necesita ensuciarse las manos con el embrollado asunto de la digestión, el cual es delegado al cerebro del intestino.)

Desde el intestino además se produce al 95% de la actividad de la serotonina, sustancia que trabaja como neurotransmisor en la inhibición de: la ira, la agresión, la temperatura corporal, el humor, el sueño, el vómito y el apetito, y es responsable de mantener en equilibrio nuestro estado de ánimo (sus distintos niveles en nuestro organismo están relacionados con la depresión).

Aquí se produce también más del 50% de la actividad de la dopamina: neurotransmisor que entre sus funciones regula los niveles de placer en nuestro cerebro. Su secreción se da durante situaciones agradables y nos estimula a buscar aquella actividad u ocupación agradable. Esto significa que la comida, el sexo, y varias drogas, son también estimulantes de la secreción de la dopamina en el cerebro en determinadas áreas tales como el núcleo accumbens y la corteza prefrontal.

Con esta implicación del sistema opiáceo durante la ingesta los alimentos que componen un atracón, lo que llamamos el “Hambre emocional”, pueden tener un efecto psicoactivo de la serotonina y de la dopamina, de manera que comer puede generar una adicción o conducta patológica: el acto de comer en sí mismo es un ansiolítico natural. En este contexto hablamos especialmente de los Carbohidratos simples refinados (bollería industrial, patatas fritas…etc ), nadie cura la ansiedad metiéndose un atracón de acelgas hervidas; esto es meterme más en el campo de los Trastornos de la Conducta Alimentaria pero que también desencadenan trastornos digestivos y están relacionados con la parte emocional en el acto de comer. Se dan una serie de factores que pueden predisponer a una relación con la comida adictiva o patológica como baja autoestima, necesidad de gratificación inmediata y de relaciones nuevas, baja tolerancia a la frustración, descontrol de impulsos, agresividad, dificultades para afrontar conflictos, tendencia a la evitación de situaciones críticas, incapacidad para pedir ayuda o dificultades de adaptación a la vida cotidiana (responsabilidades familiares, laborales) y/o rellenar vacíos existenciales comiendo.

No es por ello sorprendente que hay muchos trastornos como la ansiedad, la depresión o el autismo que tienen manifestaciones intestinales específicas, y a la inversa, nos encontramos con determinados trastornos intestinales como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa en las cuales se presenta con mayor frecuencia en la población trastornos psicológicos como la alexitimia, perfeccionismo, elevado neuroticismo, ansiedad y depresión.

Emeran Mayer. Profesor de Psiquiatría, Fisiología y Ciencias del comportamiento en la David Geffen School of Medicine at the University of California, Los Angeles (U.C.L.A.) dice que: Gran parte de nuestras emociones están probablemente influenciadas por los nervios de nuestros intestinos. El sistema es demasiado complicado para haberse desarrollado simplemente para asegurarse de que “las cosas” se muevan al colon.

Esta afirmación me lleva inevitablemente a hablar de las emociones. Les recuerdo a los lectores que aunque tengo formaciones en diferentes campos y escuelas psicológicas, y las que tendré puesto que me considero la “estudiante eterna”, mi escuela de base a la hora de trabajar en terapia es la psicoterapia humanista integrativa, donde uno de los principales objetivos es el trabajo profundo de las emociones.

Todas son importantes y todas juegan un papel crucial a lo largo de nuestras vidas, sin olvidar que tienen un componente puramente biológico y adaptativo. El origen de los mecanismos emocionales es, filogenéticamente, muy antiguo. Los seres vivos necesitamos continuamente tomar decisiones para reaccionar de manera adecuada a un entorno que cambia constantemente. En el caso del hombre, al tener una corteza prefrontal muy desarrollada, la situación se vuelve mas compleja, porque nuestra gran capacidad cognitiva con respecto al resto de las especies crea una situación donde las emociones no son las únicas protagonistas en la toma de decisiones, pero siempre están y aparecen. Esto es lo que nos interesa aquí; las consecuencias negativas de no gestionarlas adecuadamente, cómo repercuten en nuestra salud cuando no las tenemos en cuenta o si la emoción que mostramos no corresponde a la que en realidad tenemos, lo que en psicología llamamos los rackets ; por ejemplo culturalmente a los hombres se les ha educado para sacar rabia y bloquear la tristeza, a veces aunque estén experimentando tristeza dan un puñetazo sobre la mesa porque socialmente para ellos es lo más aceptado. En las mujeres al revés, hemos sido educadas para sacar tristeza y bloquear la rabia, en ocasiones las mujeres lloramos aunque en realidad estamos con mucha rabia y lo que necesitamos es dar una patada, “pareces un marimacho” o “los hombres no lloran” son ejemplos de los mensajes que desde niños van formando el “padre crítico” dentro de nosotros a nivel inconsciente y configuran en adultos determinados comportamientos no sanos, pero que nos sirven para adaptarnos mejor a nuestro entorno.

Esa “energía producida por la emoción” tiene que salir de una manera adecuada porque sino la acumularemos en alguna parte enquistándola, o sacándola en otra situación totalmente inadecuada, o por último a través del cuerpo; las conocidas enfermedades de origen psicosomático, pero desaparecer no va a desparecer.

Lo que no podemos ignorar por más tiempo, es que somos seres emocionales, no solo cognitivos. Las emociones surgen y van a surgir toda la vida porque nuestros cerebros se encuentran preparados para reaccionar siempre con una respuesta emocional ante la presencia de los estímulos ambientales y/o de nuestros propios pensamientos.

Recordaremos brevemente cual es la misión biológica de nuestras emociones básicas:

MIEDO: nos alerta de una situación de peligro, ante el miedo hay tres formas de actuar: enfrentamiento, huida, y pasividad o frozen (congelamiento), las tres son importantes, la clave es elegir la adecuada según las circunstancias. Lo inadecuado por ejemplo sería actuar siempre con la misma respuesta, esto lo menciono porque de aquí surgen patologías cuando la persona ante el miedo siempre actúa de la misma manera: huyendo, enfrentándose o quedándose parada.

RABIA: aparece en una situación ambiental que percibimos como amenazante y en la cual hemos descartado la huida o la pasividad y nos preparamos por lo tanto para el enfrentamiento físico del ataque. Hay que tener mucho cuidado si ante una situación conflictiva no encontramos una solución a corto plazo, ya que esta emoción puede hacerse crónica y agravarse transformándose en rencor, cuyas consecuencias son muy negativas para nuestra salud física y mental. La rabia es legítima y necesaria, lo que hay que aprender es a sacarla de una manera sana de modo que no nos hagamos daño a nosotros ni a los demás.

ASCO: nos sirve para evitar riesgos al entrar en contacto con sustancias potencialmente dañinas para la salud. Esta emoción es especialmente importante con los alimentos que ingerimos, nos alerta de aquellos que pueden estar en mal estado, también nos alerta al contacto corporal con todo tipo de materiales que nos resultan repugnantes y pueden entrañar un riesgo de contagio o de suciedad.  La tendencia innata es mantenernos limpios y alejados de los materiales sospechosos.

ALEGRÍA: nos impulsa a explorar el entorno para encontrar fuentes de estimulación. Forma parte de nuestro sistema de búsqueda y logro, tiene que ver con la regulación de endorfinas, serotonina, oxitocina; activa nuestro sistema de apego para: la búsqueda de parejas sexuales, crear lazos afectivos, búsqueda de satisfacción en el ambiente.

TRISTEZA: comparándonos en la naturaleza al resto de los seres al nacer somos extraordinariamente inmaduros y si nadie se ocupa de alimentarnos y de protegernos, perecemos sin remedio. Esto me lleva a mencionar la teoría del apego de John Bowlby (1969), uno de los descubrimientos más importantes de la psicología, todos nacemos con un sistema de apego que indica que estamos programados para buscar el cariño y la relación con el otro durante toda nuestra vida. El recién nacido necesita desarrollar una relación con al menos un cuidador principal para que su desarrollo social y emocional se produzca con normalidad. Desde que nacemos necesitamos al otro para sobrevivir. Esta emoción regula y advierte de los estados de esta carencia o cuando nuestro sistema de apego esta activado por algo.

Ahora que tenemos el sentido biológico, aquí y ahora ¿cómo gestionamos nuestras emociones?  Hemos pasado de recolectar, cultivar, cazar, estar en contacto con la naturaleza a pasar en muchos contextos laborales 16 horas sentados, y nuestro cuerpo no fue diseñado genéticamente para esta vida. Nuestro cuerpo tiene una potencia muy grande y se mueven muchas cosas en nuestro interior no solo comida.

3. UNA VISIÓN COMPLETA: CINCO ÁREAS VITALES Y NIVELES DE INTERVENCIÓN

En mi trabajo a parte de acompañar terapéuticamente a la persona que viene a consulta, trato de observar cualquier detalle que parece insignificante, porque a veces esos detalles insignificantes construyen granito a granito el verdadero significado de la problemática de una persona.

A continuación menciono brevemente dos herramientas nucleares que guían mi trabajo terapéutico para que doctores, profesionales y cualquier persona, tengan presentes a la hora de diagnosticar, tratar o simplemente comprender mejor un problema digestivo de origen dudoso o desconocido.

El ESQUEMA DE LAS CINCO ÁREAS VITALES

Todas son importantes y todas hay que tenerlas en cuenta, tanto por su ausencia como por su presencia en la vida diaria de una persona. Cómo se relaciona en cada una de ellas, cómo se siente y el tiempo que dedica en su vida dice mucho de la persona, porque al final lo único que tenemos es nuestro tiempo, somos seres temporales, aunque en nuestra sociedad nos anestesiemos del mil maneras para olvidar lo inolvidable, que desde que venimos al mundo la única certeza es que nos iremos algún día.

Las cinco áreas vitales son:

Área Familia De Origen: entra la información referente a esta área. Si viven los padres, si están separados, son dependientes de la persona, sus hermanos, la relación con ellos, con sus familias políticas, algún pariente significativo que haya marcado su vida.

Área Familia Formada: si tiene hijos, si vive con alguna mascota o solo/a.

Área De Pareja: información de todo lo relacionado con la pareja, estado civil, el lugar que ocupa en la relación, cómo deja que le trate su pareja, como han sido sus relaciones anteriores y si hay algún patrón que se repite.

Área Profesional: todo lo que tiene que ver con el trabajo, cuál es y cómo se desarrolla la ocupación profesional. ¿Es su vocación? ¿Es lo que estudió? Cómo le tratan en el trabajo, cuanto tiempo dedica. Una persona que tenga una úlcera de estómago y no pueda desconectar de su portátil ni en casa o en vacaciones, es muy complicado que el tratamiento para esa úlcera pueda ser efectivo.

Área Ocio/Tiempo Libre: aquí incluimos la relación con los amigos, los hobbies que tiene, si se pone en peligro, si hay actividades de riesgo, si usa su ocio para trabajar o cuidar a alguien.

Área Personal: habría una parte sobre la que en principio no tenemos poder para interferir en la que nos encontramos con todas las funciones fisiológicas de nuestro cuerpo: digestión, respiración…etc. Y otra parte que se refiere más a nuestra intimidad: todo lo que hacemos por y para nosotros. Cómo te ves, cómo te sientes actualmente, hacia dónde te diriges, hacia dónde te quieres dirigir. Una parte del área personal está incluida en las otras, cómo me trato en mi trabajo, cómo me protejo ante los riesgos, si practico deporte para cuidar mi salud, cómo me cuido en mis relaciones familiares, de pareja o de amigos.

Algunas personas acuden a terapia por ejemplo por un tema de estrés laboral y no hemos acabado la primera sesión cuando aflora un conflicto profundo con la familia.

Tuve un paciente que vino derivado de la medicina, porque en la diarrea aguda simple que sufría no se encontraba ninguna causa vírica o de cambio en la dieta y además tenía mucho estrés laboral. En seguida afloró un tema de ansiedad y mucho miedo a la hora de gestionar los problemas que tenía para tener nuevas relaciones de pareja a raíz de haber sufrido una experiencia traumática con una relación pasada; aunque esto fue lo nuclear, esa ansiedad y miedo afectaban también a las otras áreas de su vida.

No se puede atender un área sin “mirar a la cara a las otras”, todas están relacionadas y confluyen por el mismo río que somos nosotros.

Aunque a veces desviemos la mirada de los problemas realmente importantes, aunque a veces nos ignoremos a nosotros mismos, es importante darse cuenta que nuestra enorme capacidad de aguantar y sobrevivir es un arma de doble filo, gracias a ella somos lo que somos, pero por ella nos convertimos en lo que somos. No podemos permitirnos nunca llegar al límite. Al final el esfuerzo de nada sirve si cuando llego a la meta no puedo disfrutar del premio.

La otra herramienta para planificar la intervención es:

ESQUEMA DE LOS CINCO NIVELES:

Si nos imaginamos a las personas como un iceberg, metáfora muy popular últimamente en psicología, cuya película sobre un barco es responsable de que ante la palabra: Iceberg me venga a la cabeza Leonardo Di Caprio pasando mucho frío, mucho amor y unos violines de fondo. La punta del iceberg lo único que vemos, sería el primer nivel: la conducta, sucesivamente iré mencionando el nivel que le sigue por debajo.

Tiene que haber coherencia entre los niveles y congruencia entre todos, la falta de coherencia no se sostiene durante mucho tiempo y al final se acaban adaptando unos niveles a otros para conseguir el equilibrio en la estructura.

En todos los niveles menos el último interviene de manera directa la psicoterapia.

La conducta: qué hace o no hace la persona, cómo habla, con quién. Aquí interviene también la medicina al poner tratamientos, realizar pruebas, operaciones, recomendar patrones de conducta o hábitos.

Por ejemplo: Quedarse a trabajar más, no descansar para comer, no actuar frente a una situación injusta, no salir de casa para no relacionarse, darse un atracón por la noche de comida,  no comer, hacer dietas, son algunos ejemplos reales de conductas relacionadas con los trastornos.

Pensamiento Social: es lo que tenemos a nivel consciente sobre la propia vida, las relaciones, el mundo. Algunos ejemplos de pensamientos sociales: “es que si no lo hago me siento culpable”, “no me gustan los conflictos”, “me da miedo la reacción de…”, “si estoy así de gordo/a no encontraré pareja”, “no soy interesante”, “ya pararé el ritmo de trabajo pero de momento no puedo dejar este asunto”, “que me quiten lo que tengo (pero yo no tengo que hacer nada, no?)”, “no tengo fuerza de voluntad para…y total ¿para qué?”, “Me paso un poco pero luego me tomo la pastilla”.

Pensamiento Profundo: es lo que tenemos a nivel no consciente, donde se encuentran los prejuicios, los ideales, las fantasías, el guión de vida enunciado por Eric Berne, o los mandatos; aquellos mensajes limitadores que vamos introyectando desde que somos pequeños como si fueran nuestros pero que en realidad vienen del entorno, de nuestra familia, de nuestra cultura y que en los momentos en que aparecieron no teníamos la capacidad de cuestionarlos ni de defendernos frente a ellos.

En el pensamiento profundo empiezan a aparecer elementos importantes que conforman la psicopatología de los pacientes. Son mensajes inconscientes recibidos del entorno del tipo: No lo logres, No hagas, No decidas, No estés bien, Esfuérzate, Se perfecto, Se fuerte, Date prisa, Complace…etc. Todos hemos recibido una variedad de ellos o a veces lo hemos imaginado, y por cada uno de ellos tomamos decisiones de forma no consciente. Son estas decisiones tempranas, lo que determina el tipo de autolimitación que adoptamos. Si a una persona de pequeña se le dieron mensajes del tipo “Se Perfecto” tendrá por un lado un nivel de autoexigencia muy grande y por otro dará gran importancia a la imagen que proyecta sobre los demás, las notas, los rankings, sus relaciones con los demás, ya que la perfección o imperfección se mide comparándonos con otros. El problema es que ese tipo de personas tienen un filtro de la realidad particular donde “nunca es suficiente” o “sigo siendo imperfecto,” suelen ser los caballos de carreras que tiran de él/ella hacía una meta inalcanzable. Otra persona que haya recibido de su entorno mandatos del tipo “complace”, tendrá muchas dificultades para imponerse, mucho miedo a los conflictos y se sentirá muy culpable de ir en contra de los deseos de su círculo íntimo.

Nuestra identidad es el resultado de la forma en que hemos estructurado nuestra personalidad.

Emociones Básicas: están a un nivel consciente, son las que sentimos en el día a día. Aunque hay personas que sufren de Alexitimia, es decir, la incapacidad para identificar y describir verbalmente las emociones y sentimientos de uno mismo y de los demás, en circunstancias normales todos sabemos, o deberíamos saber por nuestro bien, cuando estamos tristes, con rabia, alegres…etc. Algunos ejemplos de cómo las emociones están conectadas a nuestro aparato digestivo lo encontramos cuando la persona tiene determinadas conductas o pensamientos del tipo: no tengo ganas de nada, he perdido el apetito, cuando alguien decide no salir de su casa para no relacionarse y comer compulsivamente, encontramos entre otras emociones la tristeza de fondo. La rabia aparece mucho en problemas de úlcera o ardor de estómago, en situaciones conflictivas que no se resuelven a corto plazo nuestro sistema simpático esta continuamente activo a través de la adrenalina, ella hace su función correcta preparándonos para el ataque, el problema es que si no hay combate y la situación está igual que al inicio nuestro sistema seguirá activo hasta que nosotros demos la orden de que la batalla se acabó; el problema se agudiza cuando la batalla es diaria y ahora además nuestra bomba ácida ya esta descontrolada para “echar mas leña al fuego”.

Tuve una paciente que había sufrido la muerte inesperada de su marido y apenas había exteriorizado ninguna conducta de dolor, presentaba Alexitimia. Entre otros problemas de salud tenía un estreñimiento que había pasado de puntual a frecuente, para volverse crónico, esto repercutía en su vida diaria hasta límites de generarla una gran angustia y preocupación. Hay muchos factores que están relacionados en el estreñimiento, no solo dietéticos o emocionales, este problema de salud no nos lo tomamos demasiado en serio en la sanidad y las consecuencias psicológicas son muy graves, las personas además que lo sufren se sienten bastante desprotegidas y lo tienen que asumir prácticamente en soledad porque no reciben la atención e importancia que merecen de su entorno. Esta paciente había tenido otros eventos dramáticos posteriores, sin embargo en todos actuaba de la misma manera, seguía hacía adelante como si no hubiera pasado nada, apenas pedía ayuda y no exteriorizaba sus miedos o preocupaciones. El bloqueo era cada vez mayor y no sólo me refiero al de sus desechos sino al emocional, tenía muchas dificultades para sacar a la luz todo aquello que la hacía sufrir o preocupaba, había un miedo de que si lo hacía se iba a sentir peor o que no podría parar, este miedo es muy común pero en realidad es una fantasía; no es cierto que cuando paremos nos volveremos locos y nos pondremos a llorar para siempre. Cuando paramos descargamos la cantidad suficiente en ese momento y quizás quede mucho dentro, pero como decía uno de mis maestros Pepe Zurita lo que sale ya no vuelve a entrar. Sin embargo esta paciente no expulsaba nada, solo retenía y acumulaba. Abandonó al poco tiempo la terapia.                           Todos los ejemplos que pongo son frases reales sacadas de mi experiencia profesional, a continuación pongo la frase y la emoción experimentada por la persona “Tengo mariposas en el estómago”: Alegría; “Me lo estoy comiendo con patatas”: Rabia; “Esto no hay quien se lo trague”: Asco y Rabia; “No puedo decírselo me montaría un número…”: Miedo; “No me apetece hacer nada”: Tristeza.

Emociones Profundas: son aquellas que no estarían en el plano de nuestra consciencia. A nivel no consciente existen dos miedos existenciales que son el origen de muchas psicopatologías: Miedo a la invasión: desde que somos bebes nos han vestido, tocado, pinchado, alimentado, bañado, sometido a reglas etc. sin que nosotros pudiéramos hacer o impedir nada, obviamente esto ha permitido nuestro desarrollo aunque hay otra parte de nosotros que ha sido tan invadida,  que en ocasiones hemos experimentado miedo ante esa invasión a la que no podíamos poner límites  Este miedo no superado se refleja en personas que no se pueden comprometer, que les cuesta tener amistades profundas o duraderas, otras que a pesar de tener una relación de pareja viven su vida como si fueran solteros.

El otro es el Miedo al abandono: el origen es el mismo que el miedo a la invasión; nuestra gran inmadurez al nacer, esto hace que seamos totalmente dependientes del otro y tras explicar anteriormente nuestro sistema de apego, el miedo a la exclusión social, a quedarnos solos, a que familia, amigos, compañeros de trabajo, etc. dejen de relacionarse con nosotros es el mayor miedo existencial que puede experimentar el ser humano.

Sin embargo me entristecería reflejar que solo nos movemos por miedo, como un Parchís donde nuestros movimientos solo se dirigen en función del miedo que tengamos hacia un color u otro. Existe algo que es más fuerte que el miedo y que es el arma original y final para combatirlo, es además el motor de nuestro crecimiento personal y de nuestras batallas frente a este poderoso contrincante y es: el amor. Gracias a este impulso innato de buscar al otro,  podemos combatir con todas las dificultades que encontremos en el camino.

Llegando al fondo de nuestro iceberg tendríamos la Espiritualidad que incluye los contenidos más profundos del ser humano referente al mundo espiritual y aquí no interviene directamente ni la psicología ni la medicina.

4. EL CÍRCULO VICIOSO. CONEXIÓN ENTRE LOS PROBLEMAS DIGESTIVOS Y PSICOLÓGICOS

He observado en pacientes que tras pasar determinadas experiencias traumáticas o épocas en la vida en los que la persona ha sufrido enormemente y ha seguido hacía delante sin detenerse “echándose todo encima”, cuando parece que está más tranquilo aparece un problema de salud, alergia o actualmente las famosas intolerancias alimentarias. Nuestro estilo de vida actual, la alimentación, la contaminación, el estrés, el sedentarismo, cómo gestionamos nuestros conflictos y emociones…etc. con todo esto al final acabamos “machacando” nuestro sistema inmune y lo que en principio no representaba ningún peligro se convierte en un enemigo a evitar. En países subdesarrollados como África o determinados países de Iberoamérica, aunque tienen otras problemáticas bastante graves, no están desarrollando las patologías intestinales que están floreciendo cada vez más fuerte en los países del llamado primer mundo. Hace 50 años era impensable encontrar en un supermercado o en la carta de un restaurante alimentos sin lactosa, sin gluten, sin trazos de frutos secos, sin azúcar, aproteicos, etc.…, no hay que olvidar que los alimentos prohibidos ya empezaron en la antigüedad por cuestiones religiosas: cerdo, vaca…,etc. Ahora sumamos cuestiones morales: los que no comen pescado, carne, nada procedente de un animal a cuestiones caprichosas: esto no me gusta, esto si,  y el mundo de las dietas; desde el gran universo infinito de las dietas para adelgazar, a las nuevas incorporaciones para depurar, tonificar, anti-edad, anti-oxidantes, anti-flacidez, anti…, y me paro porque no quiero que este artículo se convierta en un libro del tamaño de “Guerra y paz”.

Comer ha pasado de ser una necesidad básica de supervivencia a convertirse en un hobby: “vamos a probar un sitio nuevo” y además en un quebradero de cabeza: “yo no puedo/quiero comer….”

No soy una persona que suela hacer comidas en mi casa porque me gusta más degustar que cocinar, pero recuerdo una de las veces que (sacando mi lado obsesivo) mandé un email para que los invitados me dijeran lo que no podían comer por ser alérgicos o sentarles mal, o simplemente lo que no les gustaba y la combinación final para adaptarme a todas las necesidades me resultó algo complicada.

Es paradójico que en nuestra sobrealimentada sociedad donde tiramos comida todos los días, tengamos cada vez más restricciones dietéticas por cuestiones médicas, intolerancia o hipersensibilidad a ciertos nutrientes, abandonando tristemente cada vez más el poder de ser omnívoros a convertirnos en “alérgicomnívoros”.

Esto sumado a las crecientes modas, neurosis u obsesiones alimentarias; ahora solo alimentos de color rojo (no es un viva el comunismo) ahora solo alimentos verdes (esto tampoco es un manifiesto de Greenpeace) ahora solo proteínas para el músculo o para adelgazar, ahora el trigo “huele azufre” convirtiéndose en el nuevo diablo, ahora solo alimentos para el Ying ahora solo para el Yang, ahora solo  aquello que se cultiva en el Himalaya, que digo yo que viviendo en España ¿no hay algo más complicado o lejos de recolectar? Todo esto nos está convirtiendo en una especie de “neuroticomnívoros”, por ejemplo nos encontramos con personas cultas, inteligentes, con sentido común, que durante una semana han estado tomando solamente un líquido viscoso llamado “jarabe de arce” para… ¿Para qué realmente lo han hecho? ¿Para qué hacemos algunas de estas cosas, incluida yo misma?

Alguien puede argumentar muchas cosas, pero ¿no está la parte emocional en todo esto? Lo que está claro es que todo el tema relacionado con ingesta de alimentos es un negocio que funciona, y funciona muy bien porque nos engancha de múltiples maneras.

Con las herramientas anteriores podemos ampliar la visión para comprender determinados problemas digestivos donde no hay una causa orgánica y que tras diversos tratamientos no hay una mejoría, quizás sea necesario hacer un escáner de la vida de la persona y empezar a tratar otro tipo de áreas, conductas, pensamientos, emociones que tal vez estén bloqueando su mejoría o en el mejor de los casos sea una llamada de atención sobre algo que no está funcionado bien. Yo no entro en el origen ni en la causa. Evidentemente la gastritis es un problema físico (se tiene o no se tiene). Pero la manera de sufrirla y los síntomas que provoca sí tienen un claro componente psicológico, son ejemplos de patología psicosomática. La ansiedad, el estrés, la depresión, en definitiva la manera del paciente de llevarla aumentan la secreción ácida gástrica, exacerbando los síntomas digestivos, los cuales contribuyen a aumentar la ansiedad y el estrés del sujeto, conduciendo a su depresión y cerrando el círculo vicioso.

En terapia cuando hago psicoeducación o trabajo determinados problemas del paciente, escojo ejemplos de la vida cotidiana o eventos que en principio no tienen relación con el tema, pero que sirven de anclaje para recordarnos un mensaje.  Con esto quiero desvelar que los anteriores comentarios (entre otros) sobre Leonardo Di Caprio en Titanic, no obedecen exclusivamente a una espontaneidad impulsiva y sin falta de control que puede resultar graciosa para algunos o falta de seriedad para otros, aporta además un anclaje para recordar la información del esquema de los cinco niveles. Uso mucho las metáforas para explicarle a un paciente porqué le suceden determinadas cosas, a mi siempre me han servido para comprender y recordar mejor los conceptos. En la que presento a continuación no estoy segura de llamarla metáfora porque el proceso es tan similar que no se si es casual porque nuestra naturaleza así se hizo o poniéndome mas mística quizás ésta nos ha querido lanzar un mensaje para entender mejor la relación de uno con la ayuda del otro.

Para explicar como funciona nuestra psique voy a utilizar como metáfora el proceso digestivo. Cuando ingerimos un alimento primero lo masticamos y tragamos, una vez hecho esto la primera fase es la llegada al estómago donde los jugos y el ácido del propio estómago lo transforman en papilla para así poder pasar al duodeno y entrar en el intestino delgado. Es necesario tratar esa papilla con la bilis y el jugo pancreático que se vierten en el interior del intestino para que la disuelvan en grasa, hidratos, proteínas y azúcar necesarios para vivir. Gracias a esto los alimentos se convierten en absorbibles, filtrándose a través de la pared del intestino y llegando a la sangre. En la alimentación casi todo es absorbible, útil y necesario para nuestra nutrición. Sin embargo el esqueleto de los alimentos (celulosa y compuestos derivados) no se puede absorber, alimentos por ejemplo que contienen fibra no absorbible.

Por un lado tenemos esta parte no absorbible que llamamos desechos, aunque el nombre no suene muy agradable son muy importantes para el proceso, por otro lado tenemos los movimientos del intestino, señales que recibe y que le hacen, o bien trabajar y contraerse o bien descansar y relajarse, lo que vimos anteriormente con el sistema simpático y parasimpático; por supuesto que en el equilibrio entre las dos señales estaría la actividad normal. Estos desechos junto con los movimientos intestinales, permiten llegar hasta el final del proceso para llevar a cabo la tarea de expulsión.

Todos hemos sufrido en algún momento las graves consecuencias de no expulsar los desechos, sin obviar que para muchas personas puede ser un riesgo de salud. En lo que expulsamos no solo están estos desechos de los alimentos, hay también bacterias que habitan en el colón y el recto, y células muertas de las paredes del tubo digestivo que se descaman y renuevan continuamente. Es por tanto un proceso de regeneración interior.

Con este proceso en nuestra mente cruzamos una vez más el puente dejando la parte fisiológica y llegado a la parte psicológica. Cuando nos pasa algo o tenemos una vivencia con alguien, la información consciente (todo aquello que recordamos o que estamos viviendo), sería todos los alimentos que absorbemos, siempre teniendo en cuenta nuestros propios filtros: cada uno tiene su propia bilis y su jugo pancreático diferente al de los demás. Sin embargo en cada vivencia o relación con alguien, existe una parte no absorbible por nuestra bilis y jugo pancreático, es la parte insconsciente; esta parte es necesaria en todo el proceso, pero en algún momento hay que sacarla a la luz y expulsarla de nuestro interior. Si acumulamos mucho desecho acabará bloqueándonos e impidiendo también que entren cosas nuevas. Si un día expulsamos todo de repente sin filtro, nos debilita y perdemos también minerales y nutrientes importantes.

Hemos aprendido cuando no hacer o decir determinadas cosas en público, hemos aprendido afortunadamente a controlar nuestras “expulsiones” para los momentos y lugares adecuados. Sin embargo esto es relativo, hay personas que tienen una mayor retención que otras.

Hay veces que se nos escapan comentarios o hacemos cosas de las que luego nos arrepentimos porque no queríamos sacarlas a la luz; por ejemplo los “lapsus linguales” aquellos comentarios o palabras que nos ponen en grandes aprietos y que nos hacen desear ser un avestruz y esconder la cabeza. Volviendo al segundo cerebro a veces en nuestro interior hay una batalla entre nuestras propias bacterias, alimentos con parte no absorbible que no digerimos bien, acumulación de desechos de varios días y aparecen muchos gases con sus consabidas molestias, y aunque no queramos se nos escapan o nos cuesta mucho controlarlos; en el plano psicológico serían los lapsus linguales, los sueños, los comentarios inapropiados. Hay gente que tiene más gases que otros, pero ¿qué ocurre en todos los casos?, que huelen mal, que nadie quiere estar presente cuando alguien ha cometido esa imprudencia y que el protagonista exceptuando que lo haya querido hacer a propósito solo para contaminar a su entorno, se siente avergonzado.

Razones de este desequilibrio hay muchas y muchos factores, principalmente no alimentarse bien o no llevar a cabo una expulsión regular de ese proceso de regeneración interior donde sacamos lo que ya no necesitamos y nos quedamos con aquello que es esencial para vivir.

Cuando nos alimentamos muy mal y se han acumulado una serie de bacterias es necesario un cambio en la dieta, otras veces tragamos demasiado y se produce un sobrepeso donde nos resulta muy complicado movernos, relacionarnos y esto además nos engancha a seguir tragando. Otras veces por el contrario no nos alimentamos suficiente, vivimos sin apenas energía para nosotros, anestesiando nuestro primer grito de supervivencia al nacer: el hambre, la llamada al alimento.

Como en todo el equilibrio, “el trabajo diario” es lo que hace que funcionemos adecuadamente.

En todas las patologías o problemas cuando solos no podemos hacer frente a un cambio en la dieta, porque hay alimentos que no podemos dejar de consumir, no tenemos fuerza de voluntad para evitar ciertas cosas, por mucho que lo intentamos no conseguimos expulsar de nuestra vida los desechos, no tenemos ya ni ganas de comer, lo mejor es buscar ayuda, siempre habrá un profesional que nos ayude a cambiar esa dieta, impedir atracones o recuperar otra vez el deseo de disfrutar de una buena “comida” y olvidar para siempre aquella que nos sentó tan mal.

No creo en la exclusividad sobre la causalidad de las enfermedades, ni que las  patologías en el ser humano se deban a una única respuesta, aún así quiero manifestar que por encima de todo siempre que haya cualquier trastorno digestivo la primera línea de intervención es médica, hay que descartar cualquier patología, realizar las pruebas pertinentes  y llevar a cabo el tratamiento que el médico considere más adecuado, la medicina ha salvado muchas vidas y afortunadamente lo seguirá haciendo. Además, paralelamente creo en la colaboración y cuanto más estrecha, amigable y cercana mayor será el beneficio para el paciente. Los egos solitarios llevan a una dieta muy pobre para el paciente.

Al final se trata de un objetivo común: ayudar a las personas para que puedan disfrutar de su vida de una manera sana y adecuada; la visión holística y la colaboración entre profesionales en cualquier campo de la salud solo puede traer beneficios al paciente que sufre de una patología. La frase La unión hace la fuerza siempre tuvo razón y en patologías digestivas donde esa unión es desde física gracias al nervio vago hasta estructural, el asombroso parecido en los procesos del funcionamiento de nuestra psique con el “segundo cerebro” el proceso de la digestión, hace que sea muy complicado que un tratamiento sea efectivo sin tener en cuenta el otro lado del puente.

Como dije anteriormente lo que no podemos ignorar por más tiempo es que no sólo somos un conjunto de órganos con una fisiología particular, somos seres racionales y somos sobre todo seres emocionales, todo se relaciona, se mezcla, se influye y es necesario abrir la mente para tener la foto completa de la vida de una persona. Por último quiero añadir a la íntima relación que existe entre nuestro aparato digestivo y nuestro cerebro que, aunque “el experto” en cuestión siempre tendrá mi admiración y cariño por su carrera deportiva (aquí me verán el plumero en cuestiones futbolísticas), siento contradecir a Iker Casillas, en mi larga trayectoria tras haber probado muchas, confirmo que las mejores rosquillas del mundo las sigue haciendo mi abuela.

5. CONCLUSIONES FINALES

Existe una estrecha relación entre la parte psicológica: conducta, pensamientos, sentimientos y emociones con nuestro aparato digestivo. Existe una interacción. Cuando no gestionamos bien una parte la otra se ve afectada y viceversa.

Nuestro aparato digestivo tiene una comunicación constante con nuestra mente a través del nervio vago, contiene más de 100 millones de neuronas. En él se produce serotonina, dopamina y hay una alta implicación del sistema de secreción de opiáceos durante la ingesta, se le renombra “nuestro segundo cerebro”.

Es frecuente la presencia de trastornos psicológicos en determinados problemas digestivos. Gran parte de nuestras emociones están influenciadas por el sistema nervioso digestivo.

No sólo somos seres racionales, somos también seres emocionales porque nuestro cerebro está programado para reaccionar siempre con una respuesta emocional y es imprescindible tenerlo en cuenta en los trastornos funcionales digestivos.

El modo en que un paciente gestiona psicológicamente su  trastorno digestivo puede convertirse en un círculo vicioso que se retroalimenta. La ansiedad, depresión, su estilo de vida, aumentan los síntomas de la enfermedad digestiva.

Contar con herramientas como el esquema de los cinco niveles de intervención o las cinco áreas vitales, ayuda a tener una visión mas completa de la problemática de un paciente. Considerar el factor psicológico es importante cuando los tratamientos convencionales y sintomáticos no aportan una mejoría significativa y es necesaria la intervención en otros niveles psicológicos.

La colaboración entre los distintos profesionales en estas patologías conllevará un mayor beneficio para el paciente.

Bibliografía:

la enfermedad”. Conferencia en AGBA. Agosto 2005.

  • Eric Rolf. “La Medicina Del Alma: El Código Secreto Del Cuerpo. El Corazón De La

Sanación”. 2015 Planeta.

  • Ángel Álvarez Sánchez. “Pacientes con dispepsia funcional: ¿Cómo podríamos

manejarlos mejor?” Septiembre 2012. www.vademecum.es

  • José Manuel Devesa. “Doctor, estoy estreñida… Unas historias que contar, Mitos y

Realidades” 2014. Editorial ACCI (Asociación Cultural y Científica Iberoamericana)

  • Instituto Galene. Módulo 8: Los 5 niveles de Intervención. Relación Terapéutica

y Técnicas Básicas. Apuntes del Master en Psicoterapia Humanista Integrativa/

Counselling 2011/2013.

  • Adriana Schnake S. “Diferencia entre Enfoque Holístico y lo Psicosomático.”

Centro Anchimalen Manao, Chiloe

  • Adriana Schnake S. “Enfoque Holístico de la Salud y la Enfermedad.”

Centro Anchimalen 2007 Manao, Chiloe

  • Adriana Schnake S. “La vos del Síntoma: del discurso médico al discurso organísmico”. 2004. Cuatro Vientos.

María Perez Esteban

 

 

María Pérez Esteban/mayo 2016

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2 Respuestas

  1. Roser Estruch dice:

    Artículo muy interesante. Leyéndolo era como estar repasando el màster de PHI.
    Enhorabuena!

  2. Muchas gracias Roser, me alegro que lo hayas disfrutado y te haya transportado a esa época.

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