Reflexiones de una vida pirata.

02/10/2017

viajar mis viajes

En verano de 2015 me traslade a vivir al sur de Inglaterra. En octubre de ese mismo año conocí Tailandia, Camboya y Vietnam. Tras un periodo de cortos viajes por España regrese por segundo verano a Newquay. Este enero emprendí un viaje de 4 meses por Indonesia, Malasia y Singapur. cuál será el próximo destino?

Desde un lugar llamado mundo, en un momento cualquiera.

¿Cómo estás corazón?

Supongo te sorprenderá esta carta tras dos años de ausencia. Me llegaron noticias tuyas hace poco, me vi sobresaltada y supe que lo nuestro no estaba cerrado para mí. Decidí escribirte. Había estado retrasándolo, posponiéndolo sine die a la espera de… de las excusas que todos nos ponemos “estoy muy ocupada”, “bah tampoco es para tanto”, “no si a mí me da igual”…

Confieso que estaba bloqueada. Tenía miedo de que al conectar contigo, con esta relación,  brotara de mi rabia, miedo, emociones y sentimientos escondidos hasta estar casi escindidos de mí. En definitiva, se reabrieran viejas heridas que he intentado cerrar a lo largo de este impass. ¿Le llegará? ¿Lo leerá? ¿Recibirá mi carta con las mismas premisas con la que yo la concebí? Aparqué todo eso y decidí sentarme enfrente de mi ordenador, en mi nueva casa en Inglaterra, tratando de resumir estos años de ausencia y silencio en estas líneas.

Sé que ha pasado tiempo desde que hablamos por última vez, la vida, ¿no? Si ya, ya lo sé, tú has estado a tu manera, no creas que me he olvidado de ti. Formas parte de todo cuánto hago. Me conoces, sabes que soy apasionada en lo que hago y que a veces necesito mi propio espacio, buscar mi equilibrio. Lo voy encontrando. Desde la última vez que hablamos he cambiado, no soy la misma que se marchó aunque siempre necesito volver. Pequeñas contradicciones que todos tenemos.

He cambiado de país, de trabajo, de casa unas cuantas veces, de círculo social, de estado sentimental… de vida.

No he olvidado mis palabras de aquella tarde. Una tarde cualquiera, nosotros, un café y ganas de arreglar el mundo. Recuerdo todas las expectativas que tenía con respecto a esta nueva aventura, los “planes”, las ganas de vivir. Nada salió como yo esperaba. Es lo genial de hacer planes, nada sale como estaba previsto, sale mejor. Aprendí, aprendí a lidiar con los imprevistos, a tomar decisiones sobre la marcha, a lanzarme al vacío por una intuición, a verme en situaciones que escapan a mi control, a aceptar un adiós, a hablar sin miedo, a callar si no aporto… ¡a estar viva!

Una de las principales razones por las que decidí marcharme fue que mi realidad se había convertido en una jaula de cristal. No fue fácil hacer un proceso de cierre de esa etapa. Sabes el vínculo que tengo con mi ciudad y con mi familia.

“A quien amas dale alas para volar, raíces para volver y motivos por los que quedarse”

Siempre vuelvo, es dónde está mi hogar. He conocido a mi familia de nuevo y ha sido genial. En los últimos años todo ha mejorado y siento que soy muy afortunada. Sabes lo que ellos me importan y afortunadamente puedo decir que tienen hueco sin excepción en mi mochila personal. Volvemos con las dualidades, y es el que al mismo tiempo sentía que en algún momento me había perdido a mí misma en aquella realidad que parecía tan completa, que había aparcado mi esencia y necesitaba un nuevo comienzo.

Al principio, todo dentro y fuera de mí gritaba ¡Quieta! Se movilizaron muchos sentimientos, algunos arcaicos que me gritaban que me quedará donde estaba. ¿Dónde vas a ir? ¿De qué vas a trabajar? ¿Te vas a otro país? ¿Lo has pensado bien? Se te da muy bien lo que haces, comienzas a tener una carrera… opta por la estabilidad. ¡Ojo! Me confieso defensora del concepto, pero lo intento enfocar a algo más personal, a mi estabilidad. Esto era inmovilismo.

Yo sabía que tenía que hacerlo, que algo dentro de mí pugnaba por salir. Se abrió un universo de posibilidades y no me hubiese perdonado a mí misma dejarlas pasar.

Por fin me atreví a ser protagonista de mi vida, a vivirla, a dirigirla… y me siento como un niño dando sus primeros pasos de nuevo. Insegura y decidida, a ratos satisfecha a ratos vacía, improvisando según voy viviendo, decidiendo cómo quiero que sea mi vida. Acepto que no hay respuesta para todo.

Nadie nos enseñó cómo ser adultos, al menos yo no me sentía preparada para serlo. Tienes que vivirlo, equivocarte, pedir perdón, dar las gracias, construir la vida… Hasta terminar la universidad iba todo bien, casi automático. Quemar etapas, una tras otra, focalizada en la siguiente y ¿después?

Se podría decir que lo tenía todo, realmente me sentía contenta y satisfecha. Después de dos años de proceso psicoterapéutico mi interior dio un vuelco, algo cambió, necesitaba tomar decisiones. Hacer algo diferente si quería conseguir un resultado nuevo. Decisiones de éstas que son coherentes con lo que ocurre dentro, de las que dan paz al alma. Dejar de quejarme y actuar.

Visto con mi mirada de ahora lo que he construido me llena más, estoy más relajada, soy más feliz. No entraba en mis planes enamorarme, no entraba en mis planes cambiar de compañero de viaje, tampoco estaba en mis planes encontrar un sitio al que sentir como hogar y una gente a la que llamar familia. Le sonreí al universo y el me devolvió la sonrisa.

Mis viajesHe visitado sitios de postal. Playas de arena blanca y aguas turquesas y te recordaba a ti, orgullosa santanderina. He visto atardeceres increíbles mientras mi ser se empapaba de salitre y he visto amanecer en la cima de un volcán sintiendo la fuerza de la naturaleza bajo mis pies. He probado sabores diferentes, he olido aromas nuevos y he conocido gente maravillosa. Los viajes han sido increíbles. Llenaría un libro de anécdotas con las que cosas que me han pasado. Los pormenores los dejo para sucesivas, solo te diré que ¡hasta me mordió un mono!

¿Recuerdas que solía tener miedo a estar sola? Pues lo estuve y fue horrible. Tuve que tomar decisiones, hacerme cargo de las consecuencias, preguntarme que quería yo y que podía hacer yo por hacerme feliz.  Disfruté de los éxitos y lloré los fracasos. Perdoné a muchos, me perdoné a mí. Decirte que despedirme de aquel rencor y cerrar capítulos me liberó de mucha carga y aprendí que todo lo que de verdad necesito siempre viaja conmigo, en mi mente, en mi alma, en mi cuerpo. Tú siempre vienes a donde voy.

Estoy aprendiendo, admito mis bloqueos, intento viajar más ligera. Ya no acumulo decepciones, expectativas imposibles o necesidades no satisfechas. Hice limpieza de mi casa y de mis pertenencias. ¿Recuerdas lo atestada que estaba? Hoy en día queda poco de todo aquello, queda lo importante.

¡Sobreviví! Ahora sé que puedo con lo que venga, que lo encararé como mejor pueda, lo miraré de frente y le daré la bienvenida.

Al hacer un viaje así he renunciado a muchas cosas, soy consciente e intento no castigarme demasiado. A veces se hace duro, te pierdes cumpleañosos, fiestas, momentos duros… me pierdo pequeñas cosas de la vida cotidiana de la gente a la que quiero y aunque las nuevas tecnologías mejoran mucho vivir fuera de tu hogar hay días en que me encantaría acompañar a mi madre a la compra disfrutando de un café y su compañía.

Corazón, lo único permanente es el cambio. Sé que asusta, yo estoy aquí contigo. Estoy como puedo, como sé. Te veo, siento tu incertidumbre. Todo va a salir bien. En algún lugar escuché que si no está bien es que no es el final.

Viajando he aprendido que tengo todo perfectamente descontrolado. Yo intento tenerlo todo bajo control pero la vida me demuestra que sus caminos son inexpugnables. El factor de la impredecibilidad del futuro es real e incluso cuando piensas que ya nada más te puede sorprender lo hace. Y siento miedo.

El miedo no tiene nada de malo, permítete sentirlo. El miedo proviene muchas veces de lo desconocido por eso te animo a que los pongas a prueba. A ver qué pasa. Que te permitas probar cosas nuevas y que te formes para tener tu propia opinión sobre las cosas. Conociendo gente diferente a mí, compartiendo tiempo con ellos he derribado mis propios prejuicios y me he convencido de que el mundo es un lugar precioso lleno de gente auténtica que solo intenta ser feliz, como tú, como yo, como todos.

¡Y qué decirte del amor! Qué bonito y complicado es. Pasó de repente. Le conocí, hablamos, hubo química, fluyó. Sé que lo que hice fue una locura. Sé que todo va muy rápido, sé que esto que vivo va cambiando todo el tiempo y sé que no sé cuánto va a durar. No me importa, a veces para siempre sólo dura un segundo.

No somos perfectos. No lo quiero. Somos diferentes y eso me gusta. Él es él al completo igual que lo soy yo. Estoy aprendiendo a verle, como es y a no juzgarle. A respetar su voz y a no olvidarme de la mía. A reconocer lo que es mío, lo que es suyo y lo que es nuestro. A no perder mí esencia, a cuidarme, a escucharme y a no buscar salvación sino ayuda. Muchas veces no queremos lo mismo, a veces no coincidimos para nada. Así que hablamos y llegamos a acuerdos. ¡Qué importante es saber ceder!

Tenemos días de todos los colores. Siempre estamos ahí a la mañana siguiente. Y es que hoy en día la perseverancia es la gran olvidada pero para mí es piedra angular de cualquier éxito. Estoy empezando a hablar como padre… este amor lo construimos, lo queremos, lo elegimos. No le necesito, ni el a mí; lo elijo. Prefiero llegar más lejos que más rápido. Con él disfruto de casa paso sin importar tanto el destino. Estamos creciendo juntos y eso me encanta.

Estoy aprendiendo a manejarlo, a vivir con menos miedo, con el corazón más abierto. Esto va de sensaciones. Y es que cuando me aleje del ruido, comencé a escuchar mi voz, comencé a conocerme. Intento seguir mi brújula interior, que me susurra cual es el siguiente paso. Cometo errores, tengo aciertos, lidio con las consecuencias pero nunca me arrepiento.

Espero que recibas con esta carta todo el amor de la que la he impregnado, la vida que palpita debajo de estas palabras. No espero respuesta, no pido nada a cambio. Lo hago porque me nace hacerlo. Estoy feliz de habérmelo permitido.

Me despido de ti, con alegría. El pasado y el silencio han sido perdonados. No me gustan los finales a medias o las despedidas edulcoradas, quería decirte adiós. Yo he tomado la decisión, he escrito un pedacito de mí aquí, he reunido el valor y te lo he mandado. Estoy tranquila.

Mi intención ahora es conocerte de nuevo, tal y como eres aquí y ahora. Contarte mis experiencias, mis aprendizajes, compartirme conscientemente contigo. Trasmitirte lo que he visto y lo que vivido.

Respeto que puedas tener otro punto de vista. Si está es la única vez que contacto te deseo felicidad y muchísimo amor allí donde estés. Recuerda que es el motor del universo. En dicho caso, ha sido un auténtico placer.

Un abrazo, feliz viaje.

Gabriela


Gabriela Eguizabal

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1 respuesta

  1. Juan Carlos dice:

    WOW, Gabri, Me ha encantado, tanto el relato, como la bonita y fuerte experiencia que estás viviendo, ¡felicidades! y gracias por compartirlo

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