Vergüenza y reivindicación de uno mismo: perspectiva de análisis transaccional e intervenciones clínicas (Parte 2)

01/02/2003


Parte I | Parte II

El sistema del Guión

Los conceptos de Berne de guión han sido explicados y ampliados por muchos autores desde que fueron presentados (English 1972; Erskine 1980; Erskine & Zalcman 1979; Goulding & Goulding 1979; Holloway 1977; Kahler con Capers 1974; Steiner 1971; Woollams 1973). Cada autor presentaba sus ideas y aportaba interesantes perspectivas teóricas, indicaciones útiles, y nuevas dimensiones de práctica clínica. Aunque sólo unas pocas de estas contribuciones teóricas eran consistentes con la perspectiva de Berne sobre el guión como un fenómeno de transferencia o su teoría de Estados del Yo (Erksine 1991). Varios modelos de Estados del Yo fueron usados como base para matrices de guión sin referirse a las conceptualizaciones originales de Berne de los Estados del Yo y sin definir los argumentos para reformular el Estado del Yo y la teoría del guión. Berne (1972) también contribuyó a esta inconsistencia teórica mezclando conceptos y modelos en sus trabajos posteriores. El aminoró el impacto que sus teorías relacionales y evolutivas tenían que ofrecer y por tanto disminuyó su propia extensión creativa de la teoría psicoanalítica y de la psicoterapia.

En la psicoterapia de la vergüenza y la reivindicación, como con muchas otras desviaciones psicológicas enraizadas en desviaciones de la relación, la terapia es realzada si el terapeuta tiene unas bases teóricas y orientadas hacia la relación para determinar el tratamiento y las intervenciones clínicas subsecuentes. Aunque varias definiciones de guión existen en la literatura del análisis transaccional, la siguiente definición de guión se aporta como una base para correlacionar las definiciones originales de Berne de los Estados del Yo con una definición operacional del guión de la vida como una base para una discusión consistente de la psicodinámica y los métodos de psicoterapia: El guión es un plan de vida basado en introyecciones y/o reacciones defensivas hechas bajo presión, a cualquier edad de desarrollo, que inhiben la espontáneidad y limitan la flexibilidad en la solución de problemas y en la relacion con la gente.

Estas introyecciones y/o reacciones defensivas ocurren bajo la presión de fracasos en una relación de contacto y de apoyo. Las necesidades de contacto y sentimientos relacionados de pérdida de relación son negados y suprimidos al adoptar reacciones defensivas e introyecciones. Este proceso defensivo forma “el corazón intrapsíquico del guión” (Erskine 1980).

Desde su presentación inicial en 1975 por Erskine y Zalcman y su publicación en 1979 como “el sistema de Rackets: un modelo para el análisis de rackets” (Erskine y Zacman), se ha vuelto claro que el término americano “racket” no tiene traducción directa en otras lenguas. En aras a aportar una uniformidad internacional en la teoría del análisis transaccional y su terminología, recomiendo usar el término sistema de guión más que análisis de rackets. Los conceptos permanecen igual; sólo los términos son diferentes.

El sistema de guión (originalmente publicado como el sistema de rackets) aporta un modelo para comprender las dinámicas sistémicas entre las dimensiones intrapsíquicas de conducta y psicológicas del guión de vida. El sistema de guión reproduce cómo las reacciones intrapsíquicas (conclusiones defensivas y decisiones) e introyecciones que forman el corazón de un guión de vida están organizadas como creencias de guión; cómo estas creencias son manifestadas en la conducta, fantasía y en las tensiones psicológicas; y cómo un individuo estructura sus percepciones e interpretaciones de la experiencia para proporcionar reforzamiento de las creencias de guión. Gráficamente representa una sección trasladada del guión- cómo el guión de vida se vive fuera del aquí y ahora.

El sistema de guión se correlaciona con la teoría del Estado del Yo mientras provee una perspectiva alternativa sobre la organización de introyecciones y reacciones defensivas- las fijaciones del Yo exteropsíquicas y arqueopsíquicas. Estas fijaciones, en forma de creencias de guión, sirven como defensas cognitivas contra la consciencia de las necesidades y sentimientos presentes a una edad más temprana cuando la necesidad de llenar el contacto personal se perdió y las creencias de guión se formaron e introyectaron. Cuando es operacional, el sistema de guión describe la contaminación del Yo Adulto por los Estados de Yo Padre y Niño.

El sistema de guión se define como “un sistema autorreforzado y distorsionado de sentimientos, pensamientos y acciones mantenidas por individuos ligados al guión”. (Erskine y Zalcman, 1979). En el intento de un niño de dar sentido a la experiencia de una falta de contacto en la relación él o ella se encara con la respuesta a la cuestión: “¿qué hace una persona como yo en un mundo como este con gente como tú?” Cuando el niño está bajo presión de una falta de contacto en relaciones que reconocen, dan validez, o satisfacen necesidades, cada uno de las tres partes de esta cuestión puede ser contestada con una reacción defensiva y /o la identificación inconsciente defensiva con el otro que constituye la introyección. Cuando las introyecciones, las conclusiones y las decisiones defensivas no son respondidas por una persona empática o llena de contacto, a menudo se vuelven, en un intento de ganar auto apoyo, creencias fijas sobre uno mismo, sobre otros, y forma de vivir -el núcleo del guión de vida-. Estas creencias de guión funcionan como una defensa cognitiva contra la conciencia de los sentimientos y necesidades de contacto en la relación que no fueron adecuadamente respondidas en el momento en que se formaron las creencias de guión. La presencia de creencias de guión indica una defensa continua contra la conciencia de necesidades de contacto en la relación y el pleno recuerdo de interrupciones en la relación.

La manifestación del guión consiste en todas las conductas externas e internas que son manifestaciones de las creencias de guión y necesidades y sentimientos negados. La exhibición de guión también incluye las experiencias internas de tensión psicológica y las fantasías que apoyan las creencias de guión aportando experiencias reforzadoras. Las experiencias reforzadoras son el recuerdo seleccionado de transacciones, fantasía, y experiencias corporales que refuerzan la creencia de guión. Aquellas experiencias que no refuerzan las creencias de guión son a menudo negadas (Erskine & Moursund,1988).

En el caso de Robert, durante la escuela elemental adoptó la creencia de guión “Algo está mal en mi” junto a la humillación de los niños y profesores como una pseudosatisfación de su necesidad de ser aceptado por ellos. Desde la perspectiva de la teoría de los Estados del yo, el núcleo del sentido de vergüenza de Robert consiste en el desplazamiento defensivo de la tristeza y miedo, una negación de la ira al no ser tratado respetuosamente, un autoconcepto disminuido fijado a la crítica introyectada, y una necesidad de contacto del niño en las relaciones. Esta necesidad natural de relación mantiene al Estado del yo Niño lealmente cercano y dependiente del Estado del yo Padre y asegura la sumisión con la humillación introyectada. Cuando el dolor de no ser aceptado como uno es, se vuelve demasiado grande, como en la situación de Robert, una fantasía defensiva de reivindicación puede ser usada para negar la necesidad de relación mientras simultáneamente expresa la necesidad de hacer un impacto y ser tratado respetuosamente.

Desde la perspectiva de la teoría de guión, el sentido de vergüenza incluye el núcleo de la creencia de guión “algo está mal en mi” que sirve como una defensa cognitiva contra la consciencia de las necesidades de relación y los sentimientos de tristeza y miedo presentes en el momento de las experiencias humillantes.

Cuando la creencia de guión “algo está mal en mi” es operacional, las conductas externas de la manifestación de guión son a menudo aquellas que son descritas como inhibidas o inadecuadas: timidez, falta de contacto visual en la conversación, falta de auto expresión, expresión disminuida de necesidades naturales, o cualquier inhibición de la expresión natural de uno mismo que puede ser sujeta a crítica.

Las fantasías pueden incluir insuficiencia anticipada, fracasos en la realización, o crítica que concluye con un reforzamiento de la creencia de guión “Algo está mal en mi”. Otras fantasías pueden implicar una reconstrucción de sucesos y una memoria reorganizada en tal manera que refuerza las creencias de guión. En algunos casos, la creencia de guión es manifestada en restricciones psicológicas como dolores de cabeza, lesiones de estómago, u otras molestias físicas que inhiben al individuo de comportarse de una manera que pueda estar sujeta a comentarios humillantes de otros, mientras simultáneamente provee de una evidencia interna de que “algo está mal en mi”. A menudo viejos recuerdos de experiencias humillantes se recuerdan repetidamente para mantener una homeostasis con las creencias de guión y la negación de las necesidades y sentimientos originales. Ya sea inhibiéndose uno mismo o con fantasías autocríticas, la necesidad de contacto en la relación permanece como una esperanza inconsciente de reestablecimiento de una relación de contacto y de una total aceptación por el otro. Es como si él estuviera diciendo a aquellos que le ridiculizaron, “si me vuelvo lo que tú defines que soy, entonces ¿me querrás?”

Robert, como un ejemplo de alguien usando las dinámicas de una doble defensa de reivindicación, entró en terapia libre de cualquier esperanza o necesidad de relación. Su manifestación de guión parecía ser lo contrario de su creencia de guión: El perfeccionaba su discurso y conducta en tal manera que no había evidencia externa de que “algo está mal en mi”. Sus fantasías eran reivindicativas, enfocándose en qué estaba mal en el otro. El permaneció hipersensible a las críticas con un ansia inconsciente de alguien con autoridad para decirle que estaba bien.

“Algo está mal en mi”

El refuerzo continuo de la creencia de guión “algo está mal en mi” presenta al terapeuta con desafíos complejos específicos y únicos en la psicoterapia de la vergüenza y reivindicación. En muchos casos clínicos esta creencia particular es inflexible en respuesta a los métodos frecuentes del análisis transaccional de explicación, confrontación, e interpretación; redecisión programada; y énfasis en el cambio de conducta. Cada uno de estos grupos de métodos aporta sólo cambio parcial o temporal en la frecuencia o intensidad de la creencia compleja de guión que está en el núcleo de la vergüenza y reivindicación. De hecho, el uso frecuente de estos métodos comunica a menudo “algo está mal en mi”, que puede entonces reforzar el núcleo de la creencia de guión, incrementar la negación de la necesidad de contacto con la relación y, en consecuencia, aumentar el sentimiento de vergüenza y reivindicación. A través del uso de métodos que enpatizan el respeto (Erskine y Moursund, 1988), transacciones empáticas (Clark, 1991), compromiso emocional (Cornell y Olio, 1992), y acercamiento afectivo, e implicación (Erskine, 1991, Erskine 1993, Erskine y Trautman 1993), la oportunidad de reforzar la creencia de guión durante el proceso de terapia es considerablemente disminuido.

Para facilitar la planificación de tratamiento y afinar las intervenciones clínicas, es esencial distinguir las funciones intrapsíquicas así como los orígenes históricos de la creencia de guión. El origen histórico complejo de “algo está mal en mi” dentro del Estado del yo Niño puede ser entendido desde tres perspectivas:

– mensajes con decisiones sumisas;

– conclusiones en respuesta a una imposibilidad y

– reacciones defensivas de esperanza y control.

Cada una de las maneras en las que las creencias del guión fueron formadas tienen funciones intrapsíquicas únicas que requieren énfasis específicos en psicoterapia.

El concepto de mandato y contra mandato, atribuciones malévolas,y mensajes parentales letales con decisiones correspondientes está bien establecida en la teoría de la formación del guión (Berne 1972; Goulding y Goulding 1979; Steiner 1971). Frente a una pérdida potencial de relación, un niño puede ser forzado a hacer una decisión defensiva para aceptar en su identidad la definición de aquellos de quien depende. Esta puede ser una adaptación con mensajes implícitos o explícitos de “Algo está mal en tí.” En muchos casos el mensaje se entrega en la forma de una pregunta crítica: “¿Qué está mal en tí?” El mensaje psicológico es “No estarías haciendo lo que haces si fueras normal”. Tal crítica se equivoca al evaluar la conducta natural y espontánea del niño, comprender la motivación del niño, o al investigar lo que puede faltar en la relación entre el niño y la persona que hace la crítica. Un niño que forma tal creencia de guión en sumisión a la crítica puede volverse hipersensible a la crítica, fantasear críticas anticipadas, y acumular recuerdos reforzadores de críticas pasadas. La función intrapsíquica es mantener un sentido de proximidad en la relación a expensas de una pérdida en la vitalidad natural y la excitación de la espontaneidad.

Cuando los niños se encaran con una tarea imposible, a menudo concluyen, “Algo está mal en mi”. Con tal conclusión se pueden defender contra la incomodidad de las necesidades de contacto perdidas y mantienen una pseudoapariencia de relación. Las familias disfuncionales a menudo presentan demandas imposibles a los niños. Es imposible para un niño pequeño evitar que un padre alcohólico se emborrache, o para un bebé curar la depresión, o para un niño de escuela elemental ser un consejero matrimonial. Es imposible que un niño cambie el sexo para satisfacer el deseo del padre de tener un sueño realizado. Cada uno de estos ejemplos representa una inversión de la responsabilidad del cuidador para el bienestar del niño y una pérdida de contacto en la relación. Posteriores interrupciones en la relación se experimentan como “mi falta”, y desvían la conciencia de necesidades y sentimientos presentes cuando el bienestar del niño no está siendo respetado.

La creencia de guión “Algo está mal en mi” puede estar formada en una tercera manera- como una reacción defensiva de control y esperanza, la esperanza de una relación continuada y llena de contacto. Cuando las relaciones de familia son disfuncionales, un niño que necesita contacto en la relación, puede imaginar que los problemas del cuidador son culpas suyas: “hago que papá se emborrache”, o “hago que mamá se deprima” o “yo causé que sucediera el abuso sexual … así que algo debe estar mal en mi” Aceptando la culpa, el niño no es sólo la fuente del problema, sino que puede tambien imaginar estar en posición de resolver el problema: “Seré muy bueno” “me daré prisa y creceré” “ yo puedo ir a terapia para mejorar “ o “si las cosas se ponen muy mal puedo matarme porque es todo mi culpa” La función de tales reacciones es crear una ilusión esperanzadora de cuidadores que satisfacen necesidades que les defienda contra la conciencia de una falta de necesidades insatisfechas en las relaciones primarias. Los cuidadores se experimentan como buenos y amantes, y cualquier ignorancia, crítica, o incluso violación es porque “algo está mal en mi” Aquí el núcleo de la creencia de guión puede funcionar como un control defensivo de los sentimientos de vulnerabilidad en la relación.

Dentro de los Estados del Yo Niño, cada uno de estos tres orígenes de las creencias de guión tiene funciones intrapsíquicas específicas de identidad, estabilidad, y continuidad. Con una persona en particular puede haber sólo una manera de que sea formada la creencia de guión. Frecuentemente, sin embargo, las creencias de guión tienen más que un origen y múltiples funciones intrapsíquicas. Cualquier combinación de estas tres reacciones defensivas hechas bajo presión incrementa la complejidad de las funciones. La creencia de guión “Algo está mal en mi” es a menudo compuesta por estas múltiples funciones.

Es esencial en una cura de psicoterapia en profundidad evaluar los orígenes y funciones intrapsíquicas de una creencia de guión y valorar la significación de cómo esas funciones múltiples ayudan al cliente a mantener la homeostasis psicológica. La psicoterapia de la vergüenza y la reivindicación es compleja por causa de las complejas y continuamente reforzadoras funciones intrapsíquicas. Identificar simplemente una creencia de guión y métodos de intento de cambio o redecisión pasa por alto las funciones psicológicas en la formación y mantenimiento de la creencia de guión. Tales esfuerzos pueden incrementar la intensidad de la función intrapsíquica y puede hacer al núcleo fijo del guión menos flexible. Se requiere una exploración respetuosa y paciente en la experiencia fenomenológica del cliente para aprender la combinación única de funciones intrapsíquicas. Es entonces la tarea de un psicoterapeuta orientado a las relaciones establecer una implicación y armonía afectiva y de desarrollo que facilite la transferencia de funciones intrapsíquicas defensivas a la relación con el terapeuta. A través de la consistencia del terapeuta la seguridad y la responsabilidad en las relaciones de contacto, el cliente puede relajar procesos defensivos e integrar Estados fragmentados del Yo (Erskine 1991). Las funciones son una vez más aportadas a través del contacto en una relación interpersonal y ya no son más una función auto protectora.

La vergüenza en el Estado del Yo Padre

Cuando el núcleo de la creencia de guión en el Estado del yo Niño está formada como decisiones sumisas, conclusiones en respuesta a una imposibilidad, reacciones defensivas de esperanza y control, o cualquier combinación de estas tres, hay más probablemente una ausencia de cuidados, comprensión, y relación comunicativa. Cuando hay una falta de contacto psicológico pleno entre un niño y los adultos responsables de su bienestar, la defensa de introyección se usa frecuentemente. A través de la identificación defensiva que constituye la introyección, las creencias, actitudes, sentimientos, motivaciones, conductas, y defensas de la persona de quien el niño es dependiente se hacen parte del ego del Niño en forma fragmentada, (estado exteropsíquico). La función de la introyección es reducir el conflicto externo entre el niño y la persona de quien el niño depende para realizar sus necesidades. El Estado del Yo Padre puede estar activo en transacciones con otros, influyendo intrapsíquicamente, o fenomenológicamente experimentados como propios.

Un Estado del yo Padre activo puede transaccionar con miembros de la familia o colegas como el otro introyectado hizo una vez, por ejemplo, comunicando, “algo está mal en ti” La función de tal transacción es aportar alivio temporal en el Estado del yo Niño desde la crítica interna del Estado del yo Padre y continuar la negación de la necesidad original en la relación de contacto.

El Estado del yo Padre intrapsíquicamente influyente es una repetición de la crítica introyectada en el pasado. Perpetua el ciclo de sumisión a la crítica y la defensividad de la tristeza y el miedo dentro del Estado del yo Niño. Este ciclo defensivo de la vergüenza funciona para mantener una ilusión de acercamiento y lealtad a la persona con quién el niño estuvo originalmente ansiando una relación llena de contacto.

La vergüenza en el Estado del yo Padre no sólo puede estar activa o influenciando, sino que puede también ser experimentada como propia. El sentido del padre de vergüenza puede haber sido introyectado. Con la cathexis de la introyección la vergüenza es malinterpretada como la propia de uno (Erskine 1977). La creencia de guión “algo está mal en mi” puede realmente existir en el Estado del yo Padre. El ciclo de la vergüenza – sumisión a la crítica, desplazamiento de la tristeza y el miedo, negación de la ira, y el ansia de la relación- puede ser del padre o de la madre. La reivindicación defensiva puede ser también el resultado de la cathexis de una introyección.

Por ejemplo, durante años Susan sufrió de una vergüenza debilitadora relacionada con su propio sentido de insuficiencia, teniendo una madre que estaba alternativamente deprimida o enfadada, y el miedo de que ella también estaría “loca” algún día. La fase inicial de la terapia reconocía sus propias necesidades de atención, validaba la negligencia emocional de su niñez, y normalizaba el proceso defensivo de “algo está mal en mi” La psicoterapia entonces se enfocó en la vergüenza introyectada que era originalmente de su madre. Con una psicoterapia profunda orientada al contacto con el Estado del yo Padre que empatizaba la investigación, implicación, y la armonía Susan fue capaz de recordar vívidamente queriendo aguantar la carga por su madre de modo que la madre pudiera estar libre de sufrimiento. Durante un diálogo del Estado del yo Niño a Estado del yo Padre, ella sucintamente describió el proceso: “Te quiero tanto, Mamá, llevaré tu vergüenza por ti”

Intervenciones clínicas

La psicoterapia de la vergüenza y la reivindicación comienza con el terapeuta descubriendo la psicodinámica propia de cada cliente. Cada cliente avergonzado en la vergüenza presentará un grupo diferente de conductas, fantasías, funciones intrapsíquicas, y defensas autoprotectoras. Las perspectivas teóricas descritas en este artículo son generalizaciones desde la práctica clínica y la integración de varios conceptos teóricos. La teoría no significa que represente una afirmación de lo que es, sino que sirven como guía en el proceso terapéutico de la exploración, armonización e implicación. De forma importante, el fenómeno de la vergüenza y la reivindicación explicado desde la perspectiva del análisis transaccional puede animar al análisis transaccional a explorar con cada cliente sus únicas experiencias de la vergüenza y adoptar un acercamiento psicoterapéutico orientado a la relación.

Una investigación paciente, respetuosa en la experiencia del cliente aportará tanto al cliente como al terapeuta una comprensión cada vez mayor de Quién es el cliente y las experiencias a las que él o ella ha sido sujeto. El proceso de la exploración debe ser sensible a la experiencia subjetiva del cliente y las dinámicas intrapsíquicas inconscientes, debe ser efectiva en descubrir y revelar necesidades, sentimientos, fantasías y defensas. El foco principal de una buena investigación es el auto descubrimiento del cliente del ansia de la relación, las interrupciones de contacto, (tanto externa como internamente), y recuerdos que en el pasado necesariamente han sido excluidos de la consciencia. Un enfoque importante pero menor es la comprensión creciente del terapeuta de la experiencia del cliente y su funcionamiento intrapsíquico. En muchos casos ha sido importante para los clientes descubrir que el terapeuta está genuinamente interesado en escucharles y en saber quiénes son. Tales descubrimientos sobre la relación con el terapeuta presentan una comparación entre el contacto disponible en el aquí y ahora y el recuerdo de lo que puede haber Estado ausente en el pasado. La comparación presenta una oportunidad de reconocer lo que era necesitado y validar que los sentimientos y la autoestima pueden estar claramente relacionados con la calidad de la relación con los otros significativos.

La vergüenza puede ser una dinámica significativa en la mayor parte de las dificultades de relación, incluyendo depresión, ansiedad, obesidad, adicciones, y manifestaciones caracterológicas. La armonización implica un sentido de ser totalmente consciente de las necesidades, afecto y dinámicas auto protectoras- una sensación quinestésica y emocional de lo que es vivir con las propias experiencias. La armonización ocurre cuando el terapeuta respeta el nivel de desarrollo del cliente, afronta la vergüenza y evita definir o categorizar las fantasías, motivaciones o conductas del cliente. La armonización también implica la comunicación sensata con el cliente de que el terapeuta es consciente de los problemas interiores del cliente-que el cliente no está totalmente solo en la tristeza de no ser aceptado como es, y en el miedo de la pérdida de la relación por ser uno quien es. Los procesos terapéuticos de armonización e implicación reconocen la dificultad de revelar las confusiones y conflictos internos de uno, valoran el intento desesperado de auto apoyo y afrontamiento, y simultáneamente aporta un sentido a la presencia del terapeuta.

Algunos clientes con base en la vergüenza no habrán tenido la experiencia de hablar sobre las necesidades o tener un lenguaje que está relacionado con el afecto y procesos interiores. En algunas familias, tener necesidades o expresar emoción puede resultar en que el niño sea ignorado o ridiculizado. Cuando ha habido una falta de armonización, reconocimiento o validación de necesidades o sentimientos en la familia o en el colegio, el cliente puede no tener lenguaje de relación con el cual comunicarse sobre sus afectos o necesidades (Basch, 1988; Tustin, 1986). Hay a menudo una ausencia en tales sistemas de familia o escuela del contacto interpersonal y afectivo (una transacción no verbal) en la cual la expresión de afecto por una persona en la relación estimula un afecto correspondido o reciprocidad en el otro.

El afecto es de naturaleza transaccional-relacional, requiriendo un afecto recíproco en resonancia. La expresión de la tristeza requiere el afecto recíproco de la compasión y posibles actos de compasión; la expresión del afecto-ira requiere los afectos recíprocos de atención, seriedad, y responsabilidad y quizás actos de corrección; la expresión del afecto-miedo requiere afectos recíprocos y acciones relacionadas con la seguridad; y la expresión del afecto-alegría requiere los afectos recíprocos de vitalidad y expresión de placer.

La armonización incluye la sensibilidad del terapeuta al afecto del cliente, y en reciprocidad él o ella es estimulado a expresar un afecto correspondiente y una conducta resonante, un proceso similar al que Stern (1985) describe en la sana interacción entre un infante y su madre. El afecto recíproco en el terapeuta puede ser expresado reconociendo el afecto del cliente y lleva a la validación de que el afecto tiene una función en su relación. Es esencial que el terapeuta sea tanto conocedor y armonizado al nivel de desarrollo del cliente en la expresión de las emociones. El cliente puede necesitar tener su afecto y necesidades reconocidas, pero falta el lenguaje social para expresar las emociones en conversación. Puede ser necesario para el terapeuta ayudar al cliente a que nombre sus sentimientos, necesidades, o experiencias como un paso inicial para ganar un sentido de tener un impacto en la relación.

La implicación comienza con el compromiso del terapeuta en el bienestar del cliente y un respeto por sus experiencias fenomenológicas. Ello sale de la exploración empática del terapeuta en la experiencia del cliente y se desarrolla a través de la armonización del terapeuta con el afecto del cliente y la validación de sus necesidades. La implicación es el resultado de estar el terapeuta totalmente en contacto con y para el cliente de manera que corresponda con el nivel de desarrollo de funcionamiento del cliente (Clark, 1991).

La vergüenza y reivindicación son procesos defensivos en donde un valor individual se descuenta y la existencia, significación, y solvencia de un molestar en la relación es distorsiono o negado. Una implicación del terapeuta usando reconocimiento, validación, normalización,y presencia disminuye el descuento interno (Schiff & Schiff, 1971) que es parte de la negación defensiva que acompaña a la vergüenza.

A través de la sensibilidad a la manifestación de la vergüenza y la comprensión de las funciones intrapsíquicas de vergüenza y reivindicación, un psicoterapeuta puede guiar a un cliente a reconocer y expresar sentimientos y necesidades de relación. El reconocimiento es el antídoto terapéutico al descuento de la existencia de un malestar en la relación. El reconocimiento se vuelve interno y disuelve la negación del afecto o necesidades cuando es dado por un otro receptivo que sabe y comunica sobre necesidades y sentimientos.

La validación terapéutica ocurre cuando el sentido de la vergüenza del cliente, su disminuida autoestima, y fantasías defensivas son experimentadas como el efecto de problemas en relaciones significativas. La validación es el lazo cognitivo de causa y efecto, la respuesta terapéutica al descuento de la importancia de un molestar en la relación. La validación aporta al cliente un valor aumentado de su experiencia fenomenológica y por tanto un sentido aumentado de su autoestima.

La normalización implica la despatologización y considerar la desestimación de la resolubilidad de un malestar en la relación. Muchos clientes como niños se les dijo “algo está mal en ti” o cuando se encararon con la imposibilidad de ser responsables del bienestar de sus padres, concluyeron “algo está mal en ti”. La carga de responsabilidad de la ruptura en la relación fue erróneamente situada en el niño y no en el cuidador adulto. El antídoto terapéutico a desestimar la resolubilidad de un problema es la resignación de la responsabilidad en la relación. Es imperativo que el terapeuta comunique que las experiencias de vergüenza, autocrítica, o ridículo anticipado son reacciones de defensa normales a ser humillado o ignorado, y que estas respuestas no son patológicas.

La asignación de responsabilidad puede comenzar con un terapeuta activamente tomando responsabilidad por cada ruptura en la relación terapéutica. La mayor parte de las rupturas terapéuticas ocurren cuando un terapeuta fracasa al armonizar la comunicación afectiva o no verbal del cliente (Kohut 1984). Cuando un cliente lleva la responsabilidad de la relación, el descuento de la resolubilidad continua y el sentido de vergüenza es reforzado. Puede ser necesario para un terapeuta tomar total responsabilidad por no entender la experiencia del cliente, por no saber evaluar sus procesos defensivos, o no estar armonizado con las necesidades y afectos del cliente.

La presencia es la implicación terapéutica que sirve como antídoto al descuento de una auto valía. La presencia terapéutica es aportada a través de exploraciones empáticas (Stolorow, Brandschaft, & Atwood, 1987) y armonización consistente con el nivel de desarrollo afectivo y necesidades. La presencia implica la atención y paciencia del terapeuta. Ello comunica que el terapeuta es responsable, seguro, y confiable. La presencia ocurre cuando la conducta y la comunicación del terapeuta en todo momento respeta y alimenta el valor del cliente. La presencia es alimentada por la disposición del terapeuta a ser impactado por el afecto del cliente y su experiencia- tomar la experiencia del cliente seriamente.

La implicación psicoterapéutica a través de transacciones que reconocen, validan, y normalizan la experiencia del cliente es el antídoto a la toxicidad de desestimar la existencia, importancia, o responsabilidad por resolver las interrupciones de contacto en la relación. La presencia armonizada y seguridad del terapeuta es el antídoto al descuento de la valía del individuo (Bergman 1991, Jordan 1989, Miller 1987, Surrey 1985).

La psicoterapia efectiva de la vergüenza y reivindicación requiere un compromiso del terapeuta en una relación de contacto, un compromiso de paciencia, y una comprensión de que tal terapia es compleja y requiere una considerable cantidad de tiempo. La exploración, armonización, e implicación implica una orientación mental, una manera de ser en la relación, tanto como un grupo de habilidades terapéuticas. Cuando son usados en resonancia con el nivel de desarrollo de un cliente, son métodos que proporcionan una relación comprensiva que permita a un cliente expresar un sentido de autovaloración que puede no haber sido expresado antes. La exploración, armonización, e implicación son descripciones de interacciones respetuosas que favorecen la relación de contacto. Es a través de una psicoterapia de relación orientada a la relación de contacto que las dinámicas protectoras de la vergüenza y reivindicación son reveladas y resueltas. Un enfoque terapéutico en las relaciones de contacto alimenta un sentido individual de bienestar

Richard Erskine

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