El trabajo con adolescentes en la terapia Gestalt

01/07/2008

Actualmente son más y más los adolescentes que acuden a terapia de un modo voluntario, sin al presión de sus padres; aunque lo usual, es que sea el colegio, o los propios padres, los que soliciten la intervención terapéutica.

Ante esto nos encontramos con dos modos de demanda de ayuda: El motivo de consulta manifiesto: no estudia, se escapa de casa, se enfrenta a nosotros, no hace nada por nadie, no lo/la puedo controlar, me trata mal o nos trata mal, etc.

Algunos otros motivos de consulta podrían ser latentes, como por ejemplo: falta de límites en la infancia, que se ponen en evidencia en estas edades; falta de modelos paternos incorporados, donde los padres parecen, o actúan, más como adolescentes que los propios hijos; una sociedad normalizada hacia todo, donde lo que antiguamente se vivía como trasgresión hoy es vivido como esperable y común; falta de referencias dentro y fuera de la familia para que el adolescente se sitúe, aunque sea sólo para oponerse; una madurez adelantada, donde se les ha dado a los niños demasiada autonomía desde pequeños y luego, cuando empiezan a ser púberes, se les intenta controlar lo que no se hizo de niños; temor a perder el cariño de los hijos o el contacto con ellos (pero no temor a perder la autoridad sobre ellos). Y bueno, así podríamos escribir muchísimos motivos de todos estos problemas que por alguna vez o por algún acto -más allá de lo sostenido por los padres- les remite a solicitar ayuda.

Y entonces, ¿cuál es el papel del terapeuta de adolescentes? Antiguamente se trataba de establecer una alianza entre el paciente joven y su terapeuta, y tratar de no repetir los mismos patrones que los padres (exigencias, límites, sermones, puesta en realidad, no ser tan normativo, darle algo más de autonomía que los padres). Actualmente nos encontramos, por lo general, con que el problema es más bien al revés, los padres se sitúan en ese papel y somos los terapeutas comprometidos con nuestros jóvenes, los que tenemos que ocupar momentáneamente ese rol; el de ubicar en la realidad al joven, el de ponerle límites, decir los NO necesarios para su mejor crecimiento, y al mismo tiempo como normas de protección hacia él mismo. Enseñarles que si son tan autónomos e independientes desde pequeños, no han habido normas de cuidado a su niñez, sino que al mismo tiempo se ha intentado, por un mal entendimiento de los padres de sus roles actuales, o porque conviene, que el niño sea autónomo, casi como un adulto desde pequeño; porque así puede seguir más el ritmo de los padres en la vida actual, llena de prisas y horarios.

El adolescente de hoy, muchas veces intentará transgredir normas como siempre lo ha hecho; es su función en la sociedad, pero como no hay normas actualmente que transgredir, las que encuentre serán cada vez más destructivas, y sus llamados de atención más disfuncionales y crónicos.

¿Cómo podemos entender sino la gran cantidad de problemas de alimentación, de chicas embarazadas a edad muy temprana, de violencia callejera que acaba en el hospital o con la muerte, de robos y asaltos innecesarios por jóvenes que confiesan que lo hacen por aburrimiento, sino como un modo trágico de llamar la atención de sus padres y del mundo adulto?

Si no, revisemos: ¿Llama la atención que un chico de catorce años fume? ¿Llama la atención que los chicos y las chicas hablen entre sí con tacos y palmadas bastante fuertes entre ellos, que incluso parecen bofetadas? ¿Llama la atención ver casi hacer el amor en los parques o en los bancos de la calle o en el metro a jóvenes desde los 15 años? ¿Llama la atención ver chicos borrachos desde las seis de la tarde los viernes y sábado? ¿Llama la atención que los padres muchas veces no sepan ni quiénes son los amigos de sus hijos, ni con quiénes salen ni dónde se reúnen? ¿Llama la atención la serie de revistas para jóvenes menores de edad que venden en los quioscos de revistas y que los padres aparentemente las permiten o nunca las han leído? ¿Llama la atención ver niños de 9 -10 años ver películas en el cine `para chicos de 13 en compañía de sus padres? ¿Llama la atención ver niños desde los 8 años con móviles súper modernos? Y así podría seguir la lista y pues no, para la mayoría de las personas, y lo digo con mucha pena, ya casi ni llama la atención, se ha pasado a una pasividad delante de nuestros ojos donde nada horroriza, nada llama la atención, nada nos estremece, y todo parece sujeto a que es así y no se puede hacer nada.

Entonces, ¿cuál es nuestra función en el trabajo con los jóvenes? ¿Respetar su privacidad y no tener cita con los padres? ¿Cuál privacidad?, si todo lo hacen a la vista de todo el mundo, de la sociedad actual. Para nosotros, es fundamental que los jóvenes, sobre todo aquellos que vienen por situaciones bastante críticas, dentro del encuadre de compromiso para poder empezar el tratamiento, no sólo estén las sesiones con los jóvenes, sino las sesiones mensuales con los padres, donde asuman un compromiso conjunto de ayudar en esta última etapa del hijo a estructurarse en bien de sí mismo, en función de su futuro.

Por supuesto que las sesiones de padres no es para contar cosas del chico, las cosas graves que el joven hace o deja de hacer nos tocará trabajarlas lo suficiente como para que sea él mismo el que pueda contarlas a sus padres y si quiere nosotros podemos ofrecer nuestra ayuda para colaborar a un mejor entendimiento y acercamiento. Pero también tendemos que trabajar mucho en la sesión con los padres, que éstos recuperen su sitio, o que lo ocupen sino lo hicieron nunca, porque sus hijos son de ellos y responsabilidad de ellos y de nadie más. Los límites que no se les pusieron, los permisos que siempre se otorgaron, los NO que nunca se dijeron, siempre cobrarán su factura en la adolescencia y de modo intenso. El terapeuta no debe ni tiene porque asumir todo ese rol de responsabilidad para buscar soluciones desesperadas para ayudar a salir de la crisis, sino mas bien, por lo que se quiere y se empatiza con este joven, se intentará hacer que cada uno se coloque en su sitio, el de los padres, de padres y tutores; el de los hijos, de menores con protección y cariño y ternura; el del terapeuta, con la necesidad de poder, desde su sitio, situarse para poder ser la bisagra necesaria para ambos. Todo esto, por supuesto con la fuerza y el cariño suficiente que son necesarios para poder atravesar, en estas edades de crisis, y desde el mejor modo posible, con la confianza en que sí funcionan cada una de las dos partes dentro de sus roles, todo llegara a buen puerto.

Loretta Cornejo

Loretta Cornejo

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2 Respuestas

  1. Ma. De la C. Andrade dice:

    Gracias a Lorena Cornejo por el artículo, le pone palabras y reafirma mi percepción lo que veo y vivo en mi trabajo diario con adolescentes.
    Aunq opino que el trabajo con padres que no han asumido su tarea de padres, es más difícil, complejo y muchas veces imposible.
    Es por ello que mi lema en el trabajo con los adolescentes en los programas de prevención que manejamos, ha sido: Vamos a que salgas de esta con el apoyo de tus padres, Sin el apoyo de tus padres y/o a pesar de tus padres…”

    • Revista Bonding dice:

      Gracias por darnos tu perspectiva y compartir con nosotros un lema tan bueno e integrador para los adolescentes.
      Un abrazo,
      Equipo Bonding

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