¿Somos todos patológicos o todos somos humanos?

01/06/2012

José Zurita

José Zurita

Vengo de realizar mi encuentro anual de cinco días en Asturias, con mi grupo de formación con el que llevo 25 años. Cinco días con Richard Erskine, un gran maestro de Psicoterapia Integrativa que conocí hace ahora 19 años y con el que me formo y superviso regularmente

Richard lanzó una pregunta al aire que me causó impacto y que titula esta editorial: ¿Somos todos patológicos o todos somos humanos? Es frecuente en nuestro círculo profesional dar por hecho que todos tenemos patologías, ya que en alguno momento de nuestras vidas hemos vivido traumas, problemas y situaciones de pérdidas que nos marcaron. Todos tenemos heridas Narcisistas al no haber sido satisfechas ciertas necesidades primarias, aunque fueran mínimas. Todos hemos sufrido carencias en nuestras necesidades relacionales durante nuestro pasado.

Afortunadamente, nuestro ser cuenta con maravillosos recursos que nos ayudan frente a los impactos que sufrimos. Primero intentamos resolver la situación traumática dentro de las relaciones de apego. Recurrimos a los padres para buscar reconfortamiento que mitigue el impacto del trauma. Buscamos en el Amor Parental un buen refugio protector donde reparamos nuestro miedo intenso.

Y, cuando no podemos contar con un apoyo parental reparador, tenemos cuatro funciones psicológicas que nos servirán para afrontar la mayoría de las situaciones conflictivas con las que nos encontramos.

1. Autoreparación. Ante la comprobación de que no hemos podido contar con una relación amorosa y protectora que repare la herida exploramos entre todo tipo de acciones que puedan reparar la lesión ocurrida.

2. Autoestabilización. Buscamos y generalmente encontramos recursos que nos sirven para recuperar el equilibrio perdido ante el impacto de una situación. Nos decimos o hacemos algo que nos calma y nos estabiliza. Tocarnos la boca, chupar algo, beber, jugar con el pelo, tensar los músculos…

3. Autoregulación. Caricias, gestos, o frases que nos consuelan y que nos sirven para regularnos y volver a sentirnos bien ante algo que nos daña. Mecanismos que nos calman y que adoptamos para usarlos cada vez que surge un impacto, acariciarnos la cara, los labios, fumar, escupir, ruiditos, un dialogo interno que nos descalifica o descuenta y que hace que nos apartemos o retiremos de una determinada situación, contracciones musculares o de ciertos órganos como el estomago o el intestino, cualquier cosa que nos calme el miedo intenso a donde los lleva una situación presente que nos conecta con un conflicto.

4. Autodesarrollo o mejoramiento propio. Contamos con una tendencia a crecer o mejorar desde nosotros mismos. Algo que nos ayude a cambiar a mejor a desarrollarnos.

Podemos utilizar muchas pequeñas o grandes acciones para afrontar estas situaciones conflictivas. Cada una de estas funciones nos sirve para socializarnos y, gracias a ellas, podemos soportar nuestros primeros años de contacto con los otros. La experiencia de la guardería, colegio, instituto… es posible gracias a estas cuatro funciones psicológicas que todos tenemos.

Y para lo que no podemos resolver con estas cuatro funciones contamos con otros mecanismos defensivos que harán que nuestra vida no muestre sus consecuencias mientras estos no se vean desbordados. Sólo tras un desbordamiento de estos mecanismos tendremos síntomas clínicos psicológicos y, aún así, la gran mayoría de estos se socializan y están normalizados dentro de nuestra sociedad. Son normales en los seres humanos normales.

Estamos donde nos ha traído nuestra historia y la última etapa se ha basado en un modelo médico que define lo que es sano y lo que no lo es. Que busca diagnosticar lo patológico para proponer un tratamiento.

Y si después de utilizar todos estos mecanismos con los que contamos, sentimos que hay algún sufrimiento importante dentro o tenemos algún indicador de que tenemos alguna carencia por cubrir o algún conflicto profundo no resuelto, solo entonces, recurriremos a la ayuda profesional. Un Psicoterapeuta que nos acompañe en el proceso de curarnos de las heridas del pasado. Alguien que te aporte una seguridad profesional, en el que puedas confiar y con el que sientas que hay una sintonía profunda para afrontar tu camino con garantías de éxito.

No es bueno un modelo en el que alguien te dice lo que es patológico y lo que no lo es. Lo que está bien en ti y lo que no. Al menos en este tiempo en el que contamos con acceso universal a la información, ya no cabe ese modelo médico decimonónico basado en la omnipotencia del que tiene la información y el saber.

El mundo está cambiando, no hay duda. Esta crisis no es un simple bache, parece más bien un gran cambio de estado, una nueva etapa o, como se escucha cada vez más, una nueva Era. No sabemos cómo será el mundo tras este cambio, por lo que resulta difícil prepararse, ya que desconocemos las claves que conformarán el mundo futuro.

Parece que se avecina un cambio en el nivel de conciencia. Distintos valores y creencias. Mayor espiritualidad dejando que sea nuestro Maestro del Corazón el que nos guíe.

El cómo sea, lo que vendrá, cómo será el funcionamiento tras este cambio dependerá en parte de nuestras aportaciones y una de ellas podría ser abandonar el modelo médico y mirar la vida desde una perspectiva no patológica. Aceptar que lo sano es no ser perfecto y aceptar a los demás y aceptarse tal y como somos, con nuestras luces y nuestras sombras. Así somos de humanos los humanos.

Espero que os guste este número de BONDING y lo difundáis entre vuestros amigos y colegas (animarles a suscribirse y así les llegará gratuitamente cada mes) y, ya sabéis que estamos permanentemente en www.bonding.es

Un abrazo a tod@s.
José Zurita

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