Qué significa “contacto” en la terapia de la gestalt

01/02/2009

El contacto es un encuentro con “lo otro”, lo diferente. Supone, por lo tanto, una previa tarea de diferenciación entre lo que soy yo y lo que no soy, definir unas fronteras que me delimitan y definen lo que está dentro y lo que está fuera de mí. Significa, por tanto, la existencia de un cierto orden en la realidad. En la graciosa leyenda con que se inicia la Biblia, aparece un Dios cuyo primer trabajo creador es ir poniendo orden en el caos: primero separar la luz de la tiniebla; luego separar el cielo de la tierra; después separar el agua de los continentes… poco a poco va perfilándose una realidad cada vez más llena de vida y complejidad. Realizar esa tarea es uno de los primeros trabajos cognitivos del bebé, que va distinguiendo –a base de tocar y tocarse, de chupar y chuparse- dónde acaba él y empieza “el mundo”.

Necesitamos del contacto porque éste es necesario para la supervivencia. Necesitamos contactar con lo externo para reparar nuestras carencias: comer, beber, tener estímulos sensoriales… Las mínimas exigencias de supervivencia nos llevan a un continuo encuentro con lo otro para mantener o recuperar el equilibrio fisiológico.

En los aspectos que compartimos con los animales, la percepción de la necesidad y el contacto con el entorno para la satisfacción de la misma se suele dar de una manera tan automática que no necesitamos ser demasiado conscientes. Parpadeamos cuando el aire nos seca el globo ocular, bebemos cuando tenemos sed, apartamos la mano cuando nos pinchamos, etc. La fisiología se encargará de estudiar estos aspectos más primarios.

Pero ¿qué pasa con las situaciones complejas? Por ejemplo: ¿cuando tenemos sed y estamos en un trabajo en el que el ausentarse, ni siquiera un momento, es peligroso o mal visto? (pensemos en un cirujano a mitad de operación, en un traductor simultáneo en una conferencia, etc.).

Y además, la necesidad de contacto, tal como lo entiende la Psicoterapia de la Gestalt, no se limita al contacto físico. Y entonces, en el encuentro psicológico ¿qué pasa cuando la necesidad no es tan simple (como por ejemplo una persona que acaba de suspender un examen importante y necesita que alguien le escuche su frustración y no tiene a mano nadie disponible)? La demora en la satisfacción de la necesidad hace que surja una especie de vacío en la frontera del contacto, y este vacío permite que surja una conciencia de la situación de carencia que no se da en las adaptaciones primarias entre el organismo y el ambiente.

Seguramente, en los dos ejemplos anteriores, el contacto del sujeto con el objeto (vaso de agua o persona adecuada para escuchar al suspendido), cuando por fin pueda darse, tendrá unas cualidades de intensidad y significado que no hubiera tenido si la satisfacción hubiera sido inmediata y no problemática. Probablemente será un contacto de mayor calidad. Es a este tipo de contacto (y no al contacto mecanizado) al que se refiere la Psicoterapia de la Gestalt.

Precisamente en el libro que sienta las bases del modelo se dice que “la terapia consiste entonces en analizar la estructura interna de la experiencia actual y el grado de contacto que posee” (Perls, Hefferline y Goodman, 1951-1979, p. 15). Por lo tanto, ya se postula que no todos los contactos tienen la misma calidad. Interesa especialmente qué clase de contacto se da en esos casos en que el proceso se lentifica y da lugar al surgimiento más o menos claro de una conciencia de sí mismo y de lo que será objeto de contacto, una planificación de la secuencia y un movimiento intencional hacia lo otro.

Eso a lo que se llama “conciencia” parece ser un cierto tipo de toma de conciencia, una función contacto donde se producen dificultades y demoras en el ajuste (Ibidem, p. 12).

Ese tipo de contacto es el que puede ser llamado “contacto psicológico”, porque en él se implica la subjetividad con su búsqueda de opciones y puesta en marcha de las mismas. La conciencia y premeditación es lo que diferencia el contacto meramente físico del contacto psicológico. ¿Con qué estamos en contacto en este momento? Sensorialmente, desde el punto de vista físico, están dentro de nuestro campo visual un montón de cosas: la pantalla del ordenador, el teclado, los objetos que están a su alrededor (ratón, mesa, etc.) o al fondo. Estamos oyendo probablemente muchos sonidos y contactando con el asiento, el suelo, etc. Pero contactar, en sentido gestáltico, es probable que sólo lo estemos haciendo con este escrito, intentando captar el significado del mismo.

No podemos contactar con todo lo que detectan nuestros sentidos. Somos selectivos. Del caos sensorial, apartamos lo que no nos interesa para dirigir nuestra atención hacia una parte pequeña de los estímulos físicos, que se recorta contra el fondo convirtiéndose en una “figura”. A ella se dirige el contacto que es “descubrimiento y realización de la solución por llegar” (Ibidem, p. 17).

En este sentido, el contacto es la adaptación creativa a la realidad, con sus dos aspectos de:

– amoldarse a una realidad concreta, con un número limitado de posibilidades;

– invención de la mejor manera (estructura, forma, gestalt) de sacarle partido, sin otra limitación a la fantasía que el respeto a la evidencia.

Esta creación de formas (gestalts) nuevas es justamente lo que le da el carácter de artístico al proceso. No nos olvidemos que una de las definiciones del Arte que más se comparte actualmente es la que ofrece Pareyson, que lo hace consistir en la creación de formas con una estructura intrínseca.

El contacto se relaciona, pues, con la experiencia de diferenciación, y consiste en “todas las relaciones vivas que se sitúan a nivel de la frontera en la interacción del organismo y del entorno” (Ibidem, p. 12). “El contacto es la toma de conciencia de la novedad asimilable y el comportamiento dirigido hacia ella; también es el rechazo de la novedad inasimilable” (Ibidem)

De todas formas el contacto, en la Psicoterapia de la Gestalt, no se refiere sólo al contacto del organismo (el sujeto) con el entorno, sino también con aspectos propios que experimentamos delimitados –o que consideramos reflexivamente por separado- en nuestro interior. Por ejemplo, con facetas que permanecen ocultas a nuestra conciencia, como en el caso de:

– las llamadas “polaridades sumergidas” o formas de actuación potencial que la persona se niega a reconocer en sí);

– o bien con los llamados “aspectos escindidos del yo”, en los que el sujeto se reconoce, mas -viviéndolos como conflictivos entre sí- con los que contacta en forma alternada, pero no integrada;

– o bien síntomas corporales que destacar como figura dentro del entorno global del cuerpo.

Con razón Ambrosi (1984) señala como meta de la Psicoterapia de la Gestalt que el protagonista de la terapia pueda conectar y permanecer establemente conectado con su polo profundo, el polo del Ser, cuando éste se escinde del polo superficial.

A garantizar la calidad del contacto se dirige el núcleo de las intervenciones del modelo gestáltico. Pues el buen contacto puede quedar perturbado:

– por el fallo en la construcción de las fronteras del yo. La persona no discrimina si las voces que oye o las imágenes que ve están fuera (son objetivas) o dentro (subjetivas), por ejemplo. Estamos en la psicosis.

– por la fusión con el mundo interior del otro prolongándola más allá del significado del encuentro (confluencia).

– por la construcción de unas fronteras tan rígidas que no permite un suficiente contacto con lo otro (desensibilización).

– por la inclusión dentro de sus fronteras psicológicas de contenidos que no son propios y que asume como si lo fueran (introyección).

– por la expulsión fuera de las fronteras de contenidos propios, que no se reconocen como tales (proyección).

– por el fracaso del contacto al frenar el movimiento hacia el objeto (retroflexión), contactar sin la intensidad suficiente (deflexión), o perder el significado del contacto (desvalorización).

Pero también hay que reconocer que en el inicio de la Psicoterapia de la Gestalt (hoy parcialmente corregido), al referirse al contacto del sujeto con el entorno para satisfacer sus necesidades, tanto en su vocabulario como en sus ausencias ha desplegado un lenguaje en que la interacción es vista a partir de un sujeto que contacta con algo externo y este algo (que puede ser un sujeto), es visto como un medio para solucionar sus carencias. Es decir:

Se hace referencia continua al contacto del organismo con el ambiente, desde el punto de vista de un solo organismo. No se habla del contacto de los organismos (ni “organismos humanos”) entre sí. El otro aparece como parte del ambiente, un objeto al servicio de la satisfacción de mis necesidades (incluyendo las de dar o recibir cariño). Y esta es una perspectiva narcisista.

En este sentido, la Psicoterapia de la Gestalt no elaboró una teoría de la interacción entre dos o más personas desde una perspectiva humanista. Se ocupa de la autointerrupción en el contacto por parte del organismo (uno sólo) pero no de los conflictos que derivan de la presencia de varios sujetos agentes simultáneamente, salvo desde la teoría de los campos magnéticos de Lewin, asimilando las reacciones humanas a las meramente físicas.

Este hecho, junto con el centramiento de la Psicoterapia en el contacto “aquí y ahora” hizo que la primera Psicoterapia de la Gestalt descuidara el contexto existencial del contacto interpersonal. El contacto no es vínculo. Le falta para ello habitualidad y voluntad de compromiso, de “estar ahí” gratuitamente, para el otro. Le falta lo que la zorra decía al principito de Saint Exupery:

¿Qué significa “domesticar”? -volvió a preguntar el principito.

-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa “crear lazos… ”

-¿Crear lazos?

-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…

-Comienzo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor… creo que ella me ha domesticado… (Saint-Exupery, 200, p. 21).

Bien distinto es el planteamiento de “la oración gestáltica” propuesta por Perls:

Yo hago lo mío y tú hacer lo tuyo.

No estoy en este mundo para llenar tus expectativas

y no estás en este mundo para llenar las mías.

Tú eres tú y yo soy yo

y si por casualidad nos encontramos, es hermoso.

Si no, no hay nada que hacer

Por supuesto que la teoría del contacto es un arma potentísima para analizar la calidad en la actualización del vínculo en un momento dado, pero nada nos dice sobre éste. Habrá que completarla con una teoría más amplia que permita relacionarla con la creación del vínculo (“el roce hace el cariño”, que se dice) y la función de la conciencia y la voluntad en esa creación. Pues ciertamente, como señala Robine, a pesar de los deseos de algunos teóricos gestálticos para relacionar el contacto con las perspectivas existencialistas de Buber o las psicoanalíticas de la relación objetal, la temática del contacto está por debajo del objeto, por debajo del otro, por debajo del Eros. El contrario no designa todavía una carga del objeto o del otro, sino un esquema sensoriomotor, modos de sentir y moverse, de un “ir hacia y coger”, o, para decirlo con palabras gestálticas, un proceso de orientación y manipulación (Robine, 1999, p. 48).

Por eso, señala este autor, aunque el vínculo nazca a partir del contacto, la Psicoterapia de la Gestalt aborda el tema “en un registro sumamente primitivo y arcaico” (Ibidem, p. 49). Posteriormente autores como Yontef (1995) y Ambrosi (1984) se ocuparán al menos, de colocar el vínculo terapéutico en el centro del proceso.

El otro no es un medio, sino un fin en sí mismo (aunque a veces contactemos con él, sana recíproca y conscientemente, para satisfacer nuestras necesidades). El contacto profundo y desinteresado con el otro hace crecer, sin proponérselo. Por el contrario, el contacto profundo con el otro con el fin de crecer uno mismo, puede ser un acto de explotación.

¿Y por qué nos hace crecer el contacto psicológicamente íntimo con el otro? Me ceñiré sólo a unos pocos aspectos:

– porque su realidad distinta, otra, nos hace presente –con su riqueza- la valía del tú que tenemos delante y descubre tesoros de humanidad de los que carecemos. Y ante ellos vibramos (como las cuerdas de guitarra, por simpatía) y permitimos que sus cosquillas estimulen el potencial dormido de semillas similares que llevamos dentro.

– porque su realidad distinta, otra, nos hace presentes sus carencias y nos hace hermanarnos en la condición de seres limitados, comprender que estamos llamados a cuidarnos con respeto y cariño unos a otros y mirar en forma comprensiva nuestros puntos flacos (los del otro y los nuestros), pues es la única forma inteligente de sobrevivir y crecer como individuos y como especie.

– porque su realidad similar nos permite fundirnos, un momento, en esa humanidad que compartimos, en el júbilo de anular la soledad, de reconocernos en el otro y reconocerle en nosotros, de descubrir que las fronteras -sabiamente construidas- pueden también ser sabiamente derribadas. Y cuando eso se ha dado y nos hemos perdido en el abrazo psicológico, al volver las fronteras vuelven a su sitio, éstas se han dilatado. Ahora somos más amplios, y nos cabe más vida en nuestro interior.

– porque la vida nace del contacto con lo distinto. Nunca olvidaré la advertencia de David Boadella, el iniciador de la Biosíntesis, cuando decía que había terapeutas que se preocupaban de que en la sesión hubiera mucha energía, y se olvidaban de atender la calidad del contacto entre los miembros. “Pero precisamente la psicosis consiste en mucha energía y poco contacto. Si hay un buen contacto siempre habrá suficiente energía para la terapia”.

– porque el contacto profundo con el otro es una sorpresa que no sabemos cómo continúa, ya que el fluir del contacto crea una realidad dinámica de la que ignoramos los derroteros desconocidos por los que nos llevará. Y al escaparse de nuestro control, nos obliga a dar respuestas a preguntas que no nos hemos preparado, a afrontar retos inesperados y a permitir que nuestros recursos se desplieguen creativamente.

-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

-Es el tiempo que yo he perdido con ella… -repitió el principito para recordarlo.

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa… (Saint-Exupery, Ibidem).

Ana Gimeno-Bayón

Ana Gimeno-Bayón

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

AMBROSI, J. (1984). La Gestaltthérapie revisitée. Toulouse: Privat.

PERLS, F., HEFFERLINE, R. y GOODMAN, P. (1979). Gestalt thérapie. Louiseville: Stanké..

ROBINE, J.M. (1999). Contacto&relación en psicoterapia. Santiago de Chile: Cuatro Vientos.

SAINT-EXUPERY, A. (2000). El principito. Barcelona: Salamandra

YONTEF, G. (1995): Proceso y diálogo en Psicoterapia Gestáltica. Santiago de Chile. Cuatro Vientos.

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