El respeto dentro de la terapia

01/03/2011

Hola a tod@s:

jose zurita

José Zurita

Uno de los elementos más importantes de la relación entre el terapeuta y el paciente es el respeto. Y quiero en estas líneas explorar los aspectos más representativos del respeto dentro de la terapia.

No sabemos cómo está nuestro paciente cuando llega a terapia, tan solo conocemos su demanda. Llega con una historia probablemente plagada de vivencias, desencuentros, heridas y rupturas que debemos respetar aún sin conocerlas. Será importante tener esto en cuenta para actuar con un gran respeto al paciente, a la relación y al proceso que permita un tratamiento efectivo, sano y protector.

Lo primero es preparar el terreno en el sentido más amplio. Será importante crear un espacio terapéutico libre del mayor número de interferencias asegurando que nadie entre en la sala de terapia, intentando que no haya ruidos externos que invadan la sesión, que no haya teléfonos que suenen y, sobre todo, si hubiera llamadas no cogerlo excepto si se trata de una emergencia (y para esto debería haber un contrato especifico que lo permita).

Además del espacio físico también nos ocuparemos del proceso de terapia protegiéndolo con una información al inicio, que permita al paciente saber qué es una terapia y los diferentes aspectos que la conforman. Una forma de respetar al paciente es tener en cuenta que él no sabe todo lo que los terapeutas sabemos respecto de nuestro trabajo diario, y a veces ese desconocimiento puede asustar al paciente, y/o simplemente al no tener información el paciente no puede tomar decisiones autónomas si llegará el caso.

Es imprescindible para trabajar en psicoterapia que el psicoterapeuta haya realizado un proceso de psicoterapia personal, que asegure que no se van a mezclar los conflictos personales del terapeuta con los conflictos del paciente, o que esto pase lo menos posible, ya que al ser inconsciente muchas veces es inevitable. Además, debe asistir a supervisión, ya que es el espacio profesional adecuado para detectar y resolver las situaciones en las que estas conexiones inconscientes se producen.

Será bueno que el terapeuta facilite a su paciente una información personal tanto general sobre quién es y cómo es su vida (en unas cuantas frases), como también acerca de qué terapia y enfoque ha hecho y que está realizando supervisión. Y, si es necesario, una breve explicación si no sabe qué es la supervisión; esto permitirá que se sienta seguro y en buenas manos.

En nuestro modelo trabajamos con cuatro sesiones de inicio en las que tanto el paciente como el terapeuta vamos tomando datos del otro y del proceso, que nos permitirán en la cuarta sesión tener la información necesaria para poder tomar una decisión adulta respeto a realizar una terapia profunda a largo plazo. Tras la decisión afirmativa por las dos partes, proponemos un contrato de terapia en el que están reflejados los compromisos de ambos que van a regular la relación terapéutica.

El terapeuta nunca debe hacer esperar a su paciente, de esta forma podrá interiorizar que es importante que no se le relegue ante nada. Por tanto, la puntualidad al iniciar y al acabar la sesión, y no faltar jamás a una cita, transmitirá al paciente un respeto muy terapéutico, permitiendo además la incorporación de una estructura interna verdaderamente sanadora.

Una buena forma de respetar al paciente y la relación es la disponibilidad del terapeuta en el más amplio sentido. Asegurarnos de haber descansado suficiente para estar frescos y energetizados para nuestro trabajo; por supuesto no haber bebido ni estar bajo el efecto de sustancias que mermen las capacidades intelectuales; tener lo más resuelto posible el propio proceso personal que permita que la disponibilidad sea integral, pensamientos, emociones, acciones y nuestro propio cuerpo deben estar al servicio de que los objetivos de terapia se cumplan. Por ejemplo, si un terapeuta tiene una dificultad para el contacto corporal y el paciente necesita un abrazo reconfortador, es muy probable que en el inicio del acercamiento el paciente perciba un rechazo que posiblemente interpretará como personal.

Ante un paciente con una herida de invasión arcaica, lo adecuado es pedirle permiso antes de hacer algo nuevo que pudiera vivirse como invasivo. Muchos de nuestros pacientes tienen historias de abusos (sexuales, emocionales, o físicos) que se podrían sentir invadidos si, por ejemplo, les cogemos una mano o damos un abrazo sin su permiso previo. También le pediremos permiso ante cualquier decisión que ataña a su terapia, como por ejemplo si uno de sus padres o su pareja quiere hablar con nosotros. Nunca deberíamos hacerlo sin su consentimiento.

Respetar el ritmo del paciente es fundamental para que sea él quien dirija su camino y no el terapeuta. Siempre les digo a mis pacientes que yo voy a acompañarles en su senda, pero siempre un paso por detrás, para que sean ellos quienes decidan hacia dónde van; yo les seguiré, advirtiéndoles de los peligros que intuyo en ese tramo del camino. Si integramos esa idea, nuestro trabajo servirá para que el paciente decida por sí mismo, dé los pasos que quiera dar y aprenda a llevar las riendas de su vida.

En terapia, una de las actuaciones más necesarias es la de facilitar que el paciente tome sus decisiones libre y autónomamente, que le llegue con seguridad la idea de que, haga lo que haga, su terapeuta estará con él y le seguirá queriendo. A veces cuesta mucho contenernos mientras que nuestro paciente hace sus propias elaboraciones, da sus pasos y toma sus propias decisiones, que probablemente serán distintas a las que habríamos tomado nosotros.

Otra forma de transmitir nuestro respeto es facilitar la información de forma que el paciente pueda digerirla adecuadamente. A veces si damos mucha información, o la ofrecemos en un momento inoportuno, puede ser vivida como una invasión.

Aunque parezca muy obvio evitar la crítica negativa, la descalificación y el descuento, será muy importante para proteger y respetar al paciente, acompañándole en el proceso hacia su curación.

Y, por último, sugiero como señal de respeto no dar el alta al paciente, sino permitir que sea él quien decida cuándo quiere terminar su tratamiento desde su Adulto integrado y responsable, coincidiendo con la consecución de sus objetivos y del deseo de cerrar la relación terapéutica que le ha permitido resolver sus conflictos y vivir en autonomía.

Espero que os guste el BONDING de este mes y lo difundáis entre vuestros amigos y colegas (animarles a suscribirse y así les llegará cada mes), ya sabéis que estamos permanentemente en www.bonding.es.

Un abrazo para tod@s,

José Zurita

 

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