Resolviendo el conflicto intrapsiquico: psicoterapia de los estados del yo (Parte 1)

01/01/2004

Parte I | Parte II | Parte III

Ana, de 50 años, era una competente y atractiva ejecutiva de una empresa de seguros, divorciada desde hacía 20 años y con dos hijos adultos que recientemente se habían trasladado a sus propias casas. En ese momento presentaba un problema de depresión. Se había retirado, cada vez más, de sus contactos sociales y sentía miedo de no encontrar nunca un hombre que la quisiera y estaba considerando dejar la universidad donde estudiaba un máster en empresariales.. Ana, en parte, identificaba su depresión con el hecho de que sus hijos ya no viviesen en su casa donde ella podría «colmarles con todo el amor que yo nunca tuve».

Gran parte de su primer año y medio de terapia estuvo dedicado a que Ana estableciera una sensación de confianza y desarrollara una relación terapéutica, entre su estado Adulto y varios de sus estados Niño del yo, que funcionase. Trabajando las interrupciones que se fueron presentando en el contacto terapéutico entre Ana y yo, pudimos identificar como sus miedos, expectativas y creencias argumentales infantiles se transferían a nuestra relación terapéutica. Las principales creencias argumentales que influían en la vida de Ana eran: «Yo soy nada», «No conseguiré lo que quiero:»; «Yo estoy sola»; «Todo es por mi culpa»; «No se puede confiar en la gente”, y » la vida no vale la pena».

Al analizar las transacciones transferenciales pudimos descubrir muchos recuerdos de su infancia donde, a menudo, lloraba a solas, pero que nunca se lo había dicho a nadie. Frecuentemente hablaba de como se había sentido oprimida por las críticas de su padre y como aprendió a callarse, a no necesitar, a ayudar en las tareas caseras, y a retirarse a su mundo privado y seguro. Mi sintonía terapéutica con el afecto y ritmos psicológicos de Ana, con sus niveles de desarrollo, y con sus necesidades relacionales (actuales y arcaicas) crearon la seguridad para que Ana recordara experiencias tempranas de su infancia y regresara a estados Niño del yo primitivos. Las regresiones me permitieron asistir a Ana cuando expresaba sentimientos y necesidades arcaicas. El resultado de esas regresiones terapéuticas, llevo a la desconfusión de su Niña. Durante los maratones de fin de semana, la terapia corporal le ayudo a patear, arañar, y gritar, a sacar fuera gran parte de la rabia que sentía hacia sus padres por haberle negado sus necesidades infantiles. La desconexión de los elásticos y las subsiguientes redecisiones llevaron a reducir el efecto de las creencias argumentales que influían en sus comportamientos, fantasías y expectativas catastróficas.

El siguiente ejemplo terapéutico tuvo lugar durante un maratón de fin de semana. En ese momento, Ana había acudido durante dos años y medio una vez por semana. Y había asistido a otros tres maratones de fin de semana. Durante el descanso de verano, muchos de sus creencias argumentales comenzaron a activarse de nuevo. Antes del verano estas creencias habían cesado gracias al trabajo transferencial, a la terapia de desconfusión, y a las redecisiones que la llevaron a una reorganización de sus procesos psicológicos

Exploré la posibilidad de una ruptura en nuestra relación terapéutica a causa del descanso estival. Esto ocasionó que la volvieran a visitar sus recuerdos de las experiencias infantiles donde ella, de nuevo, consiguió aclarar sus conclusiones argumentales originarias. Cada vez más, pudo ir diferenciando su construcción de significados durante su infancia de su perspectiva como adulta. Sin embargo, periódicamente activaba sus creencias argumentales particularmente cuando estaba sola en casa. Identificaba que estaba sola y exploramos como las creencias argumentales podrían funcionar bien para distraerla de sus sentimientos y/o mantenerla atada a otra persona, especialmente a su madre/padre que eran las personas importantes cuando se formaron dichas creencias.

Unas pocas semanas antes del maratón terapéutico, cada vez más, me preguntaba si el retorno de las creencias argumentales eran el resultado de una homeostasis psicológica o se debía a la dependencia de su familia durante su infancia, o si también podrían ser las creencias de sus padres. A partir de lo que yo ya había aprendido sobre sus recuerdos en relación a las constantes peleas de sus padres., hipoteticé que su madre también podía tener algunas de esas creencias argumentales. Desde la experiencia clínica sé que frecuentemente los padres no informan a los niños de significados opcionales ni confrontan si las creencias del niño son similares a las creencias argumentales de los padres. Comencé el maratón terapéutico teniendo presentes estas hipótesis. Rebeca Trautman fue la co-terapeuta del maratón.

Richard: Ana, ¿estás lista para trabajar?

Ana: Me siento como si te hubieses olvidado de mi (sus hombros estaban hundidos)

Richard: No, estaba esperando que volviera Rebeca; me dijo que quería estar contigo cuando trabajases.

Ana: Ya lo sabía, pero parece como si yo no fuera nada. Como si no importase. (llora) no puedo tener lo que quiero (llora).

Richard: (pausa) O sea que dices que no vas a conseguir lo que quieres o lo que necesitas. (breve pausa) entonces ¿cómo vas a manejar eso?

Ana: Me cuidaré a mi misma (se hizo un ovillo)

Richard: Cuidarte. Y ¿por dentro?

Ana: No puedo abandonar la esperanza.

Richard: Háblame de la esperanza.

Ana: (solloza) Sigo esperanzada en que algo cambiará antes de que abandone.

Richard: (Pausa) “Algo” o que alguien cambie? Quizás alguien tenga que cambiar para que tu no abandones.

Ana: Me estoy cerrando…. (pausa)

Richard: ¿Estaba equivocado al decir que alguien tendrá que cambiar?

Ana: Es muy duro sentir eso.

Richard: “Muy duro sentir.” (pausa) ¿Sentir qué, Ana?

Anna: Que no eres nada. Entonces, digo «nada es importante»

Con anterioridad a esta secuencia de transacciones, Rebeca, mi co-terapeuta durante el maratón, había abandonado temporalmente la habitación. Ana se desilusionó y recurrió a creencias infantiles arcaicas «Yo soy nada», «yo no importo» y «yo no puedo conseguir lo que quiero» para dar sentido a su desilusión. Las reacciones psicológicas de Ana, como el tono de voz y el llanto, eran una expresión de sus intentos inconscientes de comunicar las desilusiones de su infancia y sus necesidades evolutivas mediante su reacción transferencial ante la marcha de Rebecca. Sus representaciones indicaban un intento no consciente de expresar un conflicto intrapsíquico y buscar una relación reparadora. Gran parte del trabajo durante la terapia individual durante los dos meses anteriores se había dedicado a desenmarañar representaciones transferenciales similares. Me preguntaba si el aumento de las transacciones transferenciales y la reactivación de sus creencias argumentales expresaban un conflicto intrapsíquico entre sus estados Niño del yo y Padre.

Richard: Rebeca, me pregunto si esta es una de esas situaciones donde la madre que lleva en su cabeza la controla tanto que no vamos a conseguir nada con su niño hasta que no cuidemos a la madre.

Rebeca: Ya que tu la ves regularmente, y yo no, tengo que decirte que yo estaba siguiendo tu orientación. Y tratando de encajar donde está ella en este momento.

Richard: Un argumento en contra de llevar a cabo un trabajo con el estado Padre del yo es que pienso que Ana ha estado acudiendo a ti los dos días últimos. Pero pienso que su madre sigue entre yo y ella.

Richard: (dirigiéndose a Ana) ¿Que piensas’?

Ana: Tiene sentido. Y me asusta muchísimo, es un infierno.

Richard: Quisiera sacarte de ese infierno y cualquier forma para conseguirlo me parecerá bien..

Ana: Me alegré de que Rebeca estuviese aquí, pero temía que si conectaba con ella te perdería.

Richard: ¿Perderme…?

Ana: Era la favorita de mi padre, pero realmente mi madre me odiaba por ello. Por eso tuve que distanciarme de él para tener una relación con ella..

Rebeca: ¿Crees que es necesario que trabajemos primero con tu madre? ¿Que ella es quien está controlando todo esto?

Ana: Si.

Rebeca: ¿Quieres que hablemos con ella?

Richard: Pero solo si, mientras tanto, tienes ciertas garantías.

Ana: ¿Qué?

Richard: Oh, por ejemplo que Rebeca te dejase estar cerca de mi. No solo dejar, sino que también incluso gustarla cuando estés cerca de mi. ¿quieres esta clase de garantía’?

Ana: ¿Quieres decir que ella no se enfadará conmigo?

Richard: Si. Y que también puedas ir y estar con ella y yo no me oponga.

Rebeca: Eso estaría bien.

Ana: Incluso podría ayudarte a doblar la ropa (Rebeca había estado ausente antes porque tenía que coger toallas de la secadora.)

Rebeca: (ríe) (pausa) Me gusta que estés cercana a Richard. No hay problema.

Richard: Porque en ese caso… (Richard se acerca más a Ana)

Rebeca: Bien, ¿piensas que podemos dejarte con Richard, mientras yo hablo con tu madre, o es necesario que el hable con tu madre mientras permaneces conmigo?

Richard: O, ¿Qué es lo que le afectaría más a tu madre? ¿Que hable con ella un hombre o una mujer?

Ana: No se ; se desmoronará.

Richard: Lo dudo, se que ella está realmente asustada por ti. ….

Rebeca: Somos buenos con las madres …

Richard: No estamos hablando de una mujer frágil. Tiene sus formas de conseguir lo que quiere. Por lo tanto, no me preocupa tanto que ella se desmorone. Te he oído.: ella puede mostrarse así … cuidaremos de ella. No se trata de maltratar a tu mamá.

Ana: Quería cuidarla.

Richard: Esa es la otra cara de la moneda. Siempre estuviste cuidándola.

Ana: (llora)

Richard: (pausa) Por un lado tienes miedo de que tu mamá se desmorone. Por otro, ha sido tu trabajo cuidarla. Sin embargo, hizo de tu vida un infierno por ser la favorita de tu papá.

Ana: Um-hm.

Richard: ¿Se suponía que también tenías que arreglar su matrimonio?

Ana: (asiente con la cabeza)

Richard: Esa es una tarea imposible.

Ana: (asiente con la cabeza)

Rebeca: ¿Quieres que uno de nosotros hable con tu madre?

Ana: Si, eso podría estar bien.

Rebeca: ¿Quieres ser tu quien elija quien hablará con tu madre?

Ana: Tu decides.

Estas transacciones previas contienen el desarrollo de un contacto terapéutico. No se trata de un contrato encaminado a un resultado comportamental- ninguno de nosotros puede predecir lo que surgirá durante la terapia del estado del yo Padre – sino, más bien, el comienzo de una negociación que continuará para involucrarse en un proceso terapéutico. Cuando se trata de un material reprimido o inconsciente una persona no puede contratar un resultado predeterminado. El proceso terapéutico es, a menudo, un descubrimiento de algo nuevo para cada persona involucrada. La posibilidad de trabajar con dos terapeutas ha resucitado las emociones conflictivas de la infancia– Ana está reviviendo su deseo de estar con ambos padres y su miedo al posible conflicto entre ellos. Una de sus tareas durante su infancia fue cuidar de su madre. Ahora, uno de los terapeutas asumirá esta responsabilidad mientras que el otro estará disponible para los estados Niño del yo de Ana.

Richard: Rebeca, ¿Hablarás con su madre? Yo quiero estar aquí con su chiquitita.

Rebeca: De acuerdo,… Richard está disponible para ti; busquemos una silla para su mamá. (traemos un sillón para que se siente Ana; Rebeca se queda en la alfombra. Después las cosas se reanudan …)

Rebeca: Siéntate como lo haría tu mamá … Solo cierra tus ojos. Deja que tu cuerpo coja su postura. Mira si puedes poner la misma expresión en la cara que refleje lo que mamá siente. (pausa) Mamá, ¿Cómo te llamas?

El experimentar manifestaciones fisiológicas tales como, postura corporal y expresión facial sirven de ayuda para facilitar una externalizacion de los sentimientos, actitudes y experiencias del estado Padre del yo. El ser mamá, no solo representar un papel y, a menudo, lo que puede emerger sea una sorpresa para el cliente. Es importante ayudar al cliente a que permanezca en el estado Padre del yo. Esto, en parte, el terapeuta lo consigue, repitiendo el nombre asociado a ese particular estado del yo. En las siguientes transacciones Rebeca utiliza el nombre de Debra varias veces para facilitar que Ana permanezca en el estado del yo de Debra– para que sienta y externalice esa presencia psíquica que está internamente causando el conflicto. A menudo, en las primeras transacciones o cuando el material emocional de por si es confrontativo, la persona saldrá del estado Padre del yo. El terapeuta dirige a la persona a «ser» el otro – a que se ponga en su piel, afecto y experiencia. El terapeuta, entonces, habla con el «otro» como si fuera un cliente real.

Ana: Debra.

Rebeca: Debra. Puedes llamarme Rebeca… (pausa) ¿Qué impresión te causa estar aquí, Debra?

Anna (como Debra): No me gusta.

Rebeca: ¿No te gusta? ¿Por qué, Debra?

Debra: ¿Por qué necesito estar aquí?

Rebeca: Bueno, principalmente para conseguir conocerte Debra… Sobretodo, para ayudar a Ana. Y para que Ana comprenda porque eres tan importante en su vida.

Debra: ¿Importante para ella? (empáticamente)

Rebeca: Debra, ¿Estás diciendo que no sabes que eres importante en su vida? Hmmm. ¿Cuál es el papel que tienes en su vida, Debra?

Debra: Ella no me necesita.

Rebeca: Hm. ¿Desde cuándo piensas eso?

Debra: Siempre.

Rebeca: ¿Siempre sentiste eso, Debra? ¿Que ella no te necesitaba? Debra, ayúdame a entender como llegaste a creer eso… ¿Incluso desde que Ana era pequeñita?

La serie de preguntas de Rebeca están diseñadas para conseguir que Debra, el estado Padre del yo de la cliente, relate, desde el principio la historia de la vida de Ana. Quizás haya datos mucho más primitivos en la vida de Debra remontándonos a su propia infancia, pero comenzar con la infancia de Ana será un buen comienzo. Quizás, después, durante la terapia, será evidente que Debra está en el estado Niño del yo y esta terapia regresiva con Debra sería más eficaz. De momento, el enfoque está en Debra como persona adulta.

En las siguientes secuencias de transacciones vemos como Rebeca utiliza una encuesta terapéutica, tanto histórica como fenomenólogica, para que Debra sea más consciente en cuanto a su experiencia y emociones.

Debra: Siempre lloraba.

Rebeca: ¿Y que pensaba cuando ella siempre lloraba?

Debra: Que quería algo.

Rebeca: ¿Y entonces?

Debra: Y luego lo que hiciera no valdría.

Rebeca: Hmmm. ¿Como te sentías entonces?

Debra: Que no podía ayudarla. Que no podía hacer nada.

Rebeca: “Que no podías hacer nada.”

Debra: También tenía a mis otros niños. Tenía a mi hijo.

Rebeca: Uh-huh. ¿Cómo empezáste a responder a Ana entonces? Si pensabas que no podías hacer nada.

Debra: No sabía que hacer. Así que la ignoraba.

Rebeca: Pero, de alguna manera, habías opinado que no te necesitaba,. ¿Cómo se llegó a esta situación?

Debra: Tenía a su padre.

Rebeca: ¿Era él capaz de hacer que dejara de llorar?

Debra: Si.

Rebeca: Oooh. ¿Te llevó esto a preguntarte si eras una buena madre?

Debra: Mmm.

Rebeca: ¿Quieres hablarme de esto?

Debra: No podía hacerlo todo. (Suavemente, baja la cabeza).

Rebeca: “No podías hacerlo todo.” ¿Has dicho eso, Debra?

Debra: Tenía otros dos.

Rebeca: Debra, ¿tenías la impresión de ser una buena madre para ellos?

Debra: Lo intenté.

Rebeca: ¿Parecía que ellos le preferían también?

Debra: No.

Rebeca: Así que podía hacerles sentirse bien.

Debra: Um-hm.

Rebecca: Pero pasaba algo con esta niñita, ¿no podías ser una buena madre para ella?

Debra: No.

Rebeca: ¿Y qué impresión te causaba, Debra el sentir eso?

Debra: (pausa) Me hacía sentir como si fuera una mala madre — nada.

Rebeca: Parece como si ahora te estuvieras sintiendo realmente triste. ¿Quieres hablarme de esos sentimientos?

¿»Quieres hablarme de esos sentimientos»? ejemplifica tanto una encuesta fenomenológica como un proceso de contrato. Proporciona una oportunidad tanto a Ana como a Debra de elegir continuar con la terapia y a la vez expresar lo que no había expresado hasta ahora. Cada una de las frases de Rebeca representan una investigación para ahondar en la experiencia subjetiva, incluso cuando sus palabras no son preguntas sino solo una repetición de lo que Debra acaba de decir: “No podía hacer nada.” Cada pregunta se dirige a las experiencias más profundas de la cliente, para que ella descubra aspectos de si misma como Debra-en-Ana, y no necesariamente para recabar información. Cada pregunta va acompañada por el interés genuino de la terapeuta en escuchar sus sentimientos, un reconocimiento de lo que se dijo y una validación de que el proceso emocional y psicológico son significativos.

Debra: Era duro tener todo bien todo el tiempo. Nunca era suficiente.

Rebeca: Ya…

Debra: Y tener otros dos niños …

Rebeca: Tres. ¿Todos pequeños?

Debra: Si. Y él siempre estaba trabajando. Así que estaba sola con los niños. Así que no había nadie alrededor.

Rebeca: Um-hm. “Nadie alrededor”… eso supone mucho stress. (silencio) Sigue, Debra. Estoy realmente interesada en la impresión que esto te causaba.

Debra: (respirando con fuerza; larga pausa) Pero tenía que hacerlo todo sola..

Rebeca: O sea, Debra, intentabas ser fuerte aunque te estuvieras sintiendo tan triste y sola?

Debra: Si. Intentaba que los chicos se comportaran, así el no se disgustaría Así no gritaría.

Rebeca: Mmm. ¿Qué pasa cuando empieza a gritar?

Debra: Vocifera y chilla. Y pega.

Rebeca: ¿Pega?

Debra: A mi hijo.

Rebeca: ¿Como te sientes ante eso, Debra?

Debra: Como que no puedo hacer nada. No puedo pararle…

Rebeca: ¿Por qué no?

Debra: ¿ Porque me pegará.

Rebeca: ¿Te pegó alguna vez, Debra?

Debra: Solo me maltrató.

Rebeca: Pero tenías miedo de que pudiera pegarte.

Debra: Si.

Rebeca: Así que le dejabas pegar a su hijo…

Debra: (Comienza a llorar. Asiente con la cabeza)

Rebeca: Sigue, Debra, te estoy escuchando. ¿Qué necesitas decir sobre eso?

Debra: (llorando) Me sentía mal pero no podía hacer nada (solloza ruidosamente)

Rebeca: Esta frase es realmente importante; “no podías hacer nada.” Hay mucho detrás de eso, ¿verdad, Debra? (pausa) ¿Por qué no podías?

Debra: No podía ser una esposa, no podía ser una mamá.

Rebeca: ¿Se enojaba contigo por no ser una buena esposa?

Debra: Siempre, también se burlaba de mí.

Rebeca: ¿Sobre qué, Debra?

Debra: (suspira) Tenía que desvestirme en la oscuridad en otra habitación. Era tímida. Estaba avergonzada ( inclina su cabeza).

Rebeca: ¿Así que querías desvestirte en otra habitación, Debra?

Debra: No me gustaba el sexo. (suspira)

Rebeca: ¿Quieres hablar más acerca de eso? (silencio) ¿Te gustaba el sexo antes de tener niños?

Debra: No. ¡Nunca! ¡Nunca!.

Rebeca: ¿Sabes por qué no te gustaba?

Debra: (sacude su cabeza para decir que no).

Rebeca: ¿Pero sabías que no te gustaba el sexo … y fue eso lo que se convirtió en un problema entre tu y tu marido. Y eso es lo que te hizo creer que no podías ser una buena esposa?

Debra: Um-hm. El lo decía.

Rebeca: Así que no importaba todo lo que hacías y lo bien que lo hacías con los niños, y cuidando la casa, y todo eso, básicamente creías que eras un fracaso y no podías hacer nada» ¿Es eso cierto?

Debra: Oh, él siempre me hacía sentir que era un fracaso. Hiciera lo que hiciese estaba mal, no importa que. (ahora sus palabras son bruscas y los músculos de su cara tensos)

Rebeca: Debra, tengo que preguntarte – ¿estabas enfadada con él?

Debra: (pausa) Si. (pausa) Sí – todo el tiempo.

Rebeca: ¿Puedes hablarme de ese enfado, Debra?…

Parte I | Parte II | Parte III

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información ACEPTAR

Aviso de cookies