¿Qué pasa si el tóxico soy yo?

02/11/2017

Durante este año he visto y he oído sobre este tema que como muchos otros cuestionamientos que nos surgen a diario se puede interpretar de diferentes maneras, depende un poco de la realidad que nos contamos sobre que puede llegar a ser o no ser tóxico y como lo asociamos a nuestra experiencia de vida.

Hay un sin número de artículos, estudios, análisis, etc. que gracias a la era del internet nos demuestran y nos explican cómo detectar y cómo actuar frente a situaciones, personas, y hechos tóxicos.

Sin embargo frente a esta cantidad de información que a veces parece abrumadora más que consoladora o una posible respuesta a lo que nos gustaría escuchar, que puede ir enfocado a desviar la posibilidad de que nosotros mismos podemos ser en más de una ocasión una persona tóxica.

Sería importante no solo tener la capacidad de aceptar y afrontar que hemos estado y estaremos expuestos a situaciones y personas que de acuerdo a nuestra realidad nos parecen tóxicas, pero ¿y cuando el tóxico soy yo? Cuando aún no descubro o simplemente me niego a aceptar que puedo ser yo también alguien toxico y mi realidad me hace excusarme en los demás, sean circunstancias o personas. ¿Cómo lo detecto?

Siempre me ha gustado la premisa de conocerse a sí mismo a través de los demás, de verte reflejado en las acciones que juzgamos o enaltecemos de los que nos rodean. Sería entonces justo adoptar la capacidad de conocernos desde lo más profundo, de examinar cada una de nuestras acciones sin temor a equivocarse o desilusionarse, esas son emociones que debemos dejar fluir así como cuando sentimos satisfacción y plenitud al hacer algo que nos agrada.

Tal vez mi reflexión sobre el tema de las relaciones toxicas, va enfocado a buscar en mi interior cuando tengo sensaciones de desagrado, enfado, desconcierto hacia una situación o persona, e intentar descubrir que es lo que realmente me genera estas emociones. ¿Me siento reflejado en ellas? ¿Me hacen sentir inseguro? ¿Me generan impotencia? saber qué es lo que realmente siento es el primer paso para auto juzgarme con amor y aceptación, entender que soy una persona única y que por ello siempre puedo moldearme para ser eso que solo yo sé que quiero y puedo llegar a ser.

Mientras exista la posibilidad y la voluntad de alimentar nuestro auto estima para ser y ver las circunstancias como un aprendizaje continuo, podremos abrir la mente y ser más receptivos sin importar las circunstancias, siempre podemos ver las cosas desde otra  perspectiva, somos los únicos que tenemos el poder sobre nuestra realidad, y nuestra realidad la conforman los pensamientos que tenemos sobre todo lo que nos rodea, somos nosotros los que decidimos si algo es toxico o no, por eso somos nosotros mismos los que decidimos si  juzgar o aprendemos de ello.

Que nada ni nadie nos robe la calma de experimentar que solo de nosotros depende sentirse a gusto y actuar de acuerdo a lo que nos genera bienestar, no busquemos respuestas en el exterior, empecemos buscándolas en nuestro interior y podremos experimentar  como cambia el concepto de lo que pueden ser las relaciones tóxicas.

Mi ejemplo personal sobre toxicidad

Menciono esta situación en particular que me sucedió hace unos meses y considero ilustra como llegue a comprender y posterior a ello aceptar y gestionar que ere yo la que tenía pensamientos y adoptaba actitudes toxicas.

Todo inicio cuando tome la decisión de sacar el carnet de conducir, finalmente asumí que debía sacarle tiempo y energía a aquello que tenía dentro de mis asuntos pendientes. Entonces me inscribí en una auto escuela y comencé con la travesía, primero me enfoque en estudiar y sacar la parte teórica, pasaron aproximadamente dos meses y ya me sentía preparada para presentar mi examen teórico; cabe anotar que la parte teórica no me pareció fácil del todo ya que había terminología que al ser extranjera me costaba un poco más comprender, así que me dedique a estudiar y practicar test de forma intensiva, luego llego el día del examen teórico el cual para satisfacción mía aprobé sin problema. Posterior a esto inicie las clases para el examen práctico estaba muy entusiasmada y sentía que todo se me daba bien, tome alrededor de dos meses de clases antes de mi primer examen práctico, recuerdo ese primer examen, como una experiencia con algo de nervios y que se pasó muy rápido, me había convencido de que si no pasaba a la primera era algo normal y que seguramente aprobaría como la media normal en el segundo intento, por esta razón no le di mayor trascendencia cuando suspendí la primera vez, imagine que aquella experiencia me serviría de referencia para la próxima vez; así que continué con mis clases prácticas que aunque para mi presupuesto eran bastante costosas debía tomarlas obedeciendo las recomendaciones de mi profesor. De nuevo llego el día del examen y empecé a notar como mis emociones con respecto al primero cambiaban un poco, me encontraba más nerviosa, me sentía insegura de mis capacidades y ansiosa al prever como se daría la prueba. De nuevo la prueba fue tan rápida para mí que al cabo de 10 minutos ya había suspendido; entonces empecé a experimentar un combinación de emociones y sensaciones de frustración, rabia, impotencia, no solo por el hecho de suspender de nuevo sino porque justo allí tenía la certeza del que el problema no radicaba en mi sino radicaba más en los agentes externos, entre ellos el profesor porque me transmitía mas nervios, el examinador porque trasmitía un sentimiento de terror, el clima de aquel día, los coches que justo se cruzaron, etc. Todas esas emociones contenidas hicieron que en mi cabeza empezaran a coger más fuerza pensamientos pocos constructivos, de un momento a otro pase a verlo todo gris, quería renunciar a ese objetivo, me sentía agobiada, entonces ya no era solo las practicas, era la deuda económica que se iba incrementando con cada suspensión, el agobio de estar en el paro, y la impotencia de no saber cuánto más tiempo me llevaría esta situación. De nuevo continué con más clases, y de nuevo me volví a presentar, una vez más con los nervios ya de punta, con síntomas claros de ansiedad e inseguridad y como en las ocasiones anteriores de nuevo suspendí. Ya sentía que aquello se había convertido en un círculo vicioso! Que no tenía salida, que no sabía cómo tomar las riendas, que quería dejarlo pero que mi orgullo me decía que eso tampoco arreglaría nada. Entonces decidí continuar ya el tema económico me desbordaba, me hacía sentir inútil y desdichada, y mi inseguridad en mi capacidad de pasar aquella prueba aumentaba considerablemente en cada examen.

Hasta que un día en un ataque de ansiedad producido por aquella presión que solo me estaba generando yo, sentí la necesidad de sentarme y reflexionar un poco sobre todo lo que me ocurría, intente entender que me pasaba, y de repente empecé a sentirme triste y avergonzada ya no por las pruebas ni por todo lo que tenía que ver con ellas, sino por la forma en la que yo me trataba por ello, era tan sumamente crítica y toxica conmigo misma, que casi puede visualizar como  mi niño interior estaba totalmente atemorizado e indefenso, hace tanto no escuchaba una palabra de aliento o consuelo que se había convencido a si mismo de que todo lo hacía mal, sin importar el reconocimiento de los otros ni las palabras de aliento. Mi niño interior o mi subconsciente como prefieran llamarlo me pedía a gritos que fuera yo y solo yo la que por una vez entendiera que lo que necesitábamos era el perdón, tratarnos con amor, entendernos y aceptarnos como éramos. Ese hecho en concreto logro que me pidiera perdón a mí misma y que intentara cambiar la forma como me hablaba y actuaba, sin ese nivel de exigencia absurdo, simplemente comprendiendo que no todo me puede salir bien y que si las cosas no salen bien cuando quiero no puedo atacarme porque así no logro más que sentirme peor; En cambio al perdonarme por lo que no logro y darme tan solo un poco de consuelo sentí que me quitaba un peso enorme de encima y para mi sorpresa y satisfacción cuando de nuevo presente el examen solo me dije a mi misma “tranquila no pasa nada, yo confío en ti y sea cual sea el resultado sé que lo harás lo mejor que puedes” y así fue como aprobé después de varios intentos. La persona toxica en este caso era yo que tal vez algunas veces consiente otras inconsciente no podía ni quería creer el potencial que puedes llegar a desarrollar cuando te amas, te respetas, te apoyas y te aceptas en cada situación que debas afrontar.

Ángela Sánchez

Soy una orgullosa colombiana que vive en España hace 5 años y medio, estudie marketing, y me dedique a ello durante aproximadamente 10 años. Este año se ha convertido en un proceso de cambios continuos; realice un master en coaching para la motivación y procesos de cambio.

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