El Proceso Psicoterapéutico Humanista

04/12/2017

Psicoterapia Humanista

Resumen:

Analizamos el proceso psicoterapéutico en Psicología Humanista.

Se trata de un encuentro humano en clave de amor lúcido, escucha, palabra y esperanza. Valor terapéutico de la PALABRA. Visión antropológica y horizonte de salud humana.

Palabras clave.

Palabra. Amor. Escucha. Psicoterapia. Crecimiento personal. Silencio. Sentido de la vida. Esperanza

Abstract:

We analyze the psychotherapeutic process in Humanistic Psychology.

It is a human encounter in the key of lucid love, listening, word and hope. Therapeutic value of the WORD. Anthropological vision and human health horizon.

KEY WORDS

Word. Love. Listen. Psychotherapy. Personal growth. Silence. The meaning of life. Hope.

 

Como prólogo: una antigua sentencia humanista clásica de Publio Terencio, año 165 antes de Cristo: “soy humano y nada de lo humano me es ajeno”.

Sobre este fundamento se asienta el proceso psicoterapéutico humanista con su finalidad saludable e integradora. Amplio y profundo marco que nos ofrece una antropología, filosofía y psicología unificadora como guía de un cambio personal de salud psicosomática y social. Y un soplo del espíritu humano que recorra todo nuestro ser terapeutas.

La salud integral es una meta dinámica, una necesidad y un deseo. El proceso hacia ella, en el contexto psicoterapéutico, implica un compromiso cálido, respetuoso y lúcido. La palabra griega “terapeuo” significa “acompañar cuidando: sanando”.

¿Cómo se verifica en la terapia esta finalidad?. 

Primero, a través de un encuentro interpersonal (Psicología del encuentro). El lenguaje verbal y el no verbal demandan una ayuda que se enmarca en dos roles: terapeuta y paciente, pero sobre todo en dos personas que exploran el átomo social del paciente, de su mano y con sus puntos de vista (Jacob Levy Moreno). El terapeuta le acompañará en su visión, posiblemente fragmentada y tal vez distorsionada, hacia una autopercepción real que le ayude a responder con verdad a la pregunta “quién soy yo en relación a”.

Desde un psicológico sedentarismo, posiblemente neurótico, el terapeuta  estará al lado del paciente, en la aventura nómada de explorar su territorio y sus fronteras que limitan al norte, sur, este y oeste con los otros y los acontecimientos. Mapa (mental-emocional) confrontado con el territorio existencial. Puede acontecer una inadecuación del territorio con el mapa (desorientación vital, caminar vagando sin norte) o un insight realista y hondo.

En el contexto terapéutico el sujeto podrá elaborar un mapa que le motive y permita caminar saludablemente por su territorio vital.

Asistimos y somos cordiales y lúcidos testigos de una soledad acompañada que el terapeuta respetará invitando al paciente a ampliar sus horizontes. Del “tener sensaciones” le ayudará a comprender que “elaboramos percepciones e interpretaciones” y somos responsables, con nuestra historia a cuestas, de esta creación.

“El árbol, en ocasiones, nos impide ver el bosque”: resentimientos, sentimientos de culpa, depresiones, angustia, pérdidas… dificultan la mirada a la vida del bosque El terapeuta ayudará a ampliar la mirada por dentro y por fuera. Encontrar con paciencia y ahínco motivaciones personales que, desde la introspección verbalizada, lleven a la acción saludable: personal-relacional-social.

Segundo: a través de la palabra

Lo que sana es la interacción y comunicación mediante la palabra y, desde mi punto de vista y experiencia, también a través del AMOR. La Palabra permite expresar el manojo de necesidades que nos constituye en nuestra libertad herida, tanto a la hora de jerarquizarlas en el yo-tu-nosotros (Martin Buber) como a la hora de ordenar los deseos que emergen; aceptar su frustración y/o realización.

El hombre es un animal simbólico, hacedor de símbolos. En el principio y centro está la palabra, el símbolo más universal (demandante de un eco personal, cordial, verdadero y luminoso). Bob Dylan (premio Nobel de literatura, 2016) con un eco bíblico de la creación canta: “In the beginning the man named all animals”.

Lo que no se nombra todavía no está disponible para su adecuada integración humana consciente.

Para que la palabra sea curativa, debe acarrear realismo (con sus serias dificultades si adoptamos una visión antropológica menos positiva que la aquí expresada). Dinamismo de un AMOR lúcido que pide ser, no solo oída, sino escuchada. Escucha activa (C. Rogers). Toda auténtica escucha es un refuerzo que abre horizontes vitales pequeños o grandes. Esa escucha necesita una atmósfera de silencio que identifique y aísle “ruidos” psicológicos, sociales y culturales.

Pueden surgir y aparecerán resistencias, pero en el dinamismo de ese amor maduro, (aceptación incondicional) (C. Rogers), el paciente podrá experimentar la seguridad básica y la congruencia (como debe experimentarla el terapeuta) que le permita, en su dañada libertad, crecer (personal growth), relacionarse, tolerar la frustración (tan necesario en nuestra cultura) y elegir.

Aprender a amarse y a amar sanamente dinamiza y desemboca en la autorrealización (Abraham Maslow). (Que no tiene nada que ver con el narcisismo, endémico hoy en día).

La psicoterapia es un encuentro de dos ESPERANZAS: la del sujeto-paciente y la del psicoterapeuta: quiero vivir sanamente; quiero y espero poder ayudarte en ese deseo y tarea.

Ayudar a crecer en esperanza verificadora de un sano: “quien soy”, “quien y cómo quiero ser” “qué puedo o no puedo” y “cómo vivir”.

Un espacio donde se aprende a ELEGIR (inseparable de renunciar) y a arriesgarse al cambio, (que frecuentemente da miedo y paraliza), verbalizando y siendo consciente de mi persona, sentimientos, pensamientos y conductas (de qué me estoy dando cuenta, aquí y ahora, Fritz Perls)

Conocerse (con su necesaria premisa amorosa que realiza el “conócete a ti mismo”; en el Pronaos del templo griego de Apolo en Delfos) y abrirse al mundo relacional. Integrar, haciendo sitio humano entre los “duelos” necesarios y arriesgarse, no sin dolor de parto, a darse a luz, con realismo y horizontes. No inmovilizarse por temor al dolor, sin convertirlo en sufrimiento que nos sobrepase. Habitar tu soledad.  Atreverse a ser “plena” y “modestamente” feliz. Nombrar sin miedo los mecanismos de defensa, y decidirse a vivir con SENTIDO. (VIKTOR E. FRANKL: Fundamentos antropológicos de la psicoterapia).

Sanar es aprender a leer comprensiva e integradoramente la propia existencia con apertura vital a su profundo sentido. Si en esta  vivenciada y social compresión “lo que me (y nos) construye va mas deprisa que lo que nos destruye” hay lugar para la esperanza.

Nietzsche, citado por la psicología humanista, escribía: “El que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”.  Arriesgarse a asumir el “porqué”, trasmitirlo y agradecerlo, no sin algo de sentido del humor, que es un signo de madurez, es un camino de crecimiento humano saludable.

Subrayo el “sentido” agradecido porque tiene mucho de sana y gratuitamente recibido. “Gracias a la vida” (Violeta Parra). Sin quitar protagonismo al humano esfuerzo,  realismo de la dolorosa soledad del sinsentido y los cambiantes estados de ánimo: “La risa y el llanto” (ibid.).

El hombre no crece siendo “estirado”, sino siendo regado y regándose: a nivel personal, familiar, cultural, ético, filosófico, axiológico, creyente (aunque el terapeuta mantenga un respeto y neutralidad benevolente ante las verdaderas y sanas opciones humanas). Aquí tiene la pedagogía, más que la psicología, una palabra que decir y una tarea: educar (del verbo latino “educere”, sacar, guiar).

Ahondando, casi siempre, podemos, en el crecimiento personal, encontrar algún rincón y momento existencial en el que, latente o claramente, exista la palabra:”gracias”. Si no la encontramos nunca en el corazón o en los labios o en algún rincón de la existencia, algo, (alguien) está pidiendo auxilio en el devenir personal. Tal vez sin que el sujeto lo sepa.

“Lo que yo se lo puede saber cualquiera, pero mi corazón es solo mío” (Goethe): la Vida es mas fuerte que las “muertes” que nos acosan por dentro y por fuera. El Bien, a pesar de tanto mal, el Amor entre tanta frivolidad (alboroto de los sentidos, sexualidad compulsiva-posesiva), indiferencia e incluso odio, la Salud integral, entre tanto sufrimiento, puede terminar emergiendo en la vida: aprendiendo a amar corporal e integradamente, en diferentes longitudes de onda y profundidad  al otro, los otros. A pesar del “escombro” que pretende ahogar y sofocar el crecimiento personal, el impulso de vida es más fuerte que la pulsión de muerte. Ubicar al paciente (usuario, “cliente” ¡!) en su cultura personal, familiar, social es tarea del terapeuta para comprenderle en relación “a” “desde” y “con” y “hacia”. Aprender su lenguaje y deletrearlo con él. Acompañarle en la sana satisfacción de sus necesidades o en su inevitable frustración y enseñarle o aprender con él a desear bien.

En la dinámica y terapia de grupos, (Grupos de encuentro en la Psicología humanista), la evolución suele ir del poder al amor, si procede sana e integradamente con sus avances y retrocesos. Con diferentes preguntas:” 1ª: “dentro versus fuera” (integración); 2ª: “arriba o abajo” (poder) y finalmente: 3ª:“cerca o lejos” (amor). En el grupo humano es necesario saber responder a esas preguntas para lograr una integración auténtica, libre y coherente. El “nosotros” requiere trabajo personal y colectivo-social hacia una progresiva y saludable armonía.

La psicoterapia tiene vocación humana: personal y universalmente “ecológica”.

Un indicador de salud durante el proceso psicoterapéutico será la progresiva PAZ  y coherencia con su dinamismo social posible.

Más importante que la “fidelidad al modelo terapéutico” es la sana apertura, en su contexto vital, a lo humano, en el sentido total y esperanzado del término. A pesar de una real “antropología negativa”  tiene raíces una, bondad no ingenua, y deseo de salud integral que, en el fondo, (muy, demasiado en el fondo, en ocasiones), nos constituye.

Con un eco del eminente patólogo y catedrático  Dr. José de Letamendi (1828-1897) a quien el Dr. Gregorio Marañón, gran médico, pensador conoció, afirmaría, con él, de la medicina y, lo señalo aquí de la psicología, que “el psicólogo que solo sabe psicología, ni psicología sabe”. Pero la historia personal y social es, si sabemos aprender, “maestra de la vida”. Gracias.

José Antonio García Monge
José Antonio García-Monge
Instituto de Interacción. Madrid.
www.psicoterapeutas.org

 

 

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