Paso a paso

01/11/2013

José ZuritaEn una sesión de psicoterapia, paciente y terapeuta se relacionan dentro de un marco terapéutico donde todo debería ser sano. Si, ya sabemos que eso es difícil si no imposible, por lo que, como buenos profesionales, buscaremos ese objetivo a través de nuestro proceso de terapia personal, formación profesional, experiencia de vida y profesional.

Si fijamos el respeto absoluto a nuestro paciente como prioridad en nuestra forma de construir la relación terapéutica, habremos dado un paso importante en la línea correcta. Renunciar a que el paciente tome una dirección prefijada, una decisión concreta o haga algo que hayamos decidido nosotros debe ser una premisa preferente. Él da un paso y nosotros le acompañamos en su recorrido. Paso a paso. Ayudándole, protegiéndole, animándole, aportando nuestra experiencia, explicando posibles consecuencias, explorando motivaciones arcaicas ocultas… Son muchas posibilidades de ayuda las que tenemos dentro de una Relación Terapéutica respetuosa.

Una de las formas de ayuda en nuestro acompañamiento es el señalamiento de signos e indicadores de interferencias entre el “aquí y ahora” y el “allí y entonces”. Sin decir lo que está bien y lo que está mal. Sin juzgar ni patologizar. Sin calificar ni descalificar. Le acompañamos y le mostramos lo que aparece como sospechoso de estar interferido por una decisión y/o emoción arcaica. Cuando lo no resuelto del pasado se coloca como un filtro en la visión del paciente y distorsiona su percepción de la realidad, ahí hay que actuar. Y me refiero al terapeuta. Señalaremos, explicaremos, mostraremos nuestra idea de lo que estamos percibiendo como elemento causante de interferencias. Nosotros lo mostramos y el paciente decidirá lo que quiera libremente. Para el terapeuta debe estar bien cualquier elección. Es su vida, su camino, su responsabilidad. Él o ella decide.

En la consulta de psicoterapia terapeuta y paciente, generalmente dos personas mayores, con experiencia en la vida, en multitud de ocasiones se enfrentan a una realidad distinta. En la sala, el paciente removido por un conflicto entra en regresión. Ya no hay dos adultos, sino un terapeuta acompañando a un niño asustado de pocos años de edad o incluso de meses. Como profesionales debemos aprender a comunicarnos con el paciente esté en la edad en la que esté. Saber cómo tratar a un niño asustado que en esos momentos se siente incapaz de razonar y que todo lo que tiene es un conjunto de emociones que le desbordan. Aprender a contener, proteger, trasmitir nuestro amor y seguridad, mostrar nuestra paciencia infinita y muchas cosas más, serán herramientas necesarias en nuestro maletín profesional.

Hay ocasiones con algunos pacientes en las que, tras ofrecer un ejemplo ilustrativo o dar una explicación detallada de un proceso que acabamos de tratar, su cara cambia. Bromeamos con que “se escucha el click” dentro de su cabeza, las piezas del puzle han encajado y se produce el cambio. No se trata tan solo de un darse cuenta o de que el paciente haya entendido, es mucho más que eso, aunque sea difícil de explicar. Es el cierre de un proceso, es el “sonido del cambio”.

A veces he contado a mis alumnos cómo nos sirven nuestras experiencias de vida anteriores para ejercer nuestro trabajo de psicoterapeutas. Para mí fue muy importante la experiencia que tuve cuando estaba en mis dos años finales de licenciatura de medicina, cuando trabajé enseñando conceptos de medicina a alumnas de auxiliar de clínica en una academia. Esa experiencia de enseñar conceptos complejos de medicina a personas que no tenían una base previa me ayuda muchísimo en mi practica diaria cuando necesito explicar a mis pacientes cómo entiendo yo que le está sucediendo en su interior. Dibujo, hago esquemas, ilustro con casos de pacientes antiguos, cuento anécdotas… Todo lo que me pueda ayudar para que mi paciente “vea” con claridad algo que por su complejidad no es tarea fácil.

Muchas veces nuestro trabajo va a consistir en mostrarle varias alternativas entre las que pueda elegir un camino posible en el que el paciente se libere de creencias o decisiones limitadoras. Probablemente no estarán dispuestos a explorar las posibilidades que se abrirían por delante al renunciar a ellas. A veces produce tantísimo miedo que no cabe en la cabeza ni tan siquiera imaginárselo. Ahí tendremos que poner nuestra energía más positiva. Transmitir entusiasmo ante la posibilidad de cambio. Mostrar a través de nuestra experiencia lo que podría haber al otro lado. Proteger el camino que lleva a atravesar las limitaciones. Generar deseo de explorar lo que hasta ahora podía ser aterrador. Asegurar mediante la convivencia terapéutica que cuenta con nosotros. Que ni el amor ni la relación está en juego. Pase lo que pase. Decida lo que decida.

Espero que te guste este número de BONDING que hemos preparado este mes. Si fuera así, puedes difundirlo entre tu gente y animarles a suscribirse gratuitamente con lo que les llegará mensualmente a su e-mail. Estamos permanentemente en www.bonding.es

Un abrazo a tod@s.

José Zurita

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