Parto, trauma y Resignificación Empoderamiento postraumático desde la Psicoterapia Humanista Integrativa

02/11/2017

RESUMEN

La maternidad es un evento biológico, psicológico y personal que tiene implicaciones importantes en las áreas vitales de la madre. Este artículo pretende hacer una aproximación a la experiencia subjetiva de la maternidad cuando la memoria del parto está relacionada con algún tipo de daño físico o emocional. Para ello, proponemos una integración entre la perspectiva de la salud mental perinatal, el enfoque naturalista del tratamiento del trauma y la perspectiva de la crianza ecológica. Algunas recomendaciones prácticas, así como una muestra de posibles técnicas, servirán para ilustrar el empoderamiento postraumático como resultado de la nueva significación del evento traumático.
Palabras clave: salud mental perinatal, integración, maternidad, empoderamiento postraumático.

ABSTRACT
Motherhood is a biological, psychological and personal event that has important implications in the mother’s vital areas. This article aims to make an approximation to the subjective experience of motherhood when the memory of childbirth is related to some type of physical or emotional damage. In order to do so, we propose integration between the perspective of perinatal mental
health, the naturalistic approach to trauma treatment and the perspective of the ecological nurture. Some practical recommendations as well as a sample of possible techniques will serve to illustrate the post-traumatic empowerment as a result of a new significance of the traumatic event.
Key words: pertinatal mental health, motherhood, integration, post-traumatic empowerment

INTRODUCCIÓN

En la práctica profesional como terapeuta atendiendo a mujeres he encontrado que, aun sin ser objetivo terapéutico de inicio o motivo de consulta a priori, es muy común encontrar relatos de gestación, parto y lactancia a lo largo de los diferentes procesos. A partir de esas pequeñas y silenciosas demandas decidí indagar en el tema, también movida por mi propio proceso personal como paciente. Observé entonces que en esas ocasiones en las que la gestación o el parto llegan a sesión sin ser previamente invitadas, es muy necesario escuchar qué es lo que necesitan expresar, darles voz y poner atención en la vivencia, en el recuerdo así como en el proceso paralelo que están relatando. Abordar este tema surge de la necesidad personal de realizar una integración de las teorías sobre el nacimiento humanizado, la crianza ecológica del ser humano y la teoría naturalista del trauma. Para apoyarme en la parte práctica, tomaré como fuente privilegiada las vivencias de algunas de mis pacientes con las que he podido compartir el proceso de acompañar en estas etapas del ciclo vital tanto positivas como aquellas que no lo han sido tanto. Algunas de ellas acudieron a mi consulta en el periodo de la gestación, otras en el del puerperio inmediato y otras han necesitado integrar la experiencia años después de convertirse en madres (teniendo en cuenta el hecho biológico del nacimiento, aunque se entienda que los cuidados maternales pueda realizarlos otra persona en función de diferentes situaciones o modelos de familia) ¿Cómo afecta la emoción en el proceso del parto?, ¿Cuáles son las
huellas en caso de que la vivencia del parto no sea satisfactoria?, ¿De qué manera puede contribuir la Psicoterapia Humanista Integrativa (PHI) en la resignificación de estas vivencias estresantes?, ¿Existe la posibilidad de recuperarse o crecer a partir de esa resignificación? Estas son algunas de las cuestiones a las que buscaré respuesta en el presente artículo con el fin de
arrojar luz a este tema fascinante para la práctica profesional en la intervención
con mujeres desde el modelo de la PHI. Antes de adentrarnos conviene aclarar el concepto de resignificación como el proceso de darle una nueva significación (de signo o representación) a
un acontecimiento, emoción o conducta otorgándole un valor diferente. En términos psicológicos sería otorgar un sentido diferente al pasado a partir de una nueva comprensión del presente.
El parto es una vivencia única en la vida de las mujeres, una experiencia que implica tanto poder (entendido como capacidad de crear vida) como vulnerabilidad (por el riesgo sufrir daño en el proceso y la importancia del resultado del mismo). En este artículo el parto se considera componente fundamental de la esfera sexual y emocional femenina. No se trata de un
acontecimiento puramente médico sino que es una aventura muy emocional. Además de ser una vivencia única que pasa por el cuerpo de la madre y su alma, se trata de un momento irrepetible para el cual coexisten una serie de expectativas personales, culturales y filogenéticas. Las expectativas personales son aquellas que siente la mujer gestante, lo que espera. Por otro lado está lo que se podría denominar “expectativa filogenética”, que sería aquello que la naturaleza de la especie dispone para el momento del nacimiento Por último están las expectativas culturales o condicionamientos culturales alrededor del nacimiento. El choque de todas estas expectativas en no pocos casos genera una ruptura y un malestar difícilmente cuantificable. Según Michel Odent los condicionamientos culturales son aquellas prácticas que la sociedad ha ido adoptando como normales como consecuencia de la culturización postindustrial y que interfieren en la naturaleza mamífera de la gestación y el nacimiento. En este caso serían condicionamientos culturales algunas prácticas como la separación rutinaria del bebé en el posparto inmediato, algunas intervenciones innecesáreas en las salas de parto, la administración indiscriminada de
oxitocina sintética, etc. Northrup (2010) habla de la naturaleza sexual del parto y explica la
experiencia como “temida, intensa, reveladora y con una gran capacidad de transformación personal”. Stern lo describe como una transición que da lugar al “suceso vital de la maternidad”. Odent (2011) define el parto como un “proceso arcaico que pone en juego estructuras arcaicas, primitivas, mamíferas del cerebro” y que por tanto “no se puede ayudar sino procurar no perturbarlo demasiado”. Popularmente se usa el término trauma para referirse a algo que ha
agitado nuestro mundo interno de forma intensa y cuyos efectos permanecen de forma duradera (Galene, 2015). Trauma físico es entendido como una lesión que sufre el cuerpo en uno o varios de sus muchos sistemas. El trauma psicológico es una impresión emocional negativa que deja huella en la psique y pone en riesgo el bienestar integral de la persona. Es una herida, una ruptura
con la normalidad esperada que genera un desequilibrio en el sistema mental y emocional de la persona y tiene carácter duradero en el tiempo. Encontrar una definición acertada de parto traumático resulta costoso y a veces aventurado. Olza (2015) destaca la aportación de Elmir (2010) al respecto: “no hay una definición consistente de lo que es un parto traumático ni
forma sistematizada de valorarlo”. Algunos autores optan por apuntar a la existencia de miedo lógico en la mujer por su vida o la del bebé en algún y las vivencias subjetivas de ésta en todo momento del proceso. En este artículo se emplea la acepción más sutil del término trauma de modo que el parto traumático podría ser aquel en el que la vivencia subjetiva de la madre ha
significado como componente de la experiencia una amenaza, real o sentida, de muerte o riesgo vital para ella o su bebé. Olza (2011) en la información para profesionales de la Estrategia Nacional de Salud Sexual y reproductiva, destaca que “entre los factores desencadenantes del síndrome se encuentran el alto intervencionismo obstétrico y la percepción de cuidados inadecuados en el parto”. También habla esta autora sobre las consecuencias negativas del
hipodiagnóstico: “sin ser diagnosticado ni tratado puede persistir durante meses y años, afectando negativamente a la fertilidad o condicionando a veces la conducta de la mujer en sucesivos embarazos y partos”.

El Parto Como Metáfora

El parto por sí mismo supone una fragmentación del Yo para toda mujer. La mujer debe despedirse de su Yo anterior a la maternidad. Tras ese momento en su ciclo vital ya no volverá a ser la misma, sea cual sea el resultado y la vivencia del mismo, su Yo será diferente. La apertura para posibilitar la vida es un momento trascendental, que como sociedad hemos olvidado medicalizando las condiciones del inicio de la vida y esto en muchos casos tiene consecuencias poco favorables. Si además existe esa vivencia de trauma durante el parto, la disociación que se produce permanecerá y las habilidades de la madre como cuidadora y dadora de vida se verán
comprometidas. Todo ello va a tener unos efectos en la vinculación y en el desarrollo del bebé. En el caso del parto traumático el trauma físico lleva también a una fragmentación de la psique.

Bases Neurobiológicas

Observando desde la biología podremos entender de una forma adecuada los procesos psicofisiológicos y cómo éstos entran en relación con el mundo emocional. Para la somera exposición que se plantea en este artículo se va a tener como referencia la teoría de McLean sobre el cerebro triuno (tres cerebros en uno). Según este autor existen tres tipos de estructuras cerebrales que se corresponderían con diferentes momentos del desarrollo filogenético del
ser humano y cada una tiene su funcionalidad, sentido del tiempo, subjetividad y memoria. La estructura más arcaica ocupa el tronco encefálico y el cerebelo, es el conocido como cerebro reptiliano. Controla las funciones básicas del Sistema Nervioso Autónomo para la supervivencia. Es reactivo a estímulos directos. El siguiente en la evolución es el cerebro mamífero, ocupado por el sistema límbico, encargado de las emociones y asociado al contacto. Regula la supervicencia en una dicotomía del rechazo del dolor y la aproximación al placer. Por último aparece el neocortex, que solo aparece en mamíferos evolucionados y es parte encargada del procesamiento racional de la información, pensamiento avanzado, lenguaje y funciones cognitivas superiores.
Estos tres tipos de funciones implican diferencias en las formas de nacimiento y crianza. Los reptiles no crean vínculo posterior al nacimiento. Depositan los huevos y se marchan, las crías aprenden a sobrevivir de forma autónoma desde el primer momento. En los mamíferos las necesidades son bastante diferentes ya que necesitan a la madre para sobrevivir. Entran en
funcionamiento entonces mecanismos como la lactancia, la comunicación audiovisual y el juego social. La madre es importante, el contacto es importante, la manada es importante. La cría comunica el estado interno a través del llanto y espera una respuesta. El neocortex estaría por su parte muy ligado a la comunicación avanzada, la planificación, la toma de decisiones, y está vinculado al desarrollo social en comunidades complejas como la humana. En el ser humano la característica de la bipedestación dificulta el proceso de parto con respecto a otros mamíferos. Por esta razón, el cerebro humano aún no está del todo formado en el momento del nacimiento y
necesitará en torno a un año de interacciones con la madre (o persona que ejerza ese rol materno con el bebé) para aprender habilidades básicas como el desplazamiento. Cuando nacemos, somos fundamentalmente mamíferos con una expectativa filogenética de contacto. A través de la responsividad de la madre el bebé va construyendo su estado emocional interno. La madre
amplifica las emociones positivas y amortigua las negativas. Sucede entonces una sincronicidad en el cuerpo a cuerpo y en la interacción. Aparecen las neuronas espejo (los experimentos Still Face dan buena cuenta de ello) por las cuales las emociones que experimenta la madre serán también experienciadas por el bebé y son la base de la empatía. Cuando el parto se complica y las primeras interacciones son interrumpidas, esa necesaria responsividad materna se ve comprometida y esto tendrá efectos en el desarrollo psicoafectivo del bebé y la crianza.
También puede tener diferentes efectos en la construcción de la identidad materna. Pero, ¿Qué puede suceder en el parto para que se vean afectadas esas interacciones posteriores? La respuesta principal la tiene la activación del sistema del miedo. El parto es un proceso involuntario y por lo tanto depende de la parte más primitiva del cerebro. Ciertas condiciones pueden hacer que el proceso sea inhibido, como analogía podríamos poner el ejemplo de un corte de
digestión cuando hay un peligro abrupto en el entorno inmediato. Según Odent hay distintas situaciones que poducirían dicha inhibición: A) Antagonismo del sistema adrenalina – oxitocina: los sistemas bioquímicos del miedo y el amor son antagónicos. Cuando funciona uno el otro se bloquea. Consecuencias esperables del bloqueo de la oxitocina endógena son por ejemplo: partos más dolorosos, paralización de la evolución del parto, disminución de la tolerancia al dolor… B) Inhibición neocortical: la activación incesante del neocortex tiende a inhibir la actividad de las estructuras primitivas y esta es otra dificultad específica del ser humano. El principal estimulante del neocortex es el lenguaje, la observación, la percepción de un posible peligro que pone en
marcha la atención… Peter Levine apunta a esta hipótesis cuando afirma que “el cortex tiene la culpa” (Levine, 1999). Al producirse estas interrupciones el proceso de parto se ve afectado
entre una fase a otra pudiendo generar esa sensación subjetiva de peligro por parte de la mujer. Una activación del sistema límbico con el estímulo desencadenante del miedo llevaría a que el cerebro de la supervivencia tomara el control bloqueando el proceso de parto. Una intervención innecesárea va llevando a otra y finalmente el proceso termina altamente medicalizado e
instrumentalizado, lo que deja a la mujer en una posición inicial de desventaja en la apropiación de su cuerpo y su poder. La activación del miedo en un momento en el que la expectativa filogenética y personal es el amor puede generar el encapsulamiento de esa sensación como traumática (en
psicoterapia es importante saber que además esa vivencia puede haberse activado al tener conexiones quizá con la existencia de trauma previo). Existe un periodo sensitivo especial en el parto y los momentos posteriores a él donde se da un escenario neuroendocrino privilegiado para la formación de recuerdos (Olza 2015) y dispuesto para la impronta. La naturaleza prepara ese momento esencial para el inicio de la vinculación afectiva tanto en el cuerpo del bebé como en el de la madre y la expectativa filogenética es una crianza sencilla para la supervivencia de la especie. Estas condiciones especiales generan una huella específica en la memoria, haciendo que los acontecimientos que se dan durante ese periodo queden vívidamente registrados en la memoria consciente tanto si son positivos como si son traumáticos (Olza, 2011). Ambos tipos de vivencia influyen en el estado emocional de la madre, y por tanto de la diada.

METODO

La consideración de las individualidades en el puerperio tiene especial importancia en la descripción del método empleado para la psicoterapia perinatal. El amplio abanico de posibilidades hace difícil una concreción al respecto. El puerperio puede definirse como el periodo de tiempo que va desde el momento en que el útero expulsa la placenta hasta un límite de tiempo
variable, generalmente 6 semanas, en que vuelve a la normalidad el organismo femenino. De forma tradicional este periodo de tiempo se ha dividido en puerperio inmediato (24 horas), puerperio (primera semana) y puerperio tardío (hasta los 40 o 45 días). No obstante cada vez se tiene más en cuenta el denominado puerperio alejado, que tendría una duración indefinida
(aproximadamente uno o dos años) y tendría en cuenta los cambios emocionales y cerebrales más persistentes en la mujer después de su devenir como madre. En ese puerperio alejado según Laura Gutman “madre y bebé permanecen en fusión emocional compartiendo un mismo territorio emocional”. Asimismo cabe señalar que, en los procesos acompañados desde mi experiencia, he podido observar que aun sin cumplimiento estricto de criterios diagnósticos para el trauma, será beneficioso tender a esa integración del suceso vital del nacimiento dentro de un proceso de psicoterapia. Es por ello que estas pautas podrán ser tenidas en cuenta en multitud de procesos
psicoterapéuticos con el fin de mejorar el bienestar integral de las mujeres, abordando las manifestaciones vitales, personales, sexuales o transgeneracionales de la maternidad.
“Lo integrativo” en este trabajo tiene una doble acepción. Por un lado se refiere al proceso por parte de la paciente de integrar los sucesos y crisis vitales en su propia identidad y biografía. Por otro lado se refiere a la integración de diferentes técnicas y recursos para favorecer dicho proceso
desde una perspectiva holística. Basándome en el trabajo emocional y las diferentes técnicas psicoterapéuticas aprendidas en el Instituto Galene, he adaptado algunas de ellas para ayudarme en el acompañamiento a mis pacientes en la construcción o reconstrucción de su propio camino maternal. Antes de comentarlas es conveniente realizar una serie de recomendaciones. En primer lugar, tener en cuenta que cada vivencia subjetiva es individual: ante similares circunstancias cabe esperar diferentes vivencias. En segundo lugar, tener en cuenta que normalmente no es conveniente iniciar un trabajo psicoterapéutico profundo durante ese primer año de vida
extrauterina del bebé. En ese tiempo la función de la psicoterapia es sostener a la madre, fortalecer la vinculación psicoafectiva de la diada, potenciar los apoyos íntimos (pareja, familia de origen, etc) y en caso de trauma dar esos primeros auxilios para prevenir males mayores.

Algunas Técnicas e Intervenciones Adecuadas en el Puerperio

Observación Directa
En la medida de lo posible es oportuno incluir al bebé en las sesiones de psicoterapia perinatal como forma de poder potenciar y observar esas interacciones privilegiadas entre el bebé y la madre. El bebé actúa como espejo, como síntoma. Hay veces que el bebé llora lo que la madre no se permite llorar. En esas interacciones el bebé puede mostrar un mundo emocional que la madre no puede destapar ya que entraría en conflicto con lo que se espera de ella. Diferentes estudios corroboran esta información y de hecho se habla de la depresión posparto como la depresión sonriente (Olza, 2015). Una madre “tiene” que estar feliz.
Asociado a la inclusión del bebé en las sesiones es necesario puntualizar que los trabajos emocionales tendrán que adaptarse necesariamente a los ritmos de éste, que generalmente suele pasar las sesiones en brazos de la madre. En este sentido es importante conocer la potencia de ciertas técnicas ligth de expresión emocional cuyo objetivo es descargar suavemente en diferentes formatos compatibles con la sesión individual (Zurita y Chías, 2017) y valorar en cada momento si es oportuno o no proponerlas. Según Levine, (1999) más que en la emoción intensa la clave
para superar el trauma reside en la sensación corporal. Los bebés energetizan mucho los espacios, y es necesario atender a dicha energetización desde la sutileza que no juzga y desde el refuerzo y sostén a la madre.

Escucha empática de la historia
Necesitamos recoger la historia con detalle, a través de una escucha activa libre de juicio. Esta actuación de por si es una intervención terapéutica potente que ayuda a la reconstrucción y resignificación de la vivencia. Sacar fuera para verlo y poder recolocarlo en el mismo lugar pero de una forma integrada, más coherente y conectada. Para ello es importante saber hacer una
verdadera escucha. El propio proceso terapéutico del terapeuta también tendrá buena implicación aquí pues no todos hemos sido madres o padres, pero sí todos hemos nacido y tenemos unas primeras vivencias que marcaron el inicio de nuestra vida. Tenerlo sanado para escuchar desde el no juicio es esencial sin necesidad de ir a rescatar a nadie ni la urgencia por que aparezca un
contenido determinado. Cuando además somos madres hemos de haber hecho un proceso de integración de nuestra propia vivencia de parto para que no interfiera y quede el espacio libre a la escucha verdadera, a la atención plena en la otra persona. Como la Dra. Ibone Olza refiere en sus conferencias es necesario “sanar nuestros propios partos para poder atender a los de las
demás”.

Trabajo con el cuerpo
“si no trabajamos con el cuerpo y la mente como unidad seremos incapaces de comprender o curar el trauma en profundidad” (Levine, 1999) Determinadas técnicas basadas tanto en la bioenergética como en el focusing han sido de gran ayuda en el trabajo de integración de la experiencia dolorosa. La bioenergética aporta una movilización de la energía general pues
permite experienciar una reapropiación de la corporalidad. Con el focusing desde el modelo de resignificación del trauma podemos hacer un trabajo muy interesante de integración de las diferentes partes para acoger las sensaciones, reconocerlas como legítimas y darles voz a las necesidades. Las vivencias que van aflorando hablan de diferentes momentos, de diferentes
necesidades y se va haciendo un recorrido por la realidad de la paciente, explorando parte de su fantasía, ayudándola a mantenerse en un “lugar seguro” como denomina Mario C. Salvador. Según Rothschild (2015) el lugar seguro es “un ancla especializada”, un lugar útil y accesible para el paciente que puede ayudarnos a rebajar la hiperestimulación durante una sesión de
terapia. En un plano más físico otra forma de acercarse a la intervención corporal es el trabajo con la cicatriz. Después de una cesárea o un parto muy intervenido (episiotomía) queda una gran cicatriz que ha seccionado a nivel corporal pero también a nivel energético a la mujer. Una vía de volver a acercarse a su cuerpo es el contacto físico con esa cicatriz, propuesto como tarea inter-sesiones dentro de las rutinas de autocuidado poco a poco, quizá comenzando por visualizaciones. En el trabajo corporal con madres en ese primer periodo puerperal es muy beneficioso el entrenamiento en Masaje Infantil como forma de conexión vincular con el bebé. Basándome en los principios de la International Association of Infant Massage (IAIM) y como instructora certificada por dicha organización he podido ofrecer pautas a las madres para reconectar de una forma respetuosa para ellas y para los bebés. Desde los principios de esta
técnica se realiza un modelado (con la ayuda de un muñeco) para que ellas sean las protagonistas con sus propios bebés de tomar una experiencia desde la potencia y la autonomía. La comunicación a través del tacto incrementa la capacidad de observación y la responsividad materna, la sensación de logro y autoestima materna. Todo ello aumenta la calidad de las interacciones. Es en ese lenguaje de la piel donde aumenta la sensibilidad hacia las señales del
bebé en sus diferentes estados de vigilia. Dichos factores tienen gran peso en el proceso de vinculación materno-infantil y tendrán sin duda huella en el repertorio emocional y conductual del bebé. El apoyo a la lactancia es asimismo un extra muy importante. Como señala Michel Odent (2011) la oxitocina liberada antes y durante la tetada hace posible el reflejo de eyección de la leche y esa leche es impregnada por dicha hormona, que pasará al cuerpo del bebé. Pero no solo a nivel fisiológico la lactancia es positiva, también a nivel emocional pues permite a la mujer vivirse
en su “cuerpo materno” desde la autoeficacia y el empoderamiento. En casos de partos intervenidos o cesáreas este punto cobra especialmente importancia ya que permitirá culminar la vivencia de su devenir físico a la maternidad, “da otra oportunidad”. Recuerdo con especial cariño un caso de una mamá reciente que decía mensajes devastadores a su cuerpo tras una cesárea programada. El apoyo ofrecido en sesión así como remitirla al grupo de apoyo a la lactancia
más cercano fue intervención suficiente para que al cabo de pocas semanas esta mujer hubiera cambiado completamente su discurso tras conseguir (con gran sensación de logro) el establecimiento de la lactancia materna en exclusividad como era su deseo. En casos en los que la intervención se realiza después de ese periodo perinatal podría ser beneficioso el trabajo simbólico. Otra de las técnicas que podrían introducirse en el trabajo con el cuerpo son las propuestas por Alicia Gadea (2015) de reparentalización con órganos y los trabajos de Andriana Schnake en el diálogo gestáltico con órganos y síntomas.

Psicoeducación.
Ofrecer información sobre procesos fisiológicos del parto en mi práctica observada ha sido muy beneficioso ya que ha dado la oportunidad a las pacientes de comprender los procesos dejando a un lado el sentimiento parásito de la culpa (tan arraigado en las mujeres a través de la educación
patriarcal recibida). Saber que lo que es bueno para la madre es bueno para la cría puede ser un punto y aparte en la resignificación. Así en mi práctica me ha sido muy útil explicar a las pacientes las bases fisiológicas del parto, la naturaleza de sus síntomas fisiológicos, cognitivos o emocionales y normalizar la situación desde la evidencia científica neurofisiológica. Comprender qué sucedió, cómo reaccionó su cuerpo, cómo reaccionó el del bebé… es importante en ese proceso de perdón necesario para la elaboración del duelo. La teoría es muy importante pues tiene la capacidad de mostrar a la mujer que sus reacciones físicas y fisiológicas fueron normales ante las circunstancias dadas, y que eso tiene unas implicaciones emocionales.

Trabajos de duelo
El duelo es un proceso de despedida de una relación. Esta relación puede ser con una persona, con un objeto, con una idea… Según Zurita y Chías (2014) el proceso de duelo se pone en marcha con todo tipo de pérdidas y en función de lo importante que haya sido esa relación o el peso que haya tenido en la vida, el sentimiento de dolor o desolación experimentado tras la
pérdida también variará. En relación con el parto, existen muchos tipos de duelos, tantos como
personas y nacimientos. Es muy interesante conocer los trabajos sobre duelo perinatal en caso de pérdida gestacional donde se movilizan toda una serie de introyectos personales y también sociales sobre la muerte. En este artículo el término duelo viene a responder a una realidad diferente, suponiendo que no hay pérdida vital y que la despedida de la que hablamos se realiza de una idea o de una expectativa concreta vinculada al momento del nacimiento. Arriba se señala que el parto es una metáfora de la capacidad de desprenderse del Yo anterior y es que el parto supone una despedida en sí misma. Además en muchos casos se tiene que despedir de su parto soñado, de sus expectativas previas… En casos de parto intervenido o traumático además tiene que desprenderse de la expectativa filogenética. Incluso en casos en los que el proceso haya sido satisfactorio puede haber mujeres que necesiten despedirse del final del embarazo.

Es conveniente hacer una identificación de las pérdidas en todos los planos. No toda pérdida supone un trauma, pero detrás de cada trauma sí hay una pérdida. Es necesario nombrar esas pérdidas, reconocerlas y atenderlas. El duelo en sus diferentes fases irá conformando un territorio primero cognitivo y luego emocional que supone la reordenación de las piezas que conforman el puzzle. Cristalizar el contenido que emerge en la fase de nuevos apegos será muy importante aquí pues tendrá relación con la vinculación y la capacidad de interacción, de entrega, de amor incondicional al bebé recién nacido. Cuando el recuerdo del parto aflora tiempo después el trabajo de duelo es necesario para ese ejercicio de soltar, perdonar y perdonarse. Puede llegar a ser muy sanador si se hace a nivel consciente.

Escritura, arte y otras técnicas expresivas
En este punto el trabajo se basa en las técnicas productivas como método de integración interhemisférica. Cuando el cerebro tiene que activar tanto las habilidades dependientes del hemisferio izquierdo como las del derecho en un “baile de frecuencias” se produce una unificación entre lo implícito y lo explícito y esto favorece la resignificación. A nivel verbal, al contar su historia, la persona se está atreviendo a reorganizar su vivencia y a reorganizar su pensamiento sobre ello. Para hacerlo tiene que afrontar sus recuerdos, nombrar lo que le sucedió, poner en orden
sus emociones y tomar cierta distancia del hecho. Al materializar esos recuerdos, se organiza el discurso interno, y esto de por sí, ya es sanador. Cuando sufrimos alguna situación violenta o traumática, es importante lograr contarnos qué sucedió. Construir un discurso interno organizado significa haber sido capaz de ver el mismo suceso desde otra óptica, es decir, de tomar cierta
distancia del mismo para poder empezar a crecer a partir de él. Esto está en la base del concepto de resiliencia o nuestra capacidad para sobreponernos. Escribir ayuda a redefinir la historia, a buscar nuevos enfoques y encajar piezas del puzle que hay por armar. Sacar el pasado a la consciencia para acogerlo desde la compasión puede ser la clave para ver que se hizo lo que se pudo en aquellas circunstancias dadas.
En algunos casos será beneficiosa esa integración verbal ya sea oral o escrita, otros procesos irán dirigidos por el plano de lo simbólico. En los trabajos de expresión creativa se permite un espacio para la elaboración o reelaboración es entonces cuando los diálogos internos y las sensaciones
corporales encuentran una vía de expresión menos tangible pero también poderosa. De nuevo en este punto no es necesario haber sufrido trauma para encontrar beneficios. Tras elaborar un trabajo de duelo por la finalización de su lactancia, una paciente realizó un pequeño ritual de despedida a través de un dibujo que para ella simbolizaba su entrega y amor incondicional. Pintando con su mano no dominante con calma y sosiego desde fuera se podían observar de
forma clara cambios en su tez, su postura, su respiración. De forma paralela comenzaron a emerger nuevas formas de interacción auténtica con su hija y comenzó un importante proceso de individuación para las dos. Estos trabajos aparentemente están en el plano de lo sutil, pero en el fondo tienen un trasfondo muy potente a nivel de integración interhemisférica como base de la
resignificación. Se favorece una intercomunicación cerebral tanto entre los dos hemisferios como entre el sistema límbico y la corteza cerebral.

El grupo
Como afirma Sara Jort (2012) “las madres buscan a otras madres” en una necesidad de reconocimiento, de compartir vivencias, de sentirse acompañadas en la formación de su nueva identidad personal o identidad maternal. El papel de los grupos de lactancia y crianza se hace significativo pues aun sin ser grupo de terapia como tal, el resultado sí puede llegar a ser
terapéutico. Dentro de este contexto se produce una relajación de las exigencias socioculturales, una sororidad y comprensión íntima en un círculo de confidencialidad y apoyo mutuo. El vínculo creado en estas sesiones puede perdurar años.

Trabajo con visualizaciones, relajación, conciencia plena
Los beneficios de las meditaciones y las visualizaciones guiadas son ya muy conocidos. Con ellos al activar el SNA se permite la desconexión cortical que se encarga de las valoraciones, comparaciones, reflexiones etc. Se le da así una oportunidad al resto del cuerpo para “digerir” las vivencias desde la visceralidad.
En este sentido el trabajo con visualizaciones dirigido hacia la conexión con el útero después de un trauma obstétrico ayuda en la toma de conciencia del mismo y las necesidades que ese cuerpo pudo tener. Conectar con el Sistema Nervioso Autónomo para acoger el síntoma y desarrollar la compasión. En el trabajo con mujeres gestantes las visualizaciones con su útero permiten una visita guiada hacia el encuentro con su bebé y fomentan la vinculación afectiva desde el embarazo. Cuando el trabajo se hace con mujeres puérperas se puede hacer un recorrido por el cuerpo en trasformación, conectando con la capacidad de albergar y nutrir la vida. De esta manera
enriquecemos el estado “Madre Nutritiva Positiva” que en términos de análisis transaccional sería el PN+, tan importante para la crianza desde la apertura, la legitimación de las propias habilidades maternales, la confianza, la seguridad, el amor y el cuidado.

RESULTADOS

Lo que he podido observar en mi práctica psicoterapéutica es que en los procesos en los cuales se permite esa reconstrucción de la vivencia aparece una nueva sensación vinculada capacidad y al poder. En ese nuevo “nacimiento” como madre desde ese otro lado la mujer verá incrementadas sus habilidades para la interacción, podrá confiar de nuevo en su cuerpo y esto es primordial si entendemos que para sobrevivir física y afectivamente el bebé necesita el cuerpo de la madre.
Hablaríamos de empoderamiento postraumático para referirnos a la sensación de logro y capacidad de superar la adversidad vivida y crecer a partir de ella en todos los niveles de una forma coherente y consistente. Haciendo un breve repaso por los seis niveles que propone Zurita, cuando se lleva a cabo esa resignificación los resultados esperados podrían ir en la dirección
propuesta en la tabla 1.

En nivel espiritual desde la PHI no se proponen intervenciones pero obviamente si el suceso ha sido bien integrado pueden darse casos de mayor conexión espiritual y sensación de fusión con el Universo. Si bien es cierto que lo descrito anteriormente sería el cuadro ideal, es necesario tener muy en cuenta el estado previo a la maternidad, el nivel de permisos que tenía integrados la mujer y su “estructura” previa. Peterson afirma que “las mujeres paren igual que viven”, es decir, al parto llegamos con la mochila puesta y dependiendo de la estructura de personalidad, estilos de
afrontamiento, apertura y madurez previa al parto así se podrá llegar a mayor o menor grado de integración posterior de la vivencia. Por otra parte algunos rasgos de personalidad que parecen relacionarse al empoderamiento postraumático son la apertura a la experiencia, el optimismo y la extraversión. El apoyo social recibido también es importante, así como el papel de sostén del
padre. Otros factores implicados son la capacidad de atravesar el dolor y expresarlo deforma adecuada así como la capacidad de aceptación. Pacientes que traen partos o lactancias a consulta necesitan sentir un respeto exquisito por los ritmos de afrontamiento y la confianza en el proceso y en la autorregulación. Cada mujer consciente sabe en qué momento puede empezar a trabajar cada cosa, qué soltar o de qué manera hacerlo. De esta forma, las pacientes pueden llegar a un cambio de registro desde el que la madre y el bebé vuelven a encontrarse con la fortaleza, la potencia, el cuerpo y la dignidad. Sucede entonces lo que otras autoras como Gabriela A. Bianco denominan empoderamiento postraumático. La mujer podrá recobrar la
conexión con su cuerpo y el de su bebé, partiendo de ahí tender hacia el empoderamiento y la integración de la vivencia. Desde este enfoque el empoderamiento es vivido como una re-apropiación del cuerpo y la experiencia. A efectos prácticos en la psicoterapia en el ámbito de lo perinatal cabe destacar la capacidad preventiva de las intervenciones planteadas. No es
necesario el diagnóstico de Trastorno de Estrés Postraumático para encontrar resultados positivos en el proceso psicoterapéutico. Esa fragmentación del yo tras el parto aun sin malestar específico ligado requerirá de una integración. Algunas mujeres pueden realizar dicha integración de forma natural en contacto con su entorno más próximo y otras necesitarán la oportunidad que le
ofrece el espacio y el trabajo psicoterapéutico para poder llevarlo a cabo de
forma segura y protegida.

En este apartado del presente artículo me gustaría incluir además una breve reseña sobre mi proceso terapéutico personal como paciente desde el modelo de la PHI donde pude experienciar en primera persona esa integración de la que se ha hablado a lo largo de todo el artículo. Ha sido un proceso largo, con momentos puntuales especialmente importantes como acudir a seminarios
de formación en salud mental perinatal (mi particular psicoeducación), talleres de arteterapia y expresión corporal. Si bien es cierto que he tenido tiempo de ir elaborando poco a poco fue en un taller de trabajo emocional de fin de semana cuando pude resignificar gran parte de las capas de la vivencia de mi nacimiento como madre y dar por concluido el duelo de esa vivencia que aún
estaba pendiente. En este trabajo vivencié dicho cambio de registro necesario para despedirme de las pérdidas y cerrar las heridas que habían quedado abiertas incluso después de varios años de la entrada en esa etapa de la maternidad. Entendí desde la compasión que el empoderamiento en mi caso había venido gracias a la capacidad de trascender aquello en lo que me había quedado estancada y aprendí mucho sobre mi cuerpo. Pude liberar el poder desprendiéndome primero de la rabia y pude quedarme con la protección que daba el miedo para avanzar hacia el amor.
Lo que me ha aportado mi experiencia personal previa a embarcarme en mi yo terapéutico y acompañar a otras mujeres en estos procesos es conseguir una visión ecléctica, sabiendo que cada cual llega a su propio entendimiento y a su propio ritmo y que cuando esto sucede y sucede la resignificación la persona es capaz de avanzar y salir de juegos, permitiéndose abandonar
progresivamente defensas para dar pasos hacia la madurez.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

Después de dar a luz una vida ninguna mujer deberá sentirse decepcionada, enfadada o con miedo por lo que sucedió en la sala de partos. En estos procesos de parto intervenido cuando la vivencia de la mujer es la de la invasión, había un recuerdo de la emoción básica del miedo en ese “almacén específico” de la memoria ligada a la experiencia del nacimiento de su hijo. Donde debería haber amor algo no va bien cuando se instaura el miedo.
Para apropiarse de la responsabilidad del embarazo y del parto, la mujer necesita apropiarse de la responsabilidad, de sí misma y de su cuerpo. Y para la mujer, tradicionalmente no educada al protagonismo, sino más bien a la adaptación social esto implica un proceso personal de búsqueda y empoderamiento pasando por la decisión informada, la adquisición de responsabilidad y la toma de decisiones consciente (Schmid, 2012) El cuerpo recuerda, tiene memoria somática y el cuerpo de nuevo tiene la llave para la sanación. Si esto es cierto en cualquier tipo de trauma, cobra un
especial sentido en la resignificación del parto traumático integrando ambas heridas, ambas rupturas la psíquica y la física. Desde el conocimiento de la biología se puede hacer mucho por la integración de los procesos ubicados alrededor del nacimiento y tan relacionados con la salud mental. Teniendo en cuenta la perspectiva de la salutogénesis es importante conocer que la
tendencia innata hacia la salud del ser humano es una importante herramienta para volver a lo mamífero y a lo natural, para regresar a lo sano. Es de vital importancia no volver a robar el protagonismo materno. Cuidar de la diada y la madre podrá cuidar a su hija/o y devolver la oportunidad a las mujeres de tomar el mundo de los partos, la maternidad y la crianza como
una experiencia para la que biológicamente ya están preparadas. Para ello es vital salir de ese modelo tecnocrático del nacimiento y la crianza con el fin de devolver el poder a los cuerpos de las madres y proteger desde lo individual hasta lo social esas interacciones privilegiadas que marcan el desarrollo evolutivo de la humanidad como especie y deben cambiar necesariamente
hacia el bienestar, el amor, la confianza y la seguridad. El antagonismo neuroendocrino entre los sistemas del miedo y el amor confirman la idea de que el mejor antídoto del miedo es sentirse amado (y tener capacidad para amar). Como sociedad estamos en la obligación de cuidar los
procesos de nacimiento para que ninguna madre sienta miedo donde lo que necesita es todo lo contrario. El cócktail de hormonas en las que la humanidad nace no pueden ser las del peligro y por ello es vital para la especie cuidar los procesos y poner atención a lo que la naturaleza mamífera nos tiene que recordar. Y es que, como siempre afirma Michel Odent: “para cambiar el mundo es necesario cambiar la forma de nacer”.

A mi madre. Que con su ejemplo, tiempo y amor ha hecho posible que mis manos estuvieran libres y mi corazón confiado.

REFERENCIAS

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