Mecanismos de defensa en niños y adolescentes

01/03/2011

Desde que Freud lo definiera, el concepto de mecanismo de defensa (MD) ha sido tan estudiado y extendido que hoy en día cualquier persona que no esté relacionada con el ámbito de la psicología tiene una idea bastante aproximada de lo que significa. Podríamos decir, para dar una definición sencilla y coloquial, que se trata de estrategias que todos usamos en mayor o menor medida de forma inconsciente, para evitar o rebajar el dolor.

mecanismo de defensa en niños

Sin embargo, es precisamente esta gran extensión del concepto la que dificulta la tarea de analizarlos y clasificarlos. Son tantas las corrientes psicológicas desde las que se han estudiado, y tantas las clasificaciones que se han hecho en cada una de ellas, que resultaría casi imposible hacer un recuento de todos los procesos que se consideran actualmente como MD. Mi intención no es explicar todos los mecanismos que se citan en la literatura, pero sí creo necesario, antes de centrarme en las defensas de los niños y los adolescentes y su trabajo terapéutico, detenerme a explicar las principales concepciones y clasificaciones que existen.

EL CONCEPTO “MECANISMO DE DEFENSA” DESDE LAS DIFERENTES TEORÍAS PSICOLÓGIGAS

Psicoanálisis Freudiano.

El término “mecanismo de defensa” fue definido por primera vez por Sigmund Freud en su obra Las Neuropsicosis de Defensa (1984) como los rechazos instintivos que realiza el Yo a representaciones intolerables, y hablaba de tres mecanismos: la conversión, la transposición del efecto y las psicosis alucinatorias. Posteriormente se refirió a ellos con el término “represión”, y no fue hasta 1926 en Inhibición, síntoma y angustia cuando retomó el concepto de MD para designar a “todas las técnicas de que el Yo se sirve en conflictos eventualmente conducentes a la neurosis”, pasando a considerar la represión como uno más de estos mecanismos. Freud consideraba estos mecanismos como la parte inconsciente del Yo, que actúa pues de forma inconsciente contra los instintos del Ello cuando percibe que éstos pueden ser peligrosos.

Posteriormente, Anna Freud amplió y profundizó el estudio sobre los MD. En su obra El Yo y los Mecanismos de Defensa (1936) realizó su primer estudio sistemático, clarificando y diferenciando diez tipos de mecanismos y explicando las diferentes vías por las que se pueden generar. Además, dedicó la mayor parte de esta obra a los MD típicos de los niños y de los adolescentes.

Desde entonces hasta la actualidad, han sido muchos los autores que han continuado el estudio de los MD desde esta corriente. Resulta complicado enumerar los MD que se describen desde esta perspectiva porque no todos los autores coinciden a la hora de hacerlo y porque además existen mecanismos que se solapan con otros o son difíciles de diferenciar. Sin embargo, los mecanismos en los que más coinciden los distintos autores son los siguientes:

Represión. Consiste en mantener alejados de la conciencia ciertos recuerdos, deseos o sentimientos que son considerados como desagradables o amenazantes. Se produce en dos fases: primero se rechaza la experiencia de la consciencia y después se realiza un esfuerzo constante para mantenerlo en el inconsciente. Para los psicoanalistas este esfuerzo supone un gran gasto de energía y muchas veces conlleva la necesidad de utilizar más MD para evitar que lo reprimido regrese a la conciencia. Por tanto, es un mecanismo que suele coexistir y estar en la base de otros.

Regresión. Es un proceso que supone retornar a formas de comportamiento propias de etapas del desarrollo anteriores que ya se creían superadas. Suele tratarse de etapas en las que el sujeto se sentía más seguro y protegido.

Conversión o somatización. A través de la conversión, la persona transforma los deseos o sentimientos que considera amenazantes en manifestaciones de tipo somático, como dolores o problemas sensoriales.

Formación reactiva. Consiste en hacer exactamente lo opuesto a lo que dicta el deseo percibido como amenazante, y muchas veces se encuentra en la base de rituales obsesivos. Un ejemplo sería que una persona con deseos de ensuciarse se obsesionara con la limpieza. También puede llevar a conductas muy valoradas socialmente, como cuando una persona con deseos de quemar cosas se alista como bombero voluntario.

Desplazamiento. Con este mecanismo se separa el afecto considerado amenazante o doloroso del objeto que lo causa, y se asocia con otro objeto. Éste suele ser un objeto neutro pero que de alguna manera guarda alguna relación simbólica con el primero. Freud describió con detalle este mecanismo en Análisis de la fobia de un niño de cinco años (1909), en la que presentaba el caso de Hans, un niño que como no podía tolerar sentir miedo a su padre, al que al mismo tiempo quería, desplazó este miedo a los caballos.

Proyección. La proyección como MD consiste en atribuir de forma incorrecta pensamientos, sentimientos, deseos o cualidades propias a otras personas. Lo proyectado no se reconoce como propio porque resulta inaceptable en uno mismo.

Introyección. Se puede considerar lo contrario a la proyección, ya que implica atribuir erróneamente a uno mismo cualidades, deseos, sentimientos, etc. de otras personas.

Negación. Aunque puede confundirse con la represión, con este mecanismo no se “olvida” la realidad sino que se niega. La negación no tiene por qué afectar a todo el aspecto de la realidad amenazante, sino que puede limitarse sólo a su significado o a sus consecuencias.

Anulación retroactiva. Suele tratarse de rituales obsesivos mediante los cuales la persona cree que anula el significado de otra conducta que considera amenazante y que ha realizado anteriormente o ha deseado hacer. Se considera que está en la base de las supersticiones y trastornos obsesivo-compulsivos.

Racionalización. Supone buscar razones lógicas que justifiquen los deseos, acciones o sentimientos considerados inaceptables. Los razonamientos no suelen ser del todo convincentes y son algo forzados, pero consiguen aliviar el malestar y hasta cierto punto son creíbles. Algunos autores lo llaman también intelectualización, pero otros diferencian este mecanismo del anterior en que se utiliza la razón y la lógica no para justificar nada sino para evadirse de ello.

Aislamiento. Es el mecanismo contrario a la represión. En él no se aleja de la consciencia lo que se considera amenazante o doloroso sino que lo que se mantiene inconsciente es el sentimiento que genera. Un ejemplo sería alguien que al morir un ser querido es incapaz de sentir dolor.

Punición. Se trata de conductas que la persona realiza para paliar el sentimiento de culpa por haber llevado a cabo conductas, pensamientos o sentimientos no aceptados moralmente. Se diferencia de la anulación retroactiva en que no se trata de rituales sino de conductas compensatorias que suelen ser positivas.

Sublimación. Este mecanismo suele considerarse el más adaptativo de todos y consiste en derivar la energía que procede de los instintos no tolerados a la consecución de fines socialmente reconocidos.

Fantasía. La fantasía no siempre es un MD, pero a veces puede actuar como tal. En estos casos, la persona la utiliza para evadirse o para realizar imaginariamente ciertos deseos que de otra forma no podrían ser satisfechos.

Psicoanálisis Kleiniano

Melanie Klein adoptó el concepto de MD para darle un nuevo enfoque. Subdividió las etapas del desarrollo psicosexual de Freud y a cada una de estas subetapas le adjudicó unos determinados MD, ofreciendo un enfoque evolutivo de éstos. En su clasificación recuperó algunos mecanismos de la concepción anterior y aportó además los siguientes:

Escisión. Consiste en mantener los objetos persecutorios alejados del ideal.

Idealización. Mantener el objeto ideal lejos del persecutorio y hacerlo invulnerable.

Identificación Proyectiva. Se escinden partes del Yo y se proyectan en un objeto externo, que queda entonces poseído y controlado por las partes proyectadas y se identifica con ellas.

Desintegración. Surge cuando los anteriores no han dado resultado. El Yo se fragmenta y se hace pedacitos para evitar sentir el dolor.

Defensas maníacas. Se trata de mecanismos para no sentir la culpa y la pérdida. Se consideran defensas maníacas la reparación maníaca (reparar el objeto sin que sentir la culpa y la pérdida), el control (negar la dependencia del objeto), el triunfo (negar los sentimientos depresivos) y la desvalorización (negar el valor del objeto).

Gestalt

Perls continuó con el estudio de los MD, a los que llamó “mecanismos neuróticos”, entendiéndolos como una serie de mecanismos para permanecer ciego ante impulsos y sentimientos dolorosos para el Yo.

Aludió específicamente a cuatro mecanismos, dos de los cuales coincidían con los descritos por el psicoanálisis: introyección, proyección, retroflexión y confluencia. Posteriormente el estudio de los MD desde la gestalt añadió algunos más. Al igual que ocurre con los psicoanalistas, los distintos autores no coinciden a la hora de enumerar y clasificarlos, pero sí coinciden en incluir los cuatro propuestos por Perls.

Los principales mecanismos descritos por la teoría gestalt son los siguientes:

Introyección.

Proyección.

Confluencia. Consiste en perder los límites entre uno mismo y el entorno, en fundirse con el exterior.

Retroflexión. Podría considerarse el opuesto al anterior, porque consiste en marcar excesivamente los límites entre uno mismo y el entorno hasta el punto de volverse hacia sí mismo y hacerse lo que le gustaría hacer a los demás. Se consideran retroflexión las agresiones contra uno mismo, las somatizaciones y la proflexión. A través de este último mecanismo la persona hace al otro lo que le gustaría que el otro le hiciera a ella.

Deflexión. Es un mecanismo que tiende a enfriar el contacto directo con otra persona, creando un espacio justo antes del contacto. Tiene aspectos positivos, como por ejemplo que los deflectores suelen ser personas muy educadas, pero también implica el riesgo de evitar hacer cosas.

Egotismo. Es un reforzamiento deliberado de la frontera de contacto a través de un ego inflado en exceso. La persona no tiene en cuenta más necesidades que las suyas.

Desvalorización. Consiste en devaluar la experiencia proporcionada por el contacto, en negar la utilidad del proceso y evitar la satisfacción.

Desensibilización. Este mecanismo tiene bastante que ver con el aislamiento de los psicoanalistas, y se trata de una anestesia de la sensibilidad, de sus sensaciones.

Para los gestaltistas, los mecanismos neuróticos son los responsables de interrumpir y bloquear el ciclo gestáltico. Cada mecanismo suele estar relacionado con la interrupción en una fase determinada del ciclo. Así, el egotismo y la desensibilización lo interrumpen antes de la primera fase, la de sensación; la proyección antes de la conciencia; la introyección puede interrumpirlo tanto antes de la energetización como de la cuarta fase, la acción; la retroflexión se encuentra antes de la acción; la deflexión antes del contacto; la desvalorización antes de la consumación, y finalmente la confluencia interrumpe la fase de retirada.

EVOLUTIVA DE LOS MECANISMOS DE DEFENSA

Los MD pueden llegar a ser patológicos, pero en principio se trata de mecanismos adaptativos para el ser humano, que le libran del dolor y le permiten vivir de una forma más adaptativa. Son varios los criterios que marcan cuándo un MD deja de ser positivo para convertirse en algo perjudicial. En general, se considera que son adaptativos cuando cumplen los siguientes requisitos (Pallarés, 2008):

Reducen el dolor y las emociones negativas sin anestesiar ni suprimirlos.

Canalizan los sentimientos en lugar de bloquearlos.

Producen alivio a largo plazo y no sólo a corto plazo.

Se generan en situaciones muy específicas.

Resultan atractivas para los demás en lugar de desagradables.

Por el contrario, emplearlos de forma rígida, con un alto grado de distorsión de la realidad, excesiva intensidad y de forma generalizada, los convierte en dañinos porque impiden aprender otra forma de solucionar el problema y crean conflictos con otras personas.

Otro criterio muy importante para saber si un MD es adaptativo o no es la edad, ya que hay mecanismos que son normales en una determinada edad pero resultan patológicos en otras. En este sentido, se han relacionado distintos MD con cada una de las etapas del desarrollo. Distintos autores han postulado que los mecanismos pueden ordenarse evolutivamente, entre otros motivos porque cada uno de ellos implica distintos procesos cognitivos y no puede llevarse a cabo antes de haber desarrollado determinadas capacidades.

Anna Freud estudió los distintos MD típicos tanto en niños como en adolescentes. Según ella, tanto la infancia como la adolescencia son épocas en las que el Yo se presenta relativamente débil contra un Ello poderoso, por lo que son dos etapas en las que los MD tienen una especial importancia con respecto a otras etapas vitales. Sin embargo, en cada uno de estos periodos el Yo “se diferencia en extensión, contenido, conocimiento, capacidad, grado de dependencia y predisposición a la angustia” por lo que los MD que emplea para resolver los conflictos son diferentes.

Mecanismos de defensa típicos en niños

A lo largo de toda la infancia se utilizan mucho los MD pero no siempre los mismos, sino que la preferencia en su uso varía a lo largo de la etapa. También es frecuente que se utilicen varios mecanismos al mismo tiempo o sucesivamente.

El primer MD que se aprecia en el niño es la confluencia. Es un mecanismo adaptativo y necesario cuando se es bebé, ya que la confluencia entre éste y su madre es la que garantiza su supervivencia. Según el niño va creciendo tiene que ir desprendiéndose de esta ausencia de límites, creando su propia identidad y separándose de la madre, y la confluencia deja de ser necesaria para convertirse en un mecanismo más desadaptativo.

La represión es para algunos autores el siguiente mecanismo en cuanto al momento de su aparición. Sigmund Freud creía que era el más temprano y que estaba en la base de todos los demás, mientras que Anna Freud lo consideraba posterior a otros ya que requería que se hubiera producido ya una separación entre el Ello y el Yo. En cualquier caso, ambos pensaban que el niño reprime ciertos sentimientos y deseos dirigidos a sus padres, especialmente los relacionados con el complejo de Edipo. En la actualidad se considera que la represión ocurre en grados mínimos en la vida diaria de los niños de forma normal, pero llega a incapacitar cuando es excesiva. La represión es además un mecanismo al que se recurre en los primeros años de la infancia cuando se producen experiencias traumáticas fuertes como pueden ser los abusos sexuales o maltratos.

La negación es otro mecanismo muy empleado por los niños más pequeños. Aparece de forma intensa hasta los seis años, y tiende a desaparecer a partir de esa edad. Sólo resulta realmente eficaz durante esos años y suele implicar psicopatología en los adultos.

Durante la infancia es muy común la aparición de la regresión ante situaciones nuevas o de cambios que suponen una fuente de estrés para el niño. Una de estas situaciones suele ser a menudo la llegada de un nuevo hermano. El niño “destronado” tiene que compartir la atención de sus padres, que antes era exclusivamente de él, con su nuevo hermano. Esto supone para él un suceso muy estresante y suele responder con conductas regresivas tales como volver a hacerse pis en la cama, hablar como un bebé o incluso no recordar cómo se andaba. También el comienzo del colegio y la consecuente separación de la madre suele provocar algún tipo de comportamiento regresivo como chuparse el dedo, dificultad para dormir solo por las noches… Además hay un acontecimiento que suele conllevar conductas regresivas tanto en niños como en adultos, aunque especialmente en los primeros, y es el de la enfermedad. Las enfermedades son vividas como una amenaza general y si son graves o hay episodios de hospitalización pueden llevar a niños ya no tan pequeños a querer tomar sólo alimentos líquidos e incluso en biberón.

La presencia de la fantasía durante la niñez es señal de normalidad, también cuando hablamos de fantasía como MD. Lo patológico en cambio sería no dar muestras de esta capacidad. El juego es una de las vías por las que los niños desarrollan su fantasía, pero también pueden emplearla a modo de ensoñaciones y con fines defensivos. Algunos niños, por ejemplo, llegan a crear amigos imaginarios para compensar la insatisfacción en sus relaciones familiares o sociales. Sigmund Freud hablaba también de la “novela familiar” como mecanismo bastante común en los niños, consistente en imaginar que uno o los dos padres son personas muy importantes mientras que los considerados como tales son sustitutos o impostores. Se trataría de una defensa para apuntalar la autoestima del niño en los momentos críticos y proteger las relaciones padre-hijo cuando existe un desengaño por parte de éste con sus padres.

Según Anna Freud los niños también emplean este mecanismo comúnmente solapándolo al de desplazamiento. Más concretamente se refería a que los niños suelen tener muchas fantasías sobre animales que en realidad representan fantasías relacionadas con su propia familia. La autora ponía como ejemplo el caso de un niño de siete años que tenía la fantasía de ser el amo de un león manso, que asustaba a todos los demás pero era dócil y cariñoso con él. Más tarde, durante su análisis, se dio cuenta de que el león era en realidad su padre, al que el niño quería pero también temía.

La anulación retroactiva es también un mecanismo que se considera completamente normal en los niños pequeños pero suele asociarse a patología en adultos. Creer que una acción mágicamente puede usarse para deshacer otra es algo característico en la etapa del pensamiento mágico de los niños. En adultos, en cambio, este tipo de acciones suele estar más relacionado con trastornos obsesivo-compulsivos, sobre todo si se realizan con mucha frecuencia e intensidad.

La proyección es otro mecanismo típico de los niños pequeños. Anna Freud decía que “el empleo de la proyección es inherente al yo del niño pequeño en la más temprana infancia. Lo utiliza para repudiar sus propios deseos y actividades que devienen peligrosos, lo cual permítele encontrar un autor responsable en el mundo exterior”.

Por último, es muy frecuente que los niños manifiesten sus conflictos psicológicos a través de la somatización. Resulta de gran importancia ya que sirve para avisar de que existe un conflicto interno en el niño cuando éste aún no es capaz de poner en palabras lo que le pasa. No es exclusivo de la infancia ya que se trata de un mecanismo que se observa habitualmente, en mayor o menor medida, en personas de todas las edades, si bien es verdad que a lo largo del desarrollo se produce un proceso de de-somatización. El niño tiende a reaccionar ante los conflictos con síntomas corporales (un ejemplo típico sería vomitar como manifestación de ansiedad) y a medida que va alcanzando la maduración de su pensamiento y lenguaje va reemplazando estos síntomas por otros de carácter psíquico.

 

Mecanismos de defensa típicos en adolescentes

La fantasía es bastante frecuente durante la adolescencia. Suele manifestarse a través de ensoñaciones diurnas y suele perseguir compensar las insatisfacciones y la sensación de inseguridad en las relaciones sociales o amorosas, en el rendimiento académico, etc. En general las relaciones interpersonales suelen ser las protagonistas de estas ensoñaciones, sobre todo las referentes al sexo opuesto. Además los adolescentes utilizan la fantasía para ensayar conductas y acontecimientos futuros, lo que les permite adaptarse mejor a las circunstancias posteriormente.

La idealización es también muy frecuente, sea de determinados adultos, compañeros o personajes importantes como estrellas de la canción o el cine. Como MD, la idealización consiste en considerar a una persona, grupo o institución como perfecta, sin tener en cuenta los aspectos que no concuerdan con esta imagen. Las cualidades positivas se sobreestiman y las negativas se ignoran, aunque en realidad se trata de idealizaciones poco consistentes y que cambian con facilidad. Este mecanismo ejerce dos funciones importantes para el adolescente: conduce a un aumento de la motivación para alcanzar determinados objetivos y ayuda a des-idealizar y separarse de los padres.

Otro mecanismo que aumenta durante la adolescencia y que además se relaciona mucho con el anterior es el de la identificación. Se asimilan características de otro y se busca ser semejante a él ante un conflicto que amenaza a la autoestima para disminuir así la ansiedad experimentada. Como consecuencia, el adolescente suele transformarse total o parcialmente y llegar a una semejanza con el modelo. Este mecanismo tiene su función adaptativa en que aumenta la autoestima y minimiza los sentimientos de impotencia. Algunos autores lo consideran equivalente a la introyección debido a su parecido.

Al alcanzar la capacidad del pensamiento abstracto, aparecen en el adolescente con mucha fuerza dos nuevos mecanismos: la racionalización y la intelectualización. El primero suelen emplearlo habitualmente para justificarse cuando obtienen un rendimiento académico bajo o inferior a lo esperado, utilizando frases como “el examen me ha salido mal porque el fin de semana tenía que jugar un partido de fútbol y no he tenido tiempo para estudiar”. La intelectualización suele manifestarse cuando el adolescente pasa por situaciones que le producen ansiedad y opta por evadirse refugiándose en los libros. Anna Freud, relacionó este mecanismo con el de la fantasía pues creía que “el intelectualismo del adolescente no parece tener otra mira que la de contribuir a los ensueños diurnos”. Además observó que los temas que solían ocupar el interés intelectual del adolescente solían coincidir con aquellos que generaban el conflicto del cual defenderse.

CÓMO TRABAJAR EN TERAPIA LOS MECANISMOS DE DEFENSA CON NIÑOS Y ADOLESCENTES

Identificar y comprender las defensas es importante, porque su presencia nos indica que el sujeto está en una situación emocional dolorosa o desagradable y que está empleando mecanismos para afrontarla. De esta forma nos ayuda a saber que necesita un apoyo. Es importante a su vez reconocer si los MD empleados son adaptativos o patológicos, ya que si fueran éstos últimos habría que intervenir para cambiarlos por estrategias de afrontamiento nuevas.

Sin embargo reconocer los MD no resulta demasiado fácil. Además de la dificultad que supone que no sean conductas directamente observables, existe el riesgo de que al suponer determinado mecanismo en un paciente estemos nosotros mismos realizando proyecciones. Por eso, para identificar y concretar los MD de una persona hace falta tiempo, experiencia y muchas observaciones.

Evaluación

Como los mecanismos no son directamente observables, para identificarlos hay que analizar las conductas a través de las cuales se manifiestan. Para detectar la presencia de un MD tras una conducta concreta se pueden tener en cuenta los siguientes criterios (Pallarés, 2008). En primer lugar, la conducta suele ser rígida, exagerada y carente de espontaneidad. El sujeto tiene poco control sobre ella y además se observa un aumento de la ansiedad cuando se le impide llevarla a cabo. Finalmente, suele haber una falta de coherencia entre la comunicación verbal y la no verbal.

En las últimas décadas se han desarrollado diferentes técnicas para evaluar los MD, aunque prácticamente todas ellas generan mayor o menor controversia. Se han publicado pruebas de autoinforme, escalas de observación… aunque las técnicas que más tienden a usarse, especialmente en niños, son las proyectivas. Como su propio nombre indica, son pruebas en las que el sujeto vuelca sus proyecciones, de forma que éstas pueden observarse y analizarse.

Por otra parte, en el caso de la somatización, es necesaria una evaluación médica para descartar las posibles causas orgánicas. Sólo si no se encuentran causas médicas se puede concluir que los síntomas responden a un MD ante algún tipo de conflicto interno.

Test proyectivos temáticos

Estas pruebas consisten en una serie de láminas con imágenes de diferentes escenas, que se le presentan al paciente para que interprete lo que ve. El más utilizado en niños es el CAT (TAT para jóvenes y adultos). Otros test proyectivos temáticos son el “Pata Negra” y el “Test de Relaciones Objetales” (TRO).

El dibujo

En el dibujo, a diferencia de otras técnicas proyectivas, no hay nada dado previamente para estructurar, por lo que las proyecciones y el material aportado por el niño son mayores. El dibujo es siempre portador de contenido proyectivo, ya que en él se expresan la vida afectiva, los conflictos con el entorno y la personalidad, incluyendo contenidos inconscientes.

Al ser el propio niño o adolescente el creador de sus dibujos, puede reproducir en ellos la realidad de la forma que él quiera para que le resulte menos dolorosa. Tenderá a suprimir, cambiar o deformar aquellos aspectos que le generen ansiedad. Por tanto, además de la proyección, puede volcar en el dibujo otros muchos MD.

La negación suele aparecer en el dibujo cuando el niño decide hacer desaparecer de él la fuente de ansiedad. Por ejemplo, un niño que tiene un conflicto con su hermano puede no representar a éste en el dibujo de la familia. Este mismo niño podría haber respondido dibujando a su hermano mucho más pequeño de lo que es en realidad o sustituyéndolo por un personaje o animal cómico, lo cual manifestaría un mecanismo de desvalorización.

Otro mecanismo muy frecuente en los dibujos es el desplazamiento, aunque tiene el inconveniente de que para ser observado hay que interpretarlo primero adecuadamente. Un tipo de dibujo en el que el desplazamiento suele tener un gran protagonismo es el test del animal, en el que el niño suele dibujar uno o más animales que en realidad tienden a ser representaciones de él mismo y otros miembros de su familia.

La regresión puede aparecer también en el dibujo. Un ejemplo de esto sería que un adolescente se dibujara a sí mismo como a un niño de siete años en un dibujo de la familia, o que un niño se dibujara como un bebé.

También las defensas descritas por Melanie Klein pueden observarse en los dibujos. La desintegración se manifiesta con objetos desestructurados, desmembrados… y en su forma más grave cuando el autor del dibujo dice no reconocerlo como propio y lo rompe. La identificación proyectiva suele observarse en contenidos escatológicos y siniestros empleados para agredir al terapeuta. La escisión se manifiesta alejando los objetos conflictivos, por ejemplo alejando en el dibujo familiar a su hermano de él, y la idealización al dibujar una persona más grande, centrada y adornada que al resto, por ejemplo a la madre con respecto al resto de la familia. También puede ser que el niño se identifique en el dibujo con un superhéroe. Las defensas maníacas se observan cuando se intenta adornar en exceso para compensar los aspectos negativos. Un ejemplo de esto puede ser una adolescente deprimida que cubre el dibujo de la figura humana de colores y adornos de forma poco natural y forzada. Por último, el control obsesivo suele aparecer en muchos dibujos en los que el autor ha empleado mucho tiempo para hacer todas las líneas rectas, mantener en todo momento la simetría y no olvidar ningún detalle.

Las principales pruebas de dibujo que suelen emplearse son el Test de la Figura Humana, el HTP, el test del animal y el dibujo de la familia, aunque también puede utilizarse el dibujo libre como material diagnóstico. Si lo que se quiere es evaluar concretamente los MD que emplea la persona, puede usarse cualquiera de ellos, aunque podría ser más indicado el Test de la persona bajo la lluvia. Este test suele pasarse a personas de todas las edades, incluso en entrevistas de trabajo, y su objetivo es analizar precisamente cómo reacciona la persona ante situaciones estresantes.

Intervención

Debido a la función adaptativa que tienen los MD, es necesaria mucha cautela a la hora de desmontarlos. Si los mecanismos son positivos y no generan síntomas, en mi opinión lo más prudente es dejarlos estar. Pero si las defensas resultan ser patógenas, conviene señalarlas y sustituirlas por estrategias más adaptativas. Sin embargo, despojar a la persona de su defensa puede causarle un gran dolor y angustia, ya que se le está quitando el mecanismo que le protege ante estos sentimientos. Por este motivo hay que ir muy despacio y no señalarle las defensas hasta que esté preparada para ello.

Anna Freud decía que los MD en los niños suelen ser originados por angustias reales u objetivas. Por tanto, señaló que una vez desenmascarada la defensa durante la terapia, es importante intervenir en el entorno del niño para que esa fuente de angustia desaparezca. En este sentido son muy importantes las sesiones con los padres. Por otro lado, cuando la angustia del niño se debe a un acontecimiento que ya pasó, es importante hacerle a él consciente de que realmente se trata de algo pasado y no tiene sentido mantener las defensas.

Intervención específica en algunos mecanismos

A continuación se muestran algunas ideas sobre cómo se puede intervenir en algunos de los MD más típicos en la infancia y adolescencia para cambiarlos por estrategias más adaptativas.

Idealización. Aunque se trata de un mecanismo normal en niños y adolescentes, cuando se percibe excesivo se puede intervenir para ayudarle a realizar adecuadamente el paso a la des-idealización. Un procedimiento adecuado puede ser combinar la idealización global y la exactitud en lo específico (Pallarés, 2008). Es decir, se trata de considerar muy positivamente a la persona/objeto, idealizándola de forma global, pero ser exacto en sus aspectos concretos, sin idealizarlos y teniendo en cuenta tanto los rasgos positivos como los negativos. Así se puede amar a la persona/objeto real y no a la idealización que de ella se ha hecho.

Fantasía. Al igual que el anterior, si es excesiva hay que moderar las ensoñaciones, pero nunca eliminarlas. Para ello es necesario que quede clara siempre la diferencia entre fantasía y realidad y evitar que se separen mucho de ésta última.

Represión. La represión se libera al recordar las escenas que han quedado en el inconsciente. Existe cierta controversia con respecto a esto porque en algunas ocasiones se han generado a través de la sugestión falsos recuerdos en los pacientes, especialmente sobre abusos en la infancia. Freud ya observó este problema con la técnica de la hipnosis, por lo que dejó de emplearla con sus pacientes para usar la asociación libre. Una técnica muy empleada en la actualidad para recuperar recuerdos inconscientes es el EMDR. Se aplica tanto a niños y adolescentes como a adultos y tras un intenso estudio científico ha demostrado ser bastante eficaz.

Introyección. Se le puede ayudar a darse cuenta de su material introyectado a través de la estimulación de la agresividad y la crítica.

Proyección. Existen muchas técnicas para que la persona se reapropie de lo que ha proyectado. Los dibujos son muy útiles ya que, además de emplearse en la evaluación, pueden utilizarse como material de intervención, ayudando a los niños o adolescentes a reconocer en ellos todas sus proyecciones. También pueden usarse juegos de inversión de frases y roles. Un ejemplo de este tipo de juegos es la siguiente técnica grupal. Cuando un miembro del grupo le dice a otro, por ejemplo, que no puede confiar en él, se le pide que le explique los motivos por los que siente eso. Después tiene que repetir lo que ha dicho pero en primera persona, y si realmente se trataba de una proyección se dará cuenta.

Confluencia. Hay que deshacer la fusión de los límites y ayudarle a ver las diferencias entre él y la otra persona con la que está en confluencia, pero sin que se sienta culpable.

Somatización. Los síntomas psicosomáticos son una alternativa que el cuerpo utiliza para expresar emociones que están bloqueadas, en el caso de los niños pequeños porque no saben ponerlas en palabras y más adelante porque resulta doloroso o vergonzoso hacerlo. La expresión artística supone otra alternativa no verbal muy efectiva y beneficiosa. Podemos pedirle al paciente que exprese a través del dibujo cómo se siente ante determinada situación que veamos que le está causando malestar, o pedirle que dibuje una emoción concreta si ya la tenemos identificada. De esta forma se expresa y se libera la emoción, y como consecuencia el síntoma físico desaparece o disminuye. Sin embargo, tal y como afirma Ganim (2006), es importante recordar que liberar el dolor no resuelve el problema que lo ha originado, aunque nos ayuda a sentirnos mejor físicamente. Otra forma de trabajar con este mecanismo es el “diálogo con el síntoma” (Stevens, 1971). El paciente cierra los ojos, piensa en su síntoma, y con la ayuda de las preguntas que el terapeuta le va haciendo lo describe para acabar poniéndose en su lugar y hablando de él en primera persona. El objetivo es que el paciente descubra qué es lo que el síntoma le quiere decir y que le responda. Con adolescentes se puede realizar la técnica de esta forma, pero para niños pequeños resulta complejo. Una opción para esta población sería pedirle que haga un dibujo de su síntoma y ayudarle a que converse con él de forma más sencilla.

Reconversión creativa de los mecanismos

Desde la Gestalt, se propone la reconversión creativa de los mecanismos como método de intervención. A continuación se muestran dos formas de reconversión, basadas en la paradoja (Peñarrubia, 1998).

Movilizar la energía entre opuestos.

Al considerar los mecanismos como patologías del contacto o de la retirada, resulta eficaz dirigir la energía de un mecanismo concreto hacia su patología opuesta a través de un trabajo de polaridades. Aunque pueda parecer carecer de sentido el cambiar un MD por otro, lo cierto es que el hecho de movilizar la energía de un lado a otro resulta terapéutico, ya que desbloquea y aporta flexibilidad.

Dos mecanismos considerados polares son la introyección y la proyección y por tanto pueden trabajarse de esta forma. Así, discriminar entre introyectos y aquellos valores propios, ayuda a reincorporar lo proyectado. También se consideran complementarias la retroflexión y la confluencia y se utilizan como polaridades para el trabajo terapéutico, ya que al retroflector le viene muy bien aprender a confluir y viceversa. La proyección y la retroflexión no se consideran opuestas ya que ambas son patologías de la retirada, pero resulta beneficioso trabajar con ellas de esta forma. Si exploramos el propio juez interior (retroflexión) podemos detectar que muchos de sus reproches son en realidad quejas que habría que expresar para afuera, y si logramos expresarlos en esa dirección, se desbloquea la energía y se facilita la reconciliación interna. Por último, otra pareja de mecanismos con la que se puede intervenir son la confluencia y la introyección, ya que su disolución es similar: discriminar y asimilar para la introyección, y diferenciar e individualizar para la confluencia.

Aprovechar la estructura del mecanismo.

Este abordaje consiste en rescatar el aspecto saludable del mecanismo. Al hacer conscientes y reconocer los aspectos positivos de los mecanismos que emplea el paciente, se aumenta su autoestima y se asientan las bases para que él mismo vaya poco a poco siendo consciente y desprendiéndose de otros aspectos más patológicos. Los aspectos saludables de los mecanismos son la tradición (para la introyección), el conocimiento (proyección), disciplina (retroflexión) y trascendencia (confluencia).

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1 respuesta

  1. Enrique dice:

    Gracias Amaya: Una síntesis clara de lo esencial.

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