Me cuesta tomar decisiones, ¿qué puede haber detrás?

01/01/2015

jose zurita

José Zurita

Dejamos atrás diciembre e iniciamos un año nuevo. Con este paso simbólico suelen aparecer en nuestra mente deseos de cambio. Queremos sacudirnos de encima los malos momentos, los problemas o resultados indeseables, y que en el próximo periodo de tiempo no se repitan. En esos momentos podemos hacernos buenos propósitos o tomar decisiones de cambio.

Los buenos propósitos se generan en nuestro Niño Adaptado[1]  y son intentos de complacer al Padre (interno o proyectado en el otro). Todos de niños hemos “decidido”, al empezar el curso en el colegio, cuidar los libros y cuadernos, que los apuntes estuvieran organizados y limpios. ¿Cuánto nos duraban esos buenos propósitos? Otro ejemplo, ya de mayores, lo tenemos en esas “mal llamadas decisiones” de dejar de fumar, que están hechas para “algo” que está fuera de la persona y por lo tanto también surgidas desde el Niño Adaptado, es decir, propósitos, que muchas veces son un suplicio y la inmensa mayoría acaban con una recaída. Estos propósitos, al salir desde la adaptación, nacen con fecha de caducidad. Durarán lo que tarde la fuerza de voluntad en agotarse.

Por otro lado están las verdaderas decisiones de cambio, que se generan en el Adulto y que representan un proceso sano y reflexionado de las posibles alternativas, eligiendo una de ellas. El tiempo posterior a la decisión será coherente con la realidad del cambio. A veces podrá ser duro, pero no será de sufrimiento, pues estaremos en la realidad elegida. Al ser una actividad adulta será libre y estará en relación con la realidad. Podrá ser definitiva o bien desactivada por otra decisión adulta posterior.

El otro día un paciente me hacía esta pregunta: “Si me cuesta tomar decisiones, ¿a qué puede ser debido?” Para responderla tendríamos que hablar de lo que hay por debajo de la toma de decisiones. Muchas veces hablo a mis pacientes o alumnos de la metáfora de la “mochila” a la espalda en la que llevamos todos los asuntos no resueltos de nuestra vida (los conflictos del pasado, emociones no expresadas, situaciones no concluidas, pérdidas y duelos no resueltos, etc.) y me apoyo en este “concepto” para poder acudir cuando hablamos de temas no resueltos del pasado ya que prácticamente todo lo que vivimos en el presente está condicionado o relacionado con asuntos de esa mochila, mientras esté más o menos llena.

Aunque en el tema de las decisiones aparentemente hablamos del nivel cognitivo, las emociones juegan un papel muy importante en nuestra elección.

Todos en general estamos preparados para saber gestionar mejor o peor las emociones que se generan ante un estimulo presente, pero si ese estímulo “toca” un asunto de la mochila, las emociones del presente se mezclarán con las del pasado que no están resueltas y nos podrá desbordar. Entre las personas que vienen a terapia al Instituto Galene tenemos una frase que ayuda a darse cuenta: “cuando la respuesta es desproporcionada al estímulo, es que te ha tocado el conflicto”.

Podemos pensar que si a alguien le cuesta tomar decisiones puede ser por varios motivos:

  • Por un lado, puede que nos enfrentemos a una decisión  sobre algo que no está a nuestro alcance. El proceso adulto dilucidará si podemos tomar una decisión al respecto o no.
  • Por otro lado, podemos carecer de capacidades reales para la toma de esta decisión en concreto pero, lo mismo que en el caso anterior, el Adulto descubrirá la causa y podrá variar el camino hacia otra solución.
  • Por último, la causa puede y suele estar en que la persona teme que suceda algo no deseado tras la elección, y ese algo suele estar relacionado con un tema de la mochila. De este caso es del que seguiré hablando en este artículo.

Cuando un estímulo del presente se mezcla con material de la mochila se produce una confusión a nivel cognitivo, pues las emociones que la persona siente no son coherentes con lo que está pasando en el presente. Como además el miedo suele estar presente en gran medida en esa mezcla, se producirá un bloqueo que deja a la persona sin “poder” decidir, y a la espera de que pase el tiempo y la confusión. El problema es que muchas veces el tiempo sin decidir lo que hace es que aumente la presión y por tanto el miedo, generando más confusión y bloqueo. Aquí, a veces, se produce una forma inadecuada de proceder ante el miedo a decidir. La persona se queda bloqueada sin tomar la decisión y deja pasar el tiempo. Cuanto más tiempo pasa, más presión siente por no haber decidido. Cuando el miedo generado por esa presión es ligeramente mayor que el miedo a decidir será cuando tome la decisión, pero ésta no será una actuación adulta, sino impulsiva ejecutada desde el Niño asustado.

Recuerdo aquí las tres reacciones naturales ante el miedo:

  • Enfrentamiento: afrontar el problema.
  • Huida: salir corriendo, evitar la situación, negación, etc.
  • Pasividad: gestionando el miedo desde aquí, hay descritas cuatro formas de ser pasivo:
    • Paralización o congelación: no hacer nada (bloqueos, apatía, quedarse tirado en un sofá…)
    • Agitación: hacer cosas sin productividad (solitarios, zapping, hiperactividad sin ningún resultado concreto, etc.
    • Sobreadaptación: hacer lo que creo que el otro espera de mí.
    • Agresión pasiva: hacer daño a mí mismo o al otro “sin querer”. (descuidos, olvidos, adicciones, Accidentismo, etc.)

No cabe duda de que la mejor forma de afrontar un miedo que viene de la mochila es enfrentarse a él. Podemos pedir ayuda en psicoterapia para resolver los temas del pasado que nos impiden vivir nuestra vida plenamente.

Cuando inicias una psicoterapia, lo primero que encuentras es que no estás solo, que a partir de ese momento cuentas con una persona que te acompaña y te ayudará a resolver los problemas que surgen en el día a día. De la mano de tu terapeuta podrás afrontar este problema e ir enfrentándote a los miedos más frecuentes relacionados con la dificultad de tomar decisiones.

Miedo a defraudar,

Miedo a no cumplir,

Miedo a equivocarte,

Miedo a perder lo que tienes,

Miedo a dejar de pertenecer,

Miedo a triunfar,

Miedo al cambio,

Y por último el que está más presente y generalmente por debajo:

Miedo al abandono: Miedo a que me dejen de querer papá y mamá.

El camino de la psicoterapia será el mejor a medio y largo plazo, pero las personas que están inmersas en este problema de no poder tomar decisiones seguro que quieren algunas estrategias más rápidas para mejorar su presente.

  1. Lo primero es preguntarte si verdad quieres hacerlo o si es necesario que seas tú quien debe tomar esta decisión. Si la respuesta te señala, prepárate y decide por ti y para ti. Nunca en dependencia.
  2. Es mejor ir paso a paso. A veces con la decisión queremos abarcar demasiado, y el miedo a decidir desciende bastante si parcelamos el problema y decidimos sólo sobre la primera porción, después sobre la segunda y así sucesivamente.
  3. No te lo tomes como algo personal. En la medida de lo posible es mejor separarnos del problema y verlo desde fuera sin mezclarnos en él. Si por ejemplo es un tema del trabajo, separar a la persona que somos del cargo que representamos supondrá un cambio de perspectiva fundamental.
  4. Evaluar bien los posibles caminos antes de elegir. Escoger entre las opciones para resolver un problema actual o potencial es más fácil si conocemos bien las posibilidades y las consecuencias.
  5. Piensa muy bien cuál es el objetivo. A veces no podemos decidir bien porque no sabemos cuál es el objetivo. En el momento que lo tenemos claro, la elección entre las distintas posibilidades es más fácil.
  6. Tómate tu tiempo para decidir. No lo postergues esperando que mágicamente desaparezca la necesidad de decidir, ni tomes la decisión sin pensar para quitártela de encima. Que la prisa no te impida valorar adecuadamente.
  7. Para estar abierto a múltiples posibilidades busca distintas perspectivas para ver la situación. Sé creativo, genera múltiples alternativas. Piensa en distintos casos supuestos y evalúa los resultados. A veces se descubren aspectos nuevos que te ayudan a decidir.
  8. ¿Qué te ha ayudado en otras ocasiones a decidir? Busca en tu historia pasada situaciones parecidas y recuerda lo que te ayudó a decidir. A lo mejor en esta ocasión puedes ayudarte de algo parecido. A veces contarle a alguien de confianza tu dificultad te ayuda a ordenar tu discurso y según se lo cuentas, descubres qué quieres hacer. Nunca dejes que decidan por ti.
  9. Nota las sensaciones que te transmite tu cuerpo ante la posibilidad de hacerlo o no hacerlo. Nuestro cuerpo es sabio, escúchalo.
  10.  Escucha tu intuición, confía en ella. Es muy sabia. Recuerda el proverbio Indio que decía: “Si tienes que elegir un camino, elige el del corazón, pues quien elige el camino del corazón no se equivoca nunca”.

…Y cuando sientas que estás preparado para tomar la decisión, hazlo sin mirar atrás. La elección que has hecho dejaba una o más alternativas descartadas, olvídalas. No dejes que tu cabeza te martirice con las posibilidades que no elegiste. Ya no existen.

Mi sugerencia ante las decisiones es tomarlas, y una vez he dado el paso, seguir mi camino como si éste hubiera sido el único existente. Se descansa mejor y se vive más feliz con los resultados que la vida te depara.

Un abrazo a tod@s.

José Zurita

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