Los síntomas

01/08/2015

“Lo que no se hace consciente se manifiesta como destino” (Lacan)

RESUMEN

Mayte Molina

Mayte Molina

Este trabajo tiene el propósito de llegar al significado real y verdadero del síntoma desde su propia definición a su función y sentido en nuestra vida como una herramienta útil y poderosa para nuestro crecimiento y desarrollo personal y, consecuentemente, para sanar. Sanamos si despertamos, y despertamos si crecemos y nos desarrollamos como seres humanos con cuerpo, mente y espíritu.

INTRODUCCIÓN

Partiendo de la hipótesis que las enfermedades son una metáfora de las necesidades físicas y emocionales de nuestro cuerpo, cuando no hay una solución exterior a esa necesidad hay una solución interior, y los síntomas se presentan como una tentativa de auto-curación. Me apoyaré en los diferentes abordajes teóricos y en la experiencia intrapersonal e interpersonal para su posible demostración.

EL SÍNTOMA Y SU FUNCIÓN

El síntoma es un aviso útil de que la salud puede estar amenazada, sea por algo psíquico, físico, social o una combinación de las mismas. Un síntoma aparece cuando una persona no funciona satisfactoriamente en el momento actual de su vida.

Síntomas hay muchos, pero todos son expresión de un único e invariable proceso que llamamos enfermedad, y que se produce siempre en la conciencia de una persona, asumiendo que la distinción entre somático y psíquico puede referirse como mucho al plano en el que el síntoma se manifiesta pero no sirve para ubicar la enfermedad. Lo que en nuestro cuerpo se manifiesta como síntoma es la expresión visible de un proceso invisible, y con su señal pretende interrumpir nuestro proceder habitual, avisarnos de una anomalía y obligarnos a hacer una indagación, pues cada síntoma, cada sensación que el cuerpo nos muestra, cada dolor, cada malestar nos está hablando de una crisis que no siempre está en el cuerpo, puede estar reflejado en él pero puede tener que ver con las relaciones interpersonales, con nuestra historia, con las actitudes que tengo en la vida que me están haciendo daño, incluso en la forma en que como, en que ando o en que hago ejercicio y el cuerpo es el reflejo. Por consiguiente, si queremos descubrir qué es lo que nos señala el síntoma, tenemos que apartar la mirada de él y buscar más allá. Lo que debemos eliminar no es el síntoma, sino la causa. En suma, la enfermedad es un estado que indica que el individuo en su conciencia ha dejado de estar en orden o armonía. Cuando el individuo comprende la diferencia entre enfermedad y síntoma, su actitud básica y su relación con la enfermedad se modifican rápidamente, descubrimos un aliado, un maestro imprescindible en nuestro proceso de desarrollo y crecimiento personal.

Muchas veces, la enfermedad es la imitación de un patrón inconsciente como resultado de un proceso y ésta es la función del síntoma, ayudarnos a encontrar la coherencia entre nuestro ser y no-ser. Enfermedad y curación son conceptos que pertenecen exclusivamente a la conciencia, no pueden aplicarse al cuerpo, pues un cuerpo no está enfermo ni sano. En él sólo se reflejan, en cada caso, estados de la conciencia. Podemos preguntarnos qué tiene que ver un síntoma con nuestro cuerpo, de qué habla un dolor de cabeza, una faringitis, un estreñimiento… La Neurociencia estudia la relación entre el cuerpo físico y el aspecto psicológico, la relación directa entre la función y el sentido o propósito de ese síntoma. Por ejemplo, con el dolor de garganta, seguramente la expresión está involucrada, lo que digo tiene que ver con mi voluntad, con mi capacidad de decir lo que pienso, de poner límites…Si tengo un bloqueo en alguna de estas áreas mi garganta va a quedar sobrecargada porque cada vez que no me atrevo a hablar estoy sobrecargando este espacio físico y entonces viene la laringitis, y así con todo.

La sintomatología nunca miente. Está hablando de algo mío que va contra la vida, que se está oponiendo a lo mejor de mí, por eso la enfermedad siempre refleja la sombra, esa parte mía que no quiere cambiar. Darse cuenta es reconocerla, aceptarla, amarla para así poder trascenderla. Ya decía Hipócrates en el siglo V a.C que la naturaleza sabe y puede generar los mecanismos para sanar, tiene el impulso y la capacidad para encontrar los caminos hacia la sanación. Tenemos todo el potencial que necesitamos, sólo tenemos que despertarlo. Muchas de las causas que le atribuimos a las enfermedades las ponemos fuera y nos convertimos en irresponsables, nos quedamos sin poder, como por ejemplo la herencia, siendo conscientes de que el factor hereditario es importante, pero se tienen que dar otras condiciones que lo favorezcan.

No hay ningún proceso de sanación que se dé milagrosamente. A veces queremos sanar y no podemos, volvemos a tropezar en la misma piedra. Ante esto, ya Freud, en su conferencia sobre Inhibición, Síntoma y Angustia, propuso que la excitación acumulada (energía retenida) buscaba la vía de salida transformándose en angustia, simplemente como proceso puramente físico, sin ninguna tendencia psíquica. A mayor angustia, mayor inhibición; y a mayor inhibición, mayor síntoma. Por tanto, la angustia surge cuando la psique se siente incapaz de realizar una tarea o reaccionar ante un peligro que proviene del exterior. Una persona puede tener todas las capacidades para realizar ciertos trabajos, pero el solo hecho de pensar que es un trabajo difícil hace que no enfrente el problema, hace que reprima toda su energía y por tanto se transforme en angustia. Aquí se evidencia cómo la angustia lleva a la inhibición. La única forma de enfrentar una inhibición es reelaborar la angustia hasta llegar a la génesis del síntoma desde un abordaje integral, desde lo físico a lo emocional.

EL ORIGEN EMOCIONAL DE LA ENFERMEDAD

Detrás de cada enfermedad hay una parte emocional. Podemos trabajar esa parte para liberarla. El Dr Harmer, médico alemán, no sólo encuentra una relación entre conflicto emocional y enfermedad, sino que halla una etapa intermedia entre ambos: una alteración electromagnética en el cerebro en forma de diana, detectable mediante un TAC. Establece una correspondencia entre tipo de conflicto, punto del cerebro alterado y órgano enfermo. Esta prueba convierte su teoría en un revolucionario descubrimiento científico, pues hasta entonces era muy complicado demostrar que un problema psicológico pudiera causar una enfermedad física. Se piensa que tras la enfermedad hay un desequilibrio energético. Tenemos un cuerpo energético que vitaliza al físico y que, al ser impactado por el sufrimiento emocional, deja zonas del cuerpo bajas de energía, perdiendo éste la vitalidad que necesita. Claramente no es el origen de todas las enfermedades, aunque con probabilidad en un alto porcentaje predomina un agente emocional.

Seamos o no conscientes, las emociones tiñen todos aquellos eventos importantes de nuestra vida, especialmente los que tienen que ver con nuestras relaciones interpersonales y en situaciones complejas que demandan una actuación rápida.

La emoción nace con la persona. Nacemos con la capacidad de sentirlas y expresarlas, y necesitamos de un determinado comportamiento de los padres o figuras importantes para que puedan ser encauzadas positivamente, pues son los que con su conducta nos van a enseñar si está bien o no expresarla. Por ejemplo, el niño expresa miedo si siente que sus padres con sus palabras o conductas lo protegen, expresa alegría si sus padres la comparten, tristeza si lo comprenden, rabia si permiten su expresión…De tal forma que, si un niño no ve aceptadas sus emociones o sentimientos naturales, decide sustituirlas por otras que sus padres acepten, aprendiendo así conductas insanas e inapropiadas. Esos sentimientos falsos son la causa de un sinfín de problemas y perturbaciones, tanto en el plano puramente psicológico (la persona se siente mal, no es feliz) como en el psicosomático (jaquecas, dolores de estómago, taquicardias, tensión alta-baja…) o en el social (problemas de relaciones que se entablan expresando sentimientos falsos, inadecuados… que terminan en disputas y peleas). La aceptación de nuestras emociones significa que debemos experimentarlas, reconocerlas y aceptarlas plenamente, y eso no implica que debamos obrar de acuerdo con ellas. Una cosa es que yo reconozca y exprese que estoy enfadado con alguien, y otra que eso me sirva para hacerla daño. Es necesario reconocer y experimentar las propias emociones, pero cómo y cuándo expresarlas exige de inteligencia y habilidad. La salud y el crecimiento llegan al integrar nuestras emociones con nuestra forma de pensar y actuar y el respeto a los derechos de los demás. No podemos afirmar que haya emociones que curen, al igual que haya emociones que enfermen, pero sí podemos deducir que emociones como el miedo, la tristeza, la represión de los sentimientos, odio, rencor… provocan enfermedad, y que sentimientos asociados al amor como el perdón son claves para superar la normalidad física, emocional y espiritual.

Para que una emoción nos enferme tiene que haber un proceso de repetición de esa emoción, y que se instale en una actitud que normalmente es rígida y estable. Todas las emociones tienen una particularidad química. Desde nuestra neurología, nuestro cerebro secreta ciertas sustancias al cuerpo.

Por ejemplo, el miedo está asociado con mucha noradrenalina, dopamina que activa toda una corriente de sustancias que tienen que ver con el cortisol, y que tienen que ver con sustancias que nos preparan al estrés. Cuando tenemos mucho miedo hay cierta constricción orgánica, los músculos se contraen, se reduce la circulación en ciertas áreas del cuerpo y aumenta en ciertas otras. Todo este enfoque orgánico se repite una y otra vez modelando nuestro cuerpo y mostrando nuestra obra temerosa, constreñida, aterrada y paralizada. Estamos tan aferrados a ciertas actitudes que sólo nos dejamos sacudir por circunstancias extremas, cuando los síntomas nos resultan tan insoportables y dolorosos, y es cuando nos planteamos elegir otras opciones diferentes a las que hasta el momento hemos puesto en práctica para sanar e involucrarnos con toda nuestra energía en ese proceso profundo de transformación. Podemos concluir a nivel emocional que la represión y repetición de una emoción son condiciones necesarias para provocar una enfermedad.

DIFERENTES ABORDAJES DEL SÍNTOMA

Psicosomático: La vivencia corporal y sus trastornos

El enfoque psicosomático supuso el primer “toque de atención” al dualismo de la medicina tradicional, aunque ha sido en ocasiones criticado desde el campo de la psicología clínica por asumir una orientación holista, en base a la cual no se podría hablar de lo físico como algo separado de lo psíquico, y viceversa. También es cierto que, al menos didácticamente, resulta necesario diferenciar lo que comúnmente entendemos como trastornos psicológicos y como trastornos o enfermedades físicas.

Ej. Una fobia se considera un T. psicológico, mientras que la úlcera péptica se entiende como una enfermedad física. La evidencia científica actual indica que cualquier trastorno denominado físico suele implicar igualmente y a distintos niveles alteraciones psicológicas, y viceversa. Tal vez por esta razón las denominaciones de “Psicosomático” y “trastornos psicosomáticos” podrían resultar imprecisas, puesto que han implicado la existencia de trastornos orgánicos asociados preferentemente a causas psíquicas.

Ha supuesto delimitar un grupo determinado de trastornos orgánicos (estructurales y/o funcionales) relacionados con factores psicológicos, diferentes de otros trastornos orgánicos de etiología o fundamentación no psíquica. Asumir esto supondría, entre otras cosas, aceptar que existen muchos cuadros médicos sin relación alguna con los fenómenos psicológicos, algo absolutamente fuera de la realidad científica.

Además de la concepción holista, ha incorporado la concepción psicógena para evitar la ambigüedad del mismo, e implica un concepto de naturaleza etiológica, según el cual los factores psicológicos juegan un papel esencial en la causación de la enfermedad. La relevancia de factores psicológicos (fundamentalmente emociones) como causa de la enfermedad ya fue sugerida por autores tan antiguos como Hipócrates y Galeno. Dos de los principios que guían la nueva investigación de este tipo de trastornos son el multifactorial (las causas y mantenimiento de la enfermedad física depende de múltiples factores, biológicos, psicológicos y sociales) y multidisciplinar (necesidad de abordar el problema de los trastornos psicosomáticos desde diferentes disciplinas, no sólo desde la psicología o psiquiatría).

En la primera fase del desarrollo de la psicosomática, la teoría psicodinámica ejerció un dominio preponderante, siendo su máximo representante F. Alexander. Éste desarrolla una teoría basada en la existencia de conflictos específicos inconscientes inductores de reacciones fisiológicas, causantes del desarrollo o exacerbación de la enfermedad. Así, por ejemplo, la hipertensión la asoció a la activación de conflictos relacionados con tendencias de hostilidad y competitividad, o el asma con activación de conflictos conectados con dependencia excesiva y no resuelta hacia la madre. A pesar de su enorme influencia, la teoría de Alexander apenas ha podido ser demostrada empírica y experimentalmente.

La Teoría del conflicto, también denominada Teoría de la Emoción Específica, ha sido la más influyente en medicina psicosomática, siendo muy relevante para la diferenciación entre Teorías psicosomáticas y Trastornos somatoformes sobre todo en una época en que pocos psicoanalistas identificaban ambos tipos de cuadros clínicos. Si bien el desencadenante psicológico y los síntomas físicos se presentan como fenómenos comunes en ambos tipos de trastornos, la diferencia entre ellos radica en que mientras en los trastornos psicosomáticos existe un daño en el sistema fisiológico correspondiente (p.ej. úlcera de estómago implica una lesión en el estómago), en los trastornos somatoformes no se desprende una patología orgánica demostrable (ej. Dolor de cabeza tensional).

Finalmente, la Teoría de actitudes específicas de Graham parte de que las diferentes enfermedades o síntomas se asocian a actitudes específicas expresadas por el paciente hacia la situación (estímulo psicológico) que evocó la enfermedad. Definen la actitud en base a dos componentes: qué siente la persona a que le está ocurriendo y qué desea hacer acerca de ello. Por tanto, también se han referido varias actitudes concretas vinculadas de forma específica a diversas enfermedades. Por ej., los individuos con hipertensión sienten la amenaza de algún daño y necesitan estar preparados (alerta para algo). Otro ejemplo, sería la urticaria: los individuos se sienten derrotados y no pueden hacer nada al respecto.

Una teoría general sobre los trastornos psicosomáticos que en principio puede ser aplicada a cualquier trastorno es la formulada por Schwartz, denominada Teoría de la disregulación, donde se considera al organismo como un sistema de autorregulación. Este sistema implica la existencia de mecanismos de feedback, no sólo dentro del sistema nervioso central, sino también entre el cerebro y el resto del cuerpo. El proceso básico del modelo podría resumirse de la siguiente manera: Cuando el individuo se enfrenta a demandas ambientales inductoras de estrés, su cerebro efectúa las regulaciones necesarias para conocerlas. Dependiendo de la naturaleza de éstas, ciertos sistemas corporales serán activados, mientras que otros pueden ser simultáneamente inhibidos. Sin embargo, cuando este proceso se mantiene hasta el punto de que el tejido sufra deterioro o daño, los circuitos de feedback negativo del mecanismo homeostático normalmente se ponen en marcha, forzando al cerebro a modificar sus directrices para ayudar al órgano afectado. Frecuentemente, este circuito de feedback negativo causa la experiencia de dolor. Su principal limitación es el excesivo protagonismo que otorga a los mecanismos neurofisiológicos, y el escaso relieve que poseen las variables mediadoras y moduladoras (personalidad, estilos de afrontamiento, variables emocionales, etc). No obstante, el modelo ha resultado ser de utilidad en terapia.

El Síntoma en la Teoría Psicoanalítica

Podemos definir el Síntoma como la satisfacción sustitutiva de una pulsión reprimida. Freud descubre que lo que la pulsión persigue es la repetición de una vivencia primaria de satisfacción pero, como no puede hacerlo porque eso provocaría un conflicto con la realidad, se producen satisfacciones sustitutivas tales como los síntomas. Esta satisfacción no es consciente para el paciente, y aparece bajo el aspecto manifiesto doloroso del síntoma. La satisfacción oculta del síntoma se presenta como una situación paradójica, ya que el síntoma se revela como algo displacentero e incómodo para el sujeto, pero al mismo tiempo le aporta satisfacción, una satisfacción inconsciente de la cual no tiene noticia, haciendo referencia a su aspecto económico, es decir, realización de dos sentidos contrapuestos (placer-dolor) simultáneamente. Al intentar Freud resolver esta paradoja, recurre a la diferenciación de los procesos en las instancias, ya que lo que resulta placentero para un sistema (inconsciente), no lo es para el otro (consciente). Este placer inconsciente del síntoma es el que hace que la persona no quiera desprenderse de esa satisfacción y se produzcan las resistencias que entorpecen y obstaculizan el proceso de la cura. Según lo mencionado en la conferencia XVII, “El sentido de los síntomas”, y en la XXIII, “Los caminos de la formación de síntoma”, este funcionamiento se establece dentro del marco de la primera tópica constituida por las instancias Inconsciente-Preconsciente-Consciente, es decir, desde un sistema dinámico. Más tarde, esta concepción se ve modificada por la introducción de la segunda tópica Yo – Ello – Súper Yo, en donde el síntoma se presenta como un conflicto entre instancias. A este modelo lo llamó estructural, ya que no es posible la comprensión psicológica de las perturbaciones psíquicas sin tener en cuenta la concepción topográfica y estructural del aparato psíquico, y que podemos resumir de la siguiente manera: por un lado, la división del psiquismo en consciente e inconsciente, compuesto éste por preconsciente e inconsciente propiamente dicho. Por otro lado, el descubrimiento de que todo el acontecer psíquico puede dividirse en tres conjuntos de funciones o instancias: a) el ello, fuente de toda actividad mental; es la forma más primitiva del psiquismo, tal como existe en el recién nacido, b) el yo, encargado de la integración de los impulsos instintivos y su adaptación al mundo externo a través de las funciones motrices, perceptivas e intelectivas, y c) el súper yo, que constituye el representante internalizado de las personas significativas en la infancia del individuo (a las que denominamos “objetos”), sus padres o primeros cuidadores, y, por ello, germen de toda conciencia moral.
Ante la imposibilidad de hacer frente a los impulsos y a las exigencias del Súper Yo, el yo recurre a los mecanismos de defensa, de forma que el tipo de neurosis depende, preferentemente, de la técnica defensiva de la que se sirve el yo para resolver el conflicto neurótico. El yo une en un solo fenómeno dos tendencias opuestas, una de las cuales busca su descarga, y la otra se opone a la primera. El sufrimiento del enfermo se halla en relación con el hecho de que experimenta el síntoma a la vez como un cuerpo extraño y como una parte de sí mismo. La represión origina, no solamente la regresión del impulso instintivo hasta su punto de fijación, sino también la regresión de una parte del yo, retornando ambos a un estadio más primitivo de su evolución. Esto da lugar a que, en el momento en que la represión fracasa, tanto el impulso como la parte del yo que ha regresado se muestren de nuevo activos, de manera que el yo se encuentra enfrentado a una parte de sí mismo extraña e irreconocible, siendo éste el motivo por el cual tantas veces los enfermos se sienten sorprendidos y asombrados ante sus propios pensamientos, ideas, fantasías, etc, que no reconocen como suyos. Esta parte del yo no se opone a los impulsos pregenitales, como lo hace la parte del yo que no ha sufrido la regresión, los acepta y los realiza, aún cuando sea de una manera disfrazada, sin que la parte evolucionada del yo pueda comprender su significado. En colaboración con la exigencia instintiva reprimida, la parte inconsciente del yo mantiene el síntoma. Existen, por tanto, dos partes separadas del yo, es decir, en toda neurosis el yo se halla escindido, contribuyendo básicamente esta ruptura de la unidad a la formación y persistencia de los síntomas, representando también una tentativa de auto-curación, una forma de reacción al trastorno primario, ya que a fin de cuentas los síntomas son un fenómeno secundario por el cual el yo intenta adaptarse a las demandas instintivas, a las exigencias del Súper Yo y a las presiones de la realidad externa.

Para investigar sobre la etiología de la formación de síntomas, Freud recorre dos caminos: por un lado las fijaciones pulsionales que buscan una satisfacción en exceso, un placer desmedido y opuesto a las normas culturales y sociales, y por otra parte el funcionamiento normativo del Complejo de Edipo como instalación de la ley del incesto y de las diferencias sexuales. En este sentido los síntomas son el resultado de defensas contra la castración. La mujer en su predisposición a la histeria y los varones hacia la neurosis obsesiva. Aunque es obvia la existencia de hombres histéricos y mujeres obsesivas. Por otro lado, la existencia del síntoma favorable, en el sentido de que el sujeto que lo padece ha ingresado en la cultura, mientras que los que no lo han podido realizar quedan atrapados en los delirios de la psicosis (ausencia de síntomas en la psicosis).

Desde el punto de vista del criterio psicodinámico podemos definir la Normalidad como la capacidad de manejar adecuadamente los procesos mentales inconscientes. De acuerdo con la teoría psicoanalítica, todos los procesos mentales se originan en el inconsciente y sólo mediante ciertas condiciones se hacen conscientes. Traduciendo este concepto a términos más clínicos, podemos decir que el hombre relativamente más normal es aquel mejor adaptado a las circunstancias reales de su vida, y capaz de armonizar las presiones de sus pulsiones instintivas con las exigencias de su yo y de la parte de éste diferenciada en instancia crítica y censora (Súper Yo), de manera que pueda satisfacer a unas y a otras sin crear con ello ningún conflicto intrapsíquico que perturbe el desenvolvimiento de sus capacidades.
Por lo tanto, la diferencia entre Normalidad y anormalidad reside en que el ser humano es tanto más normal cuanto más capaz es de convertir sus fantasías inconscientes en sentimientos y pensamientos conscientes, y en formas de comportamiento satisfactorias para él y para los demás; y tanto más anormal cuanto mayor solución de continuidad exista entre los aspectos conscientes e inconscientes de su vida psíquica, con la consiguiente utilización masiva de los mecanismos de defensa (negación, represión regresión, proyección, formación reactiva, intelectualización, racionalización, desplazamiento, sublimación…) que, junto a la gratificación inconsciente y simbólica de los impulsos insatisfechos, dan lugar a la sintomatología de las enfermedades psíquicas. Para que se manifieste dicha sintomatología es necesario que confluyan una serie de factores, tanto Esenciales (inadecuada evolución del desarrollo psicoinstintivo, las disociaciones masivas, la utilización excesiva de mecanismos de defensa, la debilidad del yo, el establecimiento de puntos de fijación que favorecen la ulterior regresión..) como Generales (condiciones ambientales, presiones, obstáculos y conflictos externos a que se ve sometido un individuo), y que podrá desencadenar con facilidad una perturbación psíquica aún cuando los factores esenciales se hallen presentes en grado mínimo. Entre aquellos factores que mayor interés poseen para la comprensión de la génesis de las enfermedades psíquicas se puede destacar “la carencia afectiva durante la infancia”, que es la consecuencia de una inadecuada relación entre el niño y sus progenitores o quienes representen su papel, motivada en muchas ocasiones por la disarmonía existente entre los propios padres. Los efectos de la privación materna precoz han sido estudiados por John Bowlby en su ya clásica Teoría del apego. La tesis central se basa en que los bebés se desarrollarán de manera satisfactoria si en su relación con la madre establecen una relación de apego seguro.
Hoy en día no cabe duda de que la privación emocional en la infancia conduce, en gran número de casos, a la posterior emergencia de neurosis, psicosis, problemas de carácter, etc. Estos estudios han dado lugar a que las necesidades del niño sean más conocidas y respetadas.

Abordaje Gestáltico del Síntoma

La Gestalt desarrolla una perspectiva unificadora del ser humano, integrando al mismo tiempo sus dimensiones sensoriales, afectivas, intelectuales, sociales y espirituales, permitiendo así una experiencia global donde el cuerpo puede hablar y la palabra encarnarse.
Los fenómenos ocurren dentro de un campo. Si imaginamos que el cuerpo es un campo, pues todos los fenómenos que se dan en él no se dan aislados, sino que están en función de las características y del estado general de esa persona, a este campo llamado persona no podemos conocerlo a través de sus elementos sino como una totalidad. Se pone especial énfasis en que la persona se dé cuenta de sí misma como un organismo total, sea consciente de lo que está sucediendo, está pensado y sintiendo en el momento, aprendiendo a confiar en sí misma y desde ahí seguir desarrollándose.

Para la Gestalt, el organismo es considerado como una unidad en una continua interrelación con el ambiente. La conducta patológica o “normal” depende de la capacidad que tiene el organismo para satisfacer sus necesidades sin oponerse de una forma radical y violenta a las demandas del mundo externo. La enfermedad no es una simple modificación de la estructura o del funcionamiento del organismo, sino que la persona enferma cuando la sensación que experimenta produce en su organismo un estado de desorden que le impide realizar adecuadamente las posibilidades y capacidades propias de su naturaleza. Cuando las situaciones estímulos son creadoras de angustia, aparece un estado caótico que se expresa a través de una conducta con variados síntomas, entre los que destaca la ansiedad, que es vivida como una sensación de peligro y destrucción inminentes. Este peligro no tiene que ser necesariamente real, puede corresponder a una fantasía catastrófica de aniquilamiento o de incapacidad de realizarse como persona. Esto le lleva actuar de manera desordenada y a emplear mecanismos para evitar esos estímulos que lo ponen en peligro. Cuando una persona siente una primera excitación como positiva o negativa en función del acercamiento o alejamiento para conseguir o evitar lo que desea, provoca una emoción que poco a poco se va concretando y especificando a través de la acción en conductas de acercamiento o alejamiento, siendo realmente importante el recorrido de este camino para satisfacer nuestras necesidades, pues toda interrupción desencadena alteraciones que ponen en peligro el equilibrio del organismo. Por tanto, el objetivo de la terapia Gestalt, además de ayudar a la persona a sobreponerse a sus síntomas, permite liberarse de los bloqueos y asuntos inconclusos que disminuyen la satisfacción óptima, autorrealización y crecimiento. Sólo cuando el individuo se da cuenta de lo que hace y de cómo lo hace podrá cambiar su conducta, podrá escuchar a su síntoma.

A. Schnake (2001) escribió que percibir a tiempo los verdaderos mensajes del cuerpo nos ahorraría innumerables consultas médicas. Es mucho más útil tomar conciencia de lo que nos está sucediendo y ocurriendo a nuestro alrededor que tratar de cambiarlo, detenerlo o evitarlo, pues interferir en el funcionamiento de uno mismo, disfrazarlo o distorsionarlo, sólo sirve para llevarnos a negar partes de nosotros mismos y de nuestra propia experiencia en cada momento. Cuando uno se pone en contacto con su auténtica vivencia descubre que el cambio se produce por sí solo. El frustrarse con exigencias de ser distinto de lo que cada uno es sólo nos lleva a sensaciones de tensión, inadecuación y vergüenza. Sólo a partir del darse cuenta de qué es lo que interrumpe y cómo lo interrumpe puede cambiar su conducta y aprender nuevas formas de actuar y de mejorar su sintomatología.

Aparece el concepto de polaridad relacionado con la historia particular de cada uno de nosotros y con la percepción de nuestra realidad interior. A partir de la lucha entre polaridades se generan conflictos que pueden ser tanto intrapersonales como interpersonales, consumen mucha energía e impiden el fluir de la persona y ocasionan la enfermedad.

Hablando del síntoma hemos de hacer referencia al ciclo contacto-retirada como ritmo básico de la salud. Si partimos de la imagen de la persona como organismo vivo, y en relación con su entorno también vivo y cambiante, la persona experimentará necesidades que buscará satisfacer y que le empujarán a moverse, desde la atracción o el rechazo, según el significado que tenga para ella. Cuando de manera natural no se satisfacen necesidades importantes se producen perturbaciones y puede surgir la enfermedad. Comienza el ciclo a través de la necesidad dominante (física o psicológica), configurándose como una figura. Percibida la necesidad, la persona buscará contactar con los elementos de su ambiente que puedan satisfacerla. Según el modelo de Joseph Zinker (1979), discípulo directo de Perls, la interrupción o bloqueo de dicho ciclo provoca la emergencia de diferentes mecanismos neuróticos que alteran las diferentes secuencias, provocando diferentes alteraciones dependiendo de dónde interrumpa el individuo el ciclo. Podemos distinguir siete fases: 1.Fase de sensación, sentimiento o necesidad. 2. Fase de conciencia – darse cuenta-.3. Fase de energetización. 4. Fase de acción. 5. Fase de contacto. 6. Fase de satisfacción o realización. 7. Fase de retirada. Entre estas fases distinguimos mecanismos de defensas como la desensibilización, egotismo, proyección, introyección, retroflexión, deflexión, proflexión, desvalorización y confluencia.

Podemos hablar de psicosis cuando se pierde la sensación, y de neurosis cuando se pierde la conciencia de sensación. El proyecto de vida en el neurótico se encuentra alterado, el psicótico carece de él. Neurótica es aquella persona que continuamente está interrumpiendo el proceso de formación y eliminación de gestalts. Tiene dificultad para percibir con claridad cuáles y cómo son sus necesidades y sus emociones, o trata de ignorarlas reprimiéndolas o negándolas. Cuando el individuo interrumpe una Gestalt deja un proceso abierto que forzará para cerrarse. Si se acumulan muchos procesos inacabados, la presión aumentará, desconectando a la persona del presente y enganchándola a las necesidades insatisfechas, generando capas en la personalidad que irán alejándola de la realidad y enganchándola a mecanismos de defensa que suelen tener su origen en la infancia y que, repetidos de manera continua, dificultan el desarrollo normal del ciclo de la experiencia con la finalidad de sustraernos al dolor.
Aparecen claros ejemplo de síntomas corporales resultantes de retroflexiones malsanas, como por ejemplo dolores de cabeza por tensión, sustituyendo muchas veces las ganas de atacar a otra persona, otras encubren ganas de llorar reprimidas. Las afecciones de la garganta pueden tener el mismo origen, o algo que uno se tragó y después bloqueó con el fin de evitar su expresión. Y así con la mayoría de las somatizaciones que son el intento de retener una energía que parece peligrosa, siendo la depresión como síntoma una consecuencia clara de la retroflexión, adicciones, falta de autoestima… Síntomas como la desgana, el aburrimiento o el cansancio provienen de deflectar cuando evitamos el contacto directo. Es por el mecanismo homeostático o de autorregulación por el que la persona se da cuenta de sus necesidades dominantes y de cuáles tiene que satisfacer si quiere conservar el equilibrio y la salud, tanto física como psíquica. Si continuamente se producen este tipo de inhibiciones, deteniendo las respuestas, también queda reflejado a nivel muscular, físico, dando lugar a rigideces y alteraciones orgánicas que, si se convierten en crónicas, la persona llega a ignorar hasta lo que bloquea y quedan fijadas estas reacciones en el cuerpo, dando lugar a somatizaciones. Una de las características que le impiden a alguien identificarse y comprometerse con las situaciones, o permanecer el tiempo suficiente con una situación, es la angustia. Ya el psicoanálisis distingue la angustia primaria (el ser la sufre pasivamente) y secundaria (el ser humano la crea de forma anticipatoria, ya que le sirve para mitigar el miedo y el dolor que sentiría ante la situación real si sucediera). La angustia es el síntoma neurótico por excelencia. Se produce cuando se bloquea la excitación (movilización de energía). Por tanto, la neurosis se desarrolla cuando los mecanismos de contacto con el medio se alteran. Ante la observación de las autointerrupciones y los mecanismos de defensa favoritos, podemos distinguir algunas perturbaciones de la personalidad destacando los trastornos esquizoide, paranoico, esquizotípico, narcisita, borderline, antisocial, histriónico, obsesivo-compulsivo, pasivo-agresivo, evitativo y dependiente.

El Síntoma desde el Análisis Transaccional

El AT nos da una imagen de cómo es la estructura psicológica de las personas, y para llevar esto a cabo utiliza un modelo de tres partes conocido como modelo de los estados del yo (PAN). El modelo retrata tres estados distintos del yo: Adulto (si me comporto, pienso y siento en respuesta a lo que está sucediendo a mi alrededor aquí y ahora, usando todos los recursos disponibles para mí como persona madura), Padre (si me comporto, pienso y siento de manera que copie a los padres u otras figuras parentales) y Niño (si me comporto, pienso y siento como cuando era niño). El mismo modelo nos ayuda a comprender cómo funcionan, cómo expresan su personalidad en términos de conducta. Ofrece también una teoría de desarrollo del niño y cómo nuestros patrones de vida presente se originaron en la infancia, desarrollando explicaciones de cómo podemos contribuir a re-actuar estrategias en nuestra vida adulta, incluso cuando éstas producen resultados que son contraproducentes o dolorosos, dándonos una teoría de la psicopatología.
La concepción del ser humano al que se adhiere el Análisis Transaccional parte del principio de que “todos nacemos bien” y que Berne, fundador y principal creador del AT, expresó metafóricamente como que “todos nacemos príncipes y princesas”, y que posteriormente, en nuestras relaciones con los demás, sobre todo las experiencias relacionales entre padres e hijos como medio de satisfacción de las necesidades infantiles, tomamos decisiones auto-limitadoras para sobrevivir que se convierten en creencias con las que nos convertimos en “sapos o ranas encantadas” y llevamos a cabo a través del “guión” de nuestra vida.

Berne describió el Guión como “un programa en marcha, desarrollado en la primera infancia bajo la influencia parental, que dirige la conducta del individuo en los aspectos más importantes de su vida”. Como “un plan preconsciente de vida”, dado que la formación del mismo se realiza no basándose en las decisiones del Adulto que suelen ser frías, elaboradas y, en definitiva, conscientes, sino en el Niño. Una vez que la persona ha seleccionado un guión de vida, su propio guión, escoge también la forma de decidir sobre los acontecimientos más importantes de su existencia, y adopta patrones de comportamiento estereotipado, rígido y repetitivo que llamamos rackets, y entra en los juegos psicológicos. Si dejamos el guión, dejamos también los juegos psicológicos que lo refuerzan, pudiendo entonces usar toda nuestra capacidad de pensar, sentir y actuar al servicio de un vivir saludable. Tendremos de nuevo una oportunidad de redecidir.

Básicamente, parte de la premisa de “Yo soy OK (Guay) – Tú eres OK (Guay)” como persona y de que todos tenemos un cierto potencial humano determinado por condicionantes genéticos, pero también un cierto potencial humano que podemos desarrollar.
Una posible explicación de cómo funciona el guión puede ser la siguiente: cuando un niño llega al mundo le puede estar esperando un sexo, un nombre (por supuesto con carga emocional, una brillante carrera de abogado… como su padre, abuelo). Es objeto de unas expectativas que es posible que impliquen áreas muy importantes de su vida futura. En nuestros primeros años estamos directamente en contacto con nuestro Niño Natural, con la espontaneidad y la expresión de nuestros impulsos naturales. Pero la expresión del niño va a chocar de alguna manera con las particulares expectativas, ideas, prejuicios, miedos y, en definitiva, actitudes de los padres con respecto a esa expresión natural. En función de que los padres perciban que permitir que el hijo se desvíe de sus expectativas es más o menos grave, reaccionarán con mayor o menor flexibilidad, y darán un tipo u otro de mensajes o mandatos, que pueden ser expresados mediante las palabras o mediante comportamientos de igual o mayor impacto. Cuando la conducta del niño remueve o provoca el miedo profundo del Niño, del padre o madre, las reacciones de estos pueden ser muy dañinas en términos de mandatos. Por ejemplo, el Niño del padre puede estar especialmente pendiente de que su hijo no muestre debilidad, ya que él en su infancia aprendió que la valentía era un valor supremo y teme que su hijo pueda dar muestras de flaqueza y romper así la norma familiar. Si este padre no es consciente de lo exagerado de su miedo, puede reaccionar con mucha dureza ante una actitud de debilidad de su hijo, con mensajes del tipo: “nunca debes llorar…, me avergüenzas siendo tan cobarde…, has puesto en ridículo a tu familia…”. El dolor y las consecuencias negativas que han podido tener algunos de los mensajes recibidos en la infancia pueden dificultar el abandono de los mismos. Un análisis atento desde la visión de nuestro Adulto de cómo se gestaron, a qué miedos, expectativas, valores o prejuicios respondían, permite pararnos en seco y cuestionar la influencia de estas actitudes en nuestro presente. El Guión tiene una extraordinaria fuerza limitadora del desarrollo de la persona, y es por ello que nos interesa abordarlo como origen de muchas frustraciones personales. Ya que decisiones del “allí y entonces”, se nos cuela en nuestro “aquí y ahora”. Cuando empiezan a aparecer síntomas, es un indicio de que algo pasa con el guión. Puede ser que la persona se esté rebelando y a través de un ataque de ansiedad o de pánico, esté entrando en la necesidad de volver a su espacio de seguridad (en realidad falso) ante el miedo de perder lo que conoce y adentrarse en un mundo más sano pero desconocido para él. También puede ser un síntoma que aparezca y que le haga darse cuenta de que algo en su vida no está tan bien como creía. En otras ocasiones, puede aparecer como defensa para no seguir avanzando o porque la persona no está preparada para romper el guión.
Por tanto, el origen de la patología o de los síntomas tiene que ver con las adaptaciones auto-limitadoras que la persona ha realizado mediante decisiones de supervivencia en las situaciones relacionales que ha vivido como dolorosas, a cambio de la obtención de caricias, atención, amor por parte de sus padres, y que se manifiestan cuando las personas acumulan necesidades infantiles insatisfechas, respondiendo al aquí y al ahora desde los contenidos arcaicos de los estados del yo: el Padre imita las respuestas parentales desadaptativas y el Niño decide, siente y actúa como lo hizo entonces. Sin embargo, sana cuando la persona responde a la realidad desde su Adulto Integrado, es decir, desde las partes más adaptativas y actualizadas de las funciones de los tres estados en su estado del yo Adulto.

Otros enfoques: Bioenérgética, Biodescodificación – Bioneuroemoción

Me parecen interesantes otros aportes a parte de los que hemos visto en nuestra formación, que aún dando importancia al cuerpo y a las emociones aportan cada uno un poquito más a esta perspectiva holística integral en lo que se refiere a los síntomas, y que me hubiera gustado profundizar más en ellos.
La Bioenergética considera el sistema como un conjunto de energías, y que todas las funciones del hombre, somáticas y psíquicas, son efecto de la misma y tienden al equilibrio, pero el nivel de este equilibrio puede ser alto o bajo. Del nivel de energía depende la capacidad de la persona para moverse, sentir el placer, experimentar la realidad y expresarse. La Bioenergética se propone eliminar los bloqueos, tanto de la musculatura como del carácter psíquico, para que pueda aumentarse la energía y se descargue de una manera realista y placentera para llevar al máximo el crecimiento de la persona, de la expresión de su personalidad y de la consciencia. Considera la respiración como imprescindible y vital para vivir. El darse cuenta de la propia respiración es fundamental para encontrar el camino hacia el bienestar. Respirar profundamente es sentir profundamente.
Dependiendo de las posiciones defensivas podemos distinguir: Carácter Esquizoide, Oral, Masoquista, Psicopático y Rígido.

La Biodescodificación enseña a escuchar el cuerpo. Una escucha biológica. Es la búsqueda de los códigos biológicos que hay detrás de todo síntoma, y la compresión emocional que los activa, para que de esta manera se puedan descodificar y activar unos nuevos códigos gracias al cambio de perspectiva que la persona obtiene en esa búsqueda. La enfermedad del cuerpo es la traducción, por el cerebro, de un programa biológico de supervivencia vivido por la psique.

La Bioneuroemoción es un método que estudia la correlación entre las emociones inconscientes, provocadas por situaciones vivenciadas como impactantes para el individuo, su expresión y localización en el sistema nervioso, y las modificaciones que éstas provocan en su biología, manifestadas a través de un síntoma, un malestar o un desajuste orgánico, mental o conductual. Este método considera, al igual que los enfoques vistos, que la enfermedad es un mecanismo de adaptación biológica, que afecta al individuo, a su familia y al entorno social, y que aparece a partir de programas, algunos de los cuáles se transmiten transgeneracionalmente (en forma de inconsciente colectivo) o a partir de canales de socialización como: la familia, la educación, los medios de comunicación, la religión, etc (de forma consciente); perpetuando así de generación en generación las actitudes, creencias, valores que contribuyen al modo de pensar, sentir y actuar de las personas. Propone las vías de toma de conciencia y el cambio de las emociones, por lo que contribuye a la disminución o remisión del síntoma con el consiguiente aumento de la calidad de vida y el bienestar social.

SÍNTOMA Y EXPERIENCIA PERSONAL: VÉRTIGOS

A lo largo del proceso personal profundo y la experiencia vivida en estos dos últimos años, puedo decir que me ha resultado complicado, a veces, descifrar el mensaje contenido en mi síntoma, asumirlo, aceptarlo y trascenderlo, y aún así afirmar que ha resultado ser la experiencia más enriquecedora de mi vida, pues aún no habiéndola dado por finalizado creo firmemente que ha supuesto un antes y un después en mi ser. Al principio tuve la sensación de caos al colocar todo en el mantel… me preguntaba qué era lo realmente físico, emocional… qué venía de fuera, qué venía de dentro, de quiénes eran determinados comportamientos que me ahogaban… Todo un filtraje hasta llegar más o menos de forma resumida a lo siguiente: Llego al seno de una familia humilde, en un momento no muy propicio, aún siendo la primera de tres hermanos y con sexo femenino. A un hogar donde las mujeres de la línea materna fueron apagando todas sus inquietudes, sus potencias, su energía a cambio de trabajar duro tanto dentro como fuera en pro de la satisfacción de los demás y ahogamiento de ellas. Ya desde el nacimiento pudieron quedar gravados mensajes como: “Tendrás que esforzarte mucho, trabajar duro, igual que yo, que tu abuela, que tu tía… para sobrevivir a tu entorno y al final obtendrás la recompensa de no ser valorada, reconocida”. Parece ser que el hombre tenía otros permisos… para ser, para sentir, para disfrutar… Si conecto con mi verdadero ser me comunica alegría, fuerza, vitalidad… que, al no poder expresar, me provocan conflicto aprendiendo a utilizar determinados mecanismos de defensa como la introyección o el desplazamiento entre otros, aceptando sus mensajes, apagando las emociones auténticas y sustituyéndolas por otras que fueran más aceptables como la tristeza o el miedo, admitiendo los impulsores (Sé fuerte, Esfuérzate, Sé perfecta, Complace..) y mandatos (No seas tú, No seas niña, No disfrutes, No pienses, No te acerques, No lo consigas..). Me voy formando una idea de mí misma como fuerte, independiente, insensible, que no merece el cariño de los demás, pues son más válidos, más sensibles y con más derechos y oportunidades. Con el paso de los años esto se va reforzando, guiándome sin remedio hacia un callejón sin salida, hacia un tipo de final que no es ni el que quiero ni el que siento en mi interior, pero sin apenas energía, impotente, únicamente puedo observarlo en la distancia, repitiendo una y otra vez los mismos pensamientos, los mismos sentimientos, los mismos comportamientos sin hacer caso a las señales que ya, tanto mi cuerpo como mi mente, han ido mostrando hasta que un determinado día, el cuerpo cansado de avisar, me sorprende con una muy fuerte crisis de vértigo que me imposibilita y hace que me cuestione la vida desde otra perspectiva, negándome a determinados tratamientos sin saber conscientemente por qué, y quizá para que descubriese tres años más tarde este máster y la oportunidad de comenzar un proceso interno de desintoxicación y descontaminación profunda. Un encuentro con verdaderos mensajes, nuevas relaciones, nuevos modelos, encuentro con emociones auténticas y que merman la credibilidad a todo el “allí y entonces” que había aparecido como verdad absoluta, pues representaban la única información sobre cómo tenía que ser en la vida si quería conseguir la atención y amor de mis padres, y ante lo que fui tomando determinadas decisiones, no hacía falta que nadie me sostuviera, aunque complacía y asumía papeles que no me correspondían, llegué a ahogar todo lo que verdaderamente sentía por miedo a descontrolar, haciendo del control mi mejor aliado, mostrando una rigidez e insensibilidad aplastante.

Cada vez que soy consciente de esto y escucho mis verdaderas necesidades como mujer y como persona aparece el vértigo. Tengo la sensación de perder el equilibrio que tenía antes, aunque la vida supuestamente equilibrada no respondiera a mis necesidades, negándome el permiso de ver a la persona que nace de mí, pues tengo miedo de los cambios que pueden aparecer en mi vida al tomar determinadas decisiones, ya que lo que para mí sería mantener un equilibrio no estaría bien visto para los demás, y el solo hecho de sentirme juzgada me bloqueaba, paralizaba. Coincidían estas crisis con bajadas de azúcar y de tensión, relacionando de igual forma estos síntomas con los órganos correspondientes, siendo el páncreas el órgano relacionado con las emociones, los deseos y la mente humana, y a través del diálogo mantenido tanto con él como con el oído respecto al equilibrio corroboraban el guión de mi vida, pues surgían temas, conflictos, quejas, rigideces, tensiones que antes no se habían desplegado tan evidentemente. Comencé a ver cómo esas actitudes rígidas ante determinados aspectos de la vida podían ser el origen de presiones y exigencias exageradas, y que acabaron apareciendo en el cuerpo. El diálogo mantenido con esos órganos probablemente no me ofreció toda la información que necesitaba, pero hechas las acusaciones por ambas partes me permitieron ser consciente de la huella tan profunda que los mensajes arcaicos grabaron en mi cuerpo, en mi mente y en mi espíritu. Fui consciente de que, si quería sanar, tenía que ser coherente con las cualidades que el órgano tenía para funcionar correctamente en el ser humano, y que todo aquello que fuese incoherente con él provocaba enfermedad. Asumiendo la responsabilidad de las nuevas tomas de conciencia desde todos los enfoques de manera integral, y con cuantas más situaciones y experiencias mejor, tuve la oportunidad de conectar con mensajes más permisivos, no sólo para ocuparme de los demás sino también de mí misma, de conectar con mi niña libre y disfrutar de cada momento, de conectar con lo dulce de la vida, con el amor, con la ternura, de cambiar mi concepto respecto a lo que es una vida o una persona equilibrada, aceptando la tristeza, la rabia, el miedo como emociones auténticas, y ser consciente de mi propia capacidad para dirigir mi vida sin escuchar tanto la actividad mental y dejándome sentir más, pues sentir es gozar y no descontrolar.

Puedo concluir mi proceso recordando aquel día en que apareció una estrella fugaz en el cielo y decidí pedirle un deseo, pues dicen que si crees en la Magia el deseo se concede. Comencé un viaje en medio de la oscuridad con el único propósito de encontrar el sentido a esa luz que me guiaba, despojándome poco a poco de todas las ataduras que me inmovilizaban, desnudándome hasta llegar a la raíz, hasta el núcleo más interno de mi ser, y cuando más vacía me encontraba y más temerosa de haber perdido la señal, comencé a sentir algo inusual en mí, comencé a sentir un nuevo latido, fuerte, potente…apareció de nuevo la estrella con un claro mensaje: “Eres Tú, la magia es lo que tú quieres que sea”. Comencé a sentir el vacío soso que me aplastaba lleno de corazón.

 

CONCLUSIONES

Ha sido apasionante darme cuenta de que un “síntoma” no es algo que nos pase por casualidad, sino que depende de cómo vivamos cada una de las experiencias de nuestra vida. También ha sido importante darme cuenta de que no siempre el hecho de saber que una situación te causa un síntoma es suficiente para que éste desaparezca, pues es necesario contactar con el sentido del dolor, con la opresión de esas emociones reprimidas, con los mensajes que el cuerpo nos entrega a través de la enfermedad, ser conscientes de las actitudes que nos enferman, de las que nos sanan, del síntoma familiar, de las repeticiones y lealtades inconscientes, de las propias relaciones con uno mismo y con los demás para ir encontrando las experiencias que favorezcan la realización de uno mismo, asumiendo nuestra propia responsabilidad, buscando nuestra autenticidad para llegar a la consecución de los objetivos, la curación de los conflictos y la autonomía en todos los niveles, corporal, mental, emocional y espiritual para llegar a sanar.

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