Para la reflexión: el “dodecálogo de la psicología y la pedagogía humanistas”

02/09/2013

El evento inicial de las Primeras Jornadas Internacionales de Psicología y Pedagogía Humanistas de la Universidad Tamaulipeca (México) fue la mesa redonda titulada “Panorama General de la Psicología Humanista”

En la mesa participaron expertos de varios países y organizaciones: la Dra. Macarena Chías y el Dr. José Zurita, de Galene-Aphice; la Dra. Eliana Cevallos del Centro Ecuatoriano de Logoterapia “Víctor Frankl” y el Dr. Yaqui Martínez, del Círculo de Estudios en Psicoterapia Existencial (México). Tuve el honor de ser el moderador de tan ameno y enriquecedor intercambio entre amigos.

Durante la hora y media que duró el evento, los participantes analizaron la evolución histórica y el proceso de diversificación de las tendencias humanistas en los campos de la psicoterapia y la educación. El intercambio de ideas fue intenso y al final arrojó un producto por demás interesante al que, en tono un tanto chusco denominamos: “El dodecálogo del humanismo contemporáneo” (lo chusco viene, justamente de la manifiesta imposibilidad de poder encasillar la riqueza del humanismo en unas cuantas líneas). Pero es indudable que el resultado de este ejercicio abre el camino a la reflexión sobre nuestra práctica profesional cotidiana como terapeutas y académicos. Veámoslo (he tratado de agregar algo de texto para explicitar las frases):

1. Debe considerarse a la persona como un ser único. Sólo respetando este principio de unicidad es que podremos centrar nuestra intervención en el paciente o, en su caso, en el alumno.

2. Lo que cura es el encuentro.Para los psicólogos y pedagogos humanistas la clave para la cura o solución de un problema determinado estriba en el tipo de relación que se establece con el consultante y/o el alumno. Bajo los enfoques tradicionales el encuentro tiende a ser plano (unidimensional) y con muy pocos matices. En el humanismo, en cambio, se parte de un concepto integral u holístico de la persona en el que la proximidad afectiva tiene, por sí misma, un alto valor terapéutico.

3. El restablecimiento (o cura) depende del vínculo afectivo.El componente nodal de la terapia o intervención es el amor. El terapeuta y el docente humanistas deben generar relaciones de confianza para dar un acompañamiento adecuado a su consultante o alumno. El amor es la directriz del proceso terapéutico: no sólo importa tratar al consultante con amor, sino también ayudarlo a reflexionar y, en su caso, a restablecer los vínculos con su entorno.

4.  El paciente no es un ser aislado, sino parte de un tejido social.La valoración de la otredad es un factor crucial en la intervención. Debe partirse de la base de que el concepto de persona lleva intrínseco un componente plural, colectivo; hay que comprender que, aunque la persona es única, su bienestar depende de las relaciones que establezca con los otros.

5. El proceso de evolutivo de las personas es fundamental.Al analizar la situación particular de un consultante/alumno, es necesario remontarse a su historia personal, especialmente a sus relaciones de apego durante la infancia.

6. Confianza en el poder ser de las personas. Desde el punto de vista del humanismo, el consultante/alumno no padece hándicaps ni debe ser considerado como un enfermo. La diferencia central con los enfoques tradicionales es que en el humanismo se considera al consultante como un ser capaz de autogestionar la solución de los problemas. Los procesos de intervención profesional buscan, entre otras cosas, empoderar al consultante a fin de que pueda llegar a soluciones inteligentes que le permitan tomar las riendas de su vida.

7. Concepción de la persona como un ser integral.El consultante/alumno es, ante todo, un ser complejo que requiere de apoyo y de orientación. El teraputa/pedagogo humanista no debe incurrir en reduccionismos, por ejemplo considerar al consultante como una persona tipo, un patrón. Al analizar un caso específico, se deben dimensionar y valorar cada uno de los aspectos que influyen en el comportamiento: biológico, cognitivo, afectivo y desde luego, espiritual.

8.  El ser humano no deja ser un misterio.El más peligroso reduccionismo es la generalización; la mente del ser humano ofrece, frecuentemente nuevos escenarios y retos. El terapeuta y el pedagogo humanistas deben conservar la humildad para reconocer que las personas son y seguirán siendo (en tanto no se encuentre la panacea del comportamiento humano), un misterio.

9.  Hay que acompañar al consultante y respetar lo que él quiere descubrir.Como dijera Rogers, la terapia (o el acto educativo) no son procesos de coerción sino de reflexión asistida. No debe forzarse a nadie a llegar a tal o cual conclusión sobre su vida pasada, presente o futura…los terapeutas y/o docentes que trabajan bajo esta línea, totalmente directiva aplican una lobotomía sin bisturí…Lo humanistas, claro está, no queremos eso.

10. La empatía es fundamental.La pérdida de la interacción empática ha sido una de las notas características de las sociedades industriales y, en especial de las post-industriales. Rememorando al gran futurólogo, Alvin Toffler, la Tercera Ola llega con miles de nuevas tecnologías, pero también con un individualismo sublimado al grado del ensimismamiento. Los psicólogos y educadores humanistas contrarrestamos este aislamiento (que por cierto fue el mismo que ha dado al traste con la relación médico-paciente), a través de la escucha activa y la actitud –en todo tiempo- empática. En síntesis: los humanistas sabemos ponernos, siempre, en los zapatos de nuestros alumnos/consultantes.

11. El ser humano nace puro y sano:el malestar nace por influencia de factores sociales y medioambientales. ¿Neo socratismo? Claro: en todo caso será preferible a los reduccionismos darwinistas tan de moda en las sociedades neoliberales. Partir de esa base permitirá direccionar nuestra intervención, sea esta terapéutica o educacional.

12. Las preguntas son más importantes que las respuestas:Un counselor o un docente humanista, es, en todo caso, un artista de la pregunta. Al hacer las preguntas precisas en el momento adecuado, provocamos reflexión, resonancia; generamos esquemas y andamiajes nuevos; tocamos estructuras de creencias y pautas comportamentales…y todo ello orientará el proceso de recuperación o cura. En efecto, como nos enseñara Frankl…más que las respuestas (que pueden ser constructos parciales e incluso divagantes), nos importa la formulación puntual y precisa de los cuestionamientos generadores.

Los puntos anteriores sintetizan la experiencia de cuatro grandes terapeutas y educadores humanistas de habla hispana que, a pesar de su gran trayectoria no expusieron: charlaron; no se exhibieron: enseñaron; no teorizaron: compartieron…¿Cómo se logró? No lo sé; tal vez ni ellos lo saben…habrá sido, quizá el viento de la bella Reynosa y la vibra de su gente cálida y amorosa. Aseguro, sin embargo, que las palabras vertidas durante aquella mesa, siguen retumbando fuerte en los muros de aquel viejo hotel de la frontera norte de México…y seguirán haciéndolo hasta que las gaviotas puedan, nuevamente, volar en libertad.

Franscisco Arguelles

Franscisco Arguelles

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