La importancia de la toma de datos, la sintonía y la implicación en la psicoterapia de la disociación

01/04/2010

Abstract

La Disociación es un proceso psicológico que de forma cognitiva y emocional permite a una persona defenderse de una experiencia o recuerdo. La Disociación ocurre durante experiencias traumáticas en las que también se da la ausencia de una relación reparadora. Una Terapia Orientada al Contacto, crea una relación que permite la disolución de la disociación y la integración del trauma. Este artículo describe los lazos de unión terapéuticos entre interrogación, sintonía e implicación, y relaciona el concepto de yuxtaposición con las interrupciones terapéuticas y la contratransferencia. Adicionalmente, se describe el conocimiento, la validación, la normalización, y la presencia en relación con los permisos , la potencia, la protección, y el castigo intrapsíquico.

Este artículo destila un cuarto de Siglo de experiencia como psicoterapeuta con clientes que usan la disociación como estrategia para enfrentarse a las situaciones traumáticas y estresantes. Mi mayor desafío profesional ha sido el resultado de mis errores terapéuticos, (errores que demostraban tanto la inefectividad como el refuerzo de las defensas), resultantes de los métodos de interrogación, confrontación y explicación, así como las técnicas de cambio conductual, redecisión y reparentalización. Cuando usamos estos métodos y técnicas, a menudo fallamos como psicoterapeutas en la valoración de el sentido de vulnerabilidad del cliente y en su necesidad percibida de auto-protección.; fallamos en respetar la integridad del cliente para construir su sistema de dar significado, y caemos en la cuenta de cómo nuestras intervenciones pueden aumentar el sentido de vergüenza del cliente por tener esas experiencias y defensas.

Mi experiencia clínica ha demostrado que la defensa de la disociación resulta no solo de experiencias traumáticas, sino también de igual forma, o incluso con más importancia, por la ausencia de una relación protectora y reparadora.

Por lo tanto, los clientes que usan la disociación requieren una Psicoterapia orientada a la relación, que enfatice el contacto a través de preguntas suaves sobre su experiencia, sintonizar con el afecto del cliente y su nivel de desarrollo de funcionamiento, y una implicación interpersonal que provea de consistencia y dependencia a través del conocimiento, la validación, la normalización, y la presencia confiable del terapeuta.

Le invito a compartir mi camino profesional y tratar más extensamente las experiencias terapéuticas y los métodos que aquí presento, para que juntos podamos evolucionar hacia una psicoterapia aún más efectiva.

Defensas Disociativas

La disociación es un proceso defensivo complejo que mantiene la estabilidad física y mental. Durante una experiencia traumática, la disociación permite a una persona separarse cognitiva y emocionalmente de la experiencia, adaptarse físicamente y ajustarse conductualmente a las exigencias exteriores. Continuar con la disociación después del evento traumático permite a la persona desengancharse de las necesidades y emociones relacionadas con él y evadirse de los recuerdos y su impacto devastador.

La disociación es la defensa predominante en el trastorno de personalidad múltiple, trastorno por estrés post-traumático y trastorno esquizoide. También se encuentra en muchos trastornos menos pronunciados, a menudo enmascarados con ansiedad y depresión. La presencia de la disociación es un indicador altamente fiable de un abuso previo, sea este físico, mental y/o sexual. En algunos casos la disociación es una reacción al abandono temprano, a un dolor severo prolongado, experiencias cercanas a la muerte y/o negligencias prolongadas. Estas experiencias de desamparo en la infancia casi siempre, amenazan la estabilidad cognitiva y emocional, la seguridad física e incluso la vida del individuo.

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Las defensas psicológicas protegen contra el dolor de estímulos abrumadores, necesidades insatisfechas y emociones inexpresadas. Para conseguir sobrevivir y adaptarse lo mejor posible, mucha gente mantiene esas necesidades, sentimientos y recuerdos traumáticos fuera de la conciencia. El resultado es una fijación de defensas -el mantenimiento en el presente de patrones de repetición y defensa psicológica que fueron necesarios en el pasado-. Estas defensas fijadas interrumpen la habilidad del individuo para contactar tanto internamente consigo mismo como externamente con otros. Debido a la fijación de las defensas de “interrupción de contacto”, las experiencias traumáticas permanecen disociadas como estados del yo separados en vez de integradas en la neopsique del yo en el Aquí-Ahora.

El Ego neopsíquico – a cualquier edad – es un proceso continuo de contacto, integración y emergencia. Si una persona traumatizada sufre además por un fallo de contacto en una relación de protección, la experiencia clínica nos indica que la experiencia traumática muy probablemente no se integrará. Las necesidades insatisfechas de empatía, nutrición, y protección durante el trauma no son satisfactoriamente reconocidas ni validadas sino que más bien serán parte del trauma. Esto inicia el proceso de aislar la experiencia de la conciencia y, en situaciones extremas, puede incluso conducir al aislamiento de la conciencia de aspectos del yo. La persona debe, entonces, acoger un complejo conjunto de defensas para limitar el contacto interno y encapsular la conciencia de la experiencia traumática junto con sus sentimientos relacionados y sus necesidades insatisfechas. De esta manera es como el trauma queda fijado y no se integra con posteriores experiencias ni aprendizajes.

Fragmentación del Yo y Disociación.

Después de un trauma, hay una necesidad intensa de alguien fiable que responda empáticamente a las reacciones emocionales extremas del individuo y a sus necesidades insatisfechas. Estar sintonizado a lo no verbalizable, ofrecer una compresión realista de lo sucedido, y proveer seguridad a través de la implicación continua y la solución de problemas.

La disociación empieza porque las personas que rodean al individuo fallan en proveer las funciones nutricias y restaurativas necesarias. En muchas situaciones de incesto al niño se le ha dicho que “le gusta eso”, o bien el niño se aparta y su depresión es ignorada por los adultos. Sin sintonía, validación y transacciones empáticas de una persona significativa, el niño hace todo lo que puede para esconder esos sentimientos, necesidades y recuerdos, hasta el punto de no volver a darse cuenta de su necesidad de relaciones. Este es el proceso de del ego y disociación.

Contacto: Toma de Datos, Sintonía e Implicación

El contacto, internamente es la total conciencia de las sensaciones internar, los sentimientos, necesidades, actividad sensomotriz, pensamientos y recuerdos; y externamente implica el cambio rápido a la total conciencia de los eventos externos según se registren en cada uno de los órganos sensoriales. Con el contacto completo externo e interno, las experiencias son continuamente integradas. Las defensas interrumpen el contacto e impiden la conciencia interna y / o externa. El contacto es, por lo tanto, el medio a través del cual la disociación puede ser disuelta y las experiencias traumáticas encapsuladas, las necesidades y los sentimientos escondidos, pueden ser integrados en un sentido del Yo cohesionado (Ego Neo-Psíquico). El contacto también permite a la cualidad de las transacciones entre dos personas, esto es, la completa consciencia de sí mismo y del otro, tal como se ejemplifica en un encuentro auténtico y sensitivo.

El principio que guía la Psicoterapia Orientada al Contacto es el respeto por la integridad del cliente. A través del respeto, la amabilidad y la compasión al terapeuta establece una relación interpersonal que provee afirmación a su integridad. Este respeto puede describirse mejor como una invitación al contacto interpersonal entre el cliente y el terapeuta, con un apoyo simultáneo por el contacto del cliente con su experiencia interna y recibir reconocimiento externo por esa experiencia. El alejamiento del contacto puede ser apuntado y discutido a menudo pero el cliente no debe nunca ser forzado, atrapado o engañado para abrirse más de lo que él o ella esté preparado para manejar.

El contacto entre cliente y terapeuta se da en un contexto terapéutico en el que el cliente explora sus sentimientos, necesidades, recuerdos y percepciones. Tal contacto es posible cuando el terapeuta está completamente presente, es decir, sintonizando con sus propios procesos internos y conductas externas, constantemente concienciado de los límites entre él mismo y el cliente, y con una observación profunda de la psicodinámica del cliente. El contacto dentro de la psicoterapia es como los cimientos en un edificio: no puede verse, pero soporta y mantiene en pie todo lo que está por encima de la tierra. El contacto provee la seguridad que permite al cliente bajar las defensas para volver a sentir y a recordar.

La psicoterapia a menudo comienza con una conversación y un compromiso en un proceso contractual. La forma de negociar los contratos terapéuticos es un elemento importante en el establecimiento de una relación plena de Contacto Terapéutico. Los traumas que producen las defensas incluída la disociación, usualmente se dan en situaciones en las que el cliente no puede negociar teniendo un cuenta sus propias necesidades para su seguridad física y mental. En su lugar fueron deprivadas en el sentido de sus consecuencias, validación y eficacia. En vez de confiar en la negociación como medio para conseguir satisfacción de necesidades, estos clientes pueden prevenirlo bien quedando abrumados, bien teniendo que usar fuertes métodos de manipulación y control, incluyendo la disociación. Por tanto el uso del contrato es una parte esencial del inicio del contacto terapéutico con clientes que disocian (quizá más que con otros clientes) porque su ser ha sido violado mental o físicamente.

Cuando las experiencias traumáticas están siendo activamente recordadas o desahogadas, es importante tener un contrato que defina específicamente el territorio terapéutico por adelantado.

En terapia pueden aflorar experiencias vivamente recordadas que sorprenden tanto al cliente como al terapeuta. Estas memorias espontáneas pueden no ser predecibles de antemano y las respuestas a ellas pueden no haber sido específicamente negociadas con anterioridad. Sin embargo, se debe acordar con el cliente ciertos procedimientos previos sobre cómo el cliente puede notificar que la experiencia está resultado abrumadora y como el terapeuta parará la intervención. Por ejemplo, un cliente usaba una palabra concreta para indicar un conjunto de sentires, necesidades y defensas inminentes; otros usan gestos o sonidos.

Toma de Datos, Preguntas

Las preguntas son un constante foco en la psicoterapia orientada al contacto. El terapeuta comienza por asumir que no sabe nada sobre la experiencia del cliente y por tanto, debe continuament4e esforzarse en comprender el significado subjetivo del comportamiento del cliente y su proceso intrapsíquico. Como resultado de la respetuosa investigación de la experiencia fenomenológica del cliente, este se va haciendo cada vez más consciente de sus necesidades, sentimientos y comportamientos, tanto presentes como arcaicos. Es con la completa consciencia y la ausencia de defensas internas, con la que las necesidades y sentimientos que fueron fijados como resultado de traumas pasados, son integrados en un funcionamiento completo del Ego Neopsíquico.

El proceso de toma de datos es tan importante, si no más, que el contenido. Las interrogaciones del terapeuta deben ser empáticas con la experiencia subjetiva del cliente, para ser efectivas en descubrir y revelar los fenómenos internos (sensaciones físicas, sentimientos, pensamientos, significados, creencias, decisiones, esperanzas y recuerdos) y destapar las interrupciones internas y externas del contacto. Las preguntas deben enfocarse constantemente en las experiencias del cliente sobre afecto, motivación, creencias o fantasías y no sólo en la conducta o en problemas a resolver.

La interrogación comienza con un interés genuino en la experiencia subjetiva del cliente y la construcción del significado. Se procede con preguntas del terapeuta sobre lo que el cliente está sintiendo, cómo se experimenta a sí mismo y a los otros (incluido el terapeuta), y qué conclusiones va alcanzando. Puede continuar con preguntas históricas sobre cuando ocurrió una experiencia concreta y quién era significativo en la vida de la persona en ese momento.

En el tratamiento de la disociación los interrogantes se usan en la fase preparatoria de la terapia para aumentar la conciencia del cliente sobre cuando y cómo ha disociado. Incluye la investigación de la experiencia del cliente sobre el componente de interrupciones de contacto que constituyen la disociación. ¿Qué es lo que él o ella hacen? ¿Se utilizan actividades autohipnóticas? Algunos clientes reportan que vuelven los ojos, se hacen pequeños en su interior, mueven un dedo.

Al tratar a un cliente que disocia puede ser importante el asumir que la función de la disociación es relevante a las necesidades de los Estados del Yo fragmentados. Con muchas personalidades uno podría preguntarle a cada parte ¿Cuál es tu “rol”? Cada personalidad puede tener una función específica a cumplir, como expresar un sentimiento particular por ejemplo. sólo rabia o solo tristeza); anclarse en una defensa aislada (limpieza compulsiva o amnesia) o manejarse con las exigencias de la vida (organización o productividad). Frecuentemente una personalidad está al servicio de una función protectora y/o nutricia que faltó en el pasado y que podría seguir faltando en relaciones actuales, como la validación, la sintonía con necesidades y sentimientos, o la provisión de seguridad y nutrición. Es esencial quien proveyó o cumplió las funciones necesarias para el desarrollo que debería haber satisfecho el responsable de su cuidado. ¿Cómo le fallaron?. La toma de datos es también esencial sobre la forma de anticipar el cliente cómo otros le fallaron en una relación. Esta anticipación constituye una de las dimensiones de la transferencia – el terror a la retraumatización – y la justificación para el mantenimiento de las defensas contra las relaciones de contacto.

En la psicoterapia de la disociación es crucial que el terapeuta comprenda cada necesidad personal del cliente para estabilizar, validar y reparar a otra persona para asumir algunas de las funciones de la relación que el cliente intenta asumir solo. Una relación terapéutica orientada al contacto requiere que el terapeuta esté sintonizado con estas necesidades relacionales, y que se involucre, a través de la validación empática de sentimientos y necesidades, en proveer seguridad y apoyo

Sintonía

La sintonía es un proceso de 2 partes: incluye tanto ser plenamente consciente de las sensaciones de otros, sus necesidades y sus sentimientos como comunicar ese conocimiento al otro.

La sintonía requiere el entendimiento de las necesidades básicas del desarrollo y los sentimientos conectados que fueron fijados en la experiencia traumática y que requieren expresarse ahora. Más que simple comprensión, la sintonía es una sensación kinestésica y emocional del otro (sabiendo de la experiencia del otro por su piel, dicho metafóricamente). La sintonía efectiva, además, requiere que el terapeuta simultáneamente permanezca consciente de las fronteras entre él y el cliente. Se realza enfocando al cliente hacia la época del desarrollo de su trauma y sabiendo qué es lo que una persona de esa edad traumatizada está intentando expresar; qué requerimientos tiene de necesidad de experiencias; y su necesidad de protección, seguridad y relación con un cuidador.

La comunicación de sintonía valida las necesidades del cliente y sus sentimientos, y sienta las bases para el establecimiento de la reparación de los fallos de las relaciones previas. La sintonía puede ser por lo que decimos, como “eso duele” o “necesitabas a alguien contigo”… Frecuentemente es más comunicada por los movimientos faciales y corporales del terapeuta, señalando al cliente que existe su afecto, que es percibido por el terapeuta como significativo, y que produce un impacto en el terapeuta.

La sintonía es a menudo experienciada por el cliente cuando el terapeuta va traspasando suavemente las defensas que le protegen de la consciencia del trauma y sus sentimientos y necesidades conexas, y va tomando contacto con partes de su estado del yo Niño largamente olvidadas. Después de un tiempo, esto es el resultado de una disminución de las interrupciones externas para el contacto, y la correspondiente disolución de las defensas internas. Las necesidades y los sentimientos pueden ser expresadas cada vez más con el confort y seguridad de que encontrarán una respuesta empática. Frecuentemente la sintonía provee de un sentido de seguridad y estabilidad que permita al cliente empezar a recordar y soportar la regresión a la experiencia traumática, hacerse plenamente consciente del dolor del trauma, del fallo de la(s) relación(es), y de la pérdida del sentido de sí mismo.

Yuxtaposición

La yuxtaposición de la sintonía del terapeuta con el recuerdo de la falta de sintonía en relaciones significativas previas produce memorias emotivas intensas de necesidades no satisfechas. En vez de experienciar esos sentimientos, el cliente puede reaccionar defensivamente al contacto ofrecido por el terapeuta con miedo, rabia o incluso con más disociación. El contraste entre el contacto disponible con el terapeuta y la falta de contacto durante el trauma original, es a menudo mayor de lo que los clientes pueden soportar, defendiéndose contra el contacto actual para evitar recuerdos emocionales.

Es importante para el terapeuta trabajar sensitivamente con el proceso de yuxtaposición. El afecto y conducta expresadas por el cliente son un intento de negar recuerdos emocionales. Los terapeutas que no toman en cuenta estas reacciones defensivas, pueden por error identificar la reacción de la yuxtaposición como una transferencia negativa y/o una experiencia intensa de sentimientos contratransferenciales en respuesta a la evitación del cliente al contacto interpersonal. El concepto de yuxtaposición ayuda los terapeutas a comprender la intensa dificultad que el cliente tiene para contrastar el contacto actual ofrecido por el terapeuta, con la conciencia de que las necesidades de una relación de pleno contacto fueron insatisfechas en el pasado.

Las reacciones de yuxtaposición pueden señalar que el terapeuta esta procediendo más rápido que lo que el cliente puede asimilar. Frecuentemente, es bastante prudente retroceder al contrato terapéutico y clarificar el propósito de la terapia. Explicar el concepto de yuxtaposición ha sido beneficioso en algunas situaciones. Más a menudo una cuidadosa interrogación sobre la experiencia fenomenológica de la interrupción del contacto actual, revelará los recuerdos emocionales de relaciones decepcionantes y dolorosas. Una vez que las interrupciones al contacto hayan desaparecido, la relación ofrecida por el terapeuta proporciona al cliente una sensación de validación, cuidado, apoyo y comprensión – “alguien está aquí para mí”. Esta implicación es un factor esencial en la disolución de las defensas que constituyen la disociación y en la resolución e integración de traumas previos y relaciones n correspondidas.

Implicación

La implicación es mejor entendida vía la percepción del cliente; es un sentir que el terapeuta da contacto. Evoluciona desde las preguntas empáticas del terapeuta sobre la experiencia del cliente y se desarrolla a través de la sintonía del terapeuta con el afecto yy la validación de las necesidades del cliente. La implicación es el resultado de que el terapeuta esté completamente presente, con y para el cliente, en una forma apropiada al nivel de desarrollo del cliente. Incluye un interés genuino por el mundo intrapsíquico e interpersonal del cliente y una comunicación de ese interés a través de la atención, las preguntas y la paciencia.

La implicación comienza con el compromiso del terapeuta con el bienestar del cliente y el respeto por su experiencia fenomenológica. El contacto completo se hace posible cuando el cliente experiencia que el terapeuta 1) respeta cada defensa; 2) se mantiene sintonizado a sus afectos y necesidades; 3) es sensitivo hacia el funcionamiento psicológico a la edad de desarrollo psicológico en la que ocurrió el trauma; y 4) está interesado en comprender la forma de construir el cliente el significado del trauma.

El conjunto complejo de defensas que constituyen la disociación se erigió en ausencia de una implicación cuidadosa y respetuosa de alguien fiable y del que se pudiera depender. Los clientes que han confiado en la disociación como una medida protectora experimentaron que tenían que protegerse y confortarse frente a estímulos hirientes y abrumadores. En ausencia de un contacto con alguien de quien depender fiable y consistente con la satisfacción de necesidades, es como las defensas se fijan.

La implicación terapéutica enfatiza el conocimiento, la validación, la normalización y la presencia, disminuye los descuentos internos que forman parte de la disociación. Estos compromisos permiten a los sentimientos previamente desaprobados y a las experiencias negadas, hacerse plenamente conscientes. El conocimiento del terapeuta de los sentimientos del cliente comienza con la sintonía con el afecto del cliente, incluso si este no es expresado. A través de la sensibilidad con la expresión psicológica de emociones, el terapeuta guía al cliente a expresar sus sentimientos o a hacerle saber que los sentimientos o las sensaciones físicas pueden estar en la memoria – la única memoria disponible. Por ejemplo, si los ojos de la persona estuvieran cerrados durante el evento traumático, no habría memoria visual. En otras situaciones el niño pudo ser demasiado pequeño para recordar cognitivamente. En muchos casos de trauma los sentimientos de la persona no fueron reconocidos, y puede ser necesario en psicoterapia ayudar a esos individuos a desarrollar un vocabulario con el que verbalizar esos sentimientos. El conocimiento de sensaciones físicas y afectos ayudan al cliente a reivindicar su propia experiencia fenomenológica. El conocimiento incluye a una persona receptiva que sabe y comunica sobre la existencia de movimientos no verbales, tensión muscular, afectación, o incluso fantasía.

Hay momentos en la vida de los clientes en los que los sentimientos fueron conocidos pero no validados. La validación comunica al cliente que su afecto o sensación física están relacionados a algo significativo. La validación está uniendo la causa y el efecto. Por ejemplo: “Basado en lo que me describiste, te sentiste triste porque nadie estaba allí para atenderte” o “tus fantasías y sueños están guardando algo importante.” La validación disminuye la posibilidad de que el cliente internamente descuente la significación del afecto, sensación física, recuerdo o sueños. Realza para él el valor de su experiencia fenomenológica y por tanto aumenta su autoestima. “Nonnalization” despatologiza la categorización o definición del cliente o de otros sobre la experiencia interna o conducta que trata de manejar los efectos del trauma.

Bajo circunstancias extremas, es normal disociar. Puede ser esencial para el terapeuta tomar en cuenta mensajes sociales o parentales como “Estás loco por sentirte asustado”, así como “Nadie debería asustarse en esa situación”. Muchas fantasías extrañas, flashes del pasado y pesadillas, así como mucha confusión, pánico y defensiones son normales manejando fenómenos en situaciones anormales. Es imperativo que el terapeuta comunique que la experiencia del cliente es un reacción defensiva normal, no patológica.

La presencia es aportada por el psicoterapeuta manteniendo respuestas empáticas tanto a las expresiones verbales como no verbales del cliente. Esto ocurre cuando el comportamiento y la comunicación del terapeuta supone y realza la integridad del cliente.

La presencia incluye la receptividad la afecto del cliente ,esto es a dejarse impactar, y afectar por las emociones del cliente, pero sin sentirse ansioso, deprimido o enfadado. La presencia es una expresión de la disponibilidad del terapeuta para el contacto total interno y externo. Comunica la responsabilidad, dependabilidad y confiabilidad del terapeuta.

Recordar las experiencias traumáticas y de abandono puede ser aterrador y doloroso para el cliente; sin embargo, la implicación terapéutica mantenida por la constante vigilancia del terapeuta provee un ambiente y una relación segura. El terapeuta, necesariamente, ha de ser constantemente en sintonía con la capacidad del cliente de tolerar la conciencia de las experiencias traumáticas sin que él o ella no se abrume de nuevo en la terapia cuando vuelve a la situación traumática. Cuando las preguntas sobre las experiencias fenomenológicas del cliente y las regresiones se dan en ambientes en los que hay calma a su alrededor, las defensas fijadas se relajan y las necesidades y sentimientos que se derivan de la experiencia traumática se integran. La implicación del terapeuta, a través de transacciones que reconocen, validan y normalizan la experiencia fenomenológica del cliente, y mantienen una presencia empática, nutre la potencia terapéutica que permite al cliente depender con seguridad en la relación. La potencia es el resultado del contrato que comunica que el terapeuta está completamente implicado en el bienestar del cliente. La conciencia , validación y normalización provee al cliente de permiso para conocer sus propios sentimientos, valorar el significado de sus afectos y relacionarlos a los eventos actuales o anticipados. Este tipo de permisos terapéuticos para disminuir las defensas, para conocer sus sensaciones físicas, sus sentimientos, recuerdos y revelarlos, debe llegar sólo después de la protección de las experiencias del cliente dentro del ambiente terapéutico. Esta protección terapéutica es adecuada solo cuando hay una cuidadosa evaluación de las dinámicas relacionadas con castigo intrapsíquico y el cliente se siente seguro. El castigo intrapsíquico incluye las percepciones de pérdida del apego o del bonding del niño, la vergüenza, o la amenaza de la pena merecida. Las intervenciones protectoras pueden incluir un apoyo a la dependencia regresiva, proveyendo un ambiente seguro y protector en el que el cliente pueda redescubrir lo que disoció, y recorrer el proceso terapéutico para que las experiencias e integren completamente. Tener algunos recuerdos aprisionados hasta que otros hayan sido tratados, es el camino para asegurar que el cliente no va a desbordarse abrumado por la ansiedad. Por ejemplo, para una cliente, sus recuerdos traumáticos primero emergían en pesadillas. A menudo estaba abrumada por el terror y exhausta por la necesidad de sueño. Periódicamente se le animó a dejar de soñar hasta que el material ya soñado se hubiera clarificado y se hubiera trabajado. Una vez que ella conectó sus sueños a recuerdos de su niñez y comprendió y resolvió las ramificaciones de aquellos eventos en su vida adulta, el terapeuta le animó a soñar el siguiente episodio. Se le animó así mismo a que apuntara sus sueños en un block para que pudiera volver a dormir o concentrarse en su trabajo del día siguiente. Trajo el cuaderno de apuntes a las sesiones de terapia como una ayuda para recordar y descifrar los sueños. Posponer o apuntar sus sueños sirvió como una protección a sus sensaciones abrumadoras.

Hay veces que el cliente intenta elicitar la sintonía y comprensión con un “acting out” de un problema que no puede ser expresado de otra forma. Estos acting out son simultáneamente una desviación defensiva de recuerdos emocionales y también un intento de comunicar sus conflictos internos. Las confrontaciones o explicaciones pueden intensificar las defensas al concienciar de necesidades y sentimientos menos accesibles. La implicación incluye una suave, respetuosa interrogación sobre la experiencia interna conectada con el acting out. El interés y respeto genuino del terapeuta en la comunicación, que a menudo puede ser no verbal, es un aspecto esencial de la implicación terapéutica.

La implicación puede incluir que el terapeuta activamente facilite el que el cliente deje de hacer retrocesos represivos y la inhibición de respuestas activadoras, como gritar por ayuda o luchar. El revelación considerada de las reacciones internas del terapeuta o su compasión es una expresión mayor del implicación. Esta puede incluir responder a las necesidades más tempranas del desarrollo en forma que simbólicamente represente la satisfacción de la necesidad, aunque el objetivo de la terapia orientada al contacto no es la satisfacción de necesidades arcaicas. Más bien, el objetivo es la disolución de defensas de fijación de la interrupción del contacto que interfieren con la satisfacción de las necesidades actuales y el contacto completo consigo mismo y con otros. Esto a menudo se lleva a cabo trabajando transferencialmente para permitir que el conflicto intrapsíquico sea expresado dentro de la relación terapéutica, y respondido con transacciones empáticas apropiadas.

Conclusión

Trabajando con clientes disociativos, una psicoterapia orientada al contacto que usa la toma de datos, la sintonía y la implicación responde a las necesidades actuales del individuo para una relación nutritiva que sea sustentadora y reparadora. El objetivo de la terapia es la integración de experiencias cargadas de afecto y la reorganización intrapsíquica de las creencias del cliente sobre sí mismo, sobre otros y sobre la calidad de vida. El contacto facilita la disolución de defensas y la integración de partes disociadas de la personalidad. A través del contacto, las experiencias no conscientes, irresueltas y desposeídas, se hacen parte cohesionada de sí mismo. Con la integración se hace posible para una persona enfrentar todo momento con espontaneidad y flexibilidad para resolver los problemas de la vida y relacionarse con la gente sin recurrir a la defensa de la disociación.

Transactional Analisys Journal Vol. 23, No. 4, October 1993

Peticiones para reimpresión deben enviarse a:

Institute for Integrative Psychotherapy,

500 East ,85th Street, New York

New York 10028, U.S.A.

Richard Erskine

Richard Erskine

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