La herencia de mis hijos

01/08/2015

herencia de mis hijos
Herencia de mis hijos por Juan Carlos López

A mis hijos me gustaría dejarles en herencia: autonomía para la vida, saber discernir quién merece la pena y a quién hay que evitar, gusto por aprender, luchar ante las adversidades y aprender de ellas, respetar a todos, y hacerse respetar, tener una buena autoestima, pero que ésta no les lleve a creerse superiores a nadie. Que sepan pedir ayuda cuando la necesiten.

Me gustaría que heredasen una gran capacidad de trabajo,que si la vida les permite tener más que los demás, sepan ser generosos, y si les toca tener poco, sepan ser felices con ese poco, y quieran luchar por crecer.

En legado, que tuvieran habilidades sociales, don de gentes, amabilidad, simpatía. Que sepan amar, y que sepan valorar la familia, y se refugien en ella para coger impulso cuando las circunstancias lo precisen. Que sepan callar y hablar según conveniencia. Que sepan ser cautos en las elecciones, y que cuando unan su alma a alguien sea por amor, no por miedo a la soledad ni por inercia.

Que sepan decir que sí sólo cuando quieran, y decir que no sin culpa. Que sepan tomar sus decisiones, que superen la adicción a los demás, y que busquen la satisfacción con lo hecho y no con el aplauso.

Que hereden sentido del humor y sepan reír y reírse de sí mismos.

Por lo menos, el conocimiento de dos lenguas diferentes a la materna, de manera que tengan menos fronteras y el idioma no sea un obstáculo en su caminar. Saber utilizar el lenguaje no verbal de manera que les sea más fácil entender al mundo. Responsabilidad a la hora de conducirse en la vida, en todas maneras posibles, con vehículo y sin él.

Orden, capacidad de superación, lucha, amor por la lectura, sobre todo la que permite un crecimiento personal, que sean entusiastas, y gusto por el deporte como medio de disfrute y forma de cuidar el cuerpo.

Y sobre todo dos sacos, uno “el saco de ganas”, otro “el saco de valores”. Que sepan rebelarse ante lo injusto, saber distinguir lo que pueden cambiar y conseguir las fuerzas para cambiarlo, y lo que deben aceptar y, por supuesto, la sabiduría para saber la diferencia.

Un uso responsable del ocio, un gusto por el trabajo bien hecho. Que prefieran tener paz a tener la razón.

Que hereden la sensibilidad de ayudar a todas las personas que tienen alguna discapacidad o alguna necesidad especial en la vida y sean solidarios con ellas.

Por supuesto, me gustaría que la genética fuera selectivamente generosa y no desarrollasen ningún gen que les generase enfermedades pero, si así fuese, que supiesen aprender de ellas.

Que supiesen distinguir, y elegir la manera de alimentarse, que no fuesen ansiosos con la comida, ni demasiado exquisitos con ella. Que sepan disfrutar de la alimentación, pero sepan cuidar lo que introducen en el cuerpo para no dañarles.

No me gustaría que heredasen ningún tipo de odio ni rencor, al contrario, que el perdón y la comprensión formen parte de sus vidas. No me gustaría dejarles en herencia ningún tipo de miedo ni de fobia, ni a los animales, ni a las enfermedades, ni miedo al ridículo, ni mucho menos a la vida.

Para ello, tendré que estar vigilante de mis actos y mis comentarios, para no contagiarles. Y en el caso de ser traicionado por la impulsividad, hacerles ver que hay pensamientos irracionales que debemos combatir.

No, no me gustaría dejar nada material, sino la capacidad de luchar por conseguirlo.

No me gustaría haberles dado demasiado para que les queden muchas experiencias por vivir. Que les queden cosas por descubrir, y mundos nuevos que le sorprendan.

Me gustaría que tuviesen lo mejor de su madre y de su padre, algo de sus abuelos pero, sobre todo, que sean eslabón más avanzado que sus padres.

 

Esos locos bajitos
A menudo los hijos se nos parecen,
y así nos dan la primera satisfacción;
ésos que se menean con nuestros gestos,
echando mano a cuanto hay a su alrededor.

Esos locos bajitos que se incorporan
con los ojos abiertos de par en par,
sin respeto al horario ni a las costumbres
y a los que, por su bien, dicen que hay que domesticar.

Niño, deja ya de joder con la pelota.
Niño, que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.

Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
con nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma
y que les bastan nuestros cuentos
para dormir.

Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones
con la leche templada
y en cada canción.

Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día
nos digan adiós.

Joan Manuel Serrat

 

Juan Carlos López
Juan Carlos López

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