La experiencia en la construcción de un Psicoterapeuta Humanista Integrativo

01/10/2015

José Zurita

José Zurita

Acompañar a una persona en su camino desde el amor, ayudando a que descubra sus bloqueos, miedos, carencias y un sinfín de interferencias que le impiden vivir su vida confortablemente es una tarea maravillosa. La Psicoterapia. Un magnífica profesión.

Para poder realizarla de forma profesional con buenos resultados se requieren una serie de capacidades, habilidades, estudios académicos y procesos. Una carrera universitaria que nos centra y prepara para saber pensar, buscar información, nos aporta conocimientos profesionales teóricos y, a veces, prácticos. Nos sitúa en la base. Un punto de partida desde el que empezar a formarnos para ser profesionales, es decir, para aprender a trabajar.

En la mayoría de las profesiones se comienza ese proceso post-académico trabajando. Becario o contrato en prácticas suelen ser puntos de partida en ese aprendizaje. Poco a poco vas cogiendo experiencia y te vas convirtiendo en un profesional.

En Psicoterapia es diferente. También es verdad que se trata de una profesión muy especial y no podía ser de otra manera que los pasos para convertirte en profesional fueran distintos. No aprenderás a ser psicoterapeuta con un contrato de becario o en prácticas. Eso es evidente.

Para ser un buen psicoterapeuta, al menos desde nuestro enfoque, la Psicoterapia Humanista Integrativa, necesitas aprender desde la experiencia. Lo experiencial es un factor imprescindible en ese camino de aprendizaje. Tras pasar por la universidad, podríamos diferenciar varios tipos de experiencia que harán del aprendiz un buen profesional.

Experiencia del proceso de aprendizaje profesional.Tras la experiencia universitaria que coloca en un buen punto de partida de aprendizaje, el post-grado que generalmente se realiza en formato Máster, ofrecerá al alumno una formación profesional estructurada. Necesariamente deberá incluir una serie de conocimientos teóricos que el alumno irá integrando a lo largo del proceso de formación. Teorías, técnicas y estrategias terapéuticas. Conocimientos de otras escuelas y enfoques. Casos prácticos, estudios profundos de psicopatología y psicodiagnóstico. Ética y Relación terapéutica. Mucha teoría necesariamente acompañada de unas prácticas dentro de la formación que quedará bien diferenciada de la práctica profesional. Estas prácticas son imprescindibles para que el alumno integre su aprendizaje teórico dentro del proceso que está realizando en este tiempo de formación. Esta experiencia práctica la realizará tanto mediante ejercicios con sus compañeros de formación como con pacientes reales, a los que acompañará en una terapia debidamente supervisada. Que la formación de postgrado sea práctica y experiencial es imprescindible para que realmente enseñe a trabajar. El experienciar lo aprendido es lo que permitirá fijarlo y que esto no se olvide. Me gusta mucho ese proverbio creo que indio que dice “lo que se lee se olvida, lo que se estudia se recuerda, lo que se hace se aprende.”

Experiencia de modelaje. Aquí entra en juego también uno de los pilares de cualquier formación profesional desde el principio de los tiempos: el modelaje profesional. Que los profesores sean profesionales de lo que se estudia es fundamental para que se produzca esa ancestral forma de adiestramiento profesional. Incorporar de modelos profesionales nos capacita para saber trabajar. Nuestra idea es que integramos de nuestros maestros aquello que encaja con nuestra personalidad. Sólo lo que es compatible con nuestra forma de ser. Por esto es importante que en esta profesión se aprenda de diferentes maestros con la mayor cualificación posible pero de distintos tipos de personalidad. El alumno irá integrando unas cosas de unos y otras de otros, de forma que lo aprendido se integre con la personalidad del alumno construyendo un propio “yo profesional” único.

Experiencia interna en su propio proceso de psicoterapia. Desde nuestro enfoque Humanista Integrativo no puede y no debe haber un psicoterapeuta que trabaje con pacientes sin haber realizado su propio proceso de psicoterapia. Es indudable que un psicoterapeuta necesita tener la mayoría de sus conflictos resueltos para que no se produzca una interferencia entre estos y los de su paciente durante la terapia. La coherencia del terapeuta es fundamental para establecer la confianza necesaria dentro de la Relación Terapéutica. “No seré coherente siendo psicoterapeuta si yo no he hecho mi propio proceso de terapia”. Existen muchos argumentos que justifican esta afirmación, pero en relación con la experiencia, el aprendizaje del psicoterapeuta no estaría completo sin haber vivido desde dentro un proceso de psicoterapia. La resolución de sus propios conflictos acompañado por su psicoterapeuta aquí convertido en maestro irá ofreciendo una experiencia interna insustituible al futuro profesional. Por supuesto que lo más recomendable es que la psicoterapia propia sea del mismo enfoque que la que se está aprendiendo, puesto que el terapeuta ira aplicando las mismas teorías, técnicas y estrategias terapéuticas que el alumno está aprendiendo en su formación. Así se producirá una experienciación interna de todo lo que está estudiando.

En el propio proceso de terapia personal se produce una experiencia interna muy importante para el desarrollo de un buen psicoterapeuta humanista integrativo: la experiencia emocional. La vivencia de las propias emociones, el trabajo emocional desbloqueando emociones arcaicas y las respuestas internas durante la resolución de un conflicto irán dando un aprendizaje sobre los procesos internos que mejorarán la capacitación del profesional aparte, por supuesto, del crecimiento y sanación de la persona.

Experiencia profesional. Una vez terminada la formación básica de postgrado, y ya convertido en profesional, el psicoterapeuta empezará a ver pacientes. Esas primeras experiencias irán aportando una inmensidad de conocimientos y situaciones prácticas que le permitirán ir creciendo en su desarrollo profesional.

Experiencia de supervisión. La supervisión es un acompañamiento imprescindible en esta profesión. La experiencia de supervisar los pasos profesionales es fundamental para que el psicoterapeuta complete su formación. En cualquier profesión se puede dar la figura más o menos clara del supervisor, un profesional de mayor experiencia que observe y guíe los primeros tiempos de cualquier persona que esté aprendiendo su profesión. Aquí es distinto. La supervisión nos debe acompañar durante toda nuestra carrera profesional. Esto es debido fundamentalmente a que en psicoterapia se mezclan procesos conscientes, de los que nos podremos dar cuenta, e inconscientes, que podrán pasar inadvertidos por muy buenos y experimentados profesionales que seamos. Ahí la figura del supervisor será clave para detectarlo y orientar al psicoterapeuta de cómo resolverlo. Mediante esta experiencia además de un gran aprendizaje al desmenuzar cada caso o problema surgido en terapia, y del contenido formativo que tiene esa relación con el supervisor, aprendemos a ser humildes, algo tremendamente importante en una profesión que por su interacción con el paciente que llega con sus carencias y sus miedos sería proclive a la arrogancia.

Experiencia de vida. Puede que en otras profesiones sea importante la experiencia de vida. En Psicoterapia se magnifica su trascendencia ya que, una vez pasada por el filtro de la propia terapia personal, servirá para facilitar la empatía y el acompañamiento al paciente desde el amor. Lo aprendido a través de la propia experiencia nos forma como personas, aquí también como profesionales. En el transcurso de un proceso de psicoterapia vamos acompañando al paciente en su recorrido sin juzgarle, sin decirle lo que tiene que hacer, un pasito por detrás para que sea él o ella quien tome las decisiones. Nosotros, desde nuestra experiencia de vida, podemos ilustrar el camino mostrándole si acaso nuestra visión del asunto sin guiarle, haciendo las preguntas adecuadas para que vaya construyendo su propio recorrido. Sólo si llega él o ella a descubrir su solución esa vía será posible. Si metemos la pata y le damos respuestas antes de que sean descubiertas inhabilitaremos ese camino. No le servirá. Habrá que volver a empezar. Utilizaremos nuestra experiencia de vida para ver la escena desde múltiples perspectivas y así indagar, preguntar y señalar al paciente, acompañándole en busca de su propia solución.

Como hemos visto, la experiencia es fundamental para que una persona se convierta en un buen psicoterapeuta humanista integrativo. Debemos prepararnos concienzudamente para ser buenos profesionales, esta maravillosa profesión así lo requiere. Será la experiencia la que nos ponga todo ese aprendizaje en su sitio y podamos acompañar sin demasiadas interferencias el proceso de nuestros pacientes desde el amor y la honestidad. Y es esa experiencia de acompañar desde el amor lo que nos hará más grandes, más humildes, más honestos, más espirituales y más sabios de corazón.

José Zurita

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