El Apego

01/09/2009

El siguiente texto pertenece al libro Emocionarte con los Niños, que estará a la venta desde el 20 de Septiembre y del que se hará la presentación en el Ateneo de Madrid el 14 de Octubre de 2009

Todos sabemos que la relación entre el niño y sus padres es muy importante para su desarrollo evolutivo. A partir de esta certeza, podemos definir el apego como ese lazo emocional que desarrolla el niño con sus padres (o figuras parentales) y que le proporciona la seguridad emocional indispensable para el desarrollo de sus habilidades tanto psicológicas como sociales.

Desde el momento en que nace, el niño siente que permanece unido por completo a su madre y sólo se relaciona con ella. La unión fisiológica con la madre —primero del feto y después del bebé— debe ir terminando de forma suave y progresiva cuando termina la lactancia, para dar paso a la individuación del hijo; es durante ese proceso de transición hacia la separación–individuación cuando se empieza a desarrollar el mundo emocional del niño.

La Teoría del Apego, desarrollada por John Bowlby, explica cómo, durante el proceso de crecimiento, el niño va adquiriendo seguridad, confianza y confort, así como desarrollo emocional y mental, ya que el ser humano no nace con la capacidad de regular sus reacciones emocionales. Los trabajos de Mary Ainsworth (1978) tuvieron un papel primordial en el desarrollo de esta investigación, y en ellos destacó tres tipos fundamentales de apego:

El apego seguro, caracterizado por la aparición de ansiedad frente a la separación, que desemboca en un refuerzo de la seguridad cuando se produce el reencuentro con la madre. Supone la incorporación de un modelo de funcionamiento interno de confianza en el cuidador.

El apego ansioso/evitativo, en el que el bebé muestra poca ansiedad durante la separación y un claro desinterés en el posterior reencuentro con la madre; esta experiencia supone la incorporación de un modelo que implica desconfianza en la disponibilidad del cuidador.

El apego ansioso/resistente, en el que se muestra a un niño con ansiedad de separación, y que no se tranquiliza al reunirse con la madre. Se trata de niños que muestran capacidades de exploración y juego limitadas, tienden a sentirse altamente perturbados por la separación y presentan dificultades posteriores a la hora de reponerse. La presencia de la madre y sus intentos por calmarlo fracasan, mientras la ansiedad del bebé y su rabia le impiden obtener alivio ante la proximidad de la madre.

En estudios posteriores se ha descubierto que la base de seguridad del niño guarda relación con la sensibilidad de la madre ante los mensajes que éste le envía, mientras que las otras dos formas de apego, inseguro/indiferente-evitativo y ansioso-ambivalente/resistente, muestran rechazo materno y falta de una madre segura.

Para Bowlby, los patrones de apego se mantienen a lo largo del tiempo, es decir, los «modelos de funcionamiento interno» del sí mismo (self) y de los otros, proporcionan modelos para todas las relaciones posteriores, y se mantienen relativamente estables a lo largo del ciclo vital.

Atendiendo a lo anterior, consideramos que para que se dé un apego adecuado para el proceso de desarrollo emocional del bebé, es necesario tener en cuenta la interacción existente entre varios sistemas: la alimentación, el ambiente en el que crece el bebé y el contacto.

La recomendación actual de la Organización Mundial de la Salud es que el recién nacido y su madre permanezcan juntos —«la observación del bebé por parte del personal sanitario no justifica la separación de la madre»—, y «que la lactancia sea: inmediata, incluso antes de que la madre abandone la sala de partos». Queremos hacer hincapié aquí en la importancia del ambiente familiar, que podemos definir como el conjunto de relaciones que se establecen entre los miembros de la familia que comparten el mismo espacio. Otro punto igual de importante es el contacto piel a piel que tiene lugar durante la primera etapa de su vida, a través del baño, de la lactancia —tanto natural como mediante el uso del biberón—, o del simple contacto que se produce durante el juego, para un desarrollo emocional saludable.

Es, durante estos primeros momentos, cuando el bebé incorpora el permiso de existir, y cuando la madre, o su sustituto, tienen la responsabilidad de hacer lo necesario para satisfacer las necesidades del bebé. Necesita atención amorosa y reconocimiento por lo que es. El bebé empieza a desarrollar su potencial de SER, utilizando sus capacidades básicas de supervivencia: llorar y succionar. Como padres y cuidadores, y con el fin de que los niños consigan estos objetivos, debemos enviarles mensajes de afirmación, como por ejemplo:

«Está bien que te cuidemos, te toquemos y te demos de comer».

«Tienes derecho a estar aquí».

«Me encanta que seas niño o niña».

«Para mí está bien que tengas necesidades».

«Me gusta abrazarte, estar cerca de ti, tocarte».

«No tengas prisa; puedes tomarte el tiempo que necesites».

Con respecto a estos mensajes de afirmación, es importante que antes de enviárselos los integremos y los hagamos nuestros, para que al transmitírselos oralmente realicemos una transferencia emocional, que es lo que el bebé va a incorporar. El beneficio del mensaje le va a llegar al bebé a través de nuestra coherencia emocional, implícita en la esencia del mensaje. De nada sirve repetir un mensaje verbal si no lo sentimos o no nos lo creemos.

Tanto el vínculo como la forma de apego que desarrolla cada niño con su madre y su padre, van a determinar el modo de relacionarse con las demás personas, con sus emociones, con la vida y con sus propias experiencias.

Tipos de apego y tipos de padres

Al intentar hacer una clasificación de los tipos de padres y los tipos de apegos, hemos establecido diferentes tipos de padres en función de la situación con respecto a dos ejes que se cruzan: un eje formado por Calidez-Cercanía y Distancia-Frialdad, y otro eje formado por Exigencia–Laxitud (permisividad) es decir, teniendo en cuenta si los padres, en sus relaciones con sus hijos, muestran por un lado calidez y cercanía, o por el contrario lo que muestran hacia ellos es frialdad y distancia. Y por otro lado, hemos considerado si se trata de padres con una excesiva laxitud (permisividad) en su relación con sus hijos o si, por el contrario, se trata de padres muy exigentes y estrictos.

Combinando estos dos ejes hemos realizado este cuadro en el que mostramos los tipos de padres. Hemos situado dentro del círculo central las características parentales más sanas y dentro del círculo más grande otros tipos de padres no demasiado extremos (la colocación de los nombres en función de su alejamiento del centro indica su riesgo potencial), dejando fuera del círculo los tipos de padres que podríamos considerar como nocivos.

2009-09-02

En nuestra experiencia, lo más saludable para los niños y su desarrollo es que los padres adopten posturas intermedias y equilibradas.

Los estilos de padres estarán influenciados por la estructura de personalidad de cada uno, originada como consecuencia de la relación e interacción con sus figuras parentales en su infancia y el modelo de ser padres que les han transmitido.

Si al reflexionar sobre el cuadro anterior os dais cuenta de que podéis estar en alguno de los ocho tipos de padres nocivos, modificar en lo posible la posición ayudará sin duda a mejorar la relación con vuestros hijos.

Pepe y Maca

José Zurita y Macarena Chías

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