Supervisión. Diaro y reflexiones de una counsellor humanista integrativa novel “L”

04/06/2018

Soy una Counsellor Humanista Integrativa Novel y llevo mi L. Creo que la mayoría de los conductores desconocemos el significado de esta letra. Pues bien, viene del inglés y quiere decir learner, aprendiz. Y en eso estoy yo, aprendiendo. Por eso esta Tesina solo pretende ser por un lado un acercamiento al ámbito de la supervisión, desde mi humilde y corta experiencia profesional como Counsellor Humanista Integrativo y por otro, un espejo orientativo en el que pueden mirarse los que comienzan en el aprendizaje de este arte, que es el acompañar a las personas en su crecimiento.

“La supervisión en los procesos de la orientación y la psicoterapia es un espacio para la maduración personal y profesional mediante la reflexión y la creación compartida”
George Davy Vera

Resumen

Este trabajo se centra en la visión que puede tener un profesional del ámbito de la psicoterapia y del counselling, respecto al tema de la supervisión durante sus comienzos. Además también reúne en él diferentes aspectos teóricos que se pueden considerar básicos para las personas que empiezan, a la hora de acercarse a la supervisión. En definitiva, no estamos solos en este camino de aprendizaje y crecimiento hacia nuestra autonomía profesional.

Palabras Claves: Supervisión, Counselling Humanista Integrativo, Necesidades Relacionales, Experiencia Personal.

Abstract

This work focuses on the vision that can have a professional in the field of psychotherapy and counseling, on the issue of supervision during its infancy. In addition it also meets in different theoretical aspects that can be considered  basic for people starting, when monitoring approach. In short, we are not alone on this path of learning and growth to our professional autonomy.

Keywords : Monitoring, Humanistic Integrative Counselling, Relational Needs, Personal Experience.

Introducción

Cuando vi el listado de temas propuesto para realizar la tesina, no me costó mucho decidir porque casi que me salió solo, lo vi y me dije: “no sé por qué, pero esto me llama”. Pues claro que me llama, si en este punto de mi proceso es una de las cosas que más siento que necesito ahora.

Dudas sobre cómo actuar, miedo a equivocarme, esperanza, nervios, comparaciones, inseguridad, descontrol, ilusión, soledad, cansancio… son algunas de los aspectos por los que he pasado (y aún paso en cierta manera) cuando llevo a cabo mi trabajo. Qué miedo y que agotador es todo esto!! ¿A lo mejor me he equivocado de profesión? ¿No sirvo?, ¿Estoy haciéndolo bien con mi paciente? ¿No estoy preparada? o simplemente ¿Esto que siento es normal?, ¿Sólo a mí me pasa esto? Cosas como estas surgían en mí una y otra vez, retrasando mi salto al mundo laboral o simplemente impidiéndome crecer más en este sentido.

Cuando me puse a pensar al respecto y a cuestionarme, me di cuenta de que realmente “no sabía nada” al respecto, ni me había parado a pensar su función, origen, para qué era, si había más modelos o era algo universal, etc. Todo se reducía a que había que hacerla.

Contenido

Por lo vivido en diferentes ámbitos formativos, muchas personas cuando terminan su formación y se enfrentan a la supervisión, lo hacen de formas muy distintas y que en parte están influenciadas por cómo ha sido su proceso personal y de formación. Creo que es aquí donde se puede ver ya claramente cuáles pueden ser las bases sobre las que nos solemos apoyar más profesionalmente: la formación y el proceso personal. Pero ¿y la supervisión?.

Según esto y en mi caso respecto a la supervisión, al mirar atrás soy consciente de una evolución respecto a ella. De cómo en un principio y desde el punto de vista formativo, lo percibía sólo como algo obligatorio para alcanzar mi título, y ahora desde el punto de vista profesional y personal lo veo como algo ético, necesario y enriquecedor. ¿A qué se debe esta evolución? Mi respuesta es: la práctica ante un caso real.

“Las alumnas reportan que luego de haber vivido esta experiencia logran recién comprender los fundamentos teóricos y que nada es sustituto de la vivencia real de tener delante de uno a una persona singular y única que está abriendo temerosamente o tal vez escondiendo su existencia ante otro. Es algo que transforma a la estudiante, la desafía y la motiva enérgicamente a seguir aprendiendo. Es también el momento mágico en que reconocen cuánto más necesitan aprender” Blanca G. de Lebl 2000 (p.92).

Y es que al final la realidad de enfrentarse a un paciente es la que manda. Qué menos que ante tal responsabilidad, nos cuidamos de estar lo mejor preparados. Ya por ello nos preocupamos de estar lo mejor formados posible y también damos un lugar muy importante a nuestro proceso personal para ser más profesionales… ¿por qué no cuidar nuestro primeros pasos en el ejercicio de la profesión? o ¿por qué no nos apoyamos más en ella a lo largo de nuestra vida profesional? Con ello, al final todo se reduce a lo mismo: al cuidado y valor de nuestra profesión.

Y aquí es el punto de partida de mi propia inquietud.

¿ Qué es la Supervisión ?

Como suele ocurrir en otros ámbitos, existen diferentes puntos de vista sobre lo que es supervisión, por ello a continuación paso a exponer algunas de las diferentes definiciones que aportan distintos autores, con el fin de tener una visión lo más completa posible.

“La supervisión es el contexto de experiencia donde se integra la formación del terapeuta con la práctica, y donde pueden observarse y corregirse sus sesgos y principales dificultades”. Alejandro Ávila Espada (2012).

– “Tradicionalmente la supervisión es un análisis correctivo de las sesiones realizadas por un terapeuta generalmente novel, aunque no siempre, por otro terapeuta más experto”. Patxi Sansinene (2005).

– Margarita Loubat (2005) escribe que la supervisión se trata de “una actividad teórico-práctica, de integración de conocimientos, que requiere por lo tanto en el profesional que la efectúa, una maduración respecto de aspectos teóricos que competen a su formación así como de la aplicación práctica de esos conocimientos”.

Si nos centramos más en el campo del Counselling, podemos decir que “La supervisión es una parte integral de un ejercicio ético y un apoyo esencial para el counsellor”. Elke Lambers (2000).
Para Rogers, según Patterson (1964), en el E.C.P.(Enfoque Centrado en la Persona) “La supervisión es una forma modificadora de la entrevista terapéutica que debe apuntar al autoconocimiento, ya que el supervisado necesita escucharse empáticamente, auto aceptarse y ser consciente de sus incongruencias, para poder hacerlo luego con sus clientes. Ambos, dice Patterson, deben creer o apoyarse en la misma teoría”

Después de leer cada una de ellas si nos fijamos, muestran diversos puntos de la supervisión de una gran importancia para los que empezamos, como son:

  • Integración de la formación con la práctica
  • Análisis y corrección
  • Observación de dificultades
  • Integración de conocimientos
  • Maduración respecto a los aspectos teóricos
  • Parte integral de un ejercicio ético
  • Apoyo
  • Autoconocimiento
  • Autoaceptación
  • Ser consciente

Antes nombré la formación y el proceso personal como los pilares donde nos apoyamos más a lo largo de nuestra vida profesional, pero sin duda después de ver los aspectos anteriormente expuestos (más lo que veremos hacia adelante), hacen de la supervisión sin duda alguna esa tercera gran base en la que es preciso apoyarnos también, pues los tres pilares juntos conforman nuestra ética.

Origen de la Supervisión

Pero ¿Cómo se llegó a esto? ¿De dónde viene? ¿Siempre fue así? ¿Cómo surgieron?
Para arrojar (me) luz al respecto, resalto el desarrollo recogido por Héctor Fernando Álvarez (2008) en su artículo “Supervisión en psicoterapia” donde nos habla del origen de la supervisión:
“Se introdujo como una extensión natural de una práctica habitual en el terreno médico, el territorio madre de la psicoterapia. Suponía la presencia de un profesional experto, capaz de ponderar el curso de los tratamientos y evaluar la pericia desplegada por quienes estaban a cargo de ellos. Sin embargo, ni bien se instaló en el mundo del psicoanálisis (primera expresión de la psicoterapia), adquirió una especificidad que se derivó de los principios y reglas analíticos. La supervisión abarcó, rápidamente, no solamente un examen sobre las intervenciones del terapeuta sobre el paciente; también pasó a incluir una exploración sobre la persona del analista.

Psicoanálisis, análisis personal y análisis didáctico, integraron una compleja trama de componentes que articulaban la supervisión del modo en que los pacientes eran asistidos con un trabajo analítico sobre la persona del terapeuta.” (p.1) […] “La relación estipulada entre las condiciones necesarias para el desempeño profesional y los requisitos para el entrenamiento, incluyendo la eventual terapia personal de los terapeutas.

Todo esto tuvo dos importantes consecuencias. Por un lado, la supervisión adoptó en este terreno modalidades específicas y diferenciadas y, al mismo tiempo, se sentaron las bases para la puesta en marcha de la investigación sobre sus condiciones y los resultados observados (…) Pero, en la medida que otros enfoques de terapia se hicieron autónomos, los requisitos para el ejercicio de la práctica y la manera de evaluarla se diversificaron.”(p.1) […] “Pero, al mismo tiempo, todos fueron adoptando una actitud de decidido apoyo respecto a que la supervisión era un recurso necesario para evaluar el proceso de la terapia y garantizar cierta calidad de procedimientos” (p.2)

Sin embargo hay otros puntos de vista como el que nos presenta en su trabajo Blanca G. de Lebl (2000) donde nos cuenta como:

“Los que abrieron la senda de la tarea terapéutica fueron, en realidad, autodidactas que crearon escuelas tanto de pensamiento como de formación y entrenamiento.

Los discípulos de los grandes maestros se iniciaban sometiéndose ellos mismos como pacientes al arte-ciencia de la psicoterapia […] La psicoterapia es conocimiento de teoría, métodos y técnicas pero sobretodo es un trabajo que se aprende en el hacer, no tanto en el teorizar. A medida que la psicoterapia se fue afianzando ingresó en el ámbito académico y entonces se abrieron espacios de formación que exigían de entrenamiento y consiguientemente de supervisión”. (p.88)

Conforme a esto resalto que no importa tanto el origen, las distintas escuelas o enfoques, o el objetivo que cada una pueda tener, sino aquello que los une: el afán de garantizar calidad en los procesos. Esto personalmente me da seguridad y a la vez me hace partícipe, pues yo haciendo uso de la supervisión, estoy colaborando desde el principio a velar por esa garantía y calidad de nuestra profesión.

Por todo esto, decir que según mi investigación y el material revisado para tal fin, comparto la opinión expresada en la siguiente cita, donde nos habla que:

“La mayoría de la literatura e investigación acerca de la supervisión para counselling y psicoterapia está escrita desde una perspectiva genérica, buscando definir el propósito, la función y la práctica de supervisión en términos de modelos que sean aplicables a la supervisión de cualquier orientación terapéutica. Se pone el énfasis en el desarrollo de un marco de trabajo lo suficientemente flexible como para entender y describir tanto el proceso de supervisión como la relación de supervisión y el aprendizaje y desarrollo del supervisado y por ello corrernos de este enfoque específico de la supervisión solo resultaría útil para el terapeuta puro”. Page & Wosket 2001 (p.31).

Creo que es importante independientemente de los enfoques, escuelas etc. tener un marco de trabajo flexible que nos sume y que no nos reste, es decir… que nos describa y facilite el entendimiento del proceso de supervisión en sí, que sea funcional y aplicable.

Modelos y Niveles

La primera vez que fui supervisada fue en grupo, para mí fue como un oasis en el desierto donde mi sed fue en cierta manera saciada. Sentí que la supervisión me ayudaba a sostener todos los aspectos que nombré al comienzo y que me ayudaba a crear una estructura, pero no me llenaba del todo. Sentí que necesitaba más tiempo y más espacio en ese oasis en el que mis preocupaciones, dudas y miedos fueran escuchados, validados, reconocidos y resueltos en cierta medida y a más profundidad. ¿Habrían otros tipos?, ¿Hay diferentes modelos?, ¿Cuál me iría mejor a mí?

A la hora de responder a preguntas como estas y escoger, fue entonces cuando tomé conciencia de que la palabra estructura volvía aparecer tanto en mi proceso personal como en el profesional. Yo tenía una estructura como persona y descubrí el cómo a mí, ser supervisada me daba más estructura, una seguridad y no sólo eso, sino que la hacía extensible a la que ya tenía como persona y a mis propias experiencias.

En este sentido el conocer qué formas de supervisión hay, puede ayudar a tener más claro la que más nos puede convenir. Existen diversas clasificaciones, aquí pongo una que aunque va dirigida al ámbito del counselling, es aplicable a la psicoterapia y a mí me parece bastante completa (Material del taller sobre supervisión a cargo de Raquel Finkelstein y Marina Murdoch, llevado a cabo con motivo de las V Jornadas Nacionales de Counseling. Septiembre 2007) :

  • Supervisión centrada en el profesional: Centrada en el self del counsellor.
  • Supervisión individual: Mayor dedicación en tiempo, profundización en la vivencia, menor exposición personal con respecto a la supervisión grupal.
  • Supervisión grupal: Más rica en cuanto al aprendizaje interpersonal, mayor exposición personal.
  • Supervisión centrada en el vínculo: Trabajar la ansiedad profesional en cuanto a sostener y tolerar la incertidumbre, foco en el proceso y no en los resultados.
  • Supervisión centrada en la tarea: Se centra en la búsqueda de estrategias y en la búsqueda de resultados.
  • Supervisión durante la carrera: Objetivos: el aprendizaje y la evaluación.

Por intuición y conocimiento de mi misma, al final opté por la supervisión individual porque era la que mejor se adaptaba a mi estructura de la personalidad, pero no sólo eso, sino que también era la que yo en ese justo momento profesional necesitaba.

Esto me lleva a otra clasificación que nos puede ayudar, la realizada por Erskine (1982) en su trabajo publicado sobre modelos para el desarrollo profesional en la supervisión de la psicoterapia.
En dicho trabajo distingue tres estadios en el desarrollo de la competencia de un terapeuta, que presenta características peculiares y necesidades formativas específicas en cada uno de ellos:

a) El primer nivel, estadio inicial, es aquel en el que el terapeuta tiene la necesidad de desarrollar sus propias habilidades profesionales: debe construirse un sistema de referencia teórico y tiene necesidad de información en este sentido, debiendo aprender las técnicas de intervención. También tiene necesidades de tipo emocional: necesidad de adquirir confianza en su rol profesional, de afirmar sus propias capacidades de hacer y de sentirse adecuado al actuar en su nueva actividad.

b) En el segundo nivel, estadio intermedio, el alumno necesita reforzar y ampliar sus competencias y el objetivo principal es desarrollar su identidad personal como terapeuta. Tiene necesidad de definir, entre otras cosas, la dirección y planificación del tratamiento. En el plano personal, el objetivo es promover la integración del sentido de sí mismo del terapeuta y comprender y resolver las dificultades personales que obstaculizan el contacto con el paciente. En esta fase, según Erskine (1982), es particularmente importante para el alumno, su terapia personal.

c) El tercer estadio, avanzado, es aquel en el que el alumno necesita aprender aproximaciones diferentes, integrar múltiples referencias teóricas, reconocer las alternativas de intervención que se le exponen, escoger entre estas y cultivar su propia flexibilidad.

Los objetivos del alumno en esta fase son, además, desarrollar la capacidad de auto
supervisión y distinguir entre observaciones de comportamiento y teorización de las observaciones. A mí esta última clasificación me ayuda y me tranquiliza. Saber que la supervisión en cierta manera conlleva un proceso y que yo estoy de alguna manera en una de las etapas del mismo, me da sentimiento de normalidad y de pertenencia, en definitiva me da esa estructura en la que puedo ser sostenida.

Funciones

Llegados aquí podemos ya hacernos una idea de las funciones, pero para ello, resalto a continuación la clasificación que hace Héctor Álvarez Fernández (2008), que recoge bastante bien lo que hemos visto por el momento y que consiste en tres funciones principales:

a) Formación y Entrenamiento: “Entendida como un modo de proveer formación, comprende el conjunto de acciones que se llevan a cabo para que el supervisor transmita sus conocimientos al supervisado. Este modelo está vinculado con el entrenamiento de habilidades terapéuticas […] También se incluye todo lo necesario para que el supervisado aumente sus conocimientos en relación con la teoría, la actualización sobre la investigación en la materia y la provisión de herramientas y técnicas específicas.”

b) Orientación Personal o Ayuda Terapéutica: “La supervisión cumple muchas veces el papel de un proceso de ayuda personal para el supervisado […] Una de las tantas circunstancias extrañas de este trabajo es el hecho de que un terapeuta puede verse negativamente afectado por su tarea aun cuando esto no se proyecte (al menos por el momento y de manera notoria) sobre el o los pacientes que está asistiendo.”

c) Asesoramiento Institucional: “La supervisión como asesoría comprende las operaciones de control institucional que se llevan a cabo en un centro asistencial con la finalidad de regular la gestión asistencial en ese campo […] está más allá de los resultados propios de cada situación clínica. Su preocupación es vigilar que se cumplan las prescripciones que el modelo institucional propugna y chequear los resultados que con ello se obtiene […] con la finalidad de optimizar un sistema de servicios y garantizar la mejor protección que se puede brindar a pacientes y terapeutas.”

Una vez que tenemos toda esta información, creo que es fundamental adentrarnos en cómo todo esto le llega y repercute al paciente.

La Artesanía de Acompañar

Al comienzo cuando yo estaba con un paciente y llegaba el momento de decirle que nuestro trabajo sería supervisado, el miedo me invadía: ¿Pensará por eso que aún soy una estudiante? ¿O que no estoy preparada? ¿Dejará por eso de venir?… e inmediatamente justificaba ante él, el porqué de la supervisión. Sin duda alguna porque yo la veía aún desde ese punto académico que comenté al principio. Además esto también alimentado por los clichés o desconocimiento que suelen tener las personas en general (que son los potenciales futuros pacientes) de nuestra profesión.

Conforme voy creciendo en mi profesión, enfrentándome a pacientes reales y supervisando, voy tomando conciencia de que es normal tener miedo y que de justificarme nada, que al contrario… el que me supervisen es una garantía de profesionalidad, que además iba encaminada a dotar mi trabajo de un mínimo de calidad y también una forma más de cuidar y proteger/me.

Y esto sin duda le llega a nuestros pacientes, porque la seguridad y confianza que me da saber que mi trabajo tiene una garantía y una calidad mínima, se ve reflejado en nuestra relación y proceso conjunto. Si yo estoy segura y confío en mí, eso le llega al paciente, y él a la vez confiará y se sentirá más seguro.

Y es que no debemos de perder de vista que la Psicoterapia/Counselling Humanista Integrativo es relacional “se basa en establecer una relación terapéutica […] en la que el paciente se sienta seguro para atreverse a dejar de huir, y enfrentarse poco a poco, a sus conflictos más profundos”. Introducción a la Psicoterapia Humanista Integrativa Módulo 1 (p.18) y como tal, la relación que se da dentro del espacio de la supervisión puede presentar las mismas características que se dan en una relación terapéutica.

En el ámbito de la supervisión también hay una relación con sus correspondientes características, se da un vínculo y se acompaña a la persona que construya su propia identidad y autonomía profesional.

Cómo de una manera u otra el hecho de estar bajo una supervisión, se van cubriendo necesidades relacionales y no relacionales, que van surgiendo durante el trabajo del día a día con los pacientes.
“Al igual que en la terapia, la empatía, la aceptación y la congruencia son cualidades importantes para la relación, validando y facilitando un clima de confianza mutua y respeto. En la supervisión éstas cualidades ayudan a crear una relación en la que supervisor y supervisado pueden trabajar juntos de manera creativa en pos de un diálogo auténtico con espíritu de colaboración” Ferry (1999, citado por María José Garda 2008)

Por ello a continuación basado en mi propia experiencia vivida como supervisada, muestro mi personal visión sobre cada una de las necesidades relacionales aplicadas al ámbito de la relación supervisor-supervisado. Para ello me he apoyado en “Las Necesidades Relacionales” Richard G Erskine (1997), y en el artículo “Lo que necesitamos de las relaciones” Yarima Etxeberria& Feli Pérez de Onraita (2010).

1. La necesidad de seguridad: “Es la experiencia de sentir que, aunque nos mostremos vulnerables (física o emocionalmente) frente a alguien, no seremos dañados, ni criticados, sino protegidos por la otra persona […] implica que el terapeuta sea sensible a la importancia de esta necesidad y que se comporte emocionalmente y conductualmente de tal modo que proporcione seguridad en la relación”. Me siento segura si veo que mi supervisor, a través de sus acciones, recoge y entiende mis nervios, mis preocupaciones, mis inseguridades.

2. Validación, afirmación, e importancia dentro de una relación: “Necesitamos experimentar que la otra persona considera que nuestra manera de pensar y sentir tiene sentido y es valiosa, simplemente porque es la nuestra, aunque no esté de acuerdo o le parezca rara; y que nuestro comportamiento tiene un significado aunque no siempre sea apropiado”. Creo que es fundamental que la persona que supervisa respete el punto de crecimiento en el que me encuentro, con todo lo que conlleva, porque así en cierta medida por un lado valida el punto donde estoy en mi proceso, y por otro respeta y le da lugar a mi ser profesional, que como persona distinta a él que soy, puedo tener otra forma de trabajar distinta.

3. Aceptación por otra persona estable, confiable, y protectora: “La necesidad relacional de aceptación por otra persona consecuente, fiable y fidedigna es la búsqueda de protección y guía y puede manifestarse como una idealización del otro” Importante que esa persona que me acoge, sea honesta, consecuente, con ética y bagaje profesional… y que con ello está protegiendo mi trabajo y a mi paciente… está dirigiendo éticamente mi práctica profesional.

4. Confirmación de la experiencia personal: “La necesidad de tener la experiencia confirmada se manifiesta por medio del deseo de estar en presencia de alguien que es similar, que comprende porque ha tenido una experiencia parecida, y cuya experiencia compartida es confirmada”. Como en muchos otros ámbitos, es primordial que esa persona sea capaz de compartir conmigo cómo empezó él, con qué obstáculos se pudo encontrar, sentimientos, emociones, etc. Al igual que hago yo con él. Para mí es señal de comprensión, de experiencia compartida.

5. Autodefinición: “La necesidad relacional de saber y expresar la propia singularidad y recibir reconocimiento y aceptación por el otro. Autodefinición es la comunicación de la identidad propia auto elegida mediante la expresión de preferencias, intereses, e ideas sin humillación o rechazo”. El poder decir: esta soy yo, en esto no estoy de acuerdo, ésta es mi opinión, esto es lo que pienso y que a cambio recibimos reconocimiento y aceptación de la otra parte… no tiene precio.

6. La necesidad de tener un impacto en la otra persona: “Todas las personas necesitamos sentir que conseguimos atraer el interés y la atención de los demás, provocando un cambio en su comportamiento, en su afecto… Que aquello que decimos, hacemos, pedimos… es escuchado, tenido en cuenta y tomado en consideración” La posibilidad de que yo aprenda de él y él de mí… que haya un feedback, que pueda aportarle otro punto de vista en el que él no había caído, etc. Así creo que se va enriqueciendo la profesión y se van forjando los lazos de “futuros colegas”.

7. La necesidad de que el otro tome la iniciativa: “Iniciativa se refiere al ímpetu de hacer contacto interpersonal con otra persona”. Ver su interés en lo que estoy haciendo y cómo, se ofrezca, que me confronte si es necesario, se acerque, que se adelante… me demuestra interés hacía mí y mi trabajo. La palabra que me sale es la expresión “que se moje”.

8. La necesidad de expresar afecto: “El amor a menudo se expresa por medio de gratitud sosegada, agradecimiento, dando afecto, o haciendo algo por la persona del otro. La importancia de la necesidad relacional de dar amor – ya sea de niños a padres, hermanos o maestros, o de cliente a terapeuta – a menudo se pasa por alto”.

Creo que ante todo los dos somos humanos y como tales, necesitamos del afecto del otro.

En definitiva el proceso de supervisión, con la satisfacción de estas necesidades en menor o mayor medida, crea en mí esa estructura que me sostiene y guía mis primeros pasos en esta profesión. Me ayuda a crecer en pos de alcanzar mi propia autonomía profesional.

También son importantes los límites, ya que a veces al trabajar con los pacientes, surgen aspectos personales que obstaculizan e influyen directamente en nuestro trabajo. Cuando esto ocurre en supervisión, es bueno identificarlo y reconocerlo para trabajarlo después aparte con el terapeuta. Igualmente decir que se dan casos en los que la figura del supervisor y terapeuta es la misma.

“Supervisor y supervisado deben tener en claro desde el principio en qué consiste la relación de supervisión y ambos deben ser responsables de manejar y mantener los límites de la relación. Si hay temas actuales o pasados en la vida del counsellor que contribuyen a su incongruencia deben ser plenamente reconocidos, sin entrar en una exploración terapéutica. El supervisor debe confiar en que el supervisado se ocupará del asunto y que será capaz de identificar el tipo de apoyo que necesita, tanto personal como profesionalmente.” Raquel Finkelstein & Marina Murdoch (2007).

¿Y hasta cuándo debo llevar la L?

Hemos visto qué significa, de dónde viene, funciones, etapas etc. pero ¿Hasta cuándo? ¿Hay un tiempo estimado? ¿Hay un mínimo de horas?

Personalmente creo que realmente somos nosotros mismos los que con honestidad, debemos respondernos a esa pregunta. Nadie mejor que uno mismo para saber en qué punto estamos y las necesidades que podemos tener al respecto en nuestro día a día profesional. Si somos honestos con nosotros mismos, lo estamos siendo con los demás. Si esto último lo hacemos extensible a esos tres pilares que hemos dicho que sostienen nuestra profesión (formación, proceso personal y supervisión), harían de ella algo más de lo que podemos estar orgullosos como profesionales que la ejercemos.

También decir que como un proceso de crecimiento que es, habrá personas que necesiten más tiempo que otras para alcanzar su autonomía, por lo que creo por experiencia personal que es muy importante tener en cuenta y respetar el propio ritmo de cada uno.

Comparto esta visión de Francisco Massó (Revista Bonding, Febrero 2010) al respecto de este tema: “La psicoterapia no es una técnica que haya de suministrarse mediante un cómputo de horas de asistencia, como hacen las autoescuelas. La integración del oficio es diferencial, hay personas que necesitan más experiencia tutelada y otras menos […] Otra cosa diferente es que haya de prefijarse un número de horas que, necesariamente, ha de sumar el terapeuta novel para ser reconocido”

Por último quiero recoger aquí parte del punto 18 del Código Ético y Deontológico de la Asociación de Psicoterapia Humanista y Counselling de España (APHICE) “Ejercicio profesional y supervisión”, donde se nos dice que: “La supervisión siempre se llevará a cabo en pro de la optimización y mejora de la técnica, método o proceso de tratamiento realizados por el psicoterapeuta o counsellor y del adecuado desarrollo profesional del psicoterapeuta o counsellor. De la supervisión siempre se beneficiará el paciente de forma directa o indirecta”

Señalando esto lo que quiero resaltar es que la supervisión, no es sólo algo para lo que estamos empezando, sino que es básica y un aspecto a tener en cuenta a lo largo de todo nuestro ejercicio profesional, que será un buen apoyo cuando seamos seniors, y “beneficiará el paciente de forma directa o indirecta”.

Conclusión

Muchas veces me ocurre que encuentro textos, citas, canciones etc. de personas que ponen palabras a pensamientos y sentimientos míos… y lo hacen de manera tan exacta, que hacen que no encuentre otros términos para expresar mejor lo que es mí sentir respecto a alguna experiencia propia.

Y es que como seres humanos que somos, hay emociones y experiencias que compartimos y que las hacen en cierta manera universal, y el ser aprendiz no escapa a ello. Es algo que todos hemos experimentado en algún momento de nuestra vida y en muchas áreas.

Yo con este trabajo no aspiro a poner nombre exacto a lo que siente un counsellor humanista integrativa que empieza… pero si a ofrecer compañía en el camino a través de mi humilde experiencia, y hacerles saber que no están solos en el ejercicio de la profesión, que contamos con la supervisión.

En este punto me viene a la cabeza una entrevista a Jesús Cuadra (Revista Bonding, Marzo 2012), en la que se le pregunta a cerca de su opinión sobre la supervisión en psicoterapia, y sus palabras son sencillamente sabias y resumen perfectamente mi sentir:

“La psicoterapia es en parte una artesanía relacional y emocional y en ese camino de hacer esta artesanía surgen muchas veces dudas, inseguridades, ambiciones y se tropieza uno con obstáculos internos y externos para realizar la tarea artesana que vienen buscando nuestros clientes y nos contratan para hacer.

En esos momentos, tener una persona a la que consultar, de quien recibir aliento, orientación, nuevas perspectivas teóricas y prácticas, consuelo, apoyo y confrontación, ayuda a desarrollar nuestra excelencia artesana y a profundizar el desarrollo de nuestra singularidad personal. Con todo esto tiene que ver la supervisión que yo he recibido y que procuro ofrecer.”

Ante esta maravillosa opinión, nada más que añadir. Tan sólo lo dicho: no estamos solos en nuestro camino hacia la autonomía profesional.

Bibliografía

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  • Ávila Espada, A. (2012) Los significados de formarse como Psicoterapeuta en el siglo XXI. Algunas reflexiones. 2012. Universidad Complutense
  • Cuadra, J. Conoces a… Entrevista a Jesús Cuadra. Bonding Revista de Psicoterapia – Marzo 2012
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