Cómo tratar a una persona que no oye bien.

04/06/2018

Los que no oímos bien, no nos gusta usar la palabra sordo. Sordo es una palabra sin esperanza, nos suena fuerte, desagradable, preferimos fijarnos en lo que podemos oír, más que en la deficiencia. Preferimos, “personas que no oímos bien”.

Cada vez somos más los que no oímos bien y, la creciente esperanza de vida, va a hacer que sigamos en aumento, y máxime cuando nuestros jóvenes no están cuidando este importante órgano de los sentidos sometiéndoles a fuertes ruidos.

Estas razones me han motivado a escribir estas palabras con el deseo de que nos comprendáis y nos ayudéis porque es probable que en vuestro círculo cercano un padre, un amigo…, tenga problemas para oír y el saber cómo se sienten a veces, ayude a mejorar las relaciones. Me entristece cuando veo en algunas familias un abuelo relegado en un sillón, aislado, sin participar en conversaciones, ni entender siquiera la televisión… Va por ellos, va por nosotros.

Hay lugares y situaciones más difíciles:

  • Oímos menos a oscuras, pues no vemos la cara y perdemos la lectura labial. Recuerdo cómo odiaba los veranos cuando mis amigos quedaban por la noche a hablar y a jugar con las chicas, en un rincón oscuro de la piscina, y yo no oía de qué hablaban. Incluso por mi miedo a reconocer mi deficiencia, no me atrevía a preguntar, y si me decían algo respondía sin saber, metiendo a veces la pata y siendo objeto de burlas
  • Los espacios amplios: iglesias, pabellones, con grandes ventanales, también son un impedimento y en ellos oímos peor.
  • La puerta abierta nos incomoda, es como que se nos escapa el sonido.
  • La televisión es un problema, ya que no lo oímos, y somos conscientes de que, si subimos el volumen, molestamos. Actualmente nos ayudan los subtítulos, pero cuando estos van desacompasados con la información o las escenas televisivas… nos confunden.
  • Los lugares con mucho ruido son otra trampa, nos hace mucho daño la máquina de café de los bares, el viento, los motores… Muchos oímos los ruidos, pero no entendemos.
  • Hay veces que oímos tan poco que no sabemos ni del tema que se está hablando.
  • En ocasiones no orientamos el sonido. Si se nos llama en un pasillo y estamos en el medio, no sabemos si la voz viene por la derecha o por la izquierda, lo mismo nos pasa en un espacio abierto. Y cuando preguntamos dónde y nos dicen “aquí”, nos quedamos igual pues no sabes de donde viene el “aquí” (nos serviría más un “detrás de ti”, “a tu izquierda”, etc…)
  • Los auriculares, incluso a mucha potencia, a veces tampoco los oímos.

 

Nos duele.

  • Nos duele que se nos repita algo varias veces, y cuando nuestro interlocutor, ve que no le oímos nos diga, “Va, da igual”. Nos quedamos mosqueamos, y a nosotros “no nos da igual”. Empezamos a especular con lo que nos han dicho y no hemos oído.
  • A una persona que no oye, no le gustan que le griten. Gritar supone enfado, y así nos llega, nos gusta que nos hablen claro, e incluso un poco más alto y mirándonos a la cara.
  • Muchas veces no es que tenga mala memoria, y no me acuerde de lo que me dijiste, simplemente no lo oí.

 

A saber:

  • No oímos mal adrede, no es nuestra culpa, es nuestra deficiencia.
  • Se nos dan muchos malos entendidos: hay ocasiones en las que sólo escuchamos el final de la frase, por lo que podemos entender “ quiero ir a dar un paseo” cuando se nos dijo “ No quiero ir a dar un paseo”.
  • Y otras veces sólo oímos el inicio de la frase, pero no sabemos cómo termina.
  • En lugar de pegarnos un “berrido”, es mejor acercarse a nosotros, tocarnos, y de frente hablarnos, pero como personas no como a tontos.
  • Se trata de vocalizar y de encontrar el tono adecuado. Sí, exige paciencia, lo sabemos y lo agradecemos.
  • Si hay algo importante que debamos saber, asegúrate de que nos hemos enterado.
  • Si monopolizamos la conversación es por miedo a perder el control de la misma y no saber de lo que se está hablando.
  • Incluso hablamos alto, para marcar el tono que para nosotros es adecuado.
  • Lo que para los oyentes es un tono normal o alto, para nosotros sigue siendo bajo
  • Algunos tenemos un lado bueno y otro malo, nos sentimos más cómodo cuando nos hablan por el oído bueno.
  • El teléfono nos causa inseguridad, pues no sabemos si podremos oír con claridad con el interlocutor; Sobre todo si intuimos que la conversación puede ser importante.
  • Nos es muy difícil entender la letra de las canciones
  • Si masticamos cosas que suenan, oímos peor (patatas fritas, zanahorias, manzana)
  • El audífono ayuda, pero no es garantía de que se oiga todo. Y si me gritas o hay ruidos fuertes, los audífonos se bloquean
  • Si estoy en el agua no puedo llevar el audífono, y si encima tengo el oído tapado por tapones y gorro, entonces ya sí que no oigo.
  • Para seguir oyendo debo seguir practicando, si me obvias por ser mayor, o porque sea latoso repetir, cada vez me esforzaré menos e iré atrofiando mi capacidad de comprender
  • Si soy adolescente o niño, me puede dar vergüenza llevar audífono, y no me digas que es igual que unas gafas, pues todos sabemos que no lo es. Sencillamente empatiza conmigo y compréndeme
  • Habrá días y situaciones que incluso oiga menos, por ejemplo si estoy acatarrado, en un avión, en un puerto de montaña, cuando se taponan los odios.
  • En el coche si abrís las ventanas de atrás el ruido es raro y no oímos.
  • Después de llorar, o después de un berrinche, también oigo mal.
  • A veces tenemos acufenos o tinitus, son unos ruidos muy molestos dentro del oído, que nos hacen oír incluso peor.
  • Cuando se habla a la vez, no oímos, es como ese subtitulo de la tele donde dice “ hablan a la vez”
  • Todo esto nos va haciendo que nos aislemos, y prefiramos no oír, a molestar

 

Cómo se nos puede ayudar

  • Hablándonos claro, a la cara, mirándonos, dejando vuestra boca libre (Sin taparla con la mano)
  • Si algo es muy importante, nos lo podéis escribir.

En los colegios tenemos “Niños con necesidades educativas especiales” ¿Y quién no las tiene? Que levante la mano.

DECALOGO DE AYUDA PARA LOS QUE NO OÍMOS BIEN:

Háblanos mirándonos a la cara

No cubras tu boca

Vocaliza, habla claro, no es ni lento, ni alto, es claro. Hazlo de manera no ofensiva.

Si nos tienes que repetir las cosas no te enfades

No nos grites. Hablar alto y gritar es diferente

Si no te oigo tócame de manera amable.

Si suena el teléfono, y estamos los dos, cógelo tú

Colócate de mi lado bueno, si lo tengo

Si es algo importante lo que me tienes que decir, busquemos un buen lugar para hablar

Mejor de uno en uno

Juan Carlos

 

Juan Carlos Lopez

Colaborador de Bonding

Counsellor Humanista Integrativo

 

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