Cerrar en terapia

01/09/2014

cerrar en terapia por maria morales

RESUMEN
En esta exposición haremos un recorrido sobre el concepto de cierre en una terapia. Comenzamos con una introducción sobre las bases del trabajo y pasamos a dedicar un capítulo al Duelo, como herramienta fundamental de cierre dentro de la terapia. Seguimos con una progresión de cierres, primero de una sesión, luego de un proceso puntual, y acabamos con el cierre de la terapia. Entre el cierre de sesión y el de proceso puntual, hago un apartado para el cierre emocional, porque el trabajo con ellas seguramente será necesario en algunos momentos, y saber hacer un cierre emocional puede marcar la diferencia entre dejar al paciente indefenso, o protegido. Finalizo con una conclusión sobre lo investigado y descubierto.

INTRODUCCIÓN

Buscar información sobre el cierre en terapia se convierte en una tarea complicada, los datos son escasos o nulos y, cuando los hay, bastante imprecisos. Y es que el cierre, en cualquier momento de una terapia, o situación, parece responder a parámetros puramente personales y no clínicos ni científicos. En los escritos encontrados, la referencia al cierre se hace con palabras como “tacto” o “intuición”, y con expresiones del tipo “notará cuando el paciente ha terminado”, etc. La duración de los trabajos terapéuticos no es medible ni cuantificable, se percibe desde la sensibilidad, el “estómago”, la escucha y la conexión personal que exista entre paciente y terapeuta.

En este trabajo, cada vez que me refiera al cierre, lo hago teniendo en cuenta su polo opuesto, lo abierto. La primera definición del Diccionario de la Real Academia de “abrir” es: Descubrir o hacer patente lo que está cerrado u oculto”. En eso justo consiste la terapia, en descubrir lo que hay oculto que nos está impidiendo avanzar en algún área de nuestra vida. Y dado que la terapia en sí es un continuo abrir, por fuerza es un continuo cerrar. Se cierra cada sesión, se cierran determinados procesos, se cierran heridas emocionales, se pueden llegar a cerrar relaciones, trabajos, proyectos, y por último, se cierra el propio proceso terapéutico. ¿O no?

EL DUELO

El duelo es el proceso que necesitamos para asimilar una pérdida importante en nuestras vidas, bien de un ser querido, de una posesión o incluso de un sueño o ideal. A medida que avanzamos y se van produciendo cambios en nosotros, nos vamos despidiendo de antiguos comportamientos, maneras de relacionarnos, objetivos vitales, etc. Algunos duelos serán conscientemente decididos, otros se producen de manera inconsciente, y otros emergen como consecuencia de los nuevos cambios.

En mi propio proceso terapéutico he hecho muchos duelos específicos para sanear las relaciones importantes de mi vida, centrados en vencer el miedo a la exposición y la intimidad. Mi sorpresa fue que después de unos años dejé de fumar, pero sin hacer específicamente un duelo del tabaco, porque el duelo del tabaco como escape social se fue haciendo en mí mientras resolvía el miedo existencial.

También me he encontrado que al estar en situaciones nuevas debido al avance, se me planteaban nuevos retos. Hice muchos duelos de la relación con mi padre para poder limpiar mi relación con los hombres, pero fue al tener una pareja por fin saludable en mi vida, cuando detecté la profundidad de ciertas creencias que necesitaba desterrar si quería continuar construyendo.

Teniendo en cuenta la importancia de una herramienta tan importante como es el duelo, me parecía necesario hacerle un capitulo aparte. Y el cierre de un duelo es fundamental para que éste sea de verdad un modo de avanzar. Elisabeth Kübler-Ross, en Sobre el duelo y el dolor, dice: “Al pasar un duelo, pensamos por error que podemos dejarlo todo terminado, pero el duelo no es un proyecto con un principio y un fin, es el reflejo de una pérdida que nunca desparece, sólo aprendemos a vivir con dicha pérdida. El lugar donde encaja el dolor es algo individual y, a menudo, se basa en hasta dónde hemos llegado a integrar la pérdida”. Es muy importante saber que no se trata de que el motivo del duelo desaparezca, sino de saber convivir con la pérdida.

Este proceso a veces lleva mucho tiempo porque como decía Freud en Análisis Terminable e Interminable: “Lo que una vez ha llegado a estar vivo se aferra tenazmente a conservar la existencia.” Es nuestra determinación la que logrará superarlo. Aunque en algunos casos la despedida será algo de lo que deseábamos desprendernos, y nos hará sentir alivio, en otros habrá mucho dolor y resistencia. Pero sea como sea, el cierre del duelo debe ser en positivo, o si no tal cierre no tendrá lugar.

En los múltiples duelos a los que he asistido en calidad de paciente o terapeuta, en mi propio proceso o acompañando el de un compañero, he podido comprobar que si no se puede cerrar el duelo con un sentimiento de gratitud, aunque sea por lo aprendido, respecto a quién o qué nos estamos despidiendo, es que todavía queda algún fleco, lo que quiere decir que no hay tal cierre. Puede ser porque todavía nos queden cuentas pendientes, y en ese caso lo importante sería revisar lo que surja; porque no nos atrevamos a cerrar por el miedo a que quedarnos sin el objeto de duelo nos sumerja en una situación insoportable, con lo que habría que tratar ese miedo; o porque nos despidamos “fácilmente” y pensemos que la indiferencia y un cierto pasotismo es sinónimo de cierre.

Este tipo de cierre nos haría tener el problema asociado al objeto alejado durante un tiempo, pero no cerrado; éste volvería más tarde a aparecer. Yo misma he comprobado cómo cambia la sensación en el caso de un cierre de duelo rápido y fácil, frente al cierre real que se produce cuando ha vuelto a aparecer el objeto de duelo y lo he trabajado más en profundidad y con un compromiso de corazón. El hecho de poder terminar con un sentimiento de gratitud sincera no es un paso a seguir, yo diría que es la confirmación de que el duelo se ha llevado a cabo y el cierre se ha hecho efectivo.

Este proceso es muy personal, y tiene las particularidades que el paciente quiera o necesite. Hay múltiples maneras de despedirse, pero las más efectivas, son aquellas que han surgido de la necesidad genuina del paciente. Onno Van der Hart dice en Rituales de despedida en la terapia de duelo: “La búsqueda de actos y objetos simbólicos no es una cuestión de ingenuidad por parte del terapeuta, sino una forma de descubrir aquello que el cliente siente que es apropiado y significativo.

Finalizada la ceremonia de despedida, el cliente realiza un ritual de purificación como bañarse o ducharse. Esto marca el éxito de la fase de transición.”

CIERRE DE SESIÓN

Cerrar: Concluir algo o ponerle término.

Parece que el cierre de una sesión no requiere mucha atención puesto que se trata de algo marcado por el tiempo, que sí es medible y concreto. Sin embargo, los cierres de sesión encierran información de gran valor para el proceso terapéutico, tanto por parte del paciente, como del terapeuta. Como paciente me han sucedido varias cosas: no querer terminar por sentir que en ningún otro espacio voy a estar tan a gusto y protegida, querer terminar para no tratar algo que me da vergüenza compartir, y en ese caso a veces he sacado el tema en cuestión a 5 minutos de terminar para asegurarme de que no lo trabajaba, sentirme dolida con el terapeuta por anteponer un horario a “mi necesidad de él”, y hasta querer continuar la conversación fuera como si se tratase de unos buenos amigos.

Estas reacciones y otras más, estoy segura que tienen lugar en las consultas muchas veces al día. Y es el terapeuta el que está para dar estructura, solidez y confianza en la terapia. Si se supone que se termina a una hora y el terapeuta la deja pasar y continúa, con un posible retraso para el siguiente cliente, al principio parecerá un acto de generosidad y preferencia, pero ese dato queda en el subconsciente como que “este terapeuta también será capaz de hacerme esperar si le pasa con otro, entonces… ¿ha tenido un detalle conmigo o es que es un poco informal?”.

A todo esto podemos añadir las propias reacciones del terapeuta ante el cierre de sesión, como el miedo a “cortar” al paciente en un momento importante, querer cerrar con alguna conclusión reveladora o un hecho significativo en el proceso, o creerse egoísta si no le dedica “unos minutos más” cuando parece que lo está necesitando. Para esto lo mejor es ser lo más honesta posible y poner encima de la mesa lo que esté surgiendo por parte del paciente, y revisar en supervisión lo que le ocurre al terapeuta. En este caso, todo lo asociado al cierre, me parece material de primera para el proceso, ya que refleja de una manera sencilla, unas cuantas conductas y pensamientos o emociones asociados a “concluir algo o ponerle término”.

CIERRE EMOCIONAL

Cerrar:Cicatrizar una herida o una llaga.

Partimos aquí de la base de que no todas las modalidades de psicoterapia llevan a cabo trabajo emocional propiamente dicho. Sin embargo, es casi seguro que en todos los procesos, sea en la terapia que sea, el cliente tiene emociones no expresadas, o procesos emocionales conflictivos para él. Digamos que siempre va a haber emociones en juego, excluyendo algún tipo de patologías que necesiten de otras atenciones además de la psicoterapia. Por eso me parece que las emociones merecen un espacio propio, porque somos muchos los que hemos tenido una educación que mantiene al margen, bien lejos y con bastante temor, cualquier expresión emocional, y sobre todo algunas en concreto. Eso hará que alguna parte de la terapia, tenga forzosamente conexión con la expresión emocional.

Teniendo en cuenta esto, la primera aclaración sería para los terapeutas, y es que si una no tiene resuelta su expresión y manejo de las emociones, difícilmente estará preparada para ayudar en ese sentido a alguien. Dicho de una manera más amable por Carl Rogers en El proceso de convertirse en persona sería: “mi capacidad de crear relaciones que faciliten el desarrollo de otros como personas independientes es una función del desarrollo logrado por mí mismo. En ciertos aspectos éste es un pensamiento inquietante, pero también promisorio y alentador, pues implica que si deseo crear relaciones de ayuda tengo una ocupación interesante por el resto de mis días, que acrecienta y actualiza mis potencialidades en el sentido del desarrollo.”

Hasta ahora, mi principal ocupación en la vida ha sido como actriz y profesora de teatro. Consecuentemente, he asistido a multitud de clases de Interpretación, con diferentes métodos y profesores. Algo bastante común tanto en las clases como luego trabajando en la industria, es que en el trabajo con la parte emocional de un personaje, se desate una emoción que no corresponde al trabajo sino que es absolutamente personal. Tiene cierta lógica puesto que el material de trabajo de una actriz es su propia capacidad de expresar diferentes comportamientos y emociones.

Digo todo esto porque a lo largo de muchos años he sido testigo de cómo se abrían procesos emocionales fuera de entornos terapéuticos, y cómo eso ha influido en las personas. Ver y sentir el daño que le puede causar a una persona quedarse “abierta” después de una exposición emocional en un entorno no protegido es una de las razones que me motivó a interesarme por el manejo de las emociones con fines saludables. Y me acerqué a la psicoterapia. Me parece importantísimo saber cerrar una emoción cuando se ha abierto. Además de saber gestionar su propia expresión. He visto a personas quedarse muy confundidas y dañadas cuando una emoción les ha sorprendido, les ha desbordado, y no sabían con qué tenía que ver, ni cómo comportarse al respecto.

En primer lugar, trabajar emociones es delicado, y por eso un vínculo de protección, honestidad y confianza es necesario para acometerlas. Sería importante acordar que no se puede hacer daño a nada ni a nadie, ni a una misma. Sin embargo, es posible que aparezcan por sorpresa y aun no sepamos si ese vínculo existe o no. Lo importante, cuando sucede, es el permiso, el respeto y la empatía. Permitir que la emoción se exprese a través de la persona puede incluso que nos dé información importante sobre ella y su proceso terapéutico.

Cuando estamos trabajando una emoción es importante dejar que se exprese hasta que ésta se agote. Acompañaremos al paciente hasta que complete la expresión, si se queda a medias no cerraría, y se quedaría un resabio incómodo en él. Le proporcionaremos un medio hábil con el que expresar la emoción (con el material que cada terapeuta considere más adecuado) y le acompañaremos con respeto, a su lado y sin dirigir, muy atentos a cómo va. Porque él solo va a saber cuándo se ha agotado la oleada emocional y nos lo comunicará. Cuando he tenido ocasión de trabajar, por ejemplo, la rabia en terapia, me ha ayudado mucho sentir a mi terapeuta alentándome a expresar bien alto y claro mi emoción, pero respetando si hay miedo y comienza con un hilo de voz. Atravesar ese miedo acompañada, y llegar a poder culminar el trabajo expresándome con todo mi poder, puedo asegurar que ha sido magnífico. Pero he de aclarar que hay algo importantísimo que lo ha hecho posible, y es el hecho de que después de cada trabajo emocional, era reconfortada.

Esto quiere decir que una vez terminaba con la emoción, inmediatamente después me iba a unos brazos a ser reconfortada y a poder integrar que lo que acababa de hacer no sólo me estaba permitido, sino que era muy bueno. Cada persona puede elegir cuál es el reconfortamiento adecuado para ella, pero si no hay reconfortamiento tras un trabajo emocional, no se ha concluido. Corre el riesgo de que la información que quede sea: “¿Ves?… ¡cuando expresas rabia te quedas sola!”. Aunque esta afirmación pueda parecer exagerada, debemos tener en cuenta que en ocasiones la emoción bloqueada pertenece a una edad muy temprana, y la retuvimos justamente por miedo a las consecuencias dañinas que sufriríamos al expresarla. Cuando una es muy pequeña, una de las peores consecuencias que puede sufrir es ser “abandonada”. Con el reconfortamiento hacemos todo lo contrario, acoger, permitir y relamer esa herida.

Digo herida porque en terapia es donde curamos las heridas emocionales que no se pueden tratar en las consultas médicas. Sin embargo, nos vale como símil para saber que hay multitud de heridas dependiendo de cómo se han producido, su profundidad, características, localización, etc. Así como diferentes procesos de cicatrización. Hay tres tipos de cicatrización, de primera, segunda y tercera intención, que van de menor a mayor complicación según de qué herida se trate.

En el caso emocional no es diferente, habrá emociones que necesiten entenderse y expresarse, y con eso la herida que se formó quedará cerrada en una “primera intención”, con una costura limpia. Por ejemplo: “he tenido un altercado con mi pareja y he acabado sintiéndome muy mal porque no le he dicho lo que quería decirle”. Se puede trabajar en sesión expresando lo que no se dijo, y una vez expulsado, y sólo si se siente la necesidad de hacerlo, se abrirá una nueva conversación con la pareja. Lo importante en este ejemplo no es tanto lo que se hable o no con la pareja, sino reconocer una misma la posible falta de permiso con respecto a la expresión de algunas emociones (ira, rabia o tristeza).

Por otro lado, tendremos situaciones más complejas, en las que se mezclan varios conflictos emocionales. Puede que esté ligado a relaciones que nos provocaron sentimientos ambivalentes, o que ocultasen mucho dolor y frustración. En este caso la cicatrización por “segunda intención” sería mas conveniente. Se usa en heridas infectadas, y ha de dejarse abierta hasta que remita la infección y poder cerrar sin peligro a que se formen abscesos.

En lo emocional podríamos decir que se trata de mantener el trabajo abierto e ir revisando cómo es la “infección” en cuestión, cómo se formó, las personas implicadas, el tiempo que lleva “supurando” y haciéndonos daño, y cuando hayamos drenado todo esto sin dejarnos nada, entonces procederemos a cerrar, como mejor convenga. Por ejemplo: “no consigo tener pareja”. En este caso, puede haber un montón de creencias negativas acerca de una misma en pareja, o un modelo fracasado de pareja, con expresiones del tipo: “ninguna pareja funciona, y las que lo hacen es porque se mienten”, “nunca encontraré a alguien para mí”, “no puedo confiar en nadie”, “las parejas acaban anulando a todo el mundo”…, o introyecciones del tipo: “todos los hombres son malos”, “todas las mujeres son unas lagartas”, “te vas a quedar para vestir santos”, “tu es que eres muy difícil en las relaciones”, etc.

Estos aprendizajes llevan aparejadas unas cuantas emociones de muchos tipos y hacia mucha gente. El trabajo aquí tiene que ver con descubrir qué creencias componen esta herida, de quién vienen, e ir haciendo en cada sesión trabajo emocional acerca de lo descubierto. Cuando el paciente esté preparado, cuando crea que no le queda resquicio por descubrir y sanar, se puede dar paso al cierre de la forma que mejor le parezca.

Y por último hay heridas más complejas, en las que hay que eliminar un poco de tejido incluso, dejar que la herida se haga resistente, para poder empezar a cerrar. En terapia nos hallaríamos ante emociones de mucha carga oscura y dañina, generadas seguramente a una edad muy temprana, y muy arraigadas. Por ejemplo: “una mujer como yo no merece tener pareja”. Aquí habría que indagar desde cuándo se ha recibido ese mensaje, cómo le ha llegado, y cómo ella ha ido más tarde confirmándolo a lo largo de su vida, volviendo a generar situaciones dañinas.

Para ilustrar el ejemplo, hablaré de un trabajo propio, en el que descubrí que me costaba relacionarme con los hombres de una manera saludable y sin ponerme en peligro. Desde que nací incorporé que era el producto de un adulterio incestuoso, y casi abusivo, y todo lo relacionado con el hecho de ser una mujer sexuada, era motivo de vergüenza y culpa.

Durante muchos años de mi infancia parte de mi familia no me hablaba y hasta en el colegio recibía un trato diferente y nada acogedor. Cuando decidí abordarlo en terapia y deshacerme de la “mancha” que me estigmatizaba, utilicé la técnica de duelo, para poder profundizar, durante un taller de fin de semana. Sabía que en una sesión no era posible, que necesitaba más tiempo y dedicación. Me cubrí con un material con aspecto de petróleo, y así pasé gran parte del tiempo, descubriendo cuáles eran los mensajes asociados, toda la culpa, rabia, vergüenza y miedo que albergaba, y los comportamientos que provenían de la mancha.

Si no hubiera hecho ese trabajo tan gráfico, no hubiera experimentado tan claramente las consecuencias que vivir manchada estaba teniendo en mi vida. Cómo se me metía en los ojos y me impedía ver con claridad, cómo la mancha hacía imposible un contacto real, a cuántos sitios me impedía ir, lo víctima que me hacía sentir, la cantidad de pena y rechazo que provocaba, etc. Fueron muchos descubrimientos necesarios para saber qué conllevaba un mensaje de ese calibre, y de qué realmente me estaba despidiendo. Era una forma de vida, no un impedimento para algunas relaciones.

Concluí el trabajo, después de llorar durante horas mucha tristeza, impotencia, rabia y miedo, con una declaración de mi nueva decisión de vivir sin la coraza de la mancha, con cierto miedo pero expuesta, después con una ducha maravillosa, purificadora y reconstituyente, y finalmente con un reconfortamiento cálido y lleno de amor. Puedo afirmar que desde ese día mi vida es otra.

 

CIERRE DE PROCESOS PUNTUALES

David Mamet, dramaturgo, guionista y director norteamericano, dice en su libro Los tres usos del cuchillo, acerca de la construcción de una obra dramática, y refiriéndose al final: “La obra toca a su fin cuando se desvela lo que se mantenía oculto y nosotros sentimos la plenitud porque recordamos. Evocamos cuando el mundo estaba trastornado. Evocamos la introducción de aquel “elemento nuevo” que desestabiliza un mundo que nosotros habíamos creído que funcionaba bien. Evocamos los esfuerzos cada vez más enérgicos del héroe o la heroína (que nos representa solo a nosotros) por volver a encontrar la verdad y restituirnos la paz (al público). Y en una buena pieza teatral recordamos que cada intento (cada acto) parecía ofrecer la solución, que lo examinábamos extasiados y que nosotros (el héroe) nos sentíamos profundamente decepcionados cuando comprendíamos nuestro error, hasta que, al final de la obra, cuando creíamos haber agotado todas las vías posibles de investigación, cuando carecíamos de medios y de recursos (o al menos lo parecía), cuando no éramos más que impotencia, todo se recomponía. Se restituía cuando se revelaba la verdad.

En ese momento pues, en una obra bien construida (y tal vez en la vida analizada con sinceridad), comprendemos que lo que parecía fortuito era esencial, distinguiremos el patrón forjado por nuestro carácter, seremos libres para suspirar de alivio o llorar. Y entonces podremos irnos a casa.”
Es una cita extensa, pero me parece que recoge muy acertadamente lo que ocurre en los procesos que se van dando en una terapia. A lo largo de las sesiones vamos encontrando cosas con las que trabajar y que nos mantienen una temporada centrados en algún punto conflictivo. Esto en ocasiones comienza con el propio reconocimiento de que el punto en sí es conflictivo, y entonces nuestra energía se enfoca en resolverlo. Al principio poniendo en marcha los recursos con los que contamos. Por ejemplo: una vez me doy cuenta de que tengo un problema en las relaciones que tiene que ver con la intimidad, que descubro que me da mucha vergüenza mostrarme y ser natural, puedo empezar toda una campaña de acciones que me ayuden en ese sentido, como hacer ejercicios cada día de conexión conmigo misma para no despistarme, algún trabajo terapéutico con el poder y la presencia, ir detectando con quién se acentúa más y con quién se atenúa para ver los elementos que intervienen, fortalecer mi valor y autoestima, etc. Sin duda, todo esto hará que mejore bastante mi relación en intimidad.

En terapias que impliquen la investigación de antecedentes que hayan podido generar esa actitud, además de lo anterior, contaremos con el descubrimiento de escenas primigenias que nos marcaron y en las que se forjó ese conflicto, y es otro camino rico para recorrer. Pero en ambos casos, se trata de todo un trabajo, necesario, que se pone en marcha cada vez que me acerco a momentos de intimidad. Parece que la actitud “saludable” no pudiera salir sola con fluidez, sino que hay que estar muy atentos para frenar una tendencia patológica o conflictiva, y proponer en cambio una actitud aprendida más adecuada a nuestros deseos y necesidades. Sin embargo, notaremos que con estos trabajos, esos procesos no se terminan de cerrar, es recurrente tratarlos en las sesiones porque siempre “colea” por algún sitio. En cuanto se baja la guardia, o en un momento de estrés, ¡zás!, aparece la tendencia y volvemos a cuestionarnos si hemos resuelto o no.

El verdadero cierre de estos procesos tendrá lugar cuando, como dice Mamet, sintamos la impotencia, cuando aceptemos que nuestros recursos son los que nos han llevado a esta situación, con lo que difícilmente nos podrán ayudar a salir de ella, y que en el fondo se trata de claudicar, de asumir que NO SABEMOS hacerlo de otra manera, y atrevernos a mirar un poquito más profundo para ver cuán oscuro está el camino y decidirnos a llevar únicamente nuestro deseo de salir de la cueva para ir descubriendo el cómo se hace. Es sólo cuando nos desafiamos en una nueva forma de actuar, en encontrar una nueva faceta antes desconocida o escondida, cuando abrimos nuestro ser a una transformación, cuando empezamos a comprender que hasta ahora nos habíamos manejado desde nuestra zona de confort. Al salir de ella y de verdad aceptar el reto que supone resolver, encontramos que nuestros límites están un poco más lejos de lo que nos pensábamos, y eso nos produce mucha satisfacción y toneladas de confianza para caminar por donde antes nos daba miedo.

Carl Rogers, en su libro Psicoterapia centrada en el cliente dice: “desde un punto de vista clínico descriptivo, podríamos decir que la terapia exitosa parece implicar traer a la conciencia, de una manera adecuadamente diferenciada y correctamente simbolizada, aquellas experiencias y sentimientos que comúnmente se encuentran en contradicción con el concepto de sí mismo del cliente”.

En conclusión, el cierre de un proceso puntual está ligado a la humildad de reconocer una carencia, y a un descubrimiento personal que amplia nuestras capacidades y recursos.

Como en el duelo de una relación, de la que tememos despedirnos por miedo a no saber vivir sin ella, y al concluirlo,  descubrimos que somos más capaces de lo que pensábamos, que la posible carencia temida, la satisfacemos con nuestra creatividad genuina. Los budistas dicen que la oscuridad es proporcional a la iluminación, y que antes de una iluminación, aparece una gran oscuridad. Creo que en este caso es muy acertado.

CIERRE DE PROCESO TERAPÉUTICO

Cerrar:Dar por concertado y firme un ajuste, un trato o un contrato.

Desde las diferentes corrientes, el cierre de la terapia se explica de diferentes maneras. En Análisis Transaccional se habla de “cura”, ya que como dicen Ian Stewart y Vann Joines en AT HOY. Una nueva introducción al Análisis Transaccional: “el trabajo del practicante de AT es el de “curar al paciente”, no simplemente “ayudarle a realizar progresos”…. En ¿Qué dice después de decir hola? (Eric Berne) describe la cura como el completo abandono del guión”, entendiendo como guión “un plan de vida creado en la infancia, reforzado por los padres, justificado por eventos subsecuentes y culminando en una alternativa elegida”.

Quiere esto decir que el cierre de la terapia, y con él la cura del paciente, viene cuando se libera de lo aprendido para actuar, sentir o pensar de maneras nuevas. Algunos profesionales incluso añaden que “la persona que sale del guión cambiará las formas en que usa y experimenta su cuerpo. Por ejemplo, liberando tensiones crónicas o liberándose de enfermedades psicosomáticas”. Además el AT contempla un principio según el cual todos somos príncipes o princesas, por mucho que parezcamos sapos en algún momento. En este caso, entonces, ya partimos de la base de que todas las soluciones, ideas nuevas, arreglos, consejos o mejorías, se encuentran en cada una, y la terapia apoya su descubrimiento y recuperación.

Cuando hemos conectado con nuestro inmenso potencial, válido, sano, creativo y constructivo, ya somos capaces de afrontar cualquier situación sin quedarnos en un bucle de negatividad. Podríamos decir entonces que el cierre de la terapia estaría ligado al encuentro y reconciliación con nuestra sabiduría, inteligencia y alegría fundamental.

Para Freud, en el citado Análisis Terminable e Interminable, “antes que nada hemos de decidir qué se quiere decir con la frase ambigua «el final de un análisis». Desde un punto de vista práctico es fácil contestar. Un análisis ha terminado cuando el psicoanalista y el paciente dejan de reunirse para las sesiones de análisis. Esto sucede cuando se han cumplido más o menos por completo dos condiciones: primera, que el paciente no sufra ya de sus síntomas y haya superado su angustia y sus inhibiciones; segunda, que el analista juzgue que se ha hecho consciente tanto material reprimido, que se han explicado tantas cosas que eran ininteligibles y se han conquistado tantas resistencias internas, que no hay que temer una repetición de los procesos patológicos en cuestión. Si dificultades externas impiden la consecución de esta meta, es mejor hablar de un análisis incompleto que de un análisis inacabado.”

Parece que se parece a la conclusión del AT, pero difiere en algo que es bastante importante, y es que en AT se parte de la base de que el cliente es una persona sana en esencia, dotada para la realización y la felicidad. En psicoanálisis, quizá los terapeutas lo den por hecho en sus consultas, pero en el material encontrado, parece que la conquista en esta terapia es descubrir lo oculto y entender de donde vienen nuestros síntomas, angustias e inhibiciones, qué nos hace estar “enfermos”.

En El proceso de convertirse en persona, Carl Rogers habla de la última etapa del proceso, que solo unos pocos alcanzan, en estos términos: “Cuando el individuo ha alcanzado la séptima etapa de su proceso de cambio, ingresa en una nueva dimensión. El cliente ha incorporado la cualidad de movimiento, fluidez y cambio a cada aspecto de su vida psicológica; esto se convierte en su característica fundamental. Vive conscientemente sus sentimientos, los acepta y confía en ellos. Sus maneras de construir la experiencia cambian constantemente, puesto que sus constructos personales son modificados por cualquier nuevo acontecimiento vital.

Su vivencia tiene carácter de proceso; consiste en sentir lo nuevo de cada situación y volver a construirlo, haciéndolo en función del pasado sólo en la medida en que el presente sea idéntico a aquél. El cliente experimenta de manera inmediata y al mismo tiempo sabe qué está experimentando; procura diferenciar con exactitud sus sentimientos y los significados personales de su experiencia. La comunicación interna entre los diversos aspectos del sí mismo es libre y exenta de bloqueos; el individuo se comunica libremente en las relaciones con los demás, que ahora no están estereotipadas, sino que son relaciones de persona a persona. Es consciente de sí mismo, pero no como objeto; se trata más bien de una conciencia reflexiva, un vivir subjetivamente en el sí mismo en movimiento. Sabe que se relaciona con sus problemas de una manera responsable. En realidad experimenta una relación plenamente responsable con todos los aspectos fluidos de su vida. Vive en sí mismo como en un proceso siempre cambiante.”

Esta aportación me parece todo un cambio en la propia visión de la terapia, porque no define el cierre de proceso teniendo como referencia lo que se pierde, sino lo que se gana. En lo que dice vemos claramente que deshacerse del pasado que marca respuestas estereotipadas ha sido parte del proceso, pero ya queda lejos del cierre, puesto que a medida que ha avanzado la terapia, el centro de atención está en cómo vivir “lo nuevo de cada situación” siendo “plenamente responsable con todos los aspectos fluidos de la vida”.

Cuando digo lejos del cierre no me estoy refiriendo a  lo temporal, que puede que también, sino a que está lejos en intencionalidad. Quiero decir que mientras la terapia esté centrada en “deshacerse” del lastre es que aún no estamos preparados para vivir sin ese lastre. En cambio cuando el centro de atención comienza a estar en cómo vivir de maneras nuevas, honestas, creativas y en sintonía con nuestro deseo y felicidad, entonces querrá decir que ya estamos empezando a recorrer la rampa de salida de la terapia. Una vez afianzado esta nueva forma de vida, entonces se produce el cierre.

Se hace hincapié cuando se habla del cierre, en estar atentos a la posibilidad de que el cliente realice un cierre como escape del proceso, y no como conclusión. Y en ese caso, es importante revisar todo lo que remueve el cierre, y darle un espacio, para comprobar los motivos y asegurar que no corresponden a un juego patológico. Sin embargo, he notado en las exposiciones que el terapeuta suele ver con claridad cuando esto está sucediendo, y en ocasiones, el hecho de querer trabajar con esa resistencia al cambio, puede provocar incluso que el cliente abandone la terapia sin aviso previo. Con esto quiero decir que incluir estos episodios en el epígrafe de cierre me parece un sinsentido, en todo caso sería un motivo más de trabajo en el trascurso de la terapia, porque está muy lejos de indicar una relación de responsabilidad con sus problemas. Sería la diferencia que señala Freud entre análisis incompleto o terminado.

Cuando se paraliza la obra de un edificio, nadie habla de que el edificio esté “mal acabado”, simplemente, se ha parado la construcción, y los interesados deben, si quieren, resolver los problemas para que continúe. Precisamente en la actualidad somos testigos de cientos de construcciones paradas a medio hacer, o con apenas los cimientos puestos, sin que nadie haga nada para continuar. Y es mucha gente la que acaba perjudicada con ello. Sin embargo, cuando una persona paraliza su proceso es por algo, quizá sienta que no tiene recursos para continuar, y quizá, en ese caso, sea lo más conveniente. Es por eso que no incluyo posibles acciones en esos casos.

CONCLUSIÓN

He descubierto que hay algunos conceptos clave que deben producirse para un cierre satisfactorio. El primero de ellos tiene que ver con lo revisado, conocido, descubierto, encontrado, asumido y desechado. Sin una indagación comprometida, profunda y consciente, sería imposible. Quizá estuviéramos evitando o desplazando, pero no dando paso a un verdadero cierre.

Suele pasar que aquello que hemos desechado, lo hacemos en gran parte movidos por la certeza de que en un momento aprendimos de otros a manejarnos de un modo que a la larga está siendo perjudicial. Así que se trata de eliminar a cualquier otra persona que no seamos nosotros mismos como responsable de lo que hacemos. Y eso me lleva al segundo aspecto imprescindible, la responsabilidad. En este caso no se trata de entenderla como una carga o una obligación, no está ligada a la culpa ni al castigo, sino todo lo contrario.

Esta responsabilidad consiste en la valentía de desplegar nuestros valores para hacernos cargo de lo que sea, poner en juego nuestras fortalezas, llevar por bandera nuestros intereses de manera proactiva y, sobre todo, confiar en que en nosotros está siempre la opción de resolver, que en todo momento tenemos la capacidad de solucionar lo que sea. La responsabilidad así vivida en lugar de ser un peso, se convierte en un motivo de relax y disfrute.

El tercer y último aspecto me cuesta nombrarlo porque contiene varios componentes: lo positivo, la gratitud y la esperanza. Lo voy a definir como una “confianza alegre”. Creo que para que un cierre en terapia se produzca, es imprescindible que la gratitud forme parte. Aquello que hemos desechado con el cierre ya no nos sirve, pero no debemos olvidar que si ha estado con nosotros como mecanismo de defensa, es porque lo necesitábamos, quizá en algunos momentos nos salvó la vida. Si aun no somos capaces de agradecerlo, es probable que aun no hayamos comprendido su sentido completamente, con lo cual, no podremos cerrar. Esta actitud de gratitud, nos deja muy buen sabor de boca, y casi siempre lleva aparejada, casi sin proponérnoslo, la alegría de confiar en que podemos caminar sin esa muleta, y la excitación de saber que a partir de ahora viene algo mejor.

Por todo esto creo que si no hay felicidad no se produce un cierre propiamente dicho. Que no es lo mismo finalizar que cerrar.

Dicho esto procedo a cerrar este trabajo con la alegría de haber hecho un hermoso recorrido personal en la investigación, la gratitud por ofrecerme hacer este trabajo, y la excitación que me provoca haber escrito mi primer artículo. Gracias y buena lectura!

“Conocer a los demás es sabiduría.
Conocerse a sí mismo es iluminación.
Vencer a los demás requiere fuerza.
Vencerse a sí mismo requiere fortaleza.

Quien consigue sus propósitos, es voluntarioso.
Quien sabe contentarse, es rico.
Quien no abandona su puesto, perdura.
Quien vive el eterno presente, no muere.”
Lao Tse
Tao te Ching

BIBLIOGRAFÍA

– Kübler-Ross Elisabeth y Kessler David, “Sobre el duelo y el dolor”. Barcelona, Ediciones Luciérnaga, 2006

– Freud, Sigmund “Análisis Temrminable e Interminable”. 1.0 Versión electrónica: Sigmund Freud: Obras Completas, en “Freud Total”

Rituales de despedida en la terapia de duelo”, Onno van der Hart, PhD., Frits A. Goossens. Enlace: http://www.onnovdhart.nl/articles/Rituales_91.pdf

– Rogers, Carl R. “El proceso de convertirse en persona”. Barcelona, Editorial Paidós, 2009

– Mamet, Dvid. “Los tres usos del cuchillo”. Barcelona, Alba Editorial, 2001

– Rogers, Carl R. “Psicoterapia centrada en el cliente”. Barcelona, Editorial Paidós, 2010

“AT HOY. Una nueva introducción al Análisis Transaccional” Ian Stewart y Vann Joines
Colección Campus, 46. Editorial CCS. Segunda edición: febrero 2011

– Lao Tse. “Tao te ching” Barcelona, RBA Libros, SA, 2002

– Un libro que no cito textualmente, pero que me ha sido imprescindible, tanto en mi proceso como en este trabajo es:
Zurita, José y Chías, Macarena. “El duelo terapéutico”. Madrid, Ediciones Galene, 2009

Autora: María Morales

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2 Respuestas

  1. Cleo dice:

    Excelente =) muchas gracias por tu redacción limpia y coherente. Es grato encontrar la opion de otro dentro del trabajo de sesión.

  2. Angela Quintero López dice:

    Un tema muy serio expresado en lenguaje sencillo y coherente, muchas gracias. Sus aportes me ayudaron a entender mejor una situación que estoy viviendo

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