Ayuda Sana

01/09/2013


Lo que ayuda realmente a una persona a liberarse del sufrimiento neurótico y a conseguir la autonomía personal es una buena relación, una relación sana entre el ayudador (terapeuta o counsellor utilizados indistintamente en el trabajo) y el ayudado (paciente o cliente, utilizados también indistintamente)

La relación se convierte en instrumento de sanación porque resulta protectora, segura y reparadora y permite que se desbloqueen los frenos que han impedido el crecimiento y se activen los dinamismos de crecimiento y sanación inherentes a la persona.  Esto requiere una profunda implicación del terapeuta en la relación poniendo en juego toda su persona y su capacidad de amar de manera  incondicional. También es necesario que se establezca un marco que defina el carril por el que va a transcurrir el proceso relacional. Un terapeuta capaz de una relación de ayuda sana y sanadora ha de estar profundamente integrado y en contacto con la positividad de su ser por lo que su formación tendrá un carácter eminentemente experiencial.

1. INTRODUCCIÓN: ¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO?

Con la expresión “relación de ayuda” podemos referirnos de manera genérica a muchas realidades distintas: relación de un padre y un hijo, de un profesor y un alumno, de un médico y un paciente, de un terapeuta y su cliente,

En el contexto de nuestro trabajo de final de master en Counselling y Psicoterapia nos vamos a referir a la ayuda psicológica que se da en este contexto.

Al recibir el título de trabajo me preguntaba por el significado de la expresión y dudaba si centrarme en la relación de ayuda en sí misma o en el calificativo “sana” que la acompaña. Finalmente me decidí por la primera opción porque una relación que no sea sana no puede ser de ayuda. Así que para introducir este trabajo me pregunto por la naturaleza de esa relación: ¿de qué hablamos cuando hablamos de relación?: ¿de un contexto donde el “ayudador” va a realizar un trabajo empleando sus conocimientos?, ¿de un equipo de trabajo que se crea para solucionar un problema?, ¿de una relación entre un experto y alguien que lo necesita y no sabe?, ¿se parece más a una relación de amigos, o de maestro-discípulo?

Me ha parecido interesante pararme en ver cómo distintos enfoques psicológicos conciben la naturaleza de la relación de ayuda. Los diversos matices que presenta cada uno me han servido como referencia para una evaluación de la naturaleza de la relación que yo establezco. Para ello he seguido a Jesús Madrid Soriano [1]que agrupa distintas concepciones en cinco modelos:

  1. La relación terapéutica conductual.

El enfoque conductual  se ha distinguido, en general, por prestar escasa atención a la relación terapéutica. Últimamente, a medida que este enfoque se ha abierto a una perspectiva más social, ha comenzado a dar más importancia a la relación terapéutica (Bandura, 1969; Staats, 1970) aunque vista más como un factor que puede ayudar a que el paciente se comprometa más en las tareas que le encomiendan en la terapia.

  1. La relación terapéutica en la terapia cognitiva.

La función del terapeuta se concreta en ayudar al paciente a conseguir una visión más acertada y objetiva de la realidad y para ello es positivo que haya una “buena relación de trabajo”. La consideran como un “requisito previo para el proceso de cambio, más que como parte intrínseca de éste” [2]

  1. La relación terapéutica en la orientación psicodinámica.

Los autores de esta línea conceden, en general, una gran importancia al estudio de la relación entre el paciente y el terapeuta, pero valoran la relación no porque en sí misma tenga valor terapéutico, sino más bien por ser un campo privilegiado para el análisis de los conflictos del paciente. El estudio de esta relación permite detectar la índole de la transferencia del paciente y la contratransferencia del terapeuta. La eficacia de la terapia reside en el “insight” que logra el paciente a partir de la interpretación que le brinda el terapeuta”

Los autores de esta línea han acuñado algunos conceptos que hacen referencia a la relación y que han tenido una amplia aceptación en otras escuelas, uno de ellos es el de alianza terapéutica (Letzel, 1958)

  1. La relación terapéutica en el modelo sistémico.

Aunque hay distintas orientaciones sistémicas, se puede decir, en general, que el terapeuta es concebido como un experto y toma actitudes más directivas pudiendo adoptar en unos momentos una posición más de observador y otras más de implicación.

  1. La relación terapéutica en el modelo humanista existencial

Todos los enfoques englobados en este planteamiento humanista subrayan la importancia capital de la relación: es la calidad del encuentro el factor más importante que define la eficacia de la relación de ayuda. Lo terapéutico es la relación en sí misma.

En mi experiencia como counsellor compruebo que ha habido una evolución en mi manera de concebir la naturaleza de la relación:

– En un primer momento  me centraba sobre todo en el problema que la persona presentaba y le daba vueltas para ver cómo se podía afrontar;  poco a poco me di cuenta de que si la persona no estaba “en pie”[3], si estaba sintiéndose pequeñita era imposible que tuviera una visión ajustada de la realidad exterior e interior.

– De esta manera, aprendí a estar atento para centrarme en la persona y no tanto en el problema.  Prestaba mucha atención a lo que acontecía en el otro y a través de una buena escucha activa  observaba cómo  se iba recuperando la persona o qué se lo podía estar impidiendo.  En este momento lo que ocurría en mi interior yo lo dejaba a un lado  y procuraba mantener cierta distancia . Me obligaba a mí mismo a estar fuerte para sostener al débil.

–  Finalmente, en el transcurso de la formación en counselling humanista integrativo he ido cayendo en la cuenta de que al dejarme a un lado y permanecer a cierta distancia estoy privando a la relación de ayuda de lo que resulta más poderoso: mi propia persona en relación humana con el otro. Estoy descubriendo que además de estar presente a la comunicación del otro he de estar muy presente a mi interior y a lo que está ocurriendo entre ambos. Esto significa prestar atención a la evolución de la relación en sí misma: si está avanzando, profundizando, en meseta, en retroceso, bloqueada, etc. También significa observar cómo estoy afectivamente unido a la persona y cómo siento al otro.

Así que, para terminar este punto introductorio, diré que cuando hablamos de relación de ayuda sana estamos hablando de “un encuentro interpersonal entre una persona que pide ayuda (cliente o paciente) para modificar algunos aspectos de su modo de pensar, sentir y actuar, y otra  persona que quiere ayudarle (terapeuta, counsellor) dentro de un marco interpersonal adecuado.” [4]

2. LA PERSONA: UN SER POSITIVO, CON POTENCIAL Y DINAMISMO DE CRECIMIENTO.

Tratándose de una relación de ayuda es fundamental la visión profunda de la persona que tiene el terapeuta. Un visión hecha de creencias y principios que van a preconfigurar la relación de ayuda que se establezca entre el terapeuta y el paciente. Propongo aquí los principios que para mí son fundamentales y cómo afectan a mi manera de enfocar la relación de ayuda. Las imágenes están tomadas del estudio realizado a lo largo de estos meses y de mi visión cristiana de la vida.

+ Todos nacemos bien. E. Berne decía “todos nacemos príncipes o princesas”. Estamos bien hechos por dentro. En lenguaje evangélico, somos hijos de Dios, capacidad de Amor y de Libertad;  llevamos un tesoro escondido  y “el reino de Dios dentro de vosotros está”. [5]

+ Todos tenemos un cierto potencial humano determinado por los condicionamientos genéticos, circunstanciales de salud y sociales de origen y procedencia, un potencial humano que podemos desarrollar. Todos recibimos unos “talentos” y podemos negociar con ellos a no ser que el miedo nos lo impida[6]. Nuestra orientación interna es hacia la plenitud: “he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” [7]

+  La persona, como todos los seres vivos, tiene dentro de sí un “principio de actualización”  (Carl Rogers), un principio que le empuja a crecer, a desplegarse en sus posibilidades.

”La experiencia me ha enseñado que las personas se orientan en una dirección básicamente positiva….¿Cuáles son esas direcciones? Las palabras que, a mi juicio, las describen de manera más adecuada son: positivo, constructivo, movimiento hacia la autorrealización, maduración, desarrollo de su socialización”. [8]

Para representar esta positividad del ser esencial y el dinamismo de crecimiento que la acompaña me gusta utilizar la imagen de la semilla que viene con todas sus posibilidades dentro de sí y que necesita el entorno apropiado para crecer, donde se le dé lo que necesita (luz, calor, humedad, nutrientes, …) y se le trate con respeto, sin agresión de ningún tipo.

Estas convicciones profundas me hacen posicionarme con esperanza y confianza en la relación de ayuda:

–  Donde hay problemas y comportamientos agresivos o no saludables, veo una persona herida o un ser humano asustado y esta visión me favorece una mirada compasiva y positiva.

–  Cuando me encuentro con atascos en el proceso de crecimiento, confío en que por un lado o por el otro, la fuerza interior encontrará el camino de sanación.

– También esta visión me ayuda a posicionarme en una postura de sencillez y a no cargar sobre mis espaldas la vida de nadie.  No soy yo el que le soluciona la vida a la otra persona. Soy una herramienta que colaborará a que la persona entre en contacto con su dinamismo de crecimiento y sanación interior.

– Y para terminar, cuando la persona en su camino de profundización se encuentra con el vacío existencial y la soledad existencial la invito a permanecer ahí, en el silencio, dejando que esta experiencia, en principio desagradable,  le proporcione una experiencia más allá y que tiene que ver con una soledad habitada, un vacío lleno de amor, una confianza básica y fundamental y una apertura a la experiencia transpersonal. .

3. UN SER QUE NECESITA SATISFACER SUS NECESIDADES PARA DESPLEGARSE EN SUS POSIBILIDADES.

Cuando la semilla de la que hablábamos encuentra las condiciones adecuadas para crecer, lo hace. Esas condiciones las proporciona un entorno que satisface las necesidades.

¿Cuáles son las necesidades de una persona?

Existen varias clasificaciones. Aquí extraigo un esquema de la propuesta de  Jesús Cuadra: [9]

  1. a) Necesidades físicas: de oxígeno, alimentos, de actividad, de descanso, de placer, de dormir, …
  2. b) Necesidades psicológicas y emocionales: de reconocimiento, de ser amado, de amar, de autoestima, de pertenecer, de estructura, de seguridad, de contacto emocional, de estímulo emocional e intelectual y de sensación de logro.
  3. c) Necesidades relacionales (Richard Erskine): de seguridad relacional, de validación, afirmación e importancia dentro de una relación, de aceptación por otra persona estable, confiable y protectora, de confirmación de la experiencia personal; de autodefinición; de tener un impacto en la otra persona; de que el otro tome la iniciativa y de expresar amor.
  4. d) Necesidades espirituales o del yo íntimo: de espacio y tiempo; de nutrición; de producción y creación; de crecimiento, desarrollo y estimulación.

Un proceso adecuado o saludable de satisfacción de las necesidades, de una manera equilibrada y ecológica, conduce a un crecimiento personal y a una armonía interna y externa, relacional y espiritual.

4. CUANDO NO SE CUBREN ADECUADAMENTE ESAS NECESIDADES LA PERSONA SE SIENTE MAL.

Si la persona no puede cubrir sus necesidades el desarrollo no se produce de manera armónica o no alcanza la plenitud que tiene en potencia.  Y si esto ha ocurrido en la infancia deja secuelas importantes para la vida adulta, se produce una herida profunda que marca y condiciona negativamente la vida posterior de la persona. Así lo explican distintos enfoques humanistas:

  1. a) Para C. Rogers cuando la persona no ha recibido en su infancia aceptación incondicional, empatía y congruencia, desarrolla diferentes mecanismos de defensa para ser aceptables y aceptados en su entorno. De esta forma, el auténtico ser, se puede ir adaptando y en algunas ocasiones mermando, con el fin de sobrevivir.
  2. b) Desde el Análisis Transaccional lo que la persona hace es adaptarse de manera auto-limitadora, tomando decisiones de supervivencia en las situaciones relacionales en las que ha vivido traumas puntuales o acumulativos. Su conciencia está limitada y sus opciones de satisfacción de necesidades también limitadas
  3. c) Para la psicoterapia de la gestalt la causa de que  no se cubran las necesidades se debe a problemas de diverso tipo en el Contacto del individuo con su ambiente. “Cuando se da la interrupción de muchos procesos de satisfacción de necesidades, se acumularán muchas gestalten inacabadas, y la presión aumentará desconectando a la persona del presente y remitiéndola hacia esas necesidades insatisfechas… Se van formando así una serie de “capas” en la personalidad que van alejando a la persona, cada vez más, de un contacto genuino con la realidad” [10]

Con una explicación u otra podemos decir que el origen de los malos funcionamientos y estados de infradesarrollo  está en unas relaciones no satisfactorias con las figuras parentales: “la persona se hace paciente por falta de suficientes experiencias interpersonales sanas”[11]

5. LA RELACIÓN DE AYUDA: UNA EXPERIENCIA CORRECTORA

Carl Rogers, después de muchos años de experiencia,  llega a la conclusión del carácter definitivo que tiene la calidad de la relación en la eficacia de  relación de ayuda.:

 “Querría compartir con ustedes… una conclusión o convicción nacida de mi larga experiencia en el trato de personas y que encuentra confirmación en un creciente volumen de evidencias empíricas. La convicción es simplemente ésta: una amplia gama de profesionales que entrañan el mantenimiento de relaciones con la gente( p. ej. psicoterapeutas, maestros, …) el elemento más importante en la determinación de la eficacia es la calidad del encuentro interpersonal con el cliente… la calidad de mi encuentro importa más que mi erudición, formación profesional, orientación asesora y técnicas empleadas en la entrevista” [12]

Estudios posteriores desde distintos enfoques psicológicos han llegado a la misma conclusión práctica de que es la calidad de la relación lo que hace que una relación de ayuda sea terapéutica.

Para explicar este hecho podríamos decir que  si la falta de relaciones interpersonales adecuadas crea “el paciente”,  la ayuda para resolver el problema relacional consiste fundamentalmente en compensar estas deficiencias brindando relaciones interpersonales sanas.[13] Una relación “potente, profunda y protectora” [14]   que sea lo suficientemente sólida y segura como para que el paciente se atreva a dejar de huir y enfrentarse, poco a poco, a sus conflictos más profundos.

Para que la relación tenga esta función correctora y reparadora a nivel profundo quiero subrayar algo que para mí ha sido importante en el estudio del master: ha de ser una relación de incorporación [15]

Se trata de una relación de persona a persona  pero con la asimetría funcional propia de las relaciones entre un padre y un hijo, o entre un educador y un educando, o entre un maestro y un discípulo. Una relación de incorporación es una relación vertical que permite que el que recibe, vaya incorporando los elementos transmitidos dentro de la relación, y lo pueda hacer suyo e ir creciendo hacia la autonomía. Lo más importante que necesita incorporar el cliente/paciente en el proceso de la relación de ayuda es el AMOR incondicional que recibe y que, una vez integrado, le permitirá vivir y relacionarse sin dependencias.

Estas relaciones de incorporación están reguladas por el tabú del incesto y porque la intencionalidad de la actuación está dirigida siempre hacia el beneficio de la persona que recibe.

La definición de la relación de incorporación y la asimetría de la relación ha sido para mí muy importante para poder resolver un conflicto con el que me he encontrado. En el contexto educativo en el que  me muevo, con múltiples contactos interpersonales,  es frecuente que en el transcurso de una conversación informal o de trabajo una persona manifieste que tiene un problema  o que está viviendo una situación vital delicada, con la sensación de que lo cuenta buscando algún tipo de ayuda pero sin estar en un contexto definido como de relación de ayuda. Cuando esto ocurre, casi de manera automática,  si dispongo de tiempo, en mí se pone en acción el mecanismo de escucha activa tratando de comprender empáticamente lo que me expresa. Pasados unos días nos encontraremos de nuevo y le preguntaré cómo está. Me volverá a contar y yo le escucharé y casi sin darme cuenta estaré en una relación de ayuda pero un poco “frenado” porque no ha habido un encuadre de la relación como de ayuda y por tanto asimétrica.

Ahora tengo claro que sigue siendo positiva una escucha activa en cualquier encuentro interpersonal pero me siento con confianza para redefinir los términos de la relación y si va a ser una relación de ayuda colocarla en su propio marco. Esto será saludable para ambos.

6. LAS ACTITUDES FACILITADORAS DE UNA RELACIÓN DE AYUDA SANA

Carl Rogers (1957) fue el primero que afirmó, de modo explícito, la existencia de un núcleo central de “condiciones necesarias y suficientes” que explicaría la eficacia de la terapia: Autenticidad,  aceptación incondicional y empatía. Muchos autores han realizado sus aportaciones añadiendo o matizando las de Rogers. Aquí voy a seguir de nuevo la síntesis de Jesús Madrid [16]

1)    Autenticidad, genuinidad o congruencia:

La autenticidad tiene una doble dimensión: personal y relacional

+  la dimensión personal hace referencia a la congruencia de la persona consigo misma, a la consistencia interna,  e implica que tiene acceso a sus zonas más profundas y se permite íntimamente ser “ella misma” escuchando los propios sentimientos, fantasías, pensamientos y vivencias;

+ la dimensión  relacional  hace referencia a la manifestación de la conciencia del propio yo y de sus vivencias en la interacción con la otra persona.

¿Cómo se vive la autenticidad del terapeuta en la relación de ayuda?

* Comportándose con espontaneidad y naturalidad, sin conductas artificiales.

* Respetando y desarrollando un estilo propio en la relación de ayuda: ser fiel a sí mismo y “no colocarse una camisa de fuerza metodológica que no se ajuste a su naturaleza” (Lieter, 1993)

* Aparecer sin autodefensas: es simplemente él y se encuentra bien consigo mismo.  Perjudica la calidad del encuentro personal el que el terapeuta se proteja detrás de un “rol profesional” rígido, jugando a ser persona invisible detrás de una máscara convencional.

2) Aceptación incondicional o consideración positiva:

“Cuando el cliente experimenta la actitud de aceptación que el terapeuta tiene hacia él, es capaz de asumir y experimentar esta misma actitud hacia sí mismo. Luego, cuando comienza a aceptarse, respetarse y amarse a  sí mismo, es capaz de experimentar estar actitudes hacia los demás” [17] Esto significa:

* Aceptación personal: acogida y reconocimiento hacia el ser único que es cada persona, independientemente de los comportamientos que tenga. Ausencia de juicio y respeto por sus decisiones personales.

* Valoración positiva y confianza en el potencial humano: la persona es considerada verdaderamente valiosa y digna de aprecio: “creo en ti, creo en tus capacidades y creo que tienes posibilidades para crecer”.

3)    Comprensión y comunicación empática: [18]

Es la capacidad de captar el mundo íntimo de otra persona desde su propio marco de referencia y de comunicárselo en un lenguaje adecuado para ella, teniendo en cuenta la naturaleza del contenido y las características de la otra persona.

La comprensión empática y su comunicación tiene efectos positivos en la persona:

– Se siente valorado y aceptado como persona.

– Se siente reafirmado en su propia existencia como persona original, autónoma y valiosa.

– Aprende a aceptar los  propios sentimientos.

– Aprende a estar en contacto con su mundo emocional y sus sensaciones.

– Ayuda a que el cliente explore su problema con libertad y se autoexplore más profundamente.

– Fomenta la responsabilidad del cliente.

– Contribuye eficazmente a que el cliente se sienta acompañado.

– Crea una base sólida que consolida los procesos de la relación de ayuda.

4) Cordialidad y compromiso personal

Esta actitud no es otra que el AMOR. En este sentido me parece muy elocuente la descripción que hace C. Rogers de su vivencia personal:

“Creo que es enriquecedor cuando puedo apreciar o amar realmente a otra persona y cuando me permito expresar estos sentimientos. Como muchos otros, también temí que esto me atrapase. “Si me permito quererlo podrá controlarme, usarme, exigirme”. Creo que ahora estoy muy lejos de sentir ese miedo. Como mis clientes, también he aprendido lentamente que los sentimientos de ternura y de afecto no son peligrosos para recibirlos ni para darlos”[19]

Yalom (1980), congruentemente con su concepción existencial de la terapia, trata también extensamente esta cualidad de la relación de ayuda:

“Resumiendo, el terapeuta se relaciona con el paciente de una manera auténticamente amorosa y procura llegar con él a momentos de auténtico encuentro. Y, al hacerlo, no debe ser egoísta: su única preocupación ha de ser el desarrollo del paciente, en ningún caso sus necesidades personales. Su amor deber ser indestructible y no depender del amor recíproco del paciente.

Debe ser capaz de estar consigo mismo y con el paciente, para, a través del afecto, entrar en el mundo de éste y vivirlo de la misma forma que él lo vive. Para ello, tiene que acercarse a él sin ideas preconcebidas; debe orientar su trabajo con la finalidad de compartir su experiencia sin apresurarse a pronunciar juicios o estereotipos” [20]

Todas estas actitudes y otras que describen otros autores se podrían resumir en  AMOR INCONDICIONAL: “Va a ser trascendental, por tanto,  que en  la relación terapéutica el paciente sienta el Amor incondicional de su terapeuta, sobre el que se podrá construir la confianza básica profunda necesaria para la resolución de los conflictos primarios” [21]

Que se dé este amor incondicional a mí me parece muy difícil pues, desde mi punto de vista, no se trata de una actitud de la voluntad o una buena disposición que el terapeuta pueda elegir en un momento determinado. El amor incondicional es más bien el fruto de un contacto profundo del terapeuta con su propio ser más profundo, con su esencia amorosa y positiva. Es un estado de fluidez y flexibilidad y un equilibrio entre firmeza y ternura.

Desde mi experiencia personal sé que hay días en que estoy más cerca de esa manera de amar y otros en que me siento más lejos. Lo que puedo hacer es tomar conciencia, acogerme y ponerme a disposición del otro como estoy en este momento o bien decidir posponer el encuentro para otro momento.

Para terminar este apartado sobre las actitudes facilitadoras, quiero dejar aquí constancia justamente de aquellas actitudes que  son contrarias y que se me pueden colar en la relación casi sin darme cuenta. . De manera muy breve:

* Dirigir y mandar: es infravalorar la capacidad del paciente.

* Amenazar y chantajear: socavan el derecho de la persona a la libertad y la autonomía.

* Moralizar y culpar: obstaculizan la autonomía personal y disminuyen fuertemente el valor y la estima personales.

* Aconsejar y recetar soluciones: anteponen el problema a la persona y provocan dependencia.

* Juzgar y etiquetar: implican un rechazo y negar la identidad personal.

* Tranquilizar y  quitar importancia a lo que el paciente vive desde una actitud paternalista: es negar el derecho a sentir lo que siente.

* Investigar e interpretar: se olvida de la persona y se centra en el problema.

* Comparar con otros o incitar a imitar: rebaja a la persona.

7. ALGUNOS ELEMENTOS ESTRUCTURALES AL SERVICIO DE UNA RELACIÓN DE AYUDA SANA.

En este apartado voy a indicar algunos aspectos estructurales que definen el marco de la relación y que colaboran a que el proceso de la relación de ayuda vaya bien. Me detendré un poco más en la terminación de la relación.

  1. a) El contrato terapéutico. Que el paciente haya formulado de alguna manera los objetivos que pretende es importante para que se responsabilice de su propia vida y permitirá al terapeuta cuando lo vea oportuno hacer una toma de conciencia del proceso que van siguiendo.
  2. b) Las cuatro reglas de obligado cumplimiento: [22]

1ª Regla “No violencia”: quiere decir que ninguna de las dos partes de la relación tendrá actitudes violentas ni consigo mismo, ni con el otro, ni con nada.

2ª Regla “No sexualización”: quiere decir que entre el paciente y terapeuta no va a haber relaciones sexuales, ni se va a sexualizar el contacto.

3ª Regla “Confidencialidad”: implica que nada de lo que se hace o se habla en la relación de ayuda va a salir fuera del contexto terapéutico.

4ª Regla “Acabar la sesión”: quiere decir que el paciente se compromete a estar hasta el final de la sesión o del taller para que la sesión o el trabajo no quede roto sino cerrado.

  1. c) Encuadre externode la relación de ayuda: duración de la sesión, número de sesiones, frecuencia de las sesiones, lugar y honorarios.
  2. d) El proceso de la terminación  de la relación de ayuda: despedirse [23]

Así como es importante la creación del vínculo en la relación de ayuda también es muy importante saber despedirse de manera sana.

He decidido dedicarle más atención a este punto porque me parece de suma importancia para el bienestar de ambos, paciente y terapeuta.

Se pueden dar cuatro situaciones diferentes posibles al terminar la relación de ayuda con efectos también diferentes[24].

* Primera: terapeuta y paciente están de acuerdo en terminar porque consideran que han logrado los objetivos que se habían trazado. En este caso habrá  por un lado que celebrar el camino recorrido y por otro realizar el duelo de la despedida.

*Segunda: el paciente decide por su cuenta abandonar la relación de ayuda de modo prematuro. Como los motivos pueden ser muy variados (por miedo, por falta de resultados, por fragilidad de la relación) el terapeuta ha de ayudar a clarificarlos lo más posible y facilitar que lo deje sin que se sienta culpabilizado o con sentimientos de fracaso.

* Tercera: el terapeuta decide terminar prematuramente la relación de ayuda. En este caso ha de procurar también explicarlo al paciente de modo que pueda comprenderlo y le ocasione el menor daño posible. Debe anunciarlo con el debido tiempo y trabajar, en la medida de lo posible, el proceso de separación para que sea menos doloroso y el paciente lo pueda encajar como una nueva oportunidad de crecimiento.

* Cuarta: la relación de ayuda se termina prematuramente por causas ajenas a ambos: cambio geográfico, enfermedad que impide verse, final de un contrato con una institución, etc.  En este caso es fundamental hacerlo de tal modo que no le quede al paciente la sensación de que ha sido abandonado sino que causas ajenas han forzado la situación.

La separación puede resultar más dolorosa en algunos  casos:

– Cuando las personas ha vivido otras separaciones dolorosas que no han elaborado adecuadamente: aparece fuerte el miedo al abandono y un alto nivel de ansiedad.

– Cuando la terminación de la relación de ayuda se ha precipitado excesivamente el paciente puede sentirse “solo ante el peligro”.

– Cuando la terapia ha sido muy larga y la relación ha sido muy estrecha. La pérdida es muy grande.

– Cuando los logros de la relación de ayuda no responden a las expectativas: una sensación de desengaño.

En cualquier caso, como terapeutas, hemos de ser muy conscientes de que la separación es una gran oportunidad de maduración personal realizando el duelo correspondiente. Esto necesita una cuidada planificación pues  “no conviene cerrar la puerta de golpe ni con llave” . Para ello es positivo que:

– Se aborde con antelación el tema de que se llega al final de la relación de ayuda.

– El terapeuta ayude a releer la experiencia para reconocer y reforzar los logros conseguidos y resaltar el empeño puesto en el trabajo.

– El terapeuta exprese, de manera congruente y repetidamente, la convicción de que el paciente tiene capacidad suficiente para resolver sus conflictos y le recuerde los síntomas de la autonomía que ha desarrollado:  “ahora puedes tú solo”.

– El paciente/cliente se vaya con la sensación de que la puerta no está cerrada con llave y que si un día vuelve a tocar a la puerta del terapeuta se encontrará con un “adelante, pasa”

– El terapeuta subraye  los recursos que el paciente tiene a su disposición para vivir el día después sin esta relación de ayuda.

8. FORMARSE PARA UNA RELACIÓN DE AYUDA SANA

Después de lo dicho hasta aquí me pregunto ¿dónde está esa persona que reúne las condiciones para mantener una relación de ayuda sana?, ¿existe realmente o es un superhéroe?, ¿se puede formar a una persona para esta relación de ayuda?, ¿qué tipo de formación prepara a alguien  para este tipo de relación de ayuda?

Primero describo el perfil del terapeuta para esta relación de ayuda y en segundo lugar   las dos áreas de formación que me parecen fundamentales.

1º ¿Cuál es el perfil del terapeuta?

Recogiendo nuestros planteamientos anteriores podríamos describir el perfil de un terapeuta  como una persona: auténtica, congruente, autónoma, capaz de empatía, capaz de acogida incondicional, capaz de una presencia atenta, en sintonía, implicada, honesta y respetuosa.  Ha de ser una persona con cierta solidez y al mismo tiempo fluida, confiar en sí misma y transmitir confianza, especialista en humanidad y en crecimiento humano.

2º ¿Qué formación para ser terapeuta? [25]

Es evidente que no es suficiente con una ilustración teórica sobre la psicoterapia. Es algo que se aprende desde dentro y tiene que ver con el crecimiento personal y el desarrollo del potencial humano.

Brevemente voy a recoger lo que me parece fundamental en estos dos apartados: Formación orientada al SER del terapeuta y  Formación al HACER y SABER hacer del terapeuta.

  1. a) Formación orientada al SER.

Que ayude al terapeuta a realizar su propio camino hacia la autonomía personal, hacia el encuentro con sus propias fuentes de vitalidad,  energía y capacidad de amar y ser amado. Será una formación experiencial que proporcione  al terapeuta mapas, herramientas para el camino y acompañamiento en el camino (proceso).

En éste área veo como un doble trabajo:

* Uno más psicológico orientado a la sanación de las heridas, la reconciliación con la propia historia y la autonomía personal. Para esto resultarán útiles  herramientas de autoconocimiento personal como la consciencia y el darse cuenta de las propias emociones y sensaciones corporales en un clima de confianza y sin juicio donde se vayan poco a poco aflojando las defensas y vaciando las bolsas de dolor que han quedado enquistadas en la propia historia personal. El resultado será una persona libre, afectivamente sana, capaz de decidir en fidelidad  a sí misma atendiendo a sus necesidades y sus valores, en contacto con su vulnerabilidad y confiada en sus posibilidades.

* Otro trabajo más existencial/espiritual orientado a que el aprendiza terapeuta se encuentre con sus sentimientos más profundos de soledad, miedo y vacío y permaneciendo descubra también el Amor y la Confianza  donde la existencia cobra un  nuevo sentido. Serán útiles para este trabajo herramientas como el silencio, la práctica de la meditación, de la conciencia plena (mindfulness), de la desapropiación  y de la vivencia del presente y el aquí y el ahora. El resultado será una persona que vive/trabaja/ama/sufre/goza con sentido, con confianza profunda en la Vida, una persona que se experimenta a sí misma en contacto con un surtidor de vida allá en lo profundo de  sí, con sentido  de gratuidad y de gratitud, capaz de asombro y extraordinariamente Presente al presente.

¿Dónde se hace este camino? En el propio proceso personal de crecimiento acompañado en  la terapia personal y si es posible en un grupo de crecimiento personal.

La condición para poder ser terapeuta y acompañar el proceso de otros seres humanos es haber hecho antes el propio camino y al menos ir dos pasos por delante de la persona a la que pretendemos acompañar pues como dijo C.G. Jung: “nadie te puede llevar más allá de donde él mismo ha ido”

  1. b) Formación orientada al HACER y el SABER hacer.

En este área se incluirán aspectos relacionados con los distintos enfoques, procesos, modos de intervención, técnicas, … Proporcionarán mapas de comprensión de la realidad humana que sirvan de orientación al psicoterapeuta teniendo en cuenta la frase de Alfred Korzybski :“el mapa no es el territorio”.

9. CONCLUSIÓN

Y para terminar, unas conclusiones sobre mi propio proceso de formación para la relación de ayuda en el master en CHI.

Ha sido una experiencia de vida que ha resultado integradora de mí mismo y de la manera de orientar la relación de ayuda:

* De mí mismo: a través de la terapia personal,  del enfoque vivencial del estudio de los módulos, de la comunicación de vida dentro del grupo, de la experiencia en mis prácticas de acompañamiento, de las devoluciones positivas recibidas de los tutores y del talante relacional afectuoso, positivo y de refuerzo que los formadores han tenido conmigo.

*De mi manera de orientar la relación de ayuda. Es como si en el transcurso de la formación se hubiera ido construyendo un eje central y sobre él se fueran incorporando de manera coherente distintas técnicas y visiones del crecimiento humano. Este eje central que tiene que ver con la relación como instrumento fundamental y con la visión de la persona me proporciona seguridad y confianza a la hora de abordar los problemas que surgen en la relación de ayuda.

Y en la práctica de la relación de ayuda supervisada me he dado cuenta de que es importante que preste atención a los siguientes aspectos de mi manera de situarme con el cliente:

– tengo tendencia a meterme en el rol de “Salvador”;

– me cuesta confrontar por miedo a no complacer;

– tengo tendencia a la autoexigencia y me impongo que la sesión termine con sentimientos agradables o de avance evidente, si esto no ocurre cuestiono mi valor como counsellor;

– fácilmente me olvido de mi necesidad de descanso y me sobrecargo de trabajo;

– es importante que practique mucho la atención al lenguaje gestual del paciente pues noto que estoy poco habituado;

– suelo hacerme cargo de mis sentimientos como sólo míos y me he dado cuenta de que mis sentimientos pueden ser un eco de la situación que vive el paciente de tal manera que mis sentimientos también son una fuente de información sobre lo que ocurre en el interior del paciente;

– no estoy acostumbrado a acompañar procesos de larga duración y me doy cuenta de que un trabajo profundo es largo y requiere mi sintonía con el ritmo;

– he descubierto la sintonía como un ir más allá de la empatía y cuando ocurre tiene unos efectos de contacto extraordinarios;

– cuando dudo de mi eficacia me ayuda mucho situarme en el aquí y ahora del momento y pegarme a la sensación o emoción del momento;

– fácilmente me engancho en las resistencias y me sorprendo luchando con el paciente; me ayuda acordarme del relato del burro de Milton Erickson[26] para aliarme con la resistencia o situarme en la indiferencia dejando espacio para que evolucione y ocurra lo que tenga que ocurrir;

– me puede venir bien el practicar hacer de distinta manera las cosas y poner un poco de creatividad en mi manera de abordar la relación; la inseguridad me lleva a la comodidad de lo conocido;

– aceptar en algún momento que no sé por dónde ir y mantener la calma y la presencia esperando a que me venga la respuesta es muy útil para la relación y para el paciente;

– es positivo la autorevelación o automanifestación teniendo como criterio de discernimiento el que sea útil para la relación de ayuda en la que estamos;

Y para poner punto final a este trabajo quiero decir que  me siento felizmente confirmado en mi vocación a la relación de ayuda. Forma parte de mi manera de vivir el amor y la fecundidad y es también la manera de permanecer despierto en mi crecimiento personal.

10. BIBLIOGRAFÍA

?  ROGERS C.R. El proceso de convertirse en persona, Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona, 1993

?  MADRID SORIANO, J., Los procesos de la relación de ayuda, Desclée de B., Bilbao, 2005.

?  BERMEJO, J.C. Introducción al counselling (Relación de ayuda), Sal Terrae, Santander, 2011

?  SAFRAN, J.D.; MURAN, J.C., La alianza terapéutica, Desclée, Bilbao. 2005

?  MARROQUIN, M. La relación de ayuda en Robert R. Carkhuff, Eds. Mensajero, Bilbao, 1982

? ERSKINE, R. La relación terapéutica: una psicoloterapia integrativa en acción, http://www.integrativetherapy.com/es/articles.php?id=7

? CIAN, L.La relación de ayuda. Editorial CCS, Madrid, 1994.

[1] MADRID SORIANO, J. Los procesos de la relación de ayuda.Madrid:Ed. Desclée de Brouwer, 2005, p.182 y ss

[2] SAFRAN, J. D. y SEGAL, Z. V. El proceso interpersonal en la terapia cognitiva. Barcelona: Paidós, p.57

[3] POWELL, J. El verdadero yo en pie, Sal Terrae, Santander, 1996

[4] MADRID SORIANO, J. Los procesos de la relación de ayuda.Madrid:Ed. Desclée de Brouwer, 2005, p.82

[5] Evangelio de Mateo 13,44-45; Evangelio de Lucas 17,20-25

[6] Evangelio de Mateo 25,13-25

[7] Evangelio de Juan 10, 10

[8] ROGERS, C.R., El proceso de convertirse en persona, Paidós Ibérica, Barcelona, 1993

[9] CUADRA, J. Las necesidades humanas y su satisfacción,Revista Bonding. Edición extra primavera, Año Vi, pp. 4-8

[10] GIMENO BAYÓN COBOS, A. Comprendiendo la psicoterapia de la gestalt. Instituto Erich Fromm de Psicología Humanista, 2004, Barcelona, p.71

[11] MADRID SORIANO, J., Los procesos de la relación de ayuda, Desclée de B., Bilbao, 2005, p. 204

[12] ROGERS, C.R. La relación interpersonal núcleo de orientación.  Artículo incluido en ROGERS, C.; STEVENS, B. y Coi. (1980). Persona a persona, Buenos Aires, Amorrortu editores, pp. 91-92

[13] MADRID SORIANO, J., Los procesos de la relación de ayuda, Desclée de B., Bilbao, 2005, p. 208

[14] Zurita J. y Chías M. El duelo terapéutico, Galene, Madrid, 2009, p. 79

[15]  Módulos 6 y 17 del Master en Couselling del Instituto Galene, Madrid, 2011

[16] MADRID SORIANO, J., Los procesos de la relación de ayuda, Desclée de B., Bilbao, 2005, pp.236-241

[17]  ROGERS, C., Psicoterapia centrada en el cliente, Paidós, Barcelona 1986, p.146

[18] MADRID SORIANO, J., Los procesos de la relación de ayuda, Desclée de B., Bilbao, 2005, pp.355-373

[19] Rogers, Carl R. (1975) Libertad y creatividad en la educación. Buenos Aires: Paidós, p. 175

[20] Yalom, Irvin D. (1980). Psicoterapia existencial. Barcelona: Herder, 1984, p.490

[21] Zurita J. y Chías M. El duelo terapéutico, Galene, Madrid, 2009, p. 69

[22] Módulo 6 del Master en Counselling del Instituto Galene, Madrid, 2011.

[23] Bermejo, J.C. Introducción al counselling (relación de ayuda), Sal Terrae, Santander, 2011, pp.62-64

[24] MADRID SORIANO, J., Los procesos de la relación de ayuda, Desclée de B., Bilbao, 2005, pp.737-760

[25] Zurita J.F. ¡¡YO quiero ser psicoterapeuta!!, Revista Bonding, Edición especial 2002-2012

[26] GARRIGA J. El burro frente al establo, http://girona.ikaroo.es/direccio-i-coaching/1/el-burro-frente-al-establo-id-1877.htm

 

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