Un análisis adulto profundo de Los sentimientos parásitos

01/10/2013

Resumen

El presente artículo habla de los sentimientos, en especial de los sentimientos parásitos, desde mi experiencia vivida durante la realización del Máster en Counselling Humanista Integrativa en el Instituto Galene de Psicoterapia durante 2010-2012.

Para ello, abordaré primero el mundo de las emociones desde un marco teórico, explicando la diferencia entre los sentimientos auténticos y los sentimientos parásitos, y aclarando el origen de estos últimos. Expondré mi visión sobre la posibilidad de utilizar el Eneagrama de la Personalidad como herramienta para identificar los sentimientos parásitos, puesto que una gran parte de mi terapia personal la realicé en terapia grupal en la que se empleó el Eneagrama, lo que me facilitó ver de forma objetiva cómo los demás manejan sus emociones. Llegado hacia el final del artículo, hablaré sobre mi experiencia como terapeuta en prácticas durante el Máster, y en relación a ella comentaré mediante un ejemplo cómo se pueden trabajar las emociones parásitas dentro de un contexto de terapia. Por último presentaré unas ideas sobre cómo llegar a un funcionamiento sano de las emociones.

I. Los sentimientos auténticos y parásitos

No olvidemos que las pequeñas emociones son el capitán

en nuestra vida y las obedecemos sin darnos cuenta

– Vincent van Gogh

Comparto este pensamiento con mi compatriota, un pensamiento que a primera vista parece evidente, pero que nos puede complicar la vida cuando utilicemos estrategias para bloquear lo que sentimos, o cuando intercambiemos nuestras emociones por otras. En este último caso nos encontramos con emociones o sentimientos parásitos que, aunque igualmente los obedecemos sin darnos cuenta, nos impiden resolver nuestros problemas de forma adecuada.

Los sentimientos parásitos o sustitutos, también denominados con el término anglosajón “racket feelings”, tienen su origen en el Análisis Transaccional y fueron introducidos por primera vez por Eric Berne en el año 1964.[1] Posteriormente el concepto ha sido desarrollado por muchos autores que, no obstante, parten de distintas definiciones, que a veces incluso han resultado contradictorias.[2]

En la literatura sobre los sentimientos parásitos, se suele utilizar los términos “sentimiento” y “emoción” indistintamente, sin embargo existe una diferencia entre ambos términos. Mientras que los sentimientos son puramente mentales, las emociones están diseñadas para interactuar con el mundo.[3] Es decir, la emoción solamente se puede actuar, y el sentimiento explica la emoción con palabras. Cronológicamente la emoción va antes que el sentimiento.

¿Qué son entonces las emociones? Nuevamente nos encontramos con que, dependiendo de la teoría psicológica, nos ofrecen distintas definiciones para una emoción. Si vamos a la raíz etimológica de la palabra “emoción”, vemos que ella se encuentra en el verbo latín e-movere (ex-movere) que significa “mover fuera”.[4] Así podemos entender la emoción como una energía que pide una reacción hacia fuera. Conseguimos esa finalidad si, una vez identificado lo que sentimos, respondemos al estímulo que la generó. Si preferimos una definición más psicológica, podemos decir que una emoción es un patrón complejo de reacción que incluye elementos experienciales, conductuales y fisiológicos, por medio de los cuales el individuo intenta lidiar con una cuestión o suceso personalmente significativo.[5]

Los sentimientos se pueden clasificar en sentimientos auténticos y sentimientos parásitos. Los sentimientos auténticos son la alegría, el amor horizontal, el poder, la tristeza, el miedo lógico, y la rabia, y tienen como característica en común que cumplen una función. Así, el miedo, por ejemplo, nos activa para la supervivencia y nos prepara y protege de algún peligro real. Charles Darwin concluyó en su obra La expresión de las emociones en el hombre y en los animales, publicada en 1872, que estas emociones son innatas, es decir, venimos al mundo con ellas y las expresamos de forma espontánea. En términos de Análisis Transaccional son respuestas en el aquí y ahora a estímulos internos o externos, manifestadas por el Niño Libre, pues cuando una persona actúa desde su Niño Libre, expresa lo que siente de manera natural, apropiada y pertinente.[6]

En el presente artículo se define un sentimiento parásito o sustituto como aquel que aparece falsamente para sustituir un sentimiento genuino prohibido o reprimido en la infancia.[7] Por tanto, debajo de cada sentimiento parásito hay sentimientos reales que la persona no está expresando.[8] Algunos ejemplos de sentimientos parásitos son los celos, la vergüenza, la culpa, la envidia, la depresión, la frustración y la nostalgia. Igualmente existen autores que consideran los trastornos psicosomáticos y el abuso de sustancias, sentimientos parásitas[9], pero opino que se trata más bien de un resultado de no expresar los sentimientos auténticos. Los sentimientos auténticos tienen también su vertiente parásita, así podemos encontrar la rabia inauténtica, que es la rabia expresada para cubrir otra emoción genuina.[10]

Otra cararacterística de estos tipos de sentimientos es que son aprendidos y manifestados por el Niño Adaptado Negativo. El cambio a la emoción permitida, suele tener lugar de forma inconsciente, evitando así la resolución efectiva del problema en cuestión en el aquí y ahora, por lo que la persona termina experimentando un sentimiento de insatisfacción.

Con frecuencia, analizando el sentimiento parásito, es posible encontrar los mandatos del Guión de Vida[11] del sujeto. Al final la utilización de este mecanismo de sustitución de emociones, es el resultado del mensaje paternal (no) verbal, que el niño ha introyectado, como por ejemplo “no sientas (rabia, miedo, etc.)” o “no muestres lo que sientes”. Y estos mandatos se forman mediante conductas de los padres, tales como descalificar el sentimiento genuino expresado por el niño, acariciar la expresión de sentimientos no auténticos, o dar el ejemplo equivocado y expresar emociones parásitas ellos mismos que los niños después imitan. Otra forma de estimular la aparencia de sentimientos parásitos es dar otros nombres a las emociones de los niños; por ejemplo cuando el niño está triste y llora, decirle que está cansado.[12] De esta manera aprende a confundir su tristeza con estar cansado. Y como si todo esto no fuera suficiente, nos encontramos con canciones en la radio como “Los chicos no lloran[13] o para los países anglosajones “Boys don´t cry[14] que contribuyen de forma sútil a que se mantengan creencias familiares estereotipadas de género, y que los niños por consiguiente introyectan.

Encontramos el origen de los sentimientos parásitos en familias en las que no se permite la expresión de determinados sentimientos. Para que el niño consiga satisfacer sus necesidades y recibir apoyo en el entorno familiar en estas circunstancias, recurre a las emociones parásitas. Así, el niño que ha tenido que reprimir la expresión del sentimiento prohibido, compensa este hecho expresando el que sí se le permite.[15]

Veamos un ejemplo: cuando la pequeña Rosita muestra enfado, sus padres siempre la riñen o la ignoran (descalificación del sentimiento auténtico). En cambio, cuando Rosita llora se da cuenta que papá y mamá la cuidan y la prestan mucha atención, así que ahora cuando está enfadada, empieza a llorar. La respuesta positiva a la falsa tristeza de Rosa por parte de sus padres, fomenta su expresión y de esta manera ella desarrolla un sentimiento parásito.

En definitiva, cuando intuimos que nuestras respuestas emocionales no están contando la verdad, bien porque la emoción expresada no es una respuesta adecuada a la situación del aquí y ahora, o bien porque la intensidad de la expresión es desproporcionada al estímulo desencadenante, es muy probable que estemos ante una emoción parásita.

II. ¿El Eneagrama de la Personalidad como herramienta para identificar los sentimientos parásitos?

Parte de mi proceso de terapia personal lo realicé en terapia de grupo, trabajando el Eneagrama de la Personalidad. El Eneagrama es un sistema de comprensión de la personalidad a partir de nueve distintos eneatipos, que constituyen las diferentes maneras posibles que toman los mecanismos de defensa del ego.[16]

Esta forma de realizar terapia grupal me permitió darme cuenta que las personas que comparten un determinado eneatipo, experimentan y manejan sus sentimientos de forma bastante parecida. Escuchando semanalmente las aportaciones de los distintos números, me pregunté si era posible aplicar el concepto de los sentimientos parásitos a este sistema de autoconocimiento y constatar que cada eneatipo tiende a manifestar un determinado sentimiento parásito, sobre todo cuando se encuentra en el continuum insano.[17] De ser así se podría convertir en una herramienta para identificar rápidamente los sentimientos parásitos en terapia.

Es preciso tomar en cuenta que el siguiente análisis no pretende llegar a una conclusión definitiva, pues no se ha utilizado un método de investigación psicológico válido a nivel científico. Es preciso considerar los resultados más bien como una razón para seguir investigando, en el caso de que haya ciertas tendencias que podrían llegar a confirmar mi hipótesis en una investigación empírica que cumple con los requisitos científicos exigidos.

Se describe a continuación cada uno de los 9 eneatipos, empezando con unas características generales y continuando con un análisis de los sentimientos que aparecen típicamente cuando se encuentren en un nivel menos sano.

El eneatipo 1 es idealista, de sólidos principios, racional y perfeccionista. En su infancia, este tipo ha experimentado una falta de conexión con la figura protectora, la que ofrece protección, orientación, límites, confianza y apoyo, por lo que no se identifica con ella. Como consecuencia de esta falta de conexión, y del mensaje recibido en su infancia que no está bien cometer errores, este eneatipo elabora sus propias reglas de conducta e ideales que aplica a sí mismo y a los demás.

El sentimiento auténtico que caracteriza a este eneatipo es la rabia, sentimiento que no obstante suele reprimir porque no se permite mostrar lo que realmente siente, pues eso en su visión no es correcto. Utiliza el mecanismo de defensa llamada formación reactiva, convertiendo su emoción real que percibe como negativa e inaceptable en una emoción positiva. Ante la pregunta ¿Qué haces cuando sientes rabia?, encontramos respuestas como: “Pongo buena cara”, “Manifiesto comportamientos alegres”, “Me la trago”.

Estas actitudes no resuelven el problema en el aquí y ahora, y en el caso del eneatipo 1, da lugar a sentimientos de frustración y resentimiento, e incluso estallidos de cólera, si perdura demasiado tiempo.

Tomando en cuenta lo anterior, se podría decir que los eneatipos 1 tienen la tendencia de reemplazar la rabia por falsa alegría, frustración o resentimiento.

Este tipo se preocupa sobre todo por los demás, es generoso, complaciente, altruista y orgullosa. En su infancia tiene sentimientos contrapuestos con respecto a la figura protectora y cree que si nutre a los demás será lo suficientemente bueno para recibir protección y amor de la figura paternal. El mensaje inconsciente recibido en su infancia es “no está bien tener necesidades”. A raíz de esa creencia, percibe el tener necesidades como debilidad que a su vez le produce vergüenza, algo que trata de evitar a toda costa. Como consecuencia, y para no conectar con el dolor que esto le supone, niega sus propias necesidades reemplazándolas por adicciones y somatizaciones o tapándolas con el sentimiento de orgullo o soberbia. Debajo del orgullo del eneatipo 2, existe una necesidad de amor que reprime al no atenderla de forma genuina.[20] Agradando y ayudando a los demás piensa que obtendrá amor y otras reacciones favorables. Las personas de este tipo comparten expresiones como “No me permito cuidar de mí misma”, “Es una vergüenza pedir ayuda”.

Concluyo que los sentimientos parásitos típicos de este eneatipo para sustituir sus sentimientos y necesidades de amor tienden a ser sentimientos de orgullo y falsa generosidad, debido al mensaje recibido en su infancia que no está bien tener necesidades. Además, puede manifiestar somatizaciones y adicciones.

Estamos ante un eneatipo pragmático, competitivo, adaptable y orientado al éxito que puede llegar a preocuparse demasiado por su imagen. Este eneatipo necesita sentirse conectado con la figura nutritiva, que le refleje y le haga sentirse valioso. Como en su infancia le han transmitido el mensaje que es querido por lo que hace, y no por lo que es, este eneatipo convierte la necesidad de amor en búsqueda de admiración, que lógicamente no satisface dicha necesidad.[22] Reprime sus verdaderos sentimientos, como por ejemplo la tristeza y interpreta la emoción adecuada para la situación en la que se encuentra. Le cuesta mucho establecer vínculos de amistad de verdadera intimidad por miedo a ser abandonado si llegaran a conocerle al fondo. Frases típicas de este tipo son “Tengo una sensación de vacío y soledad”, “Si tengo éxito voy a ser amado”.

Pienso que el tipo 3 tiende a estar muy desconectado de sus sentimientos; los reprime para poder funcionar correctamente. No he podido identificar una clara sustitución de sentimientos, aunque equipara su valía con el éxito y ser el mejor, lo que a largo plazo puede resultar en un sentimiento de vacío interior.

El eneatipo 4 se caracteriza por la sensibilidad y el dramatismo y es un tipo individualista y reservado. Es el tipo que más está consciente de sus emociones, pero suele tener la tendencia de conectar solamente con los sentimientos tristes. En su infancia se sintió desconectado de ambas figuras parentales y no se identificaba con ninguno de los dos. Cuando el 4 no ha recibido el mensaje “puedes ser diferente”, empieza a pensar que otros tienen cualidades de las que el mismo carece. Puede llegar a sentir una continua carencia que vive como un vacío.

En el caso del eneatipo 4, en lugar de permitirse expresar los sentimientos que realmente están presentes, la nostalgia y la envidia suelen aparacer como sentimiento parásito. En casos extremos algunos pueden recurren al abuso de sustancias con el fin de modificar el estado de ánimo. Ésto está relacionado con el mensaje recibido en su infancia “no está bien ser demasiado feliz”.

El tipo vehemente y cerebral, perspicaz y curioso. Le gusta investigar para saber el por qué de las cosas. Valora el conocimiento y las habilidades porque cree que de esta manera se sentirá más seguro de sí mismo. Se siente ambivalente hacia ambas figuras parentales y va por la vida en búsqueda de algo para conseguir protección y nutrición.

Este eneatipo ha aprendido desconectarse de sus emociones para ser independiente y no sentir sus heridas, y eso lo consigue retirandose a su mente y aislándose como si dejara de existir. El mensaje recibido por el tipo 5 en la infancia es “no está bien sentirse a gusto en el mundo”. A causa de este mensaje aprendió a separarse de sus necesidades.

Aunque no se trata de un verdadero sentimiento parásito, la tendencia del tipo 5 es recurrir a un aislamiento físico o mental para poder reprimir la mayoría de sus sentimientos, y esto le lleva a conectar con un sentimiento de vacío interior. De ahí la falta de empatía de este tipo porque intenta “pensar” los sentimientos en vez de experimentarlos.

Este eneatipo es comprometido, leal, necesita seguridad y apoyo de una figura externa porque le falta confianza en sí mismo. Necesita sentirse conectado con la figura protectora para poder sentirse confiados y seguros para afrontar el mundo. En cuanto a los sentimientos, el que más destaca es el miedo, que tiene su base en la inseguridad, un temor a ser abandonado y rechazado. Para manejar la ansiedad fruto del miedo, el tipo 6 puede reaccionar enfrentando el peligro con agresividad o dejarse llevar por los sentimientos de incapacidad, retirándose o racionalizando la situación. Ejemplos de comentarios de algún tipo 6: “Tengo miedo a todo…” “Mi mejor opción para sobrevivir es el ataque”, “El miedo me paraliza”. Como es un tipo mental, también puede ser que intente racionalizar sus sentimientos.

Cuando experimentan miedo, muchos eneatipos 6 tienden a sustituirlo por la ansiedad o la rabia. La ansiedad está causada por la represión de su sentimiento. Se dará permiso para expresar su miedo auténtico cuando recibe el mensaje “estás a salvo”.

Un tipo activo y disperso que se entusiasma por casi todo lo que le atrae la atención. Tiene un miedo al dolor y sufrimiento y no quiere conectar con las emociones negativas, por ello está en una búsqueda constante del placer que le sirve como anestesia. Esta actitud también tiene su origen en el apego; el tipo 7 está deconectado de su figura nutritiva y siente que tiene que apoyarse en sí mismo para satisfacer sus necesidades y obtener nutrición.

Reprime sus sentimientos y puede llegar a consumir drogas para escapar de sus sentimientos. “No paro de hacer cosas y cosas” y “He utilizado drogas para no sentir dolor” son frases típicas del eneatipo 7.

En este tipo he encontrado solamente la falsa alegría como sentimiento parásito. Divertiéndose o mediante el abuso de sustancias consigue no sentir el dolor y evitar conectar con la tristeza.

El número 8 es un tipo poderoso, dominante, seguro de sí mismo, decidido y retador. Dado que se siente ambivalente hacia la figura nutritiva, hace un rol complementario de protector siendo duro y patriarcal reprimiendo su vulnerabilidad. Tiene miedo a ser herido o dominado por otros y tiene un fuerte deseo a ser independiente. Para evitar ser rechazado, rechaza primero y tiene la tendencia de sustituir sus sentimientos en general por la falsa rabia, lo que le lleva a la agresividad, ambas consideradas emociones parásitas por excelencia del 8. El mensaje que le faltó en la infancia es “ No serás traicionado”, porque sentirse tracionado es el factor desencadenante de la transformación de este eneatipo en una roca.

El último eneatipo transmite simpatía, paz y serenidad y suelen ser personas espirituales, capaces de mediar en cualquier situación para mantener la paz y no sentirse desequilibradas. Es modesto y trata de ver siempre el lado bueno de los demás aunque puede llegar a ser perezoso.

Necesita sentirse conectado con ambas figuras parentales e imagina que lo está. Para mantener esta idea, tiende a idealizar y disociarse de las situaciones traumáticas. Ha crecido con la idea que no está permitido tener necesidades ni enfadarse y aprendió a mantenerse en segundo plano.

Reprime enórmemente la rabia, pero puesto que no se permite tener conciencia de los recuerdos traumáticos, pienso que es el eneatipo que menos tiende a manifestar un sentimiento parásito porque no se da cuenta de la rabia que tiene por lo que el sentimiento se queda ahí. De hecho, ante mi pregunta a mis compañeros que pertenecían a este número, “¿Qué haces cuando sientes rabia?”, ambos manifestaban “nada”. Supongo que alguna somatización tendrá que resultar de esa represión pero no he conseguido pruebas para sostener ese pensamiento.

Concluyendo se puede decir que los distintos eneatipos viven y expresan sus sentimientos de forma bastante similar. Ésto está relacionado sobre todo con los mensajes inconscientes recibidos en su infancia.[29] Los resultados indican que la mayoría de los eneatipos, en concreto el tipo 1, 2, 4, 6, 7 y 8, tienden a manifestar un sentimiento parásito preferido. En los eneatipos 3, 5 y 9 no he podido llegar a esa conclusión de forma indudable, pues si bien he podido identificar la represión de algún sentimiento, no siempre lo sustituyen por otro, o aparecen somatizaciones y abuso de sustancias. Sería interesante continuar investigando, aplicando un método de investigación psicológica válida, cómo cada eneatipo reacionaría cuando se encuentre en una situación que normalmente genere un sentimiento auténtico. A partir de ese resultado se podría llegar a conclusiones más contundentes. A mí, esta pequeña experiencia me ha permitido ver que los conceptos aprendidos en este Máster son flexibles y trasladables a otros ámbitos psicológicos.

III. Mi experiencia con los sentimientos parásitos como terapeuta

En mi experiencia como terapeuta novata, acompañé a un niño de 8 años que según sus profesores en el colegio, padecía el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. Destacaba sobre todo su conducta impulsiva y agresiva y además manifestaba somatizaciones. Trabajando con él mediante la técnica del dibujo proyectivo y los juegos, me di cuenta que mi pequeño paciente realmente tenía mucho miedo guardado en su interior, y estaba sustituyendo esa emoción por el enfado que expresaba con conductas hóstiles e impulsivas. En su caso el miedo estaba principalmente relacionado con la separación de sus padres, y se trataba de un miedo a la pérdida del amor de sus padres (el miedo al abandono). Cuando hablé con la madre sobre ese tema, me confesó que la respuesta en casa, ante la expresión de miedo por parte de sus hijos había sido siempre “no tengas miedo”, prohibiendo así, sin darse cuenta, la expresión del miedo por parte de sus hijos. Una vez detectado el sentimiento parásito pude trabajar con él de forma lúdica, la rabia y el miedo en las sesiones semanales, transmitiéndole comprensión ante la expresión de sus emociones, explicándo además a los padres la importancia de acompañar a su hijo en la expresión de sus emociones auténticos.

El segundo caso en la que trabajé con las emociones parásitas, fue con una mujer de 38 años a quien le habían prohibido en su infancia expresar la rabia y poner límites aunque los demás la maltratasen física y psicológicamente. Tenía tan prohibida expresar la rabia, que no conseguía expresarla, ni siquiera en terapia conmigo. En vez de expresar adecuadamente la rabia, contactaba de forma automática con el llanto, que claramente no era la forma adecuada para poner límites o defenderse ante las agresiones. Identifiqué la falsa tristeza como emoción parásita sustituyendo su rabia. Cada vez que yo intentaba trabajar con ella esa rabia mediante alguna técnica, se bloqueaba. Solamente conseguía hablar racionalmente de la rabia que sentía y que con los años se había convertido en resentimiento. Como consecuencia de no integrar el permiso para expresar esa emoción, somatizaba mucho, porque al reprimir la emoción, dirigia su energía emocional a a su cuerpo.

En este proceso con mi paciente, aprendí también la importancia de respetar el ritmo de cada uno. Mientras yo veía claramente lo que le pasaba, y tenía muchas ganas de conseguir que ella sacara esa rabia guardada, entendí que tenía que esperar hasta que ella estuviera preparada, porque ella muy probablemente se sentía amenazada cuando el sentimiento prohibido en su infancia aparecía a la conciencia durante nuestras sesiones de terapia.

Tengo la esperanza de que ella, una vez pasada por la fase de descontaminación de su estado del Yo Adulto, y acompañada por un terapeuta respetuoso, podrá llegar a expresar su emoción auténtica que reprime.

Para trabajar las emociones parásitas, el trabajo emocional es una herramienta ideal. Pienso que con esta paciente es importante elegir primero alguna técnica suave para expresar su rabia, tal como la técnica gestáltica de la silla vacía, que le permitirá expresar sus sentimientos hacia la persona que simbólicamente se siente en una silla. Otra opción sería modelar en plastilina el objeto de la rabia para posteriormente romperlo mientras emite gritos. Una vez que se sienta segura y confiada, se podría incluso elegir el trabajo con el bate para expresar su rabia contra todas aquellas personas que la habían hecho daño.[30]

IV. Hacia un sistema de funcionamiento sano de las emociones

Podemos decir que cuando se expresan los sentimientos auténticos, solucionamos nuestros problemas de forma adecuada.

La mejor forma de evitar que aparezcan emociones parásitas es dar permiso a nuestros hijos para sentir y expresar sus emociones de forma coherente. Además, conviene no condicionar nuestro amor a una determinada emoción y en cambio, ofrecer protección, respeto y comprensión.[31]

Como terapeuta es importante no acariciar los sentimientos parásitos, ya que puede generar transacciones no auténticas entre el terapeuta y su paciente. Cruzando consistentemente las transacciones de parasitaje desde el estado yo Adulto, puede permitir que los sentimientos auténticos aparezcan en el transcurso de la terapia. Si el terapeuta es capaz de poder imaginarse cómo el Niño Natural se podría sentir en relación al suceso, podrá identificar de forma más fácil el sentimiento sustituto.[32]

En el contexto de terapia, me ha resultado muy útil para identificar los sentimientos parásitos, la siguiente estructura de pensamiento de cinco líneas, propuesta por Pamela Levin y utilizada para definir el tema de trabajo de un paciente:

Me estoy sintiendo …….. (emoción), porque pienso si yo ……… (inicio la conducta de desarrollo), seré ……………(respuesta parental negativa), en vez de …………..(positiva, respuesta parental afirmante del crecimiento), y por eso yo ……………(juegos y sentimientos parásitos utilizados para cubrir el problema).[33]

Una vez identificadas las emociones parásitas del paciente, el acompañamiento comprenderá permiso, respeto, trabajo y apoyo para que la persona pueda sentir y tomar consciencia de ellas y así llegar a una curación.[34]

V. Conclusiones

En este breve artículo expliqué el concepto de los sentimientos parásitos y cómo se originan. Apliqué los sentimientos parásitos a mi terapia personal individual en la que descubrí cuál era mi emoción parásita favorita y donde aprendí cómo darme permiso para expresar mis sentimientos auténticos. Asímismo apliqué el concepto a los nueve tipos del Eneagrama de la Personalidad, que formó parte de mi terapia personal en grupo, con el objetivo de descubrir si se puede utilizar como herramienta para identificar los sentimientos parásitos en terapia. Vi que algunos eneatipos tienen la tendencia de sustituir un determinado sentimiento y que eso podría estar relacionado con el mensaje parental recibido en su infancia. No obstante, concluyé también que para llegar a resultados contundentes y poder utilizarlo como herramienta para determinar los sentimientos parásitos, habría que seguir investigando este fenómeno.

BIBLIOGRAFÍA

LIBROS Y ARTÍCULOS

  • APA. Diccionario conciso de Psicología, México: Editorial El Manual Moderno, S.A. de C.V., 2010.
  • Berne, E. Trading Stamps, TAB, 3, 10, 1964, p. 127.
  • Cadarso, V. Apuntes del curso de Eneagrama Nivel I, Madrid: 2012 (no publicado).
  • Cuadra Pérez, J. Sentires y Análisis Transaccional. En Eric Berne. Teórico de la comunicación. Madrid: Edipo, S.A., 2006, p. 265-278.
  • English, F. The Substitution Factor: Rackets and Real Feelings, Part I., TAJ, 1,4, 1971, p.27-32.
  • English, F. Rackets and Real Feelings, Part II., TAJ, 2,1, 1972, p.23-25.
  • English, F. Racketeering, TAJ,1, 1976, p. 78-81 .
  • Erskine, R.G & Zalcman, M.J. El circuito del sentimiento parásito. Un modelo de análisis ,1979 http://www.integrativetherapy.com/es/articles.php?id=17 [Consulta 23-04-2012].
  • Etymologisch woordenboek van het Nederlands, http://www.etymologie.nl/[Consulta 07-05-2012].
  • Levin, P. Parentalización Correctora. En Módulo 14, Parentamiento y Reparentamiento, Madrid: Instituto Galene, 2011.
  • Riso, D.R. y Hudson, R. La sabiduría del Eneagrama, Barcelona: Ediciones Urano, S.A, 2000.
  • Serra Llansana, L. Anatomía psicológica de las pasiones dominantes. El eneagrama de las pasiones, Barcelona: La Teca Ediciones, 2012.
  • Stewart, I. and Joines, V. TA Today, a new introduction to Transactional Analysis, Nottingham, England and Chapel Hill, North Carolina, USA: Lifespace Publishing, Ed. 2009.

MATERIAL NO LIBRARIO

  • Bosé, M. Los Chicos no lloran, [Grabación sonora], Warner Music Benelux, S.A., 1990.
  • The Cure. Boys don´t cry, [Grabación sonora],UK: Fiction Records Ltd., 2001.

 


[1]Berne, E. Trading Stamps, TAB, 3, 10, 1964, p. 127.

[2]Erskine, R.G & Zalcman, M.J. El circuito del sentimiento parásito. Un modelo de análisis,1979, http://www.integrativetherapy.com/es/articles.php?id=17 [Consulta 23-04-2012].

[3] APA. Diccionario conciso de Psicología, México: Editorial El Manual Moderno, S.A. de C.V., 2010.

[4] Etymologisch woordenboek van het Nederlands, http://www.etymologie.nl/[Consulta 07-05-2012].

[5] APA. Diccionario conciso de Psicología, México: Editorial El Manual Moderno, S.A. de C.V., 2010.

[6] Módulo 2, Análisis Transaccional I, Madrid: Instituto Galene, 2011, p. 27.

[7] Módulo 3, Análisis Transaccional II, Madrid: Instituto Galene, 2011, p. 4.

[8] Cuadra Pérez, J. Sentires y Análisis Transaccional. En Eric Berne. Teórico de la comunicación. Madrid: Edipo, S.A., 2006, p. 265-278.

[9] English, F.Rackets and Real Feelings, Part II., TAJ, 2,1, 1972, p.23-25.

[10] Stewart, I. and Joines, V. TA Today, a new introduction to Transactional Analysis, Nottingham, England and Chapel Hill, North Carolina, USA: Lifespace Publishing, Ed. 2009, p. 214.

[11] Según Eric Berne el Guión de Vida es “un plan preconsciente de vida basado en una decisión propia tomada en la infancia bajo la influencia del entorno (padres, familia, escuela, cultura,…) y reforzado por el mismo entorno, justificado posteriormente por medio de experiencias significativas y que culmina en una alternativa elegida”. Módulo 3, Análisis Transaccional II, Madrid: Instituto Galene, 2011, p. 13.

[12] Cuadra Pérez, op. cit.

[13] Bosé, M. Los Chicos no lloran, [Grabación sonora], Warner Music Benelux, S.A., 1990.

[14] The Cure. Boys don´t cry, [Grabación sonora],UK: Fiction Records Ltd., 2001.

[15] English, F. The Substitution Factor: Rackets and Real Feelings, Part I., TAJ, 1,4, 1971, p.27-32.

[16] Serra Llansana, L. Anatomía psicológica de las pasiones dominantes. El eneagrama de las pasiones, Barcelona: La Teca Ediciones, 2012, p. 14.

[17] Igual que consideramos cada estructura de personalidad como un continuo que va desde un extremo sano hasta un extremo patológico con grados intermedios, el eneagrama considera que cada tipo tiene un nivel sano, medio e insano.

[18] Cadarso, V. Apuntes del curso de Eneagrama Nivel I, Madrid: 2012 (no publicado).

[19] Cadarso, V. op. cit.

[20] Serra Llansana, L. op. cit., p. 79.

[21] Cadarso, V. op. cit.

[22] Serra Llansana, L. op. cit., p. 96.

[23] Cadarso, V. op. cit.

[24] Cadarso, V. op. cit.

[25] Cadarso, V. op. cit.

[26] Cadarso, V. op. cit.

[27] Cadarso, V. op. cit.

[28] Cadarso, V. op. cit.

[29] Riso, D.R. y Hudson, R. La sabiduría del Eneagrama, Barcelona: Ediciones Urano, S.A, 2000, p. 41.

[30] Módulo 17, Técnicas de Trabajo Emocional en Psicoterapia, Madrid: Instituto Galene, 2011.

[31] Módulo 3, Análisis Transaccional II, Madrid: Instituto Galene, 2011. p 4-5.

[32] English, F. The Substitution Factor: Rackets and Real Feelings, Part I., TAJ, 1,4, 1971, p.27-32.

[33]Levin, P. Parentalización Correctora. En Módulo 14, Parentamiento y Reparentamiento, Madrid: Instituto Galene, 2011, p. 4.

[34] English, F. Racketeering, TAJ,1, 1976, p. 78-81.

 

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